Fotos borrachos del tablon


 

MICRORRELATOS ENVIADOS

No, si tiene su gracia

No digo que la situación no tenga su lado cómico. Mírenme si no, con mi mejor traje recién planchado, camisa de un blanco inmaculado, corbata con el nudo perfectamente ajustado, zapatos lustrados hasta parecer espejos... y, encerrado, sin poder ir a ningún sitio. Pero, aun así, ¿cómo puede alguien reírse de mí? ¿Cómo pueden reírse de un pobre hombre prisionero? Y, lo que es peor, ¿quién puede haber soltado esa carcajada aquí, bajo paletadas y paletadas de tierra, donde sólo se oye el ruido de la Muerte guardando las paredes de mi ataúd?

(JOSE LUIS BARCENAS HERMOSILLA)

EL PARAMO

Mi coche avanzaba a través de la noche, en el silencio, la luna iba guiandome a través de la solitaria recta. Entonces oí esa carcajada dantesca que lo ocupó todo, noté mi piel erizarse, mis ojos abrirse.. Paré el coche y salí, el páramo ante mis ojos,árboles lejanos. Entonces desde lejos empezaron a salir figuras y más figuras rodeandome rapidamente para intentar atraparme, conseguí entrar en el vehículo para ver que esas figuras que se agolpaban en los cristales eran yo mismo. Atropellé a mis fantasmas gemelos con dificultad y conseguí salir de allí, todos mis miedos siguieron riendo hasta que recuperé el silencio.

(DAVID SALVO JIMENEZ)

A cualquiera puede sucederle

Era muy tarde y estaba lejos de casa. No sabia como habia llegado hasta esta parte de la ciudad y es que llevaba una temporada abusando en exceso del alcohol. Se trataba de una zona marginal con todos los males que nuestra sociedad nos brinda. Tenía una mezcla de miedo y resaca porque había escuchado desde chaval miles de historias sobre heroina, putas y problemas. Comencé a andar más rápido para salir de alli cuanto antes y a unos metros de mí escuché una gran carcajada seguido de una voz que se acercaba pero no acerté a entender lo que decía. Yo ya no andaba, corría a lo largo de la calle pero esa voz cada vez estaba más cerca y no me atrevía a mirar atras. Mi respiración estaba muy agitada y mi miedo se había transformado en pánico porque esa voz,que seguía sin entender lo que decía,me estaba alcanzando. LLegué a unas doscientas pulsaciones al cruce del puente y creí ver a un taxi que se acercaba. Me subí en él y ahí se acabo todo.Me prometí seriamente no volver a abusar del alcohol.

(J.C.G.)

La Carcajada

La carcajada se oía muy bajo. Tan bajo que me resultaba muy difícil distinguir entre su sonido y el ruido de mis pensamientos. Llevaba tiempo ahí intentando acaparar todo el espacio de mi cerebro y acentuando el agudo dolor de cabeza con el que me torturaba. En la oscuridad en la que estaba sumergido intentaba definir, siluetar esa boca abierta mostrando sus pestilentes dientes; su imagen era tan diáfana que no sé si la veía o la imaginaba. Mi mente estaba difusa, espesa, seguramente debido al intenso dolor de cabeza. Intentaba despertar, recordar, sentir, moverme, pero era imposible. Sólo recordaba a los amigos y el coche en el parking cuando fui a abrirlo. El dolor de cabeza disminuyó un poco su intensidad, y pude darme cuenta de que en realidad no estaba ni adormilado. Recordé de golpe que al atardecer había escuchado un diagnóstico que el doctor daba a mi mujer. El accidente de coche y el estado de embriaguez habían producido una tetraplegia definitiva, y en consecuencia quedaba brutalmente condenado a esa carcajada de por vida. No podía moverme, no podía hablar. Sólo podía escuchar y ver. Mi grado de desesperación se acercaba a dimensiones infinitas mientras la carcajada seguía ahí, muy bajito, desde su sucio rincón, alimentando mi nuevo estado de locura. Llevo varias semanas así, y ya soy un monstruo. Mis pensaminetos son sórdidos, negros. Ya no soy humano. Me quedan muchos años de carcajada.

(Ion Uzkudun)

lagrimas rosas

Despacio se miraba ante el espejo, cada una de sus arrugas le hacia recordar todo aquello que su mente había tapado, sus dedos paseaban los ojos intentando olvidar, una y mil veces esa imagen que tanto temía que aparecía en sus sueños. Pequeñas lagrimas de dolor recorrían sus mejillas, cayendo al suelo, mojando sus pies desnudos. Otra vez estaba allí.Silencio. Solamente la voz del viento gimiendo llegaba a sus oídos. La angustia la rodeaba...; El estaba allí otra vez. Lo sabia, no era posible, ella solo quería olvidarlo, olvidar todo aquello, pero él lo había conseguido. De nuevo dominaba su espacio. Al otro lado, paredes rosas, deformes, que inundaban su cuerpo. Él la observaba desde arriba, mientras millones de carcajadas retumbaban en sus oídos. Sola ante el espejo, recorriendo con sus dedos cada una de las arrugas que le hacían recordar todo aquello que su mente había tapado. Recorrió la habitación en busca de una salida, pero aquellas paredes no cedían, las carcajadas cada vez más fuertes hacían estallar mis oídos. Gotas que mojaban sus pies desnudos, gotas rosas, el tiempo se acaba, él va a volver, lo sabía, estaba cerca. Sus pies parecían pegados al suelo, ella creía que se movía, pero yo no podía dejar que lo hiciera, la quería tanto, quería que estuviese aquí conmigo, pero no pude hacerlo, así que la maté, prefería verla muerta, y conservar en mi memoria su rostro pálido, su cuerpo frió, mientras sonoras carcajadas emanaban de mi cuerpo

(CHUWI)

Noche en la bahía

Se situó ante mí repentinamente. No era posible. Apenas un segundo antes la aleta del escualo distaba a más de veinte metros. Ahora lo tenía delante, sin poder esquivar su voracidad. Las risas de mis compañeras se esfumaron con el atardecer, y como si hubiesen robado dos horas al tiempo, se hizo noche cerrada. Ahí estaba, enorme. Solos él y yo, él como experto depredador, en su terreno, yo como usurpadora, violando sus dominios. Me rodeaba, tan pronto lo tenía delante como detrás, inspeccionaba a su víctima con serenidad maldita. Yo no encontraba salida. Hubiese querido no saber que mis nervios lo atraerían más a mí, que las vibraciones de mi cuerpo enardecerían su instinto, que mis chapoteos le avisarían de estar ante una presa fácil. Pensé: debo escapar nadando suavemente, que me confunda con un pez grande; pero fui incapaz de ejecutar mi pensamiento. Por fin, el roce de su lija con mi piel. Palpé mi muslo ¿Sangraba? Seguro. Ahora el olor le enardecería. Súbitamente desapareció en el fondo de la bahía, sin duda para envestirme desde abajo. Primero fue un terrible costalazo. Luego se asomó para mostrarme sus nueve hileras de colmillos blancos, sus ojos apagados, sin odio ni crueldad, como los de quien ejecuta una rutina. No pude gritar, mi última mirada fue para observar una pierna desgarrada entre sus dientes, y la nada. Entonces desperté, palpé las sábanas, una carcajada seca y absurda rompió mi noche.

(Ignacio TG)

El otro lado

Engañado por la ninfa, probó la pócima. "Tu mirada traspasará horizontes como una flecha imparable, nada escapará a tu visión infinita". Ahora, una carcajada histérica estemecía todo su cuerpo mientras miraba aquella espalda convulsa en elotro extremo del universo.

(Ángel Peña)

Llovía.

Llovía. Y en medio del bosque la lluvia intensa provocaba la niebla más espesa que jamás había visto. Pero en ese momento solo podia notar que temblaba, y que sus dedos se clavaban sin poder evitarlo en sus brazos cruzados, agarrados fuertemente por instinto. Allí, perdido, apenas era consciente de que se estaba poniendo el sol, pero con ello justificaba la luminosidad extraña que parecía surgir de un infierno subterráneo. Pero de repente empezaron a sonar aquellas voces que ya le resultaban familiares, aunque no podía identificar si provenian de su cabeza o de la misma esfera que aquella luz tan indefinible. Esos cantos tétricos, cada vez más insoportables en medio del bosque, en medio de la lluvia, en medio de la espesa vegatación por la que sin embargo se filtraba la tenebrosa luz, hicieron que con las fuerzas que no tenía soltara un último grito de deseperación, de angustia. Mientras, caía de rodillas y el grito se convertía en carcajada. La niebla, impregnada de aquella luminosidad extraña, a ras de suelo, empezó a arremolinarse y parecía cobrar vida, ascendiendo alrededor de él, que seguía arrodillado en el suelo, con los brazos cruzados y la cabeza baja. Allí delante se configuraba una figura, de apariencia humana pero origen desconocido. Cuando abrió los ojos la vió de nuevo: la mujer nacida de materia intangibleestabar ante e´l: vestida de fuego, ojos llameantes, insoportable mirada roja, sangrienta. Volvía a enfrentarse a la muerte, pero ahora se entregaría a ella.

(Goretti Costa)

Más allá

Después de abandonar mi cuerpo sentí unos irresistibles deseos de volverme y mirar atrás. Allí, difuminada por la intensa niebla y sobre el asfalto mojado, se encontraba la silueta de lo que parecía ser mi anterior yo. No había duda. Ninguna otra posibilidad: estaba muerto. Algo o alguien me obligó a acercarme un poco más. El olor. Un automóvil en llamas. El árbol herido en su rugoso vientre. La sangre... mi sangre. Y la nota. Entonces, en ese momento, comprendí. Giré instintivamente la cabeza a mi derecha, y un fuerte temblor sacudió todo mi nuevo ser. En ese inerte rostro, el que una vez fue mío, destacaba una amplia e irónica sonrisa que, inequívocamente, sólo podía significar una cosa: murió soltando una sonora carcajada. Grité, y grité: - No, no, no. Y ya no pude recordar nada más. Un ráfaga de viento hizo que un trozo de papel se levantará por los aires: "Cuando leas esto me habré liberado de ti, déspota y traidor YO. Firmado: TÚ."

(Jorge)

el payaso cruel

Cristina decidio, así sobre la marcha, hacer pellas. Sus 12 años eran suficientes para decidir lo que quería hacer y ese momento la clase de ingles le parecio poco atrayente. El día anterior habia visto un circo instalado a la entrada de la ciudad, en un lugar lo sufiencientemente lejano para que nadie la descubriera. Tomo un autobus se apeo en la parado oportuna, diviso la carpa en la misma manzana. A la entrada al circo no habia nadie, las taquillas desiertas y la puerta abierta la decidieron a entrar. Entonces escucho golpes y se encamino en esa dirección. Por fin detrás de un tio vivo a medio instralar descubrio un... la verdad no sabia como describirlo... nunca habia visto algo semejante. Parecia un carromato circular. Al lado, se encontraba un enorme de un payaso realizada en un descolorido material que cristina tampoco pudo reconocer, sorpendida reparo en la falta de nariz tan significativa en todos los payasos. Los golpes subieron de intensidad y venian claramente del carromato-huevo. Ella trataba de encontra un acceso al interior del mismo y así descubrio una abertura ojival por la que, con las manos presionando sus oidos, paso al interior, todo estaba oscuro.Entonces cesaron los golpes, algo humedo y pegagoso la abrazo aprisionandola, no pudo gritar y en el exterior se oyo una cruel carcajada justo cuando el payaso tomaba instensos colores y lucia una enorme y roja nariz. El circo se inaguro esa noche y Cristina desaparcio para siempre.

(sol ceballos)

Aquel hombre

El sudor corria por su frente a. Huia desesperadamente. "No creo que pueda mas", penso. Sus piernas fallaban y su corazon golpeaba con fuerza su pecho. La respiracion se entrecortaba desembocando en una fuerte tos. Llego a un cruce. Miro a ambos lados. Ninguna senal. Ninguna indicacion. "Por donde voy", se pregunto. Todo estaba oscuro y solo oia los pasos de aquel hombre siniestro. Miro atonito su sombra alargada... jadeando... con los ojos fuera de sus orbitas. Los pasos se acercaban."Me rindo,...me rindo", dijo poco a poco. Su cara se deformo... sus facciones se agrandaron de forma increible... y solto una gran carcajada. El resto no lo recuerdo...

(Bruno Cendon)

A cualquiera puede sucederle

Era muy tarde y estaba lejos de casa. No sabia como habia llegado hasta esta parte de la ciudad y es que llevaba una temporada abusando en exceso del alcohol. Se trataba de una zona marginal con todos los males que nuestra sociedad nos brinda. Tenía una mezcla de miedo y resaca porque había escuchado desde chaval miles de historias sobre heroina, putas y problemas. Comencé a andar más rápido para salir de alli cuanto antes y a unos metros de mí escuché una gran carcajada seguido de una voz que se acercaba pero no acerté a entender lo que decía. Yo ya no andaba, corría a lo largo de la calle pero esa voz cada vez estaba más cerca y no me atrevía a mirar atras. Mi respiración estaba muy agitada y mi miedo se había transformado en pánico porque esa voz,que seguía sin entender lo que decía,me estaba alcanzando. LLegué a unas doscientas pulsaciones al cruce del puente y creí ver a un taxi que se acercaba. Me subí en él y ahí se acabo todo.Me prometí seriamente no volver a abusar del alcohol.

(J.C.G.)

EL PARAMO

Mi coche avanzaba a través de la noche, en el silencio, la luna iba guiandome a través de la solitaria recta. Entonces oí esa carcajada dantesca que lo ocupó todo, noté mi piel erizarse, mis ojos abrirse.. Paré el coche y salí, el páramo ante mis ojos,árboles lejanos. Entonces desde lejos empezaron a salir figuras y más figuras rodeandome rapidamente para intentar atraparme, conseguí entrar en el vehículo para ver que esas figuras que se agolpaban en los cristales eran yo mismo. Atropellé a mis fantasmas gemelos con dificultad y conseguí salir de allí, todos mis miedos siguieron riendo hasta que recuperé el silencio.

(DAVID SALVO JIMENEZ)

Risotada

La mujer estaba desesperada. sabía que cuando volviese su marido la iba a matar. Muchas veces le había advertido que si llegaba a casa de noche, pasadas las 11, no habría dios que le convenciese que ella no tenía un amante y él, eso sí, aguantaba muchas cosas (aunque ella tenía que llevar gafas oscuras a menudo, hasta en invierno), pero no los cuernos. Ella sabía que él estaba ahora afilando el cuchillo con el que la amenazaba cada dos por tres. ¿Por qué volvía a casa? Por su hija, que este día infausto él había recogido del colegio, mientras ella salió para buscar un traje para su marido, se le hizo tarde y se quedó atrancada en el Metro durante una hora y media larga. Ya oía su carcajada cuando le clavase la hoja o se la hiciera pasar por el cuello mientras la llamaba "Puta". El corazón se le salía por la boca y el resuello la abandonaba. Llegó al portal, metió la llave con cautela y entró. No había nadie. En ese momento sonó el teléfono, era su hija que le dijo que cuando su padre la iba a recoger del colegio tuvo un accidente de tráfico y... acababa de morir tras terribles convulsiones.

(Miguel ángel Pascual)

Risa estúpida

Carcajada, risa estúpida, como la de los concursos de televisión del vecino que no me deja dormir. Una carcajada me asesinó.

(Hipólito)

Miedo

No era la primera vez que sentía pánico, de echo el miedo era un compañero habitual en su vida, un miedo constante, irracional y posesivo. Miedo no a la muerte sino a la vida, miedo al llanto y a la risa, miedo al día y a la noche, miedo al miedo. Se levantó sudando de la cama, eran las cinco de la mañana y todavía no había amanecido, ni se vistió siquiera, bajó a la calle en pijama. Desde la ventana le vi perderse entre las calles, corría y corría desesperadamente, como si algo le persiguiera, no pude ver lo que era. Traté de alcanzarles pero fue inútil. Cuando llegué a la playa encontré sus ropas en la orilla, me metí en el agua, parecía tranquila, nadé, buceé pero todo fue en vano. Mientras me ahogaba vi su cuerpo flotando, me pareció que sonreía, como si hubiera expirado con una carcajada liberadora e histérica, ya no le perseguía nadie, ya no tenía miedo, el miedo ahora estaba conmigo.

(candido)

Sudores frios

Abrí la puerta del coche para, como un día cualquiera, recorrer el tramo que separa mi casa del trabajo. El tráfico era el habitual, como habitual es también el cabreo que te produce. De repente una luz cegadora me impedía ver la carretera. El miedo recorrió mi cuerpo como una descarga eléctrica. La luz se apagó y pude descubrir que no había nada a mi alrededor. Sin coches, sin casas, ni carretera. Todo estaba oscuro. No daba crédito a mis ojos. Paré el coche y con muchas dudas descendí. Vi a lo lejos una luz y emprendí el camino hacia ella. Según me acercaba pude comprobar que se trataba de una ventana. Por fín llegé. Me asomé y pude ver mi cuerpo tumbado en una cama de hospital, mi mujer junto a mí, llorando a la vez que acariciándome la mano. Solo podía apreciar el típico ruido que hacen esos scaners. De repente, bajo mis piés se habrió una puerta negra. Caí en picado por un tunel. Las imágenes pasaban rapidamente a mi alrededor. Eran todos los acontecimientos de mi vida. Algunos de ellos me producian carcajadas, no llenas de temor, por la situación. Sentí un fuerte golpe y perdí la consciencia. Al recuperarme abrí los ojos y vi a mi mujer a mi lado. Estaba tumbado en la cama de ese hospital que había visto desde la ventana. Un sentimiento de alibio recorrió todo mi cuerpo. Había vuelto de un viaje que nunca recomendaré a nadie.

(Xabier)

AULLIDOS

¿Carcajadas? No,doctor, aquello NO eran carcajadas. Nunca me rei... aquella niña. Simplemente me comuniqué con ellas, aquellos... Es que verá, doctor, aquellos sonidos eran aullidos, sí, de hienas espectrales que masacraban mis nervios a dentelladas. Me perseguían, me cercaban, me atacaban, pero nunca remataban su faena, doctor, nunca. Eran crueles en su grotesca inocencia. Resonaban en mi cabeza, o quizas venían de fuera, no lo se, doctor,NO LO SE,¿COMO DEMONIOS QUIERE QUE LO SEPA? Liberarme de ellas. Doctor, tiene que comprender, porque yo nunca hubiera podido, la niña...antes, antes eran eso, carcajadas. Me refiero, doctor, a que devinieron en zarpazos, algo salvaje que me desgarraba la cordura. ESTABA HECHA JIRONES, doctor, ¿NO LO ENTIENDE, JIRONES! Esa noche aquello me sobrevino con la intensidad de latigazos, paralizándome frente a un muro iluminado por neones. Y ocurrió, doctor. Fue como si las vomitara contra el muro. Emergieron las hienas como atroces sombras chinescas con ojos de fuego que me trasmitían rumores de sangre, doctor, de sangre. Entonces vi a la niña, dormida entre cartones, y entendí,doctor, era una de ellas, y aquel rumor de sangre se confundio en mi boca con un cálido espesor que apagó un débil grito, apenas un solozo... Mientras apretaba su cuerpecito masacrado ya no resonaban en mi mente, doctor, brotaban a borbotones de mi garganta. Me mutilé las cuerdas vocales. Pero pronto se confundieron con sonidos de sirenas, voces y disparos. Ya ve, doctor, ¿carcajadas? No, puede creerme, doctor, aquello NO eran carcajadas

(Sonia Rueda Blanco)

El párking

Volvía de realizar las compras de última hora en el centro comercial y caminaba hacia el párking donde había dejado mi coche aparcado. Sólo se oía el ruido de mis tacones al pisar sobre el suelo. No había nadie y eso me inquietaba. Mientras sacaba las llaves del bolso, oí de repente unos pasos que se acercaban. Al volverme, vi la figura de un hombre joven que se dirigía hacia mí con una amplia sonrisa en la cara. Según avanzaba comenzó a hablar.. - Perdonde señorita, pero no sé dónde he dejado mi coche... – soltando una carcajada - al verla he pensado que podría ayudarme..... De repente se abalanzó sobre mí poniendo su mano sobre mi boca y rodeándome la cintura con su otro brazo, me giró de tal manera que quedé de espaldas a él. –No se te ocurra gritar, puta...- me susurró al oído.- Si te estás quietecita no te haré daño y lo pasaremos muy bien los dos. Me tiró al suelo y al caer me golpeé la cara contra la puerta del coche que estaba aparcado junto al mío. La sangre comenzó a brotar de mi boca y de mi nariz y empecé a sentir náuseas. Antes de perder el conocimiento tuve tiempo de comprender que estaba siendo víctima de una violación más.

(Raquel Garcia-Almonacid)

Despacio

Sólo quedó uno vivo después de aquella noche fantasmal. Sólo quedó uno que pudiera contarlo. Sólo uno se escapó. Sin embargo, hasta ahora no se lo ha relatado a nadie. Quizá porque tiene miedo. Quizá porque no quiere recordar. A lo mejor es porque no le salen las palabras. O puede -y ésto es lo que me alegra la existencia- que porque sepa que la persona que le escucharía es también la que va a acabar con él: sin piedad, sin lágrimas, sólo con una carcajada de crueldad y sadismo infinito. Aquella noche murieron todos; en aquella casa, en aquel distrito, en aquel país, en todo el mundo. Y sólo quedaste tú, idiota, autista (¿qué poderes tienes, capullo?), pero será por poco tiempo. Quizá por eso no se lo has contado a nadie: porque nadie queda, amigo, nadie que te pueda ayudar ni que te escuche cuando emitas gritos de dolor como jamás nadie lo ha hecho. Esta noche. Nadie ha sufrido tanto como tú vas a sufrir, esta noche. Hijo, te has quedado a solas en este mundo con tu verdugo, con el verdugo de la humanidad. Despídete ahora, di adiós, pero dilo despacio, muy despacio...

(Halloween)

La carcajada

Todo comenzo la noche del 23 de Junio en la playa de Riazor. Era San Juan y todos estabamos en la playa saltando la hoguera y riendo. Jesús y Caty, mi hermano Reza y su chica, Luis, Juan y el resto de la panda. Joder, hacía mucho que no estabamos todos juntos y tuve uno de esos momentos de lucidez en los que la realidad se manifiesta de forma tan evidente que casi duele. Alcohol,drogas y muchas risas, como siempre. De repente una carcajada me heló la sangre, y en ese momento supe que no quería vover la vista, que no quería mirar y que la realidad que yo estaba percibiendo era pura fantasía. La escena que pude contemplar en sus pupilas era dantesca. Una estaca me atravesaba y mi cuerpo se quemaba en la hoguera. ¿Serían las drogas?? ¿por qué se reían todos? Bueno, pense que les den por culo, aunque la enculada era yo

(Malaentraña)

NO TE RIAS

Estoy en el Bar, ya iba a cerrar pero......NO TE RÍAS, NO TE RÍAS...intento pensar únicamente en cosas tristes, pero le miro a la cara y de nuevo me vienen a la mente los años pasados entre marionetas en la tienda de mi padre. Vuelven a mí los juegos interminables con mi mejor amigo, el malvado muñeco Chucky, y las bromas que gastaba al malencarado señor del quiosco que estaba bajo mi casa....NO TE RÍAS, NO TE RÍAS... Recuerdo cuando me iba arrastrando hasta el borde de su ventanita y como por sorpresa hacía aparecer a Chucky delante de sus ojos, acompañado de un pavoroso alarido -creía yo- ampliamente ensayado en el pasillo de casa ante mi hermana. Por eso tengo que hacer grandes esfuerzos para no reir al verle con esa careta de Chucky, aunque note como me va llenando un picorcillo el estómago y como mi diafragma está siendo sometido a una presión casi insoportable. Ummppppffff...lo sabía!, no he podido...he soltado la carcajada!...A través de su máscara, noto mientras me saltan las lágrimas de risa, que me mira claramente...se me acerca...y levanta su mano derecha,...la que sujeta firmemente una pistola. El frío en el paladar me hace constatar la presencia del cañón dentro de mi boca,y el calor en mis piernas me asegura que he perdido el control de mi musculatura involuntaria. Me lo dijo claramente: esto es un jodido atraco, como me mires o te rías, te descerrajo de un tiro, capullo...

(Nachoma)

¿Y tu quien eres?

Habia abierto el canal de chat buscando un amigo con quien hablar y apareció entre tantos otros un nick que desconocía:SEQUIENERES. "Hola Maria, ¿como llevas la mañana?, bien,respondí yo. -Te habras bebido un gran vaso de agua despues de correr toda la hora,¿verdad? -¡Anda! ¿y tu quien eres para saber lo que hago o dejo de hacer? - Alguien que te conoce. - ¿Me estas vacilando o qué? - Estas muy guapa con esos pantaloncitos rojos tan ajustados, pero la camiseta blanca de ayer te marca mejor la figura.Quiero que mañana te la pongas para mi." Me quedé helada, no sabia quien podía ser aquel desconocido; conocía todos mis movimientos, donde iba, como me vestía, mi dirección... De repente sonó el teléfono, al otro lado una voz ronca como de ultratumba dijo mi nombre: "Maria, Maria, Maria... Esta vez vas a saber realmente quien soy,...¡jajaja!" Tras aquella carcajada llamaron a la puerta,¡Diois mio, la luz se ha ido!, una figura masculina al otro lado golpeaba insistentemente en la madera,introdujo una llave, la cerradura cedía y yo, me preparé para lo peor...

(Nieves Perez MArtin)

Uxoricidio

Nadie, ni siquiera el veterano comisario de policía, pudo comprender la carcajada del aquel hombre al pasar junto a la sábana que cubría el cuerpo de la que, hasta hacía unos minutos, había sido su mujer. M.P.M.

(Manuel Pérez Morano)

Amor mal dado

El viento azotaba los altos del valle,arrojando su rencor a las fustigadas hojas de los sauces. Sobre su cabeza el cielo se tornaba de una tonalidad ocre, despidiendo lágrimas que arrastraban el sudor que emergía de su rostro descompuesto; su respiración entrecortada y jadeante acompasaba el sonido de la tupida hierba reseca aplastada sin miramientos bajo sus desnudos pies. Cada pequeño paso era una amarga victoria en una batalla decidida de antemano seguramente por algún bufón de los Dioses... Mientras avanzaba, un sónido leve emergía através del tiempo, ruido de tambores se sucedían de menos a más, anunciando un destino fatal. El dolor inundaba su caja torácica, iba propagándose lenta y frenéticamente por su endeble figura. El sonido del viento golpeaba incesantemente sus oidos, siempre recordándole a esa carcajada caprichosa de la mujer que siempre tuvo su sentido corazón. Por un capricho del destino, de un animador de verbenas de hados... la sonrisa de una demasiado ociosa mujer una vida ha quitado, primero ungiendo la daga y luego de ella tirando... con un dolor más intenso que jamás nadie haya pagado,areebatando el último estertor a un pobre villano.

(Javier Ruiz Gómez de Travesedo)

LA ESPERA

El silencio atrapó la estancia sin darle siquiera tiempo a levantarse y dar la luz. Los sonidos de la noche invadieron la habitación, el ruido insorportable del motor del frigorífico, los rumores de los coches en la calle, el incesante estruendo del segundero del despertador.Todo llenaba el cuarto convirtiéndose en el preludio de la amenaza incumplida. Tan sólo sus histéricas carcajadas llenaban el cuarto de realidad, supliendo así la soledad que la impregnaba en ese momento, un instante en el que necesitaba con urgencia la compañía de alguien. Sabría que vendría para cumplir sus palabras, lo que le producía un sentimiento de culpabilidad que le oprimía hasta provocarle un agudo dolor en el estómago. El teléfono quedaba cerca,quizá quedaba tiempo para pedir ayuda, pero no era capaz de mover ni uno de sus miembros de la cama.Estaba encadenada a un futuro que ahora,estaba convencida,era el que le tocaba vivir. Había compartido años de profundas emociones junto a él;años de verdadera pasión enloquecida; años junto a un desconocido que no permitió verla abandonar la casa cuando ni su cuerpo ni su mente le permitían pasar ni un sólo minuto más junto a ese hombre.Ahora, tiempo después, sabía que todo estaba a punto de terminar.El seguía siendo la sombra que la acechaba en el silencio sin dejarle un instante,ese sentimiento impregnado a sí misma tanto tiempo. Hubo un silencio largo al que le siguió otro todavía más prolongado.Entonces, alguien comenzó a forzar la cerradura de la casa.

(Julia Carrilero Campos)

Adios, Carlos

¿Han estado alguna vez cerca de la muerte? No me refiero a estar a punto de morir. No va en esa dirección mi pregunta. Digo si han tenido la ocasión de sentir el pánico que produce la muerte alrededor, la muerte de verdad, la muerte de un amigo. Sobre la media noche, el novio de mi hermana, Carlos, cenaba apaciblemente en familia, mi familia, su futura familia. Veíamos una película que emitían por televisión, pero el tenía prisa por marcharse a pesar del interés que mostraba por el final. Se trataba de una pelicula de terror de la que Carlos y yo nos burlabamos ante la incredibilidad de unos exagerados efectos especiales. Aquella noche Carlos debía darse prisa si quería coger el autobus que le llevara al pueblo. Se despidió de nosotros con un hasta luego cuando debería haber pronunciado un escalofriante "adios". El autobus esperaba al otra lado de la autovía. Se dispuso a cruzarla cuando un camión lo atropelló ferozmente, desmembrando partes de su cuerpo, incluída su cabeza, la cual fue aplastada por otro vehículo. La pelicula de la tele aún no había acabado cuando volví a sentarme en el sofá, ahora sin emitir ninguna carcajada. El protagonista moria, como mi amigo. Los dos acababan de morir delante de mi. ¿Imaginan la sensación?

(David Castañeda López)

Niño

Miré al jardín. El sol se despedía de los árboles más altos. En un rincón oscuro una mujer apretaba a un niño contra su pecho como si quisiera apartarlo de la vida. Miraba al agua y volvía la cabeza bruscamente distinguiendo a un enemigo que yo no podía ver. El niño era pequeño, demasiado pequeño; sólo llevaba unos días sobre la tierra. Di unos pasos hacia ella y me asomé al pequeño lago. El agua era toda una sombra líquida. La mujer huyó sin moverse y con un gesto indefinido se preparó para el asalto. El agua se acercaba suavemente invitándola al suicidio. Necesitaba ayuda. Crucé la línea, dije dos palabras que querían ser amables y sonreí. Ella no dijo, no hizo nada, pero sus ojos me suplicaban que me fuera. Fue en ese momento. Fue como un relámpago, como una herida. La diminuta cabeza se volvió y unos dientes fuertes y compactos dibujaron una terrible carcajada.

(Abel Patroclo von Bela)

fue entonces...

Fue entonces cuando lo pensé: resuelto, decidí adentrarme en el lago que lleva por nombre el del mítico monstruo. Tenía el pulso acelerado. No sé si por miedo a lo que pudiera allí ocurrir (no había que desdeñar las serpientes marinas), o, precisamente a que, de forma desilusionante, nada aconteciera. A pesar de continuar en tensión, me tranquilicé notablemente, había ido sólamente a fotografiar y, con lo que estaba viendo a cada remada, no podía salir desilusionado del lugar. Era tal y como lo mostraban todas aquellas revistas, tal y como lo imaginaba... atardecer brumoso y celajes tardobarrocos. Como un fresco de Caravaggio o una tela, incluso, de De la Croix, enfrentamientos cromáticos que esperaba se reprodujeran como finalmente quedaron revelados a mi regreso a casa. Pero, una vez dada media vuelta para la orilla,...un estruendo. ¡Pareciera en aquél momento que las aguas tuvieran corazón... y padecieran de taquicardia!... la paz, el sosiego volviéronse turgencias violentas... e inopinadamente, ¡chooooof!, emergió ante mis cuencas... sí, él.. Solté una carcajada sin malicia: era el monstruo. Pero estaba viejete. Ni fuego por la boca ni fuerza diligente con la que amedrentar. Sin apenas dientes y con una lengua flácida bífida ya no asustaba. Había pasado años sin comer en la superficie, así que le di la cesta de mi merienda.

(Fernando del Val Sanz)

Sin mí

Abrí los ojos y allí no estaba ella. Desesperado la busqué por toda la habitación. Lo único que hallé fue el vago rostro de su fragancia fúnebre en el pasillo. Se había ido y no me había llevado con ella. Una vez más, mi petición había sido declinada en el último instante. Me volví a tumbar en mi cama y posé mis ojos en el cielo del techo. Varado en la amargura de mis pensamientos, sentí el cuerpo girar sobre sí mismo como las peonzas que tenía de chaval. El caballo volvía a hacer efecto. Navegaba por mis venas al tiempo que yo me dejaba seducir por mi viejo amigo. Solté una carcajada furibunda. Pero cuando creía alcanzar aquella sensación de ingravidez que en verdad nunca me había abandonado, ni siquiera en mis días de abstinencia, volví a oler el aroma lúgubre de su presencia. Salté como un resorte en su búsqueda. Me lancé al pasillo y seguí su rastro. Pero allí no había nadie. La temperatura del pasillo era enorme. Me lamí inconscientemente el amargo sudor de mi brazo cuando de súbito sentí una bocanada de aire a mi espalda. Me giré sobre mis pasos y a medida que me acercaba a la habitación de mi compañero de piso, Juanma, el olor se hacía más espeso. Vacilé antes de abrir la puerta. Las cortinas flotaban sin rumbo, despavoridas y sobre su lecho, mi amigo yacía con los ojos vidriosos, y el cuerpo inerte, sin vida, acompañado por ella.

(boris)

El ritual

Demasiado silencio, pensaba mientras me acercaba al arroyo. Miraba furtivamente a izquierda y derecha y avanzaba sigilosa. Dos ojos incrustados en la noche confirmaron mis temores. Mi mirada se crispó, se tensaron mis músculos. Había pensado mucho en ello, sabía que tarde o temprano debería enfrentarme a este momento, y sin embargo no fui capaz de pensar, mi mente se nubló y eché a correr. Corrí cuanto pudo sin mirar atras, le sentía cerca, muy cerca. Caí al suelo y volví a levantarme. Su jadeo se incrustaba en mis oidos paralizando mi mente, sentía su sed de sangre, mi sangre. Fueron segundos interminables, pero al fin el se detuvo agotado y a los pocos metros yo paré también. No podía más, tenía el rostro desencajado, mi pata sangraba. El miedo y el esfuerzo intenso no me dejaban razonar, giré la cabeza y vi dos nuevos ojos mirándome, avancé cuanto pude pero un zarpazo sobre mi pecho me detuvo y me hizo caer. Sentí como se avalanzaban sobre mí. Sus garras afiladas rasgaban mi piel como el papel y sus colmillos se hundieron en mi cuello ahogando un grito desesperado. Horas despues la carcajada de la hiena sobrecogió la sabana completando el ritual de sangre y despojos.

(Vicente Lozano Flores)

METAFORA

Creo que entró en la Iglesia cuando había comenzado ya la homilía. Cuando el Padre Urrutia aclaraba la metáfora del Infierno. Explicaba que todo había sido una imagen útil, una forma de explicar que el mal está en cada uno de nosotros. - Olvidemos el fuego eterno y las calderas- Decía. Creo que siguió con atención el razonamiento y que incluso asintió con la cabeza cuando desde el púlpito se ridiculizó la creencia en un ser repugnante capaz de adoptar horribles formas. - No sigamos creyendo en caducas leyendas medievales- Sentenció el Sacerdote. De lo que estoy seguro es de haberlo visto salir justo en el momento en el que se apagaba la voz del Padre Urrutia y caía fulminado. Lo recuerdo porque me miró desde la puerta y, como si quisiera explicarme algo, soltó una carcajada y dejó tras de si el inconfundible, sin sentido ya según nos explicaban pero inconfundible a pesar de todo, olor del azufre.

(KEPA BILBAO ZUBIAUR)

En el metro

Primero fue la viejecita del sombrero rojo. Empezó como una risilla espasmódica que poco a poco fue evolucionando hasta una carcajada grotesca y franca, que la sacudía con estertores violentos. Luego fue el señor del bigote, sentado en frente mío. Luego la niña con el uniforme de colegio, la embarazada, la pareja de enamorados. Todo el vagón de metro se sacudía con una alucinada carcajada sin motivo. Gradualmente, las caras asombradas de la gente que aún permanecía seria, desaparecieron, hasta que sólo quedé yo. Mientras rezaba por que la llegara la próxima parada de metro para bajarme de ese vagón infernal, empecé a sentir un ligero escozor en la garganta.

(Jenaro)

Rojo sobre mi cabeza

La sonora carcajada de la abuela. El vientre del lobo la hacía resonar de una manera especial, contaminando los manantiales de mis sueños para toda la eternidad. El afanososo leñador, que con oficio de carnicero sajaba cuidadosamente el vientre de la bestia. El brazo de la abuela,sangriento,solicitando ayuda como quien solicita almas para el infierno. Esa cara manchada,satisfecha, emergiendo de entre la muerte. Me cubrió con su abrazo sangriento, como una pequeña caperuza protegiendo mi cabeza.

(El hombre de la una.)

el payaso cruel

Cristina decidio, así sobre la marcha, hacer pellas. Sus 12 años eran suficientes para decidir lo que quería hacer y ese momento la clase de ingles le parecio poco atrayente. El día anterior habia visto un circo instalado a la entrada de la ciudad, en un lugar lo sufiencientemente lejano para que nadie la descubriera. Tomo un autobus se apeo en la parado oportuna, diviso la carpa en la misma manzana. A la entrada al circo no habia nadie, las taquillas desiertas y la puerta abierta la decidieron a entrar. Entonces escucho golpes y se encamino en esa dirección. Por fin detrás de un tio vivo a medio instralar descubrio un... la verdad no sabia como describirlo... nunca habia visto algo semejante. Parecia un carromato circular. Al lado, se encontraba un enorme de un payaso realizada en un descolorido material que cristina tampoco pudo reconocer, sorpendida reparo en la falta de nariz tan significativa en todos los payasos. Los golpes subieron de intensidad y venian claramente del carromato-huevo. Ella trataba de encontra un acceso al interior del mismo y así descubrio una abertura ojival por la que, con las manos presionando sus oidos, paso al interior, todo estaba oscuro.Entonces cesaron los golpes, algo humedo y pegagoso la abrazo aprisionandola, no pudo gritar y en el exterior se oyo una cruel carcajada justo cuando el payaso tomaba instensos colores y lucia una enorme y roja nariz. El circo se inaguro esa noche y Cristina desaparcio para siempre.

(sol ceballos)

Proxima parada...

El movimiento del vagón y los chirridos de las vías son gritos ensordecedores que me impiden dormir. Levanto la cabeza despacio resignado a no pegar ojo el resto del camino. Miro el reloj y me inquieta la soledad del vagón. A esta hora suele estar abarrotado. La voz en off que anuncia la siguiente estación suena desvirtuada. No importa, conozco las paradas de memoria. Saco un libro y empiezo a leer. El tren se para. Se abren las puertas...levanto la vista del libro. No conozco esta parada. No hay gente en el anden, no hay gente en el vagón, pero ¿qué pasa?. Asomo la cabeza por las puertas abiertas. Las paredes están amarillentas, descascarilladas y de una de ellas pende un cartel carcomido sin nombre...no entiendo nada. Ando hasta las escaleras y las subo despacio, una flecha indica la salida. Me dirijo hacia allí, pero de nuevo me lleva a la estación. Sigo intentándolo durante horas, pero es como estar atrapado en un circulo cerrado. Estoy sudando y respiro con dificultad. La luz amarillenta me produce dolor de cabeza y el aire espeso parece no contenar apenas oxigeno. Entro al vagón y me siento de nuevo. Una terrible carcajada resuena por los altavoces...

(Perfiria)

Un paso no dado

No habría dudado ir un paso más allá si aquella carcajada, brutal y excesiva, no hubiese brotado del abismo lesivo de su propia, impropia, garganta.

(javier noval)

el payaso cruel

Cristina decidio, así sobre la marcha, hacer pellas. Sus 12 años eran suficientes para decidir lo que quería hacer y ese momento la clase de ingles le parecio poco atrayente. El día anterior habia visto un circo instalado a la entrada de la ciudad, en un lugar lo sufiencientemente lejano para que nadie la descubriera. Tomo un autobus se apeo en la parado oportuna, diviso la carpa en la misma manzana. A la entrada al circo no habia nadie, las taquillas desiertas y la puerta abierta la decidieron a entrar. Entonces escucho golpes y se encamino en esa dirección. Por fin detrás de un tio vivo a medio instralar descubrio un... la verdad no sabia como describirlo... nunca habia visto algo semejante. Parecia un carromato circular. Al lado, se encontraba un enorme de un payaso realizada en un descolorido material que cristina tampoco pudo reconocer, sorpendida reparo en la falta de nariz tan significativa en todos los payasos. Los golpes subieron de intensidad y venian claramente del carromato-huevo. Ella trataba de encontra un acceso al interior del mismo y así descubrio una abertura ojival por la que, con las manos presionando sus oidos, paso al interior, todo estaba oscuro.Entonces cesaron los golpes, algo humedo y pegagoso la abrazo aprisionandola, no pudo gritar y en el exterior se oyo una cruel carcajada justo cuando el payaso tomaba instensos colores y lucia una enorme y roja nariz. El circo se inaguro esa noche y Cristina desaparcio para siempre.

(sol ceballos)

NOSOTROSLOSDEMOCRATASDETODALAVIDA

El miedo invadió todo el país,todos los medios de comunicación al servicio del partido en el poder y del principal partido de la oposición lo avisaban a través de periodistas sin titulación universitaria, tertulianos sin oposición, filosofastros con la visión alterada, escritores incunables convertidos en ratas sin biblioteca,... El último secreto de Fátima se había descubierto: el comando "Nosotroslosdemócratasdetodalavida" iba a ganar las elecciones en Euskadi, con el futuro director del CESID como Presidente... Lo siento, no puedo seguir este relato sin evitar la carcajada...

(GEA)

Según se acerca el fin

El disparo había caído cerca de la población, revelando así las intenciones del otro bando. “Ahora que la guerra es como el rosario de la aurora, toda baja cuenta”, decía mi sargento, y los últimos días de resistencia en Madrid lo evidenciaban. - Vamos a por la bala –dijo, acercándose su último cigarrillo. - Es sólo un obús, ¿para qué? - ¿Desde cuándo me conoces, no cayó acaso tu pelotón defendiendo Atocha hace unas semanas? - Cierto, pero son los mandos quienes me encomendaron a tí. - ¿Los mandos? ¿Esos soldados invisibles merecedores de condecoraciones? Dime cuándo has visto a uno y no su palabra – me espetó junto a una carcajada. Nos dirigimos hacia las afueras, compartiendo aquel último pitillo. Caravanas de heridos huían a nuestro alrededor. - Allí. He visto una antes – dijo el sargento con voz queda. A unos metros había un surco largo, que acababa en un montón de tierra levantada. - No temas, vamos a verlo. Según nos acercábamos, las linternas iluminaban el proyectil. Era de metal blanquecino y parecía no haber estallado. - Ilumina. Tenía unas rendijas. Algo se movía en su interior, parecía peludo. - Sargento, una víctima. Aquello se movió, y con un graznido, lo que parecía ser un millar de ratas negras y aladas, voló hacia nosotros. - No, chico, dos. Y no podíamos ganar.

(Joni Karanka)

Carcajada

Ella seguía con interés el funeral. El cura glosaba el difunto recuerdo de su amantísimo esposo cuando el móvil parpadeó su mensaje anónimo: "sigo vivo". Y ella se mofó en voz alta de su última mentira antes de apagarlo. La gente pensó que estaba loca de dolor, pero no hay terror más cierto que una carcajada a destiempo.

(Escaparate)

No desearás

Los apuntes en la mochila y el despertador a las cinco. Inmóvil sobre la cama, intenta dormir mientras docenas de fórmulas bailan ante sus ojos. Se da la vuelta y abraza la almohada, mientras piensa en cuánto desea que hayan pasado los malditos exámenes. Se duerme. Un pitido rítmico le despierta: no es su inconfundible despertador. Mira alrededor para ver un cuarto que no es el suyo; en una mesilla metálica hay algunas medicinas y un espejo pequeño. Sobre su cabeza, el bip-bip del monitor cardíaco que está acelerando su ritmo. Un hospital. Se mira las manos y ve unos dedos huesudos como sarmientos y manchas oscuras en la piel. El fogonazo de la aprensión le empuja a coger el espejo. En él, un anciano pálido y delgadísimo, con grandes ojeras, le mira con la boca formando una enorme O. Entonces grita, sintiendo los pulmones a punto de reventar. Una enfermera entra en la habitación. Le quita el espejo de las manos e intenta tranquilizarlo. Él empieza a comprender y con la voz rota, se dirige a ella: - Una cosa... ¿aprobé el curso? La cara de extrañeza de la chica le provoca una risa enferma, aviesa, que crece hasta una carcajada honda y desquiciada. Siente esa risa atravesada en su garganta como una puñalada. La chica, demasiado tarde, corre hacia la puerta, mientras él oye ese pitido continuo cada vez más lejos, justo antes de cerrar los ojos.

(Joaquín Bernal)

Cerca del Parque

Habiamos estado contando historias de miedo en casa de Julian. Todos habiamos contribuido con algo a la cena. Hubieron platos de Mejico y Brasil, yo prepare torrijas y tambien hubo un plato portugues para postre. Los relatos se habian sucedido impulsados por la pareja brasilegna, ellos contaron sorpresas monstruosas en quirofanos, al fin y al cabo hacen su postdoc en medicina. Tambien hubo quien se lanzo con autopsias y no faltaron las meigas gallegas, aunque Alejandro se resistio para contar lo de su abuelo. Yo me limite a escuchar. Asi transcurrio nuestra periodica reunion de hispanos en Newcastle, pero esta vez, sin una carcajada de Sandra. Como siempre, me resisti a ser acompagnada hasta mi residencia de estudiantes. Solo eran veinte minutos caminando, aunque eran las dos de la madrugada. No encontre a nadie o quizas simplemente no le vi, porque andaba con la cabeza fija en el pavimento. Tras pasar Marx and Spencer, solo quedaban atravesar los diez minutos de parque. Fue entonces cuando escuche el grito terrorifico de una mujer joven, probablemente de mi edad. Hubiera jurado que me pedia ayuda. Levante la vista y no vi a nadie, tan solo escuche el ruido del motor de un coche que se alejaba muy deprisa, era blanco. Deseaba llegar a casa a toda prisa, cuando tropeze con algo o alguien. Mire hacia arriba y alli estaba aquel hombre arabe, alto y con barba.. Has oido eso, exclamo. No pude responder.

(Victor L. Ruiz-Perez)

Adios, Carlos

¿Han estado alguna vez cerca de la muerte? No me refiero a estar a punto de morir. No va en esa dirección mi pregunta. Digo si han tenido la ocasión de sentir el pánico que produce la muerte alrededor, la muerte de verdad, la muerte de un amigo. Sobre la media noche, el novio de mi hermana, Carlos, cenaba apaciblemente en familia, mi familia, su futura familia. Veíamos una película que emitían por televisión, pero el tenía prisa por marcharse a pesar del interés que mostraba por el final. Se trataba de una pelicula de terror de la que Carlos y yo nos burlabamos ante la incredibilidad de unos exagerados efectos especiales. Aquella noche Carlos debía darse prisa si quería coger el autobus que le llevara al pueblo. Se despidió de nosotros con un hasta luego cuando debería haber pronunciado un escalofriante "adios". El autobus esperaba al otra lado de la autovía. Se dispuso a cruzarla cuando un camión lo atropelló ferozmente, desmembrando partes de su cuerpo, incluída su cabeza, la cual fue aplastada por otro vehículo. La pelicula de la tele aún no había acabado cuando volví a sentarme en el sofá, ahora sin emitir ninguna carcajada. El protagonista moria, como mi amigo. Los dos acababan de morir delante de mi. ¿Imaginan la sensación?

(David Castañeda López)

Bala perdida

Se miró al espejo. El mismo aspecto de siempre, ni más ni menos. Siempre había creído que los asesinos tendrían otro aspecto. Tal vez pensaba que por el simple hecho de matar a alguien le cambiaría la mirada, le aturdirían los remordimientos o el nerviosismo entumecería sus movimientos. Nada de nada. Ni siquiera la mirada. Acercó su cara al espejo, moviéndola de ado a lado. La misma mirada perdida de siempre, sin vida. Tal vez era eso. Siempre había sido una persona tranquila, "sin fuste", como le decían sus amigos sin poder evitar la carcajada. "Incapaz de matar a una mosca", le habían definido los vecinos. Por eso, cuando se alistó en el ejército le extrañó a todo el mundo. Él mismo se sentía incapaz de empuñar un fusil. Y ahora se había convertido en el más sangriento de los francotiradores de Belgrado. En su patria le hubieran llamado asesino, pero aquí, simplemente le llamarían soldado e incluso le condecorarían por los servicios prestados. Con estos pensamientos colocó el último cartucho en su rifle, se lo introdujo en su boca y apretó el gatillo, como tantas otras veces.

(Juan José Cortezón)

Bala perdida

Se miró al espejo. El mismo aspecto de siempre, ni más ni menos. Siempre había creído que los asesinos tendrían otro aspecto. Tal vez pensaba que por el simple hecho de matar a alguien le cambiaría la mirada, le aturdirían los remordimientos o el nerviosismo entumecería sus movimientos. Nada de nada. Ni siquiera la mirada. Acercó su cara al espejo, moviéndola de ado a lado. La misma mirada perdida de siempre, sin vida. Tal vez era eso. Siempre había sido una persona tranquila, "sin fuste", como le decían sus amigos sin poder evitar la carcajada. "Incapaz de matar a una mosca", le habían definido los vecinos. Por eso, cuando se alistó en el ejército le extrañó a todo el mundo. Él mismo se sentía incapaz de empuñar un fusil. Y ahora se había convertido en el más sangriento de los francotiradores de Belgrado. En su patria le hubieran llamado asesino, pero aquí, simplemente le llamarían soldado e incluso le condecorarían por los servicios prestados. Con estos pensamientos colocó el último cartucho en su rifle, se lo introdujo en su boca y apretó el gatillo, como tantas otras veces.

(Juan José Cortezón)

La premonición

Sabia que seria así. Después de tanta obscuridad estaba desorientado, pero esa luz brillante me da fuerzas para avanzar. Me siento bien, a pesar de todo lo que he pasado para llegar hasta aquí, tengo la sensación de ir flotando, atraído por la luz del fondo, y estoy seguro de que el otro lado será maravilloso. Este viaje ha de hacerse así, en solitario, de otro modo no sentiría con tanta intensidad. Realmente no estoy solo, ahora me acuerdo de todos los que me importan, si estuvieran aquí no creo que los pudiera tener tan cerca. Pasan por mi mente con rapidez pero me impregnan hasta el alma. Ya falta poco, noto la brisa fresca cargada de fragancias. Habrá merecido la pena correr el riesgo. Es la única manera de acceder a este precioso valle paseando: a través del túnel del tren. Pero, ¿qué es ese ruido?. No es posible, en la estación me aseguraron que no pasaría otro tren hasta dentro de dos horas, lo pregunte dos veces. No tengo salvación, a esa velocidad me aspirará y me hará pedazos. Irónicamente, en el último instante no puedo reprimir una carcajada. Es el fin... Sabia que seria así. Después de tanta obscuridad estaba desorientado, pero esa luz brillante...

(Lorenzo)

El mas acá

Cuando en la oscuridad oyó aquel sonido por primera vez, le vino a la mente una frase que había leído en más de una ocasión: "Una carcajada que no parecía de este mundo". Sin embargo, lo último que pudo pensar cuando la volvió a escuchar es que lo terrible de aquella risa era que era humana, demasiado humana.

(Jorge Taús)

Dia a dia

Corro y no se aleja.Salto y no le esquivo.Le abrazo y se me escapa. Lloro y se rie de mi. Quien eres tu, que te escondes en mis sombras, dejame solo?. Grito y se hace el sordo. Me susurra y no le entiendo. Hablo con el a todas horas y creo que usamos idiomas distintos. Repito quien coño eres??? sonrio, me alejo del espejo y acompaño mis pasos con sonoras carcajadas hacia un nuevo dia...dije nuevo?

(Tonto lavas)

metro

Siento como corre el sudor por mi frente. Es tarde, de noche. El largo tunel del metro parece no tener fin. Tiemblan mis manos, estoy muy cansada intento pensar en algo agradable pero mi mente se dirige una y otra vez al mismo lugar, el recuerdo imborrable del rictus de la muerte en su cara. Fue cuestión de segundos, bebió más de la cuenta, estaba alegre, aún oigo su carcajada. Para él no tiene remedio y par mí ya nada tiene sentido.Bajo del metro y recorro lentamente los trescientos sesenta y cinco escalones que me conducen a él.

(Inmaculada Hernández de Troya)

Vuelta de tuerca

El reo temblaba. Cada músculo de su cuerpo actuaba con vida propia buscando salvarse por su cuenta pues el Ser estaba irremisiblemente perdido. Su corazón era una locomotora mandando una presión enorme e innecesaria a su cuerpo inmóvil. Tiraba de sí hacia delante, pero el mástil del garrote le sostenía erguido. Su cabeza penduleaba en el lazo metálico como la de un gorrión. La vista se le nublaba en rojo. Oía el murmullo de la muchedumbre de la plaza, pero no era capaz de fijar la vista. Buscaba piedad en los ojos de los coraceros, en los vendedores de barquillos, en los del diputado regional. -Cúmplase- oyó. El verdugo puso sus manos en los remates esféricos de las palancas. Asemejábase a un práctico en una difícil maniobra de atraque. Hubo un chirrido y un clac. Los músculos hiperestesiados del rostro del reo compusieron una carcajada de terror. Hubo un murmullo. La abrazadera izquierda del lazo había saltado. El verdugo miraba la tarima del patíbulo. Allí encontró la cabeza del tornillo. -¡Juicio de Dios!- dijo un jesuita–No ha querido que muera- cuatro monjas piadosas asintieron. -Qué contrariedad- dijo el juez sin encomendarse–Habrá que suspender la ejecución- De entre la muchedumbre salió un niño apoyado por el público. –Pruebe con esto señor- dijo alargándole un trozo de metal a un funcionario. –Es de la rotativa- añadió –pero devuélvamelo luego que es un encargo. Y se cumplió la sentencia.

(Fernando Pastor)

Adios, Carlos

¿Han estado alguna vez cerca de la muerte? No me refiero a estar a punto de morir. No va en esa dirección mi pregunta. Digo si han tenido la ocasión de sentir el pánico que produce la muerte alrededor, la muerte de verdad, la muerte de un amigo. Sobre la media noche, el novio de mi hermana, Carlos, cenaba apaciblemente en familia, mi familia, su futura familia. Veíamos una película que emitían por televisión, pero el tenía prisa por marcharse a pesar del interés que mostraba por el final. Se trataba de una pelicula de terror de la que Carlos y yo nos burlabamos ante la incredibilidad de unos exagerados efectos especiales. Aquella noche Carlos debía darse prisa si quería coger el autobus que le llevara al pueblo. Se despidió de nosotros con un hasta luego cuando debería haber pronunciado un escalofriante "adios". El autobus esperaba al otra lado de la autovía. Se dispuso a cruzarla cuando un camión lo atropelló ferozmente, desmembrando partes de su cuerpo, incluída su cabeza, la cual fue aplastada por otro vehículo. La pelicula de la tele aún no había acabado cuando volví a sentarme en el sofá, ahora sin emitir ninguna carcajada. El protagonista moria, como mi amigo. Los dos acababan de morir delante de mi. ¿Imaginan la sensación?

(David Castañeda López)

Lo sé?

...Sé que a sucedido, pero no puedo recordar ni cuando ni donde,no me atrevo a mirar el rostro en descomposición que yace junto al mío propio, en una cama de la que no puedo salir, inmovilizado por la angustia de afrentar la verdad...o quizás no. Puede que todo sea un mal sueño y despierte con una carcajada disipando con ella los terrores de una pesadilla...y sin embargo este olor, Dios, los sueños no huelen y el rostro está ahí, y no sólo eso, no es esa cara lo que me hiela el alma, es su edor, los sueños no huelen, es la certeza del pecado cometido, soy culpable, pero, de qué, quién se pudre a mi lado y me niega el consuelo de la huida? Voy a hacerlo, me levantaré y... no puedo moverme, he de hacerlo, sin respirar, tan sólo volverme lentamente y acabar con este martirio...pero los sueños no huelen...ya está, me estoy girando, siento el roce de la sábana sobre mi cuerpo, no estoy dormido, es real, pero no quiero que esto sea real, no puedo aceptarlo...el olor...tiene que ser un sueño, si me veo a mi mismo es por que es un sueño, sí, sólo una alucinación, pero este hedor... Ya está, un estruendo me devuelve a la realidad, he abierto los ojos voy a levantarme y... Un espejo roto multiplica por mil el rostro de un cadaver putrefacto abandonado sobre un lecho´; soy yo. Quiero gritar pero no puedo, estoy muerto.

(Francisco José Benito)

Cumpleaños Feliz

Vi el fluorescente pestañeando molestamente. Sentí que algo me atenazaba el cuerpo, que no podía moverme, pero tampoco podía verlo porque la cabeza no respondía a mis órdenes. La lámpara seguía guiñándome ardorosamente el ojo para que reaccionara, pero su efecto era el contrario y lo único que despertaba en mí era un raro nerviosismo, un mudo hormigueo que recorría mi abdomen. Intentaba protegerme de sus destellos pero las manos no acudían al socorro de los ojos. Sabía que estaba en el suelo pero no sentía frío. Al revés, la sensación era cálida. ¡Escuchaba algo!, eran frases sueltas que olían a carcajada. Me sonaba familiar pero no entendía nada. Como si las palabras llegaran a mi cabeza y se frenaran sin alcanzar su sentido. De repente, sentí una agobiante explosión en el pecho, me incorporé y lancé por la boca algo viscoso. Lo siguiente fueron más carcajadas y un destello en mis retinas que me cegó por completo. No sabía donde estaba. Mis amigos habían dejado de sonreír; ahora sus caras se habían tornado en un aterrador espejo de mí mismo. Me froté los ojos, me dolían, y pude comprobar que la hoja de un poderoso cuchillo asomaba bajo mi barbilla. Por una vez en la vida había tenido un cumpleaños especial.

(Jose Luis Sanz Fernandez)

La carcajada

La vi en el espejo, sonriéndome con el dulzor de una insinuación. Luego lanzó una carcajada al frío ámbito de cristal y su rostro se mudó en facciones de espanto. Se reía de mí, y yo me reí con ella a pesar de su monstruosa fealdad cadavérica. Colgajos de piel podrida envolvían sus desorbitados ojos de espectro. Quise huir de aquel lugar maldito pero su cuerpo agusanado me atrapó en un abrazo de hielo. La carcajada seguía zumbando en mis oídos y se colaba en mi cabeza como una tortura psicológica. Sentí sus manos aferradas a mi nuca y la proximidad de su aliento con olor a podredumbre. Mi resistencia fue inútil. Sus labios impregnados de horror me besaron y me hundí en los abismos del infierno. Entonces la carcajada se hizo más intensa, como un eco ensordecedor e inagotable que se reía de mi muerte. Rafael Abalos.

(Rafael Abalos)

Sin título

Habían pasado unos meses desde que llegué. Todas las noches me desvelaba la maldita carcajada. Estruendosa,inquietante, reveladora, impertinente... Se prolongaba durante unos minutos protagonizando y monopolizando todos los sonidos de mi habitación. Y me golpeaba. Y me torturaba. Luego, silencio. Nada. Todo parecía volver a la normalidad. ¿Todo? Pero si hace tiempo que ya no recordaba qué hacía allí. Ni por qué. La carcajada se prolongó hasta el infinito. Estaba muerto.

(Octavio)

Más vale pájaro en mano...

El primer dedo apareció en su oficina: "nada de policía". Dos días más tarde, al abrir el buzón, descubrió el macabro sobre con el segundo dedo. El tercer dedo llegó con el anillo de bodas y según dijo a la policía, lo debieron dejar en la puerta entrada la madrugada. Con el cuarto dedo se supo de las pretensiones: una cifra y una advertencia. Mientrás creía volverse loco, uno de los agentes recepcionó la caja. Todos se apartaron ante aquella sinfonía 5ª de Beethoven y el quinto dedo: el sr.Atienza soltó una carcajada de impotencia y terror y repentinamente comenzó a llorar desconsoladamente. Un día después, bajo los efectos de los sedantes, supo de boca de Llorens que los dedos sexto y séptimo estaban ya en poder de la policía científica. Dos semanas sin saber del octavo dedo. Como en un tétrico juego, alguien entregó el paquete con el “octavo”: la uña, pintada de negro. Ninguna pista... El “noveno”, uno de los “gordos”, lo encontró Llorens en el salpicadero de su coche: “el próximo aparecerá metido en su boca”. Pasarían diez días, cuando la policía condujo al sr.Atienza hasta una sala de urgencias. Al verse, los dos comenzaron a llorar y ella, con los muñones vendados, sólo balbuceaba “que se habían equivocado” y alzó los brazos para abrazar a su marido, con su único meñique apuntando al techo.

(Rames Jandali Feu)

Edgar Allan

Mi gato se llama Poe. Es negro. Un día llamó a mi puerta, y se quedó. Empezamos a conocernos. Hablaba con él y me respondía con lametones, caricias y ronroneos. Lo normal. Una noche como tantas otras, al llegar a casa, le dije "¿Qué tal, Poe?". Y contestó. Desde entonces, mi gato habla y cuenta historias. Siempre macabras. Yo me tumbo en el suelo -el prefiere el sillón-, arqueo el lomo y espero la caricia de su pata. El sigue hablando. Yo ronroneo. Ayer entró un mariposa por el balcón. Nervioso, seguí sus movimientos hasta que la acorralé. Estaba a punto de saltar a por ella cuando volvió a alzar el vuelo. Entonces Poe soltó una carcajada. Mi primer fracaso, mi primer maullido.

(Miranda Echeverría)

El brillo del oro

El sol estaba en su punto más alto, haciendo huir a cualquier sombra que intentara aparecer. Tres mercaderes se dirigían al Cairo después de una agotadora y productiva semana de mercado. Lo habían vendido todo, ahora eran muy afortunados. Sólo había dunas, una interminable cadena de dunas por atravesar, pero no les importaba porque llevaban los bolsillos llenos de monedas de oro. Sólo había calor, mucho calor, tanto calor, que les parecía oír como alguien se reía a carcajadas tras la siguiente duna. Ahora sólo había tres esqueletos, tres despojos de piel que caminaban ya sin rumbo fijo. Uno de ellos calló a la arena, completamente muerto. Los otros dos sin pensárselo un momento, se abalanzaron sobre él, comenzando a beber la sangre que le brotaba de una herida. Poco a poco fueron recuperando la cordura, al tiempo que se hidrataban con la sangre de aquel infeliz. En cuestión de segundos, se les estremeció el alma. No sólo por lo que acababan de hacer, sino por la enorme serpiente dorada que estaba frente a ellos. La herida del cadáver era en realidad una mordedura de serpiente. Sintiendo como el potente veneno de la serpiente les mataba por momentos, los desgraciados mercaderes comenzaron a emitir una tétrica carcajada, una carcajada que no ha dejado de sonar entre las dunas de aquel inhóspito lugar. Carcajada que delata la presencia de la gran serpiente dorada, que pudo digerir sus cuerpos pero no sus almas ni el oro que llevaban consigo.

(David Virumbrales)

Un licor amargo

Yo también me eché una buena carcajada cuando lo supe. No de alegría, sino de horror y locura. Seré breve. Cuando fui a interrogar al millonario sospechoso, me ofreció un licor dulce y nos sentamos en su salón, al calor de la chimenea. Al principio me atribuyó confusas valentías, dado mi oficio de poli a punto de retirarse. Pero enseguida le amenacé con cientos de preguntas que no lograba evadir. Sabía que mi mujer le había hecho una visita antes de su desaparición, y que nadie había vuelto a verla desde entonces. Todas las evidencias le apuntaban. La bebida, aunque estaba de servicio, me fue emborrachando lentamente; cualquiera conoce mi fama. Luego él habló de las propiedades de ese maravilloso licor, cuyo secreto de composición no quiso revelar. Me marché de allí aturdido y con una curda elegante, sintiéndome culpable porque hacía meses que ella se esfumara del mapa y yo sólo me daba al alcohol y apenas buscaba la verdad. Dos días después de la visita, su criada dio el chivatazo: faltaba encontrar el cuerpo, no obstante. Fui en persona a detenerlo, junto a dos de mis muchachos. Tras ponerle las esposas, me dirigí a una repisa y le dije que me llevaba el licor. “Hágalo”, me reconvino, “pues con los restos de su esposa destilé el aguardiente. Es lo último que le queda, amigo: la otra noche casi se la bebió entera”. Hoy permanece en mi paladar el regusto amargo de aquel licor que creí dulce.

(José Angel Barrueco)

El acuario

Ella se inclinó sobre el enorme acuario que dominaba el salón en penumbra: -¡Eh! ¡Son pirañas! ¿No? -Sí, así es -dijo él, justo a su espalda. La luz refractada dibujaba formas ondulantes en toda la sala. -Me encantaría verles comer, tiene que ser un espectáculo -dijo ella, siguiendo con la mirada el movimiento de los peces. -Pues estas de suerte, por que hoy les toca. Mientras hablaba, él acariciaba suavemente el pelo de ella, como si llevara toda una vida haciéndolo. -¿Qué clase de carne le das a tus pirañas? - La más tierna que pueda conseguir. Ella sonrió despreocupadamente. Los peces parecían mirarla con curiosidad. -Y la comprarás en la mejor carnicería, claro -dijo ella, con una carcajada -Nunca compro la carne que doy a mis pirañas. Las pirañas se iban juntando poco a poco justo al otro lado del cristal, como si pudieran ver lo que ocurria fuera de su mundo. -Pobre peces, -dijo ella- parecen un poco tristes. -No es tristeza lo que sienten -dijo él, lentamente, mientras recorría con sus manos cálidas su pelo, su rostro, su cuello -Es hambre.

(Simon de Monfort)

Donde las Hojas

Aunque el tiempo ha pasado y ya nos hemos reido a carcajadas de aquél día en el fondo aún no somos capaces de mirar al otoño con la misma cara que antes. Podría contaros cómo el sudor frío dio paso en aquél día a un intenso dolor en el estómago y una náusea bilítica ante nuestro descubrimiento; de cómo Andrés cayó redondo y golpeó su frente contra la vieja viga oxidada; cómo Fran gritó y cómo yo empecé a farfullar jesusito de mi vida, eres niño como yo... pero no me atrevo; recuerdo el olor de las hojas mezclado con la podredumbre de aquél escombro...y me rio con ellos, por no mostrar el miedo que me recorre y me deja desvelada todas las noches de otoño; qué curiosa la sensación del miedo, a pesar de que ninguno vimos lo mismo ni sentimos lo mismo; ni siquiera podríamos decir que estábamos juntos, porque su cara nos llevó al más oscuro rincón de nuestra infancia plagada de noches en habitaciones sin luz y ruidos inexplicables.

(Catalina)

Un licor amargo

Yo también me eché una buena carcajada cuando lo supe. No de alegría, sino de horror y locura. Seré breve. Cuando fui a interrogar al millonario sospechoso, me ofreció un licor dulce y nos sentamos en su salón, al calor de la chimenea. Al principio me atribuyó confusas valentías, dado mi oficio de poli a punto de retirarse. Pero enseguida le amenacé con cientos de preguntas que no lograba evadir. Sabía que mi mujer le había hecho una visita antes de su desaparición, y que nadie había vuelto a verla desde entonces. Todas las evidencias le apuntaban. La bebida, aunque estaba de servicio, me fue emborrachando lentamente; cualquiera conoce mi fama. Luego él habló de las propiedades de ese maravilloso licor, cuyo secreto de composición no quiso revelar. Me marché de allí aturdido y con una curda elegante, sintiéndome culpable porque hacía meses que ella se esfumara del mapa y yo sólo me daba al alcohol y apenas buscaba la verdad. Dos días después de la visita, su criada dio el chivatazo: faltaba encontrar el cuerpo, no obstante. Fui en persona a detenerlo, junto a dos de mis muchachos. Tras ponerle las esposas, me dirigí a una repisa y le dije que me llevaba el licor. “Hágalo”, me reconvino, “pues con los restos de su esposa destilé el aguardiente. Es lo último que le queda, amigo: la otra noche casi se la bebió entera”. Hoy permanece en mi paladar el regusto amargo de aquel licor que creí dulce.

(José Angel Barrueco)

Carcajadas

Ella está sola. Lo noto en su voz. Me encanta cuando sé que le asusto, que no sabe quien soy. ¡Y todavía le quedan cuatro carcajadas más!. Ahora le toca la de "risa de Bruja", te imaginas la de la típica bruja con gato y escoba ¡es horrible!,la de hombre sé que le aterrorizó. Y la de los niños riendose da una cosa... Creerá que soy muchas personas distintas, por lo menos que tengo más de 14 años. Que los fantasmas se ponen en comunicación con ella. Cuando marco su teléfono me late el corazón fuertemente y me siento poderoso.

(Ana Manrique)

Alucinaciones

Dormir es bueno. Pero dormir mucho tiempo seguido, no lo debe de ser tanto. Sabado por la mañana. Mas bien por la tarde. Mucho calor. No podia ni abrir los ojos. Me siento muy cansado y empiezo a arrepentirme de lo que bebi... y de lo que tome. Muchas veces he oido los problemas que provocan las drogas, pero nunca habia sentido lo que estoy notando ahora mismo. Oigo ruidos, ruidos horrorosos, dentro de mi cabeza. Putas pastillas. Ademas me siento incomodo. Casi ni me puedo mover. Estoy sudoroso... y este sopor. Lo que no soporto es el ruido, parece un jabali, son gruñidos. No quiero abrir los ojos, me da miedo. Pero cada vez que me muevo el ruido aumenta. Voy a perder el control. Si abro los ojos me mareare. Voy a arrastrarme a pedir ayuda. Socorro!, Socorro!. Mientras mas grito, mas tetricos son los ruidos. Tengo que decidirme a abrir los ojos. Una, dos y tres... Lo que veo no puede ser. Mis dos hermanos llevan viendome en la habitacion mis movimientos. Vestido me quede dormido, anoche y los ruidos eran sus carcajadas.

(Jesus Amable Pascual Hernando)

esa amarga sonrisa

Desnudate!, me gritó, siempre has sido una puta!, continuaba gritando mientras me cortaba el cuello con su precioso cuchillo de monte, Que, no dices nada ahora?, pero mi boca ya no se movia, el continuaba riendo y sus carcajadas resonaban por todo mi cuarto, asi que me incorpore, y ante su cara de panico, recogui mi cabeza, y le trate de explicar, pero ya era demasiado tarde, su corazón se habia parado. en mi cabeza quedó esa amarga sonrisa.

(luisa borbon)

DE NADIE

De repente, la niña de nadie empezó a ser acosada por un escuadrón de palabras. Al principio, creyó estar aún sumergida en la resaca de la noche pasada: dolor de garganta y ventanas abiertas. "Quizá, la mierda blanca de anoche me ande escarbando el cerebro", pensaba mientras la palabra ENVIDIA la perseguía por un prominente acantilado. Los ojos detrás de la espalda, el hálito caliente repugnando y poniendo los pelos de punta a la vez. Tras el recodo, vestida toda de negro, apareció con las fauces afiladas la palabra RENCOR. La niña intentó esquibarla, pero RENCOR parecía estar en buena forma y la niña consiguió despistarla con la ayuda de otra niña. Ambas corrieron por un descampado. Se hacía de noche. DESIDIA abrió la boca, carcajada sibilina. Las niñas salieron deperdigadas. CAMARADERÍA descuartizó sin miramientos a la otra niña. Seguir corriendo. La niña de nadie se defendía con ENTEREZA, abriéndose camino entre ramajes de palabras que agarraban sus tobillos. RESPONSABILIDAD le ahogaba, MORALIDAD debilitaba las pocas fuerzas que le quedaban, NECESIDAD andaba por allí pavoneándose de su significado... La niña de nadie caía. La SOLEDAD anulaba su CAPACIDAD de RESISTENCIA y la niña de nadie moría. La ANGUSTIA tomaba partido rompiendo la VANIDAD del que tiene JUVENTUD y se cree en poder absoluto de la INMORTALIDAD. Sin otra solución, se agarró de la COHERENCIA, encomendándose al diablo, faltaría más. Entonces, de repente, la música dejó de sonar.

(Cristina Dark)

Señales

Arrojó el cigarro mediado a la acera y entró. Abrió el buzón aunque ya no esperaba nada y encontró un pequeño papel doblado. Leyó: "Eres el personaje de un cuento". "De un cuento, de un cuento", pensó mientras dejaba el ordenador portátil y a su lado el diminuto diván de psiquiatra que le servía de llavero. El calor no le dejó estar allí y salió a dar una vuelta, le oprimían las paredes. Se sentó a fumarse un cigarro y dejó la mirada en algún sitio. Era el marcador electrónico de una tienda y se leía: "...jg de terror y eres el protagonista s...". ¿Qué? Se puso en pie. ¿Nadie lo había visto?, miró alrededor. "Lo estoy pensando, no sé, mi vida es como la de todo el mundo, pero pensaría lo mismo si realmente fuese un cuento, ¿no?". Su padre guardaba silencio. "¿De un cuento?", pero tú eres gilipollas o qué?". "Yo te he parido -gritó de pronto-. Bueno, fue tu madre, pero es lo mismo porque yo estaba allí, y hasta lo grabé con la cámara del tío Jaime". "¿Qué insinúas, que toda la familia somos... simple literatura?". "Tu abuelo, que no le conociste, si te oyera..." y soltó una carcajada. Colgó. A qué tiene miedo la gente, a lo desconocido. No sabía lo que iba a pasar. Siguió viviendo los siguientes días como una espera, mirando alrededor muchas veces, mientras en alguna habitación de algún hotel, su padre trataba de imaginar un final para él.

(Gustavo Laborda Ródenas)

Un hueco en la mina

Que cómo me vi metido en este embolado, por gilipollas, claro. En lugar de buscar una excusa que me eximiera de entrar en aquel maldito agujero, lo que hice fue vaciar mis pulmones en una sonora carcajada, llamar cobardes a mis compañeros -mineros avezados- y adentrarme en el hueco que habíamos descubierto poco antes. No era habitual toparse con galerías que no fueran nuestras, si además una luz tenue y unos ruidos surgían de ellas -como era el caso-, el temor nos invadía a todos, por muy brabucones que nos mostrásemos algunos. Así que allí estaba yo, arrastrándome como miles de veces he hecho, pero sintiendo tanto miedo como la primera vez. Cuando llegué al final del túnel, pude ver lo que nos aguardaba, ante mí un sinfín de criaturas espectrales danzaban alrededor de una fogata de color verde, y comprendí que bailaban porque por fin eran libres. Quizá la humanidad tenga alguna oportunidad de evitar la confrontación con semejantes espectros si sellaran el agujero a tiempo, pero yo no podré avisarlos, porque ya me han visto y me han capturado, porque aunque yo no puedo tocarlos, ellos a mí sí, y tan fácilmente me atraviesan como me torturan con firmes garras, tan pronto me arrancan una víscera sin necesidad de abrirme en canal, como se adentran en mi mente, escrutándome. Hemos abierto la caja de Pandora, y a mí sólo me cabe el dudoso honor de ser la primera víctima de nuestros verdugos.

(Juanma Ruiz Suárez)

El bache esférico

Mi secretaria llega tarde por enésima vez. Debería traer el correo con ella, pero lo ha perdido. Suelta una pequeña carcajada y me cuenta que, en un bache del camino, se le ha caido. Estoy harto de las habladurías locales acerca de los baches. Este último año ha llovido mucho y este asfalto portugués se encuentra en un estado lamentable. Como dice un amigo mio, las carreteras lusas son "de mentira". Acaba mi jornada y me vuelvo a casa. Los agujeros y socavones se suceden. Hay un bache perfectamente esférico a la salida de la fábrica que, invariablemente desde hace tres años, es cubierto cada mes por una brigada de alquitraneros que, con esa desidia latina característica, llegan con su carretilla, vuelcan un poco de su petrolífero contenido encima y, armados de palas mugrientas y oxidadas, le hacen un remiendo patético que resulta en un resalto. Hoy hace 29 días de la última sutura. Me quedo mirando la cara del portero al ver entrar el suave mecer de caderas de una de las trabajadoras del turno de noche cuando, súbitamente, un fundido a negro se produce en mi parabrisas. Yo que tanto me reía de las leyendas de los lugareños, me encuentro ahora dentro del bache esférico y, lo que es aún peor, no me puedo mover, no oigo nada, no veo nada, no huelo nada! Esta situación me recuerda a aquel episodio de Hitchcock; el de la enfermedad ésa, la catalepsia,creo que estoy muerto.....

(FMA)

Demasiado tarde

Yo ya había oído esa carcajada en alguna parte. Cuando me quise dar cuenta era demasiado tarde; mi cara estaba ya cianótica por la falta de oxigeno. Iba a morir estrangulado.

(Jesus)

Lo sé?

...Sé que a sucedido, pero no puedo recordar ni cuando ni donde,no me atrevo a mirar el rostro en descomposición que yace junto al mío propio, en una cama de la que no puedo salir, inmovilizado por la angustia de afrentar la verdad...o quizás no. Puede que todo sea un mal sueño y despierte con una carcajada disipando con ella los terrores de una pesadilla...y sin embargo este olor, Dios, los sueños no huelen y el rostro está ahí, y no sólo eso, no es esa cara lo que me hiela el alma, es su edor, los sueños no huelen, es la certeza del pecado cometido, soy culpable, pero, de qué, quién se pudre a mi lado y me niega el consuelo de la huida? Voy a hacerlo, me levantaré y... no puedo moverme, he de hacerlo, sin respirar, tan sólo volverme lentamente y acabar con este martirio...pero los sueños no huelen...ya está, me estoy girando, siento el roce de la sábana sobre mi cuerpo, no estoy dormido, es real, pero no quiero que esto sea real, no puedo aceptarlo...el olor...tiene que ser un sueño, si me veo a mi mismo es por que es un sueño, sí, sólo una alucinación, pero este hedor... Ya está, un estruendo me devuelve a la realidad, he abierto los ojos voy a levantarme y... Un espejo roto multiplica por mil el rostro de un cadaver putrefacto abandonado sobre un lecho´; soy yo. Quiero gritar pero no puedo, estoy muerto.

(Francisco José Benito)

La danse macabre

Entonces... Saint-Säens. A las doce, como cada noche. Desde que alquilé una habitación en aquella oscura pensión, dormir era un sueño. Mi casero debió advertirme, antes de cobrarme por adelantado, de su costumbre de tocar el violín a medianoche. "Es un hábito que heredé de mi padre, magnífico violinista que en vano dedicó sus últimos años a enseñarme su arte", me confesó una vez. Aquella noche, no aguanté más. Me levanté a reclamar mi derecho a dormir. En el pasillo oscuro, envuelto por una "Danse macabre" horrorosamente interpretada, pensé en aquel hombre enfermizo. No comprendía cómo sus dedos artríticos podían sostener el violín; menos aún, cómo podían deslizarse entre las cuerdas con tanta rapidez que hubieran parecido virtuosos si aquella música no sonase como la matanza del cerdo. Cuando entré en la habitación donde chillaba el violín, llamé al patrón. Sólo obtuve ruido por respuesta. En la oscuridad, sentí frío. Encendí la luz, y encontré de frente al anciano, que yacía sentado en un sillón, perdida la mirada. El horror me sacudió, rápido y mortal como mordedura de serpiente, cuando vi que no era aquél cadáver quien me perturbaba, sino el otro sentado detrás de mí, que tocaba sin perder aquella carcajada, helada desde hacía años. Y así seguiría hasta que enseña

(JOSE ANTONIO PABLOS)

Segunda oportunidad

Me despierto bruscamente con la incómoda sensación de una extraña compañia. ¿Lo habré soñado o fue real el eco tenue de una triste carcajada? ¿Quién eres? Me sorprende la firmeza de mi voz, pero de la oscuridad que todo lo envuelve no llega respuesta alguna. Mi mano tantea la fría pared: derecha, izquierda, arriba y abajo. Nada ¡No hay salida! Estoy solo y encerrado, pero todavía vivo. Dios mío, quiero vivir; te lo suplico. No debí matarme,..., intentar matarme. Por primera vez me alegro de un fracaso. Y, ahora que he visto; que te he sentido perdido para siempre; que me sabido devorado para siempre. Ahora, que me muero, ¡quiero vivir! Tibio sudor moja mis labios entreabiertos. Se me va la cabeza, se acaba el aire. Horror sereno de la muerte. ¿Fracaso absoluto de la vida? Sonrío tranquilo; gracias; he vencido en el minuto de oro de esta prórroga regalada.

(Rodrigo Núñez Munáiz)

Un error

Está oscuro, no puedo moverme. ¿Pero donde está la luz? Mis piernas, mis brazos,... no los siento. Sigo sin ver nada, no consigo recordar.. y de repente este dolor, sólo oigo los latidos en mi cabeza, pero ¿qué me pasa? ¿El coche...?¡Sí! estaba en mi coche. Una luz en la noche, un fogonazo, un volantazo, un estruendo,... Huelo a tierra mojada,... Por fin comprendo. ¡No puede ser!. ¡No estoy muerto! ¡Sacadme de aquí! Pero sólo consigo oir una carcajada histérica y, de repente,... el silencio.

(Rafa)

CUERDAS DE SANGRE

A un hombre libre no se le puede atar, tan solo se le puede matar. La frase resonaba en mi cabeza mientras Luis comenzaba a despertar. Sus movimientos eran torpes, sus manos atadas al piecero de la cama. Me acerqué, la punta del cuchillo contra su garganta. Yo no era libre, mi corazón, mi vida eran suyas. Él no aceptaba que era mío. Pero no le podía matar. Corté las cuerdas que ataban sus manos. Cayó al suelo y casi desmayado de vértigo vio cómo giraba el cuchillo y lo apoyaba contra mi vientre. “Pídeme que no lo haga” Rogué. Pero no lo hizo, solo escupió. El cuchillo era tan afilado que ni siquiera sentí el dolor, comencé a perder la consciencia. Caí a su lado, mi sangre tiñiendo su cuerpo, unos pasos en el pasillo, un romper de puertas y un “¡Alto! ¡Policía!” Ya ha pasado casi un año desde aquello. Todos los domingos voy a verle a la cárcel. Los guardias se sorprenden de que visite a quien intentó matarme. Algunos días no quiere verme, pero sé que ahora espera con ansias mi visita. Se acerca al cristal todo lo que puede y susurra la muerte cruel que me tiene preparada. Cada vez es más imaginativo, más detallado en las descripciones de mi agonía. Y siempre salgo alegre, con ganas de reír como ríen los niños, con carcajadas de felicidad, porque es maravilloso saber que tu ser amado sólo piensa en ti.

(CRISTINA)

La carretera

Y con una carcajada cruzó la carretera. Bajo la lluvia. Para morir.

(Democrito)

Muero por volar

Muero por volar. Muero por ver la ciudad desde del cielo. Otra vez. Aunque sea la última. Pero ya no es posible. Ya no puedo. Nunca más podré. Es, era, mi forma de vida. Volaba desde antes del alba hasta el atardecer, para vivir, para comer o simplemente porque no hay nada mejor. Y sin embargo no era consciente, no le daba importancia. Como cada mañana volé hasta el parque, donde ya esperaban algunos ancianos, madrugadores ellos que no tienen nada que hacer. Me acerqué a un corro de palomas, donde un mirlo nunca es discreto, negro sobre gris, para picotear algo de pan, como siempre, como todas las mañanas. Y en un instante sentí un dolor inmenso, incomprensible, en mi ala derecha. Intenté huir, pero no sentía el ala, y escapé con saltos, torpemente, como puede. Escuché una estruendosa carcajada, un sonido conocido pero nunca antes alarmante aunque no lo comprendiera. Ahora no puedo separar la carcajada del dolor, ni de aquel rostro, de aquella figura. Una anciana, de cara dulce aunque arrugada, me perseguía por el parque con su bastón y su risa incompleta. Si hubiera podido volar me habría alejado rápidamente, pero sólo contaba con mis patas. Arrinconado contra una valla recibí un segundo garrotazo, esta vez en el lomo, y mientras la anciana se alejaba, con sus alegres carcajadas, me quedé yaciendo en el suelo. El mismo suelo en el que ahora, de noche, descanso. Y recuerdo volar, volando, el vuelo.

(Jorge Martínez Escribano)

Ella

Lo que más recuerdo de ella no es su sonrisa, ni sus susurros, ni las caricias, ni sus ganas de vivir, ni las carcajadas acompañadas de humo, ni las tardes de amor rápido, ni sus besos, ni el sudor de sus manos, ni su cuerpo bañado por el sol y la espuma, ni las mil noches, ni los mil días,... Tan sólo recuerdo su sangre escurriendose en mis manos tras quitarle el casco.

(Fede)

LA SOMBRA

Su sombra le obsesionaba, ¡Ojalá viviera sólo en la oscuridad, de noche!, donde la sombra no le persiguiera amenazante a todas horas. Sabía que algún día le cogería y no podría escapar. Va a trabajar caminando deprisa, no quiere ver su reflejo en la acera, lo ignora. Pero la sombra le pesa, hasta díría que le está oprimiendo, casi no puede con ella, no le deja respirar, hasta el punto de que acaba tirándole al suelo. ¡Caramba! ya no está, la sombra desaparece bajo su cuerpo en el asfalto mientras él flota sobre si mismo y se mira inerte, sin obsesiones ni miedos. ¡Bien! Se ha librado de ella. Y de repente a su lado una sensación, ¿...de sombra?, que se ríe, ¡Ha ganado! y una carcajada retumba en su propia alma.

(Olga Márquez Ramiro)

CUMPLEAÑOS FELIZ

Vi el fluorescente pestañeando molestamente. Sentí que algo me atenazaba el cuerpo, que no podía moverme, pero tampoco podía verlo porque la cabeza no respondía a mis órdenes. La lámpara seguía guiñándome ardorosamente el ojo para que reaccionara, pero su efecto era el contrario y lo único que despertaba en mí era un raro nerviosismo, un mudo hormigueo que recorría mi abdomen. Intentaba protegerme de sus destellos pero las manos no acudían al socorro de los ojos. Sabía que estaba en el suelo pero no sentía frío. Al revés, la sensación era cálida. ¡Escuchaba algo!, eran frases sueltas que olían a carcajada. Me sonaba familiar pero no entendía nada. Como si las palabras llegaran a mi cabeza y se frenaran sin alcanzar su sentido. De repente, sentí una agobiante explosión en el pecho, me incorporé y lancé por la boca algo viscoso. Lo siguiente fueron más carcajadas y un destello en mis retinas que me cegó por completo. No sabía donde estaba. Mis amigos habían dejado de sonreír; ahora sus caras se habían tornado en un aterrador espejo de mí mismo. Me froté los ojos, me dolían, y pude comprobar que la hoja de un poderoso cuchillo asomaba bajo mi barbilla. Por una vez en la vida había tenido un cumpleaños especial.

(Jose Luis Sanz Fernandez)

Las puertas de la muerte

Un lugar oscuro. Sin sonidos. Sin formas. Sin resquicio donde apoyarse. Donde apoyar el qué? No conseguía sentir su propio cuerpo. Intentó abrir los ojos, gritar para escaparse del encierro de aquel lugar sin formas, sin recodos posibles. Sin duda debía tratarse de un sueño, una pesadilla en la que había caído sin saber por qué. Efectos del alcohol. Intentó alargar la mano en busca del cuerpo de Sonia en la cama. Como tantas veces... Pero no lograba sentir nada con su mano. No podía sentir su propia mano. Alberto comenzó a gritar, a correr por el laberinto oscuro en el que se encontraba, pero no había alternativa posible, nadie a quien preguntar,ninguna forma de salir de allí. Desesperado se sentaría a esperar, tarde o temprano vendrían a buscarle. Sonia le buscaría. No era más que una broma. Un mal sueño. Lo último que recordaba era la carcajada de Sonia que le miraba divertida desde el asiento del conductor. La noche. Las copas. Los amigos que se despidieron uno a uno. Él y Sonia volviendo a casa... Sonia se despertó de pronto, tenía la mano inerte de Alberto entre las suyas. "Es muy difícil que salga del coma", le había dicho aquel médico, "en todo caso, aunque siga viviendo, nunca volverá a tener contacto alguno con el exterior". Sonia comenzó a llorar desesperada. Lo último que recordaba era la hambrienta mirada de Alberto. Su sonora carcajada. Las copas. Los amigos. Luego el golpe. El horror. La sangre. La nada.

(A.C.T.)

Carcajadas

Ella está sola. Lo noto en su voz. Me encanta cuando sé que le asusto, que no sabe quien soy. ¡Y todavía le quedan cuatro carcajadas más!. Ahora le toca la de "risa de Bruja", te imaginas la de la típica bruja con gato y escoba ¡es horrible!,la de hombre sé que le aterrorizó. Y la de los niños riendose da una cosa... Creerá que soy muchas personas distintas, por lo menos que tengo más de 14 años. Que los fantasmas se ponen en comunicación con ella. Cuando marco su teléfono me late el corazón fuertemente y me siento poderoso.

(Ana Manrique)

Uxoricidio

Nadie, ni siquiera el veterano comisario de policía, pudo comprender la carcajada del aquel hombre al pasar junto a la sábana que cubría el cuerpo de la que, hasta hacía unos minutos, había sido su mujer. M.P.M.

(Manuel Pérez Morano)

La caja del Museo de Ciencias

El investigador del Museo de Ciencias no salía de su asombro. Iban a realizar obras para modernizar todas las instalaciones y no le quedaba más remedio que vaciar las cajas guardadas en el armario misterioso. Lo denominaban así los empleados del Centro porque se trataba de un armario lleno de papeles antiguos, sin valor aparente, y cajas de madera cubiertas de una espesa capa de polvo. Al abrir una de las cajas estaba solo. Pensaba que se encontraría con los típicos papeles amarillentos de principios del siglo XX en los que se inventariaban las distintas muestras de insectos y animales disecados. Jamás se le pasó por la imaginación que una situación tan aparentemente sencilla e intrascendente, como era colocar esos viejos cajones, tornaría en el momento esencial de su existencia. Sin embargo, así fue, al abrir la caja sintió una súbita indisposición, la cara se le quedó pálida y, de forma pausada, se dirigió a la salida del museo. Al percatarse de su apariencia, el bedel de la puerta le preguntó por su estado, sin obtener respuesta alguna. Mientras, un grupo de colegiales, carcajada tras carcajada, le hacían burla de forma sarcástica, como sólo los niños son capaces. Jamás volvió al museo y, cuando sus compañeros llamaban a su casa para preguntar por su salud, sólo oían una voz femenina y mecánica que señalaba: este número no corresponde a ninguno de nuestros abonados.

(Gabriel Pinto)

Cumpleaños Feliz

Vi el fluorescente pestañeando molestamente. Sentí que algo me atenazaba el cuerpo, que no podía moverme, pero tampoco podía verlo porque la cabeza no respondía a mis órdenes. La lámpara seguía guiñándome ardorosamente el ojo para que reaccionara, pero su efecto era el contrario y lo único que despertaba en mí era un raro nerviosismo, un mudo hormigueo que recorría mi abdomen. Intentaba protegerme de sus destellos pero las manos no acudían al socorro de los ojos. Sabía que estaba en el suelo pero no sentía frío. Al revés, la sensación era cálida. ¡Escuchaba algo!, eran frases sueltas que olían a carcajada. Me sonaba familiar pero no entendía nada. Como si las palabras llegaran a mi cabeza y se frenaran sin alcanzar su sentido. De repente, sentí una agobiante explosión en el pecho, me incorporé y lancé por la boca algo viscoso. Lo siguiente fueron más carcajadas y un destello en mis retinas que me cegó por completo. No sabía donde estaba. Mis amigos habían dejado de sonreír; ahora sus caras se habían tornado en un aterrador espejo de mí mismo. Me froté los ojos, me dolían, y pude comprobar que la hoja de un poderoso cuchillo asomaba bajo mi barbilla. Por una vez en la vida había tenido un cumpleaños especial.

(Jose Luis Sanz Fernandez)

Doscientas cincuenta.

Creo que a ser muy difícil escribir un relato de terror con solo doscientas cincuenta palabras, porque aunque yo tenga un argumento ingenioso, vay aestar más procupado en contar las palabras que en sesarrollar la idea. Quizás sea más sencillo contar renglones. Los dos primeros que escrito tienen siete palabras cada uno, así si divido doscientas cincuenta entre siete tendré el número de renglones. La calculadora me dice que habrá treinta y cinco renglones y cero, coma, siete, uno, dos etc. Es decir que la última línea solo podrá tener cero, setenta y uno, (Prescindo de los otros decimales.) de siete palabras es decir, cuatro con noventa y siete palabras. Cuatro con noventa y siete es casi cinco. Espero que el jurado no daría importancia a estas décimas a más de las cinco palabras de la última línea donde tenía pensado incluir la palabra " Carcajada" del relato, terminándolo con : "... el viento trajo el eco de la fría carcajada del muerto.", en que " la fría carcajada del muerto." formaría la última línea del relato. ¡ Vaya!. No he empezado el cuento y según mis cálculos solo me queda una línea. La fría carcajada del muerto.

(José Adraque)

Demasiado tarde

Yo ya había oído esa carcajada en alguna parte. Cuando me quise dar cuenta era demasiado tarde; mi cara estaba ya cianótica por la falta de oxigeno. Iba a morir estrangulado.

(Jesus)

Animalitos

Mira, mira como se mueven...animalitos, pobrecillos, tan nerviosos, con sus cuerpecitos y sus colitas, sus cabecitas, porque aunque no sepan verlos ellos tienen cabeza, cuerpo y extremdidades tambien, seguro que también tienen hambre y sentimientos también, como nosotros, pero ahi estan sin nadie que se ocupe de ellos, solo para perseguirlos, para exterminarlos con esas horribles drogas, los fulminan hasta hacerlos desaparecer. El, en cambio, los mima, les cambia el líquido, los translada de una cubeta a otra, mientras les observa con su ojo absorto, como se mueven, como reaccionan... Cuando la policía derribó la puerta ante el silencio a sus llamadas, le encontraron concentrado sobre el miscroscopio´y al requerirle que se vistiera y les acompañara, respondió con una carcajada. Fue el único sonido que escucharon de él. - Meter en el coche a este perturbardo y que los de Sanidad se lleven todo esto, dijo el comisario, mientras señalaba con un ademán de asco la mesa del microscopio repleta de recipientes con cultivos. -Este tarado ha infectado a medio barrio y hay que ver que tipos de virus tenía, además de los cultivos de Sida...

(Mercedes Ramírez)

El bache esférico

Mi secretaria llega tarde por enésima vez. Debería traer el correo con ella, pero lo ha perdido. Suelta una pequeña carcajada y me cuenta que, en un bache del camino, se le ha caido. Estoy harto de las habladurías locales acerca de los baches. Este último año ha llovido mucho y este asfalto portugués se encuentra en un estado lamentable. Como dice un amigo mio, las carreteras lusas son "de mentira". Acaba mi jornada y me vuelvo a casa. Los agujeros y socavones se suceden. Hay un bache perfectamente esférico a la salida de la fábrica que, invariablemente desde hace tres años, es cubierto cada mes por una brigada de alquitraneros que, con esa desidia latina característica, llegan con su carretilla, vuelcan un poco de su petrolífero contenido encima y, armados de palas mugrientas y oxidadas, le hacen un remiendo patético que resulta en un resalto. Hoy hace 29 días de la última sutura. Me quedo mirando la cara del portero al ver entrar el suave mecer de caderas de una de las trabajadoras del turno de noche cuando, súbitamente, un fundido a negro se produce en mi parabrisas. Yo que tanto me reía de las leyendas de los lugareños, me encuentro ahora dentro del bache esférico y, lo que es aún peor, no me puedo mover, no oigo nada, no veo nada, no huelo nada! Esta situación me recuerda a aquel episodio de Hitchcock; el de la enfermedad ésa, la catalepsia,creo que estoy muerto.....

(FMA)

Terror sin miedo.

Vivían de lo que caía del cielo: a veces un mendrugo de pan, en ocasiones una corteza de queso, quizás, y con gran fortuna, un olvidado pedazo de "androlla" y siempre, gracias a Dios, una mano que les acariciaba el pelo. Ninguno de los dos podía ver, pero no les importaba; se conformaban con escuchar las risas de los chavales y las caniones de un bardo andariego, ciego como ellos, que siempre paraba en la plazuela de la iglesia cuando la única pareja de cuervos del pueblo desaparecía río abajo. De ella nadie sabía nada. De él, que tenía porte de general en desgracia. No había duda de que se amaban: eran capaces de pasar el día entero mirándose aunque no lograran verse. Como en un cuento trágico, un día él se quedó dormido y ya no despertó jamás; ella no lo entendió, arrojó una gran carcajada y también se murió. El bardo se fue con sus romances montaraces a otra plazuela en otro pueblo y, por fin, los cuervos fueron felices.

(Bardo andariego)

A las nueve.

Me desperté al oir su carcajada: sentía apretar contra mi rostro esa masa blanda, que olía al pelo de Elena, y ya no pude volver a respirar. En ese instante recordé que antes de dormirnos, ella me había mirado muy seria y había dicho para concluir: "Crees que bromeo, ¿verdad?".

(Alessandro Cavaliere)

el olor

Abrió la puerta con cuidado aun sabiendo que los goznes chirriarían con su estridente carcajada de siempre. Se deslizó dentro de la casa sigilosamente para que sus ruidos no ahogaran los hipotéticos sonidos del interior. Se mantuvo quieta un minuto, tal vez menos –era imposible medir el tiempo mientras oía sus latidos y su propia respiración asmática-, vigilante, escuchando, o más bien como si un absurdo sonar pudiera percibir las ondas sonoras invisibles. Cuando estuvo segura de estar sola –pero eso también era imposible- entró en el salón oscuro y denso a cuyas paredes y muebles –a cuyas arcaicas cortinas de terciopelo marrón- se había adherido hacía siglos el repugnante olor como una bestia dulce y pegajosa. Se agachó con aprensión para mirar bajo la mesa y detrás del pesado sofá y, a duras penas, contuvo las ganas de observar también tras el enorme cuadro del cruel antepasado. Recorrió luego el largo pasillo volviendo su cabeza cuando creía distinguir que a su espalda se deslizaba una sombra que no era la suya. Abrió la puerta del dormitorio y miró bajo la alta cama de caoba y dentro del armario, en cuyo interior el olor a naftalina se mezclaba duramente con el otro, y detrás de la cómoda llena de sábanas de hilo. Fue entonces, cuando intentaba girar la llave en la cerradura para sentirse a salvo, cuando sintió el sucio hedor en el cuello. Lo demás, lo que protagonizó su viejo marido alcoholizado, lo leímos ayer en los periódicos.

(jorge rubio)

Soy Spectra

Aquella butaca de la fila cuatro fue su catafalco. Había sobrevidos a las SS nazis. Años de lucha contra las Secciones Sindicales de su empresa le tambalearon, la Seguridad Social casi pudo con él, pero aquellas dos SS, precedidas de una carcajada fueron las últimas de su vida: Guión y Dirección, Santiago Segura.

(Florentino López Iglesias)

Noticiero

Mandó a uno de sus criados que le subiera el periódico del día. Se sirvió un güisqui y se sentó en una nube. En la portada se alegró con la fotografía de unos cuerpos destrozados por una bomba en un atentado suicida en Israel. Abrió el periódico por la sección de nacional y se regocijó con la imagen de los seis cadáveres, entre ellos dos niños y un bebé, procedentes de un naufragio en una playa de Tarifa. Busco la sección de local y le emocionó la foto de una joven apuñalada salvajemente por su novio. Cerró el diario, se bebió el güisqui de un trago, exhaló una sonora carcajada y sintonizó "el gran hermano" en una televisión de pago de la tierra. - El mundo va bién, pensó.

(jose alberto Clemente Maroto)

Traición

Aquella carcajada me devolvió a la realidad como si me hubieran sacado del sueño más profundo echándome un cubo de agua fría. Tardé varios segundos en situarme. Ante mi aquel grupo con batas verdes y blancas... Sus caras me provocaron un mayor desconcierto. En un principio pensé que algo malo me había sucedido. Fue como aquella vez que me hice pis en el colegio. La profesora no me había dejado salir durante un examen. No podía más. Todos me miraban. La mayoría se reía. En otros se podía intuir la lucha interna que produce el querer mirar algo que realmente no gusta... Todo era igual esta vez salvo por aquella enfermera que tiró la bandeja de los bisturís al salir corriendo. ¿De qué se carcajeaban esta vez? ¿Qué me sucedía que algunos no podía mirarme sin expresión de terror y aquella sensación de sostener un peso en la mano y babear? Miré mis piernas por si me hubiera vuelto a mear encima. Los pantalones que los estudiantes de medicina usamos en las prácticas de anatomía son poco discretos. Tenía la poya gorda. Entonces me di cuenta de que en la mano izquierda sostenía medio cerebro al que a su vez le faltaba otro trozo. ¿El que tenía usted en la boca? Sí señor agente. Ya todo me da igual. Tantos años disimulando y ahora mi subconsciente me traiciona. Ahora voy a ser soy yo el que se ría.

(Andrés Crevillén)

La casa habitada de recuerdos

Desde ese momento, desde el mismo momento en que cerró la puerta de su habitación, la joven sabía que cualquier cosa podía suceder. La casa silenciosa, la humedad en las maderas... aquella enorme casa vieja que el caprichoso destino quiso conservar del mal pasar del tiempo se levantaba, en medio del camino, de un pequeño camino entre rocosas montañas. La joven heredera se disponía a pasar la primera noche en su nueva casa, la que fue la casa de su familia, la casa en la que nacieron y murieron todos sus antepasados. Oía ruídos, serán de las maderas viejas, pensaba. olía un olor extraño que achacó a la humedad de las paredes empapeladas o a los cirios que iluminaban tenuemente la habitación. Se acostó en la vieja cama con dosel, cubrió su cuerpo con las sábanas y apagó las velas. Pronto, entró en un profundo sueño. Dieron las doce de la noche y, con un fuerte golpe, se abrió la ventana a la vez que una voz desgarrada emitía una terrible carcajada. Sobresaltada, corrió hasta la ventana para cerrarla, pero no pudo llegar hasta ella. Las sombras de la noche, el alma de su madre, a la que abandonó hacía tantos años, la arrastró definitivamente a un sueño del que nunca volvería a despertar. Su cuerpo nunca fue encontrado, y la casa cayó derrumbada esa misma noche sepultando el secreto del dolor de una madre y la venganza de toda una familia.

(José María G. Ocaña)

La muerte es sueño

Soñó que le metían en un ataúd. De nada servían sus gritos advirtiendo que estaba vivo. Oía el ruido de la tapa al cerrarse, las paladas de arena al golpear en la madera. Un escalofrío de gusanos le recorría el cuerpo. Despertó empapado en sudor, con el corazón desbocado y casi sin aire. Al abrir los ojos, todo era oscuridad. Intentó incorporarse en la cama, estirar los brazos, pero el techo y las paredes (¡de madera!) se lo impedían. No pudo gritar: el retumbar de una lápida, seguido de una siniestra carcajada, ahogó su voz.

(Eloy Serrano Barroso)

Recuerdo

Al oír esa carcajada diabólica recordé todo lo que me había pasado en las últimas 2 semanas. Como Luis, mi mejor amigo, me propuso que no estudiásemos esa noche. Al principio yo estaba un poco reticente ya que acercaban los finales y no tenía ni idea. El extremo calor de mayo no me permitía concentrarme. Al final me convenció y nos fuimos a una discoteca que acababan de abrir en las afueras de la ciudad a tomar una copas. Desde ese momento me llegan imágenes de forma borrosa y distante. Veo mujeres increíbles rezumando sexo. Me veo bailando sin parar para acabar en camas desconocidas con chicas sin rostro. Y de nuevo en la pista mareado por el alcohol y el olor a sangre. SANGRE. No se como llegó allí. Lo único que sé que estaba por todo mi cuerpo y que no me importaba. Sin embargo no recuerdo volver a casa, ni pagar en todo ese tiempo. Cuando recuperé pleno conocimiento estaba en una lujosa cama. Junto a mí había un periódico que presagiaba todo tipo de catástrofes. Y una fecha imposible. La de hoy. Trece días más tarde del que entramos en la discoteca. Bajé corriendo unas escaleras y me encontré con Luis. "Bienvenido", me dijo, "bienvenido al día en que comienza mi reinado, y del que tu eres mi mano derecha. Te lo has ganado con creces". Y comenzó a reír mientras me mostraba el número 666 grabado en su cabeza recién rapada.

(Jaime de la Fuente)

Palabras de sangre

Se abrió la puertecilla del coche y de él bajó una mujer. Detrás de ella se apeó el conductor. La calle estaba vacía. Se situó a la altura del hombre. Se sentía débil; le cogió por la nuca, le situó bajo sus dientes, y penetró hasta alcanzar el hueso, sonó como si se quebrase una ramita en el interior de un gran bosque. Afilados, blancos, bellísimos, se tiñeron de rojo, pero cuando alcanzó la esquina lanzó el cuerpo ensangrentado contra la pared creando un macabro picasso. Se sumergió entre la gente, limpió sus labios y cambió de expresión. Descendió por las escaleras de metal, cuando llegó a la puerta con su habitual seguridad la abrió y entró... -Hola. Cada uno de los seres que se encontraban en la habitación la saludó en su idioma y ella les respondió a cada uno de ellos, Nínive había tenido muchos siglos para aprender los idiomas de su clan. Mientras Antea le preparaba algo de beber, Ricalm le mostraba las últimas portadas de la prensa, en que las fotografías de siete cadáveres, encontrados a lo largo de cada uno de los días de la semana pasada, habían ocupado las primeras páginas de los diarios. Cada vez que Nínive veía la fotografía de sus victimas, recordaba el sentimiento que leyó en sus ojos: el miedo; cuando se reveló como por naturaleza era, una depredadora del hombre, su carcajada se convertía en palabras que hablaban de sangre y pasión.

(Cecilia Martín Simón)

Mi vecina

La seguí hasta el callejón que hay entre su casa y la mía. Siempre entraba por la puerta de la cocina. Más de una vez me había comentado que le gustaba entrar por aquel estrecho pasadizo porque ya olía desde allí los guisos de su madre. Llevaba aquel vestido del verano pasado, corto, hasta la rodilla y con vuelo... Cuando se movía se le veían los muslos y me excitaba tanto... La sujeté de la cintura con un brazo y le tapé fotos la boca con la otra mano. Ahora estaba a mi merced, ahora sí podía hacer con ella lo que quisiera. Sin darme cuenta ya le estaba besando el cuello, la mejilla, los ojos, las orejas, el escote... y le mordía, y sangraba y me excitaba y cada vez la deseaba más, y más... De pronto dejó de moverse y de patalear. La solté. Salí corriendo calle abajo relamiéndome con su sabor, corriendo sin parar por la excitación, gritando de placer, riéndo a carcajadas...

(Cristina Botija)

La segunda madre

"Es tu fin" - masculló. Una carcajada estertórea, casi histérica, resquebrajó su garganta. Sara había compartido prácticamente todo con Juan, su hermano pequeño, desde la infancia. Su padre los había abandonado con su madre cuando ella tenía 9 años y él, 2. Un año después su madre, falleció inesperadamente en un accidente doméstico. Ella lo había cuidado, mimado, le había dado todo de ella misma, hasta tal punto de abandonar su vida personal. Era el centro de su vida. Y, ahora, se lo pagaba de esa forma: ¡iba a hacer su vida con otra mujer! ¡Ese ingrato! La carcajada marcó el cambio de su amor al odio más profundo. Con el cuchillo afilado en las manos, cortó el cuello de Juan. "Es tu fin" repetía mientras la sangre tibia iba bañando sus manos, "al igual que fue el de esa mujer, nuestra madre, en mis manos hace 20 años". "Estabas destiando a ser mi niño por siempre. Si no es así, debes morir" Juan se desangró mientras susurraba "¿Por qué, Sara?"

(José Antonio Moya Calderón)

Yo y él

Saqué el encendedor del bolsillo con tal torpeza que el paquete de tabaco se cayó al suelo. Me agaché y a tiento, además del tabaco, encontré un manojo de llaves. Con la ayuda del encendedor observé que eran las de la habitación vedada, llaves que mi padre siempre llevaba colgadas del cuello. Deseaba ver con mis propios ojos todos aquellos tesoros hablados, aquellos secretos guardados. La casualidad y el tiempo me habían concedido la oportunidad esperada. Por mi mente ya sólo pasaba la idea de entrar a comprobar lo comentado en sordina por todos los otros. Mediante la intermitente luz del mechero me desplacé sigilosamente por el pasillo. Oí voces procedentes de una de las habitaciones y a medida que avanzaba en busca de la habitación éstas se convirtieron en risa, no en risa sana y alegre, sino en carcajada gótica desencajada. Me estremecí. La oscuridad, la algarabía y sobretodo el acto ilegal que estaba a punto de cometer no formaban parte de mi vida cotidiana, sin embargo, proseguí y llegué a la habitación. Respiré hondamente. Abrí la puerta con el temblor de la mano como testigo y reuniendo el poco valor que me quedaba cruce el umbral prohibido. Sí, ahí estaba la estantería de las memorias perdidas y él, que era yo.

(el notas)

Todo queda en familia.

Veo a mi hermano y estoy atemorizado; sin embargo, cada vez que el me mira disimuladamente suelta una estruendosa carcajada. Todo empezó en un mal día que tuve en el matadero, en un mal movimiento que tuve con el cuchillo eléctrico me seccione cuatro dedos de mi mano derecha (nunca sabré si lo hice premeditadamente y simplemente porque soy un gordo estupido). Aun así continué trabajando, el dolor para mi ya no existe desde el sufrimiento que pasé cuando las ratas de casa, son tan bonitas, me destrozaron el pie izquierdo con sus amarillos dientes. No pude evitarlo, porque mi padrastro me había atado antes los pies y las manos para "quererme" con su dulzura habitual. Que cerdo, le tuve que matar cuando era sólo un niño. Así que cuando llegué a casa, no era dolor, era venganza,..., cogí a mi hermano le até a la cama y le corte los cuatro dedos de su mano izquierda y lugo dejé que las ratas jugaran un rato con su cuerpo. Así, cada vez que me mira de reojo mi hermano suelta esa horrible y estruendosa carcajada. Realmente no se si se ríe porque las ratas le hacen cosquillas, o porque quiere ser como mi padrastro,..., él siempre se reía así. Por eso cada vez que veo a mi hermano me da miedo pensar que sea mi padrastro. Tendré que matarle,...

(Óscar)

El vecino

Mis ojos se abrieron de par en par. No puede más que soltar una carcajada nerviosa. Todo había comenzado cuando nos mudamos al nuevo piso. Estabamos locos de felicidad, pero las cosas empezaron a torcerse aquella noche. Cerca de las doce oímos gritos que procedían claramente del piso de arriba. No conocíamos a nadie en el edificio, por lo empezamos a preocuparnos. Los llantos se repitieron los días siguientes. No había duda que nuestra vecina era maltrataba por su marido. No lo dudé y lo denuncié. Cuando vino la policía, la mujer rompió a llorar negándolo todo. Él, maldecía y me amenazaba. ¡Voy a matarte, voy a matarte!. Se encaró con los agentes que, ante sus golpes, decidieron llevárselo esposado a comisaría. Sentí un escalofrío en la nuca. Dos días más tarde recibí una llamada. Al descolgar el teléfono nadie contestaba, sólo un extraño gruñido al otro lado del auricular. Por la tarde el coche no arrancaba, y en el taller observaron que los frenos estaban excesivamente desgastados. Esa noche, cuando bajaba la basura al contenedor, noté que alguien me seguía. Sabía quién era y lo que quería. Empecé a correr. Mis pies se engancharon entre sí y rodé escaleras abajo. Rápidamente otros vecinos acudieron en mi ayuda. Mi cuerpo magullado se resentía, pero no pude evitar una sensación de alivio. Ahora, en el periódico, hablaban de ese hombre. El mismo día de la denuncia se había derrumbado en comisaría y confesado todo. Estaba desde entonces en la cárcel.

(Antonio Saavedra)

El pasillo

Avanzo por el pasillo. Lo sé porque mis manos tocan las dos paredes. No veo nada. No he vuelto a oir nada desde esa carcajada. Todavía estoy estremecido. Ha sido una risa rota y grave, de animal acechante. Tengo frío y calor a la vez., estoy sudando. El pulso me golpea el pecho, los tímpanos. He llegado al final del pasillo. Una puerta. La abro. Todo sigue oscuro pero el aire se ha congelado. Ahí hay algo, dios, qué es eso, quién es. Parece una niña. Se vuelve a reir. Y me mira a los ojos.

(Mauricio Casas)

El señor miedo

Leo corrió hacia el único foco de luz, la ventana de un noveno piso, y la atravesó sin el menor titubeo. Laura, que seguía escondida bajo la mesa de la oficina, oyó el ruido del impacto en mitad de aquel silencio amplificado y eterno. Fue un golpe seco y lejano, pero claro. "Así de simple suena la muerte", se dijo fugazmente. Hacía ya varios minutos que había dejado de escuchar los pasos del hombre del traje y los ojos grises, y estaba empezando a perder el control de su respiración, que se empeñaba en seguir el compás de un corazón agitado por la sinrazón del miedo. Una gota de sudor se deslizó desde la frente hasta la punta de la nariz y de allí cayó al suelo. El ruido fue tan espantoso que Laura corrió hacia el único foco de luz. En su caída escuchó la carcajada reverberante del hombre de los ojos grises, silencioso y letal.

(José Luis Miró)

La noche de Bodas

No hay terror mas profundo que el que se vive en soledad, el que se guarda bien escondido por temor a generar la sorna en nuestros congéneres. Cuenta una antigua leyenda que una bellísima princesa berberisca padecía uno de estos terrores fríos y ocultos, que jamás compartió con nadie. Y es que, llegada la noche, la Princesa are víctima de unas tremendas flatulencias, cuyo olor se esparcía implacable y aturdía los sentidos, provocando desvanecimientos a individuos y animales. Era éste un olor a podredumbre, a alcantarilla llena de agua estancada, a huevos podridos. La belleza de Sodep, pues así se llamaba la Princesa, era conocida en todo el reino que regía su poderoso padre. Muchos pretendientes habían solicitado su mano. Y finalmente el Rey se decantó por un joven apuesto, galán e inteligente. La bella princesa y el apuesto galán celebraron sus nupcias con gran pompa. Pero ella no se atrevíó a confesar su pestilente ligereza intestinal. Llegada la noche nupcial, los recién casados se retiraron a la alcoba real. El Galán se aproximó para besar a la novia, y en ese momento, Sodep percibió un olor nauseabundo. Con gran sorpresa, reconoció el aroma de la halitosis en la boca de su nuevo marido. Sodep petó de alegría. Y los dos rieron a carcajadas, y vivieron felices soportando mutuamente sus defectos y disfrutanado de sus virtudes.

(Jose Manuel Sanchez)

Mi vecina

La seguí hasta el callejón que hay entre su casa y la mía. Siempre entraba por la puerta de la cocina. Más de una vez me había comentado que le gustaba entrar por aquel estrecho pasadizo porque ya olía desde allí los guisos de su madre. Llevaba aquel vestido del verano pasado, corto, hasta la rodilla y con vuelo... Cuando se movía se le veían los muslos y me excitaba tanto... La sujeté de la cintura con un brazo y le tapé la boca con la otra mano. Ahora estaba a mi merced, ahora sí podía hacer con ella lo que quisiera. Sin darme cuenta ya le estaba besando el cuello, la mejilla, los ojos, las orejas, el escote... y le mordía, y sangraba y me excitaba y cada vez la deseaba más, y más... De pronto dejó de moverse y de patalear. La solté. Salí corriendo calle abajo relamiéndome con su sabor, corriendo sin parar por la excitación, gritando de placer, riéndo a carcajadas...

(Cristina Botija)

Silencio

Junto al calor del crepitante fuego de la vieja chimenea me sentía seguro y a salvo del frío mortal del exterior de la cabaña.La tormenta me había impedido llegar hasta el campamento y me había forzado a pasar la noche en la soledad de aquel refugio.El sueño me pesaba casi tanto como el silencio absoluto sólo perturbado por el débil sonido de la leña combustiéndose.No sé de donde ni cómo llego aquel viento helado para matar a mi único compañero,y me quedé así,solo,a oscuras,sin poder mover un músculo,paralizado por el pánico estúpido que me provocaba la desorientación de la oscuridad,del silencio absoluto.Buscaba instintivamente algún sonido,sin importarme su naturaleza.Pero no lograba encontrarlo.Ni siquiera el viento perturbaba aquella insoportable calma.Habría preferido oír el aullar de una manada de lobos rodeando la cabaña a aquel silencio sepulcral.Y así, inmóvil,en silencio,podía sentir cada vez con más claridad el latir apresurado y asfixiante de mi corazón que parecía querer quemarme las entrañas.Mis ojos estaban fuertemente apretados, todo mi cuerpo rígido como un cadáver.Abrí los ojos despacio.El fuego(¿)seguía(?)vivo.El viento soplaba como (¿)siempre(?)lo había hecho.Ahora estaba levemente aliviado pero aún más desorientado.Una mueca se apoderaba de mis músculos faciales,una sonrisa nerviosa,que dio paso a una risa histérica y finalmente a una espantosa carcajada que me dolía y se clavaba en mi mente aturdida y asfixiada por el pánico.

(Andrés Rivas Santos)

Carcajadas de muerte en Lisboa

13 muertos, en 13 dias. Mujeres. Jovenes. Guapas.Siempre a las 13horas. Asesinadas. Mutiladas. Con una sonrisa en las espaldas hecha a golpes de navaja....y una extraña sonrisa muriendo en los labios.Relatos de los vecinos decian...." se oyeron risos, musica, gritos...silencio y una larga y horrible carcajada".....y silencio, solo silencio y los cuerpos con esa sonrisa en los labios y dibujada en la espalda. Carcajada asesina era un misterio, que helaba el calor bochornoso de Lisboa en ese Agosto.... y nunca nadie se enteró que era la ciudad que cobraba su peaje...Una al dia....y lo bien que sabia, con una carcajada helada saliendo de sus profondas entrañas, riendose de cada mujer que espero encontrar en la Gran ciudad el sueño de sus sonrisas..... La muerte por las espaldas, en una calle sin tranvias, sonriendo al turista que portaba la muerte en sus carcajadas, antes del aperitivo de cada final de manaña, y siempre despues de ler la pagina de Cultura de ese dia en El Pais....

(Paulo Almeida)

LA CARCAJADA

"Explosión incontenible de júbilo en el que se transforma la risa, 9 letras". "Está muerto", es lo que dicen siempre. No quiero hacerlo. Dejan la camilla y se van. No deseo mira hacia ella, pero el reloj no avanza. El turno de noche es lento. ¡Histérico silencio!. No me acostumbro. Miro de reojo la sábana que lo cubre, una la silueta salpicada de sombras, el perfil del muerto no deja de impresionarme. Intento resolver el crucigrama; "Explosión incontenible de júbilo en el que se transforma la risa, 9 letras", no consigo concentrarme. Un grifo gotea en la distancia, las gotas hacen eco. Necesito verle la cara. Es como un martillo, como pisadas sobre vacío, como llamadas estériles. No quiero hacerlo... "Explosión incontenible de júbilo en el que se transforma la risa, 9 letras". Me pongo en pie, la respiración se acelera conforme voy acercándome despacio. La gota me llama, se ha vuelto nerviosa. Las manos me sudan, ya tengo entre mis dedos la sábana. Empiezo a despegarla. La tela está fría... ¡Dios, es una niña!. Los ojos abiertos, la boca desencajada. Debo hacerlo. Cojo aire, inspiro con fuerza, y suelto una carcajada que estalla contra las paredes. Tengo que reírme de la muerte, que crea que no le tengo miedo. "Explosión incontenible de júbilo en el que se transforma la risa, 9 letras".

(ALEJANDRO DOMINGO BAZÁN)

Uy que miedo...

- Escucha este pedo: PROUT! Una carcajada salio de mi boca. - A ver si superas este eructo: ROAR! Joder, que divertida era la vida en el infierno. Aunque tuviera un palo metido en el culo todo el dia.

(El Abuelo de Aline)

Bufanda de pajarito

Llegaba con bufanda de pajarito y entraba revoloteando por el balcón. Si la puerta estaba cerrada se quedaba muy pegado al cristal mirando como un alucinado. Sólo eran pájaros que aparecían cada vez que hablabas con él. Y te conmovía la ilusión de que ese incipiente amor trastornara los nidos de los pequeñines. Temblando entre tus dedos recogiste el último. Una paloma blanca que no quería marchar y revoloteaba por el balcón huyéndole a la escoba, una y otra vez volvía a colocarse en el mismo lugar y no se movía. Lo sentías muy adentro, en tu espíritu y el día quedaba marcado por su angustia; hasta que una tarde lo viste tan cuál era y la angustia cambió de dueño mientras surgía en ti una carcajada... una extraña carcajada de espanto.

(Mirella)

Malentendido

Les voy a contar algo muy extraño que me pasó hace ya muchos años y que marcó mi vida para siempre. Estaba esperando mi turno en la cola de la carnicería del supermercado, cuando noté que una señora mayor vestida de negro me miraba fijamente. Al principio no le di más importancia, pero ante la insistencia de su mirada, empecé a sentirme algo incómoda. Finalmente, se acercó a mí y me dijo: “Te pareces tanto a mi hija”. Sonreí pero no dije nada. “El mismo pelo rubio, los mismos ojos azules. Eres idéntica a ella. Un coche me la mató, ¿sabes? Tendría más o menos tu misma edad.” Sentí lástima por la pobre anciana. “Mira, mira, te voy a enseñar su foto para que la veas. La tengo aquí en la cartera”, me dijo con lágrimas en los ojos. Sacó una foto vieja y arrugada de la cartera y me la enseñó. Era la imagen de una chica joven, de unos veinte años, pero no se parecía en lo más mínimo a mí. Está mujer está mal y no lo ha superado. Ha perdido el juicio, me dije. “Idéntica, eres igualita a ella. El mismo pelo rubio, los mismos ojos.” Asentí con la cabeza para no molestarla. Compré lo que necesitaba y me marché a casa. Desde aquel día, no he dejado de pensar en aquella extraña mujer. Aparece en mis sueños, en mis pesadillas, riéndose de mí a carcajadas. Soy morena y tengo los ojos marrones.

(A.C.M.)

Lovecraft

13 años y la primera visita a un cementerio. La Almudena se antojaba como algo descomunal, una necrópolis del tamaño de un pueblo. Demasiado para no afectar la percepción y la imaginación de una mente poco acostumbrada a la intensidad. La primera sensación fue de miedo a la muerte, a la piedra, a la soledad...a aquella ciudad silenciosa. Después descubrió que no hay mejor acompañante en este mundo que el acompaña sin molestar. En ese preciso instante decidió que sería uno de ellos, un amigo de la oscuridad más. Escuchó su propia carcajada y se alejó del entierro de su familiar con una malévola sonrisa dibujada en su rostro.

(Fernando de la Fuente)

el pasillo

Avanzo por el pasillo. Lo sé porque mis manos tocan las dos paredes. No veo nada. No he vuelto a oir nada desde esa carcajada. Todavía estoy estremecido. Ha sido una risa rota y grave, de animal acechante. Tengo frío y calor a la vez., estoy sudando. El pulso me golpea el pecho, los tímpanos. He llegado al final del pasillo. Una puerta. La abro. Todo sigue oscuro pero el aire se ha congelado. Ahí hay algo, dios, qué es eso, quién es. Parece una niña. Se vuelve a reir. Y me mira a los ojos.

(Mauricio Casas)

Terror sin miedo.

Vivían de lo que caía del cielo: a veces un mendrugo de pan, en ocasiones una corteza de queso, quizás, y con gran fortuna, un olvidado pedazo de "androlla" y siempre, gracias a Dios, una mano que les acariciaba el pelo. Ninguno de los dos podía ver, pero no les importaba; se conformaban con escuchar las risas de los chavales y las caniones de un bardo andariego, ciego como ellos, que siempre paraba en la plazuela de la iglesia cuando la única pareja de cuervos del pueblo desaparecía río abajo. De ella nadie sabía nada. De él, que tenía porte de general en desgracia. No había duda de que se amaban: eran capaces de pasar el día entero mirándose aunque no lograran verse. Como en un cuento trágico, un día él se quedó dormido y ya no despertó jamás; ella no lo entendió, arrojó una gran carcajada y también se murió. El bardo se fue con sus romances montaraces a otra plazuela en otro pueblo y, por fin, los cuervos fueron felices.

(Bardo andariego)

En tratamiento

Obsesivo. Mejor dicho neurótico obsesivo, así lo habían diagnosticado. Él solo le pedía a su mujer que quería sus camisas planchadas. Era lo único que le pedía y por mas esfuerzo que esta realizaba, nunca lograba tener los cuellos almidonados, los puños bien marcados y colgarlas con una separación de veinte centímetros. Esa mañana, él se miro al espejo y pensó que el otro, ese gemelo en que se reflejaba era más tolerante, comprensible. Tal vez mejor persona. Llego a pensar incluso que era débil. Abrió la canilla y el chorro de agua fria le enjuago las manos, que frotó emulando a un cirujano. Se le rio en la cara, como vomitándole una carcajada y salió del baño para plancharse su camisa y llegar puntualmente a su trabajo. El terapeuta había errado su diagnóstico. El neurótico obsesivo era el otro, que estaba en tratamiento. Él, lo que se dice un psicópata.

(Gustavo Nahmías)

Bufanda de pajarito

Llegaba con bufanda de pajarito y entraba revoloteando por el balcón. Si la puerta estaba cerrada se quedaba muy pegado al cristal mirando como un alucinado. Sólo eran pájaros que aparecían cada vez que hablabas con él. Y te conmovía la ilusión de que ese incipiente amor trastornara los nidos de los pequeñines. Temblando entre tus dedos recogiste el último. Una paloma blanca que no quería marchar y revoloteaba por el balcón huyéndole a la escoba, una y otra vez volvía a colocarse en el mismo lugar y no se movía. Lo sentías muy adentro, en tu espíritu y el día quedaba marcado por su angustia; hasta que una tarde lo viste tan cuál era y la angustia cambió de dueño mientras surgía en ti una carcajada... una extraña carcajada de espanto.

(Mirella)

El Cambio

Hacía mucho calor, así que me propuse darme una ducha. Después salí a la terraza por si alguna de las brisas de verano rozaba mi cuerpo, cuando oí unos gritos muy fuertes que provenían de la calle. La discusión era en voz muy alta. Una de las figuras zarandeaba a la otra, la tiraba al suelo después de un golpe en la cabeza y cuando yacía en el suelo le asestaba dos patadas en el cuerpo. Todo estaba muy oscuro, porque a esas altas horas de la noche, todos los gatos son pardos. Chillidos, gritos, lamentos. Todo fue muy deprisa. Mi estómago era un gran nudo, mi cuerpo sudaba a marchas forzadas y de mi garganta no salía ningún grito de auxilio, de socorro a ese acto de maltrato. Todo fue muy rápido. Mientras una figura seguía tendida en el suelo, otra caminaba lentamente hacía donde yo me encontraba. En un segundo y cuando llegaba al edificio desde yo lo había visto todo, miró hacía arriba. Lo único que hice fue esconderme para que no se percatara de donde me encontraba y le oí dar fuertes carcajadas. Mi corazón latía muy deprisa, como si mi pecho se hubiera reducido y le costara funcionar. Corrí hacía el teléfono. Emergencia. Cuando volví a la terraza, la figura que estaba en el suelo, caminaba torpemente, miró hacía donde yo estaba, nos cruzamos las miradas, sus ojos eran puro terror y su terror se me contagió.

(s.s.b.)

Ibáñez

Siempre le había considerado algo rarito. Nunca decía nada cuando llegaba al trabajo. Uraño y anisocial, se limitaba a mirarte por encima de esas gafas de culo de botella que apenas dejaban entrever la expresión de sus ojos. Pero me caía bien. No sé por qué, pero Ibáñez me resultaba simpático. Quizá comulgaba con su actitud un tanto rebelde y primaria hacia el mundo. Y ahora qué...Ahora me encontraba escupiendo sangre en el salón de su casa, maniatado y humillado. A punto de asistir a la mutilación gratuita de los dedos de mis manos. Era sólo el principiio de una larga noche. Quizá de una semana. Solté una carcajada.

(Jaime)

Bufanda de pajarito

Llegaba con bufanda de pajarito y entraba revoloteando por el balcón. Si la puerta estaba cerrada se quedaba muy pegado al cristal mirando como un alucinado. Sólo eran pájaros que aparecían cada vez que hablabas con él. Y te conmovía la ilusión de que ese incipiente amor trastornara los nidos de los pequeñines. Temblando entre tus dedos recogiste el último. Una paloma blanca que no quería marchar y revoloteaba por el balcón huyéndole a la escoba, una y otra vez volvía a colocarse en el mismo lugar y no se movía. Lo sentías muy adentro, en tu espíritu y el día quedaba marcado por su angustia; hasta que una tarde lo viste tan cuál era y la angustia cambió de dueño mientras surgía en ti una carcajada... una extraña carcajada de espanto.

(Mirella)

La rata

Sonó como una carcajada inmensa y quedaron paralizados, todos menos el viejo que se volvió y soltó el grito mas espantoso que habían oído nunca. Se volvieron y lo vieron. Iba a ser un día de campo y el viejo se empeñó en llevarles a ver la torre, sola, en medio de ese monte negro, con su pozo inmenso que agujereaba la tierra. Se habían asomado, miraban, bromeando, y entonces salió. Ahora la veían, la rata inmensa había abierto la boca y se había tragado al rezagado, no había podido correr lo bastante y ahora estaba allí, entre los colmillos asquerosos de esa bestia. Aun vivía, los miraba con ojos enormes, incrédulos, estaba muriendo poco a poco mientras la rata cerraba lentamente sus dientes partiéndole la columna. Demasiado lentamente y ellos lo entendieron, lo veían en los ojos de aquel mostruo, quizá nunca ese bicho había comido algo tan delicioso.

(Cid)

La niña del mar

La primera vez que vi a la niña del mar, murió mi abuelo. Es una tradición familiar cuando alguno de mi familia ve a la niña de mar, sabemos que a la persona a la que te encuentres más unida va a fallecer. Le paso a mi madre, dos días antes de morir mi padre, la vio sobre el acantilado, con esa sonrisa inocente, reclamando otro miembro para su familiar espectral, por eso cuando mi padre desapareció en el mar, mi madre desistió de toda esperanza, mi padre ya era de la niña del mar. También mi abuelo la vio antes de morir mi abuela. Hoy la he vuelto ver, después de 30 años, vi su figura en lo alto del acantilado, la visión duró unos segundos suficientes para captar su significado, la persona que más quería moriría, quizás hoy o mañana o la semana que viene, ya no podía hacer nada, por eso nunca me case, ni tuve novias, ni hijos, ni amigos, no quería que la niña del mar se volviera a llevar a alguien por mi culpa, pero como evitar querer a mi madre, la última persona de mi familia que todavía vivía. Cuando llegue a la casa de mi madre, pensé matarla para que pudiera unirse cuanto antes a su nueva familia, pero al verla fui incapaz. Sentados en la mesa, mi madre me dijo “Hijo, ayer vi a la niña del mar”, una carcajada helada salió de mi garganta.

(Javier Vello)

Llamada Oculta

Hace ya días que no recibe aquellas llamadas: voy a matarte, aún no sé cuando pero voy a matarte, y luego una violenta carcajada y el sonido de la línea telefónica al colgar. En comisaría no le hicieron mucho caso cuando puso la denuncia, sí, a la misma hora casi todos los días cuando llego del trabajo, suena el teléfono móvil y en la pantalla aparece siempre lo mismo, llamada oculta. Será una broma, alguien que quiere hacerle daño, le dijeron, todos los días viene alguien con historias parecidas, acabarán cansándose, se lo aseguro. En aquel momento no supo en quién pensar, nadie podía odiarla de aquella forma, tampoco reconocía aquella voz, distorsionada quizá por un pañuelo. Pero hace ya días que no recibe aquellas llamadas. Así que hoy, decide relajarse, seguro que la policía tiene razón, quizá es alguien que ni siquiera me conoce y sólo marca un número al azar, entra en la casa y se esfuerza en no pensar en que sólo faltan diez minutos, hoy tampoco va a sonar, piensa, y justo en el momento en que empieza a desvestirse suena el móvil, parpadea la pantalla fluorescente donde descubre con alivio que no es la llamada de siempre, un número vagamente conocido, sí, responde mientras reconoce horrorizada el teléfono que ha aparecido en la pantalla, voy a matarte, dice la voz ya sin distorsión, mientras en el salón cuelgan el teléfono y suena una carcajada brutal, que se va acercando lentamente por el pasillo.

(Pedro Pérez Corregidor)

La cueva y las botas

Eran las tres de la tarde más calurosa del mes de julio. El camping estaba abarrotado de familias. al arrimo de sus chuletones y sus brasas. Niños correteando, con sangre en sus rodillas y en la boca Nocilla y carcajadas. Serafín salió hacia el bosque, huyendo del ruido y del calor, adentrándose cada vez más en la espesura. Dos horas después, las botas, que ya llevaban tiempo mordiéndole los tobillos, se volvieron insoportables. Descubrió, entonces, un pequeño riachuelo que surgía de la boca de una pequeña cueva. Pensando descansar los pies en el agua, se sentó a la orilla y descubrió que la entrada estaba plagada de zapatillas y botas de toda clase. Se quitó las suyas, metió los pies en el agua, y empezó a inspeccionar las botas a su alrededor. En ese preciso momento, un torbellino peludo de dientes se abalanzó sobre él, sin darle tiempo siquiera de oler el hambre de su aliento. Desde entonces hay en la cueva un par más de botas.

(Luis Calvo)

Ella

"Tenías razón. Nunca te creí. Debí de fijarme más en tus dotes de bruja. Sabías que te abandonaría por Ella, pero te equivocaste en su color de pelo. Ella es morena, no rubia. La vi mientras esperaba mi turno en la cola del banco. Ella me miraba fijamente, y nunca supe por qué... hasta que vi todo en sus ojos. Pude ver como me hipnotizaba con su sonrisa. No tuve más remedio que caminar a donde Ella fuera. Salimos del banco, yo detrás de Ella, observando su contoneo de caderas. Se paró en el semaforo esperando el turno de los peatones para cruzar. De repente pasó una de esas cosas que sólo te pasan una vez en la vida.Cuando comenzó a cruzar, estiró su brazo y agarró mi mano con la suya. Yo sólo me dejé llevar por la cooriente y avancé tras ella mientras nos mirabamos a los ojos. Me llevó justo a donde Ella quería. Noticias:"Muere un peatón arrollado por una furgoneta mientras cruzaba la Gran Vía. Cruzó el semaforo cuando estaba en verde para los coches.Sus últimas palabras mientras soltaba una carcajada: Todos podéis ver que Ella es guapa y no lleva guadaña"

(Oscar Sánchez)

El reloj

Cuando las manecillas de su Swatch definieron su lugar en el tiempo, un escalofrío le recorrió todo el espinazo. Repitió la mirada, y en efecto, estaba al límite. Se los imaginó al otro lado de pantalla, con la carcajada asomándoles en los labios. Era demasiado tarde. Su tiempo estaba agotándose. Las órbitas de los ojos amenzaban con descarrilar. Un sudor frío, que haría la delicias de cualquier instalador de aire acondicionado, le comprimía hasta los huesos. Los dedos empezaban a sumir la rigidez propia de... No era para menos. La esfera de su reloj Swtach no dejaba lugar a dudas. Quedaban dos minutos apenas. Se los imaginó, al otro lado, con un cronómetro implacable, y el gesto desencajado de tanta carcajada reunida. Los miembros del jurado, en efecto, reían como nunca. Nunca pensaron que a las 13:59 horas, casi paralizada por el pánico, ella aún tendría tiempo para lanzar al espacio aquel relato de terror.

(Laura Ferrández)

Error humano

Mi jefe me mira con una expresión que nunca debería haber detectado, esta tan enfadado conmigo que no puede pronunciar palabra, se ha puesto rojo y los ojos parecen inyectados en sangre. Esto es peor que una peli de terror, prefiero tener ante mi una pantalla inmensa con escenas desagradables, que a mi jefe mirándome con esos ojos que parece se le van a salir de las órbitas porque he cometido el pequeño error de poner un cero más a una cifra que paga el impuesto más caro de hacienda. El saldo de la cuenta estaba tan inflado que lo hemos pagado sin problemas, ahora queda el poder recuperarlo y como ya sabemos el funcionar de la institución, podremos estar sin esa cantidad varios meses. Hace una mueca extraña, si no fuera por lo joven que es pensaría que le esta dando un ataque al corazón, pero no me sonríe, la vista se le queda perdida y comienzo a oír grandes carcajadas que salen de su garganta. Se ha vuelto loco, ha perdido la noción de la realidad y se ha perdido. Yo también quiero volverme loca, lo olvidaré, reiré como él. Suelto una gran carcajada que le hace volver a la realidad. Me mira decepcionado y se marcha. Ahora lo sé, estoy despedida.

(María Tello Romero)

piso céntrico, vecindario amigable

Jacinto llevaba varias semanas buscando un nuevo piso de alquiler. Últimamente sentía frío cuando estaba en casa, incluso estos días de julio anticipado. La puerta que daba al apartamento del vecino y que se comprometió a mantener siempre cerrada mediante una clausula de su contrato estaba siempre helada y gradualmente iba adquiriendo un color verdoso y pútrido de moho. Sin embargo, los precios estaban disparados y no iba a encontrar un cubículo céntrico y exterior asequible. Bajó al piso de abajo para preguntar a su vecina, esporádica cómplice en ahuyentar las depresiones de domingo acudiendo al cine si había sentido algo raro en los últimos días. Llamó a la puerta con la clave convenida : dos cortos y uno largo. Ni siquiera oyó el zumbido resentido del asqueroso caniche, un regalo que admitió por compromiso. Se detuvo en el descansillo, al subir, y cayó en la cuenta de que no había visto a ningún vecino desde que comenzó el calor. Siempre se cruzaba con los vecinos que sacaban a pasear a sus perritos, amarrados, deprisa y a tirones. Se armó de valor y llamó al apartamento de al lado. Sin respuesta. Al intentar llamar de nuevo, la puerta se deslizó y el hedor a excremento y despojo le contrajo la cara. Óvalos rojos de odio le apuntaban y apenas pudo ver la muerte que cubría la vieja madera del suelo antes de que los colmillos se hundieran en su cuello. Esta vez el zumbido le pareció una carcajada.

(César Miyares Gómez)

El pánico de la risa

¿Por qué provoca el miedo a veces risa? ¿Por qué hay carcajadas tan siniestras que espantan? Me asusta conocer la respuesta: dónde acaba la risa del pánico y comienza el pánico de la risa.

(Anabel Cornago)

La casa del Temple

La luna llena sobre el tejado de la Iglesia invitaba a meterse en casa, echar el cerrojo y a no asomar la nariz a la calle hasta que el sol no estuviese bien en lo alto. Laura tomó su saco de dormir y lo metió en la mochila. Necesitaba una pizca de valor para continuar su proyecto. Comenzó a cantar para espantar el miedo, pero el miedo al pecho es,a veces, como un alfiler a un gran imán, que no se despega ni tirando fuerte. De repente su oído comenzó a percibir una extraño sonido que procedía de debajo de su cama. Sintió un escalofrío que le recorrió toda la espalda, al descubrir como un pequeño haz de luz blanco salía disparado de debajo de las mantas hacia un rincón de la habitación. Se asustó de su propio chillido. Casi seguido al chillido emitió una gran carcajada.

(María de la hoz Martínez Herrera)

La caja

Abrió los ojos. Oscuridad. Parpadeó. Oscuridad densísima. Estoy muerto, pensó. Le dolía vagamente todo el cuerpo y sentía la cabeza embotada, como de haber dormido mucho. No, no estoy muerto. Otro pensamiento le llegó terriblemente: me he quedado ciego, pensó con desolación. El accidente, pensó, y la cabeza se le llenó súbitamente de imágenes: un coche acercándose, un grito, dolor, un trozo de cielo moviéndose. Luego la oscuridad. Ciego. Intentó incorporarse, moverse. Extraño. Sus manos se deslizaron palpando. Estoy durmiendo en una caja, pensó desconcertadamente. Con esa frase llegó la secreta esperanza de no estar ciego. Los bordes de la caja eran mullidos, suaves. Es cierto, estoy en una caja, pensó reconfortadamente, por eso está todo oscuro. De pronto un escalofrío le recorrió la columna, otro pensamiento había llegado a su mente. No puede ser, murmuró, no puede ser. Empezó a golpear las paredes de la caja, cada vez más fuerte, sin más respuesta que un eco apagado. Intentó empujar lo que suponía la tapa de la caja. La golpeo a puñetazos. Nada, no puede ser, pensó, esto es imposible. Una broma, un sueño. No puede ser. Se palpó el cuerpo, estaba vestido con traje, corbata. Es absurdo, pensó, de traje en una cama de hospital. Golpeó frenéticamente la caja, empezó a gritar, a pedir socorro, a aullar. Un aullido roto de pronto en un llanto, una carcajada desquiciada, demencial. Una carcajada que puso los pelos de punta a los últimos visitantes que abandonaban ya el cementerio.

(Álvaro Sánchez Marti)

Historias para no dormir

No me vengas con cuentos de miedo, que ya no tengo solución. No me incites al dolor, que no siento ya la luz de la razón. No me nombres la inocencia, la perdí un agosto cualquiera. No calcules mi aguante,el infinito no es una medida manejable -por mucho que los científicos nos engañen-. No recurras tampoco al corazón, ya no soporta una carcajada más de por favor. No persigas que no pueda dormir, ya hace mucho tiempo que en este mundo se vive una historia para adormecer las conciencias hasta la más que probable abdicación.

(MACONDO)

Me repugnas

Fué el último en ser contratado. Lejos de adaptarse a las costumbres y usos de la oficina y apelando a su superior categoría profesional, él impone sus criterios. Toma la indiscutible iniciativa hasta de decidir que si él siente frio o calor, los demás debemos de sentirlo de igual forma. No podía acompañarnos en los almuerzos, porque le confundirían con un simple administrativo. El venía a dirigir, incluso nuestras vidas. Una carcajada interior me recorrió el cuerpo. Tan fuerte fue la sacudida que tuve que contener el estallido. Lo contemplé beber de su invariable vaso de plástico. El agua pasaba demasiado despacio por su garganta."Bebe más. Bebe más", me deciá para mis adentros. Al cabo de unas horas, se levantó como arma que lleva el diablo portando un malicento semblante. Entonces fué cuando mi carcajada fue tan sonora que mis compañeros del piso de abajo llamarón por si ocurria algo. No podía desvelar que el laxante que me recomendaron en la Farmacia había hecho efecto.

(als)

La busqueda

Cuando oí que la vida tenia valor al perderla, nunca imagine que apenas una frágil puerta de caoba me separaría de quien lo dijo, ni que un pica-hielos me clavaría la palma de mi mano derecha en ese lugar rotando y horadando el entendimiento. Al otro lado mi madre pedía que saliera de mi escondrijo, jurando que no me mataría si mañana no la llevaba al asilo tal le había sugerido antes de cenar. ¿Cómo creerla después de haber sido asaltado en sueños? Rubino, el caniche de casa,!su perro!, pago con la vida el haberme despertado con un ladrido. Ochenta años de odio le atravesaron el cuello igual que me partieron el pecho sobre el lecho. Una dictadura había robado la juventud, un hombre la alegría, yo senos y tiempo. Cantos de antiguas canciones de cuna utilizadas en mi niñez para vencer mi conciencia. Melodías retumbando a través de un agujero. El sopor me vencía, desee que me sesgara como hicieron los otros con su alma. Acerque mis mejillas atravesándomelas con el pica-hielo mientras una carcajada me ahogó. Fueron los últimos recuerdos antes de encontrarme la policía. De mi madre no quedó rastro. Pase dos años en un manicomio por ello, dos años. Hoy estoy en casa de nuevo, donde sé que ella está aún escondida. Oigo ruidos, veo sombras, percibo dolores, huelo su perfume preferido, devoro sus cantos. Ella espera, aguarda que me duerma de nuevo. Sigue amándome, necesita matarme. Yo, llevarla al asilo.

(Inpuro)

Lección de anatomía

“Los cadáveres permanecen tres años en piscinas de formol, antes de ser utilizados en las prácticas”, nos contaba el profesor, de camino a la sala de disecciones, “son mendigos o gente que nadie reclama”. Hoy me arrepiento de haber iniciado los estudios de medicina. Pero fueron mi refugio cuando Marisa me abandonó sin darme explicaciones y su familia no quiso o no pudo darme noticias suyas. “Primero los ponemos boca abajo, y les abrimos con el escalpelo siguiendo la línea de la columna vertebral. Ha de ser un corte superficial, que separe la piel de la espalda en dos mitades, como hojas de pergamino” Después de dos años de malvivir, decidí que sólo ante el sufrimiento ajeno me olvidaría yo del mío. Y me matriculé en Medicina. “Estudiaremos todas las estructuras, como arqueólogos del cuerpo”. Me convertí en un alumno sobresaliente, pues sólo vivía para el estudio. “Vengan a ver el que les corresponde. Es costumbre ponerle un nombre, pues será como de la familia”, dijo soltando una carcajada, que nadie secundó. Después levantó la sábana. Al principio sólo me fijé en la piel derramándose por los costados, dejando al descubierto los masas parduzcas de grasa y músculos. Pero luego – tuvieron que sujetarme para no caer al suelo- reconocí aquel rostro, aunque estaba de perfil. Y sólo yo supe que debía llamarse Marisa, y que abandonaría mis estudios, ahora que aquella mujer, en otro tiempo mi novia, sería para mis compañeros una simple lección de anatomía.

(Eloy Serrano Barroso)

Miedo

Ni siquiera las dos cervezas frescas tomadas mientras intentaba cenar algo, suavizaban la sensación de pánico que le atenazaba. Tumbado sobre la cama, con la luz apagada, sostenía con una mano el inalámbrico mientras con el índice de la otra marcaba el número de la policía sin atreverse a pulsar el botón de OK. Como muchos otros días, Javier había visitado clientes fuera de Madrid, esta vez en Albacete. Le gustaba escuchar la radio mientras conducía. Ya cerca de Madrid el programa interrumpió la emisión para notificar otro atentado de ETA. Según testigos presenciales, dos hombres y una mujer jóvenes habían disparado, en pleno Moncloa, a un militar retirado que paseaba habitualmente su perro después de cenar. Aquel desgracido llevaba consigo una pistola, que pudo utilizar, hiriendo a uno de los terroristas. Una vez aparcó, se dirigió a su casa, un piso en una callecita de Argüelles. Mientras esperaba al ascensor, alguien entró al portal de forma precipitada. Se dio la vuelta y vio a los tres estudiantes del tercero, jadeantes y nerviosos. Cuando iba a saludarles con un "buenas noches" espontáneo, contempló la sangre que brotaba del hombro del más alto. En ese segundo eterno todos entendieron lo que pasaba. La chica se llevó el dedo índice a la boca en señal de silencio. Javier debió mostrarse realmente aterrado, pues el de la herida no pudo contener una carcajada. Sin más, subieron las escaleras obviando expresivamente su presencia. Javier sólo sabía que no quería morir.

(Alejandra Arnaud)

El Fin

La carcajada sonó de nuevo. Los tres niños permanecieron en silencio. Todos cogidos de las manos. La oscuridad era completa. No recordaban como habían llegado allí, su cabeza se negaba a recordar. El silencio se rompió otra vez. Ahora era algo parecido a un susurro lo que terminó de asustarles y se abrazaron. No sabían donde ir, temían perderse. No sabían que ya lo estaban. Al susurro le siguieron unos golpes en el suelo. Al principio lejanos, pero acercándose cada vez más deprisa. De repente, uno de ellos se separó bruscamente de los otros. Gritaron su nombre hasta romperse la garganta pero el otro no respondió. Se agarraron más fuerte si cabe. No se imaginaban lo que el destino tenía preparado para ellos. En sus cabecitas resonaba esa risa terrorífica de nuevo. No podían hacer nada. El terror paralizó sus miembros y, por fin se derrumbaron. Cayeron al suelo y allí esperaron. Ya no lloraban. Se soltaron y permanecieron tumbados en el suelo. Deseando que todo acabara pronto. No tardó mucho en cumplirse su deseo. Sonó una última carcajada a un metro escaso de ellos y sintieron como sus almas les abandonaban con un dolor más allá de lo imaginable. Vieron sus cuerpos yacer inertes en el suelo y al girarse le vieron. Allí estaba, con los brazos abiertos llamándoles. Una sonrisa surcaba su rostro. El dolor pareció disminuir. La esperanza renació en ellos. Cuando llegaron a Él, la sonrisa repentinamente desapareció.

(Fco Javier Calderón Domínguez)

Solo

No consigo establecer contacto con Houston. Tengo un pequeño problema y no puedo decir aquello tan gracioso de "Houston, tenemos un problema" porque, para qué, no me oyen. Pero eso no es lo peor. Estoy encerrado en este cubículo de un par de metros que gira casi sin control dando vueltas al planeta a 36.000 km. de altura y no puedo decir "Houston, tengo un problema. Conecte con el canal que sea, solamente oigo una carcajada histérica. Además, se rie de mí y me dice que a ver como salgo de esta lata a 36.000 km. de altura". Pero eso no me asusta. ¿Por qué tendría asustarme un carcajada? Por nada. Creo que me preocupan más lo golpes que dan a la puerta

(Nacho Ruiz)

Mi hermana

¿Una carcajada? ¿Estás loco? En esa habitación no ha entrado nadie desde hace años, desde que mataron a tu hermana. Sí, claro que la extraño, era tan lista, tan guapa. La niña de mis ojos. Cuánto hemos lamentado tu padre y yo que tú no hubieses salido la mitad de inteligente que ella. Y guapo. Que no, hombre, que no, no insistas. No has podido oír ni risas ni gritos en ese cuarto. Recuerda que lo insonorizamos para que tocase el piano. Tú nunca te interesante por la música, te faltaba sensibilidad. Pero bueno, ¿no te he dicho que el cuarto está vacío? Y no me vengas ahora otra vez con que lo quieres, que el tuyo es muy oscuro y pequeño. Ya sabes que el cuarto de tu hermana es sagrado. No te enfades, que las cosas hay que merecérselas. ¿Dónde has encontrado eso? Es el cuchillo que desapareció de la cocina el día que......¡retrocede!

(jaime yarza)

¡HORROR!

Una carcajada de locura y desesperación ha explotado en mi boca e inundado toda la oficina cuando me han dicho que hoy, finalmente, no cobramos. Dicha certeza me ha creado una enorme incertidumbre puesto que tengo 245 pesetas en mi cuenta bancaria ¡HORROR!, lo cual no es suficiente para comprarle una bateria nueva a mi coche, el cual esta "tirado" en el descampado donde en las fiestas de mi pueblo (Getafe) "plantan" los "cacharros" de la feria, y mas concretamente en el punto exacto donde cada año se ubican los urinarios móviles...la feria empieza hoy, se aceptan donativos.

(Jorge)

El baúl

Hace mucho tiempo que mi tía falleció. La verdad es que no lo recuerdo, yo era muy pequeña, pero sigo teniendo la imágen de ella en mi mente. Era una persona con una estatura de aproximadamente 2 metros, el pelo cano y revuelto, con una desviación de nariz que la hacía parecer rara y lo más extraño era un enorme grano que tenía en un hombro, que más que grano parecía una joroba desviada. Pero, con todo lo desagradable de ver que era mi pobre tía, era la persona más amable que recuerdo. Me dejó a mi, su única sobrina, en herencia un pequeño piso en el centro de un pueblo en las afueras de Salzburgo. Fuí allí a pasar mis vacaciones y sentada en el pequeño salón me puse a pensar. ¿Cuánto tiempo hace que vengo a este piso y aún no he abierto el baúl que me encontré en el trastero? Decidida y con paso firme me acerco al trastero. Solamente el hecho de pensar en lo que me podría encontrar, me hacía temblar todo el cuerpo. La luz del trastero parpadeaba y me costó encontrar el baúl, pero una vez delante de el lo abrí. Un escalofrío pasó por todo mi cuerpo, había notado una ráfaga de aire frío saliendo del baúl y una carcajada retumbaba por todo el trastero. "¡Tendrías que verte la cara de susto que tienes, cada vez te pareces más a tu tía!" Mi madre, muerta de risa, había venido a verme.

(Anja)

La línea

La habitación era perfectamente cuadrada, sin vanos de ningún tipo, blanco el lejano techo, blanco el suelo y blancas las paredes partidas por una línea negra horizontal, muy delgada y sutil. Situé mi dedo índice sobre ella y comence a recorrer muy lentamente su longitud, emanaba calor y un leve latido me hizo retirar la mano con repugnancia. Mientras una risita de niña apenas perceptible parecia provenir directamente de la pared. La línea comenzo a engordar groseramente, pelos retorcidos y violentos brotaban como ramas de olivo, tumores humedos y vibrantes deformaban su superficie. Retrocedí asqueado, la risa se convirtio en una carcajada tosca y brutal, como un estallido. La habitación era perfectamente cuadrada, sin vanos de ningún tipo, negro el lejano techo, negro el suelo y negras las paredes partidas por una línea blanca horizontal, muy delgada y sutil...

(fernando lopez del hierro)

Nunca me habían gustado

Me dejo llevar. Me abandono. Repaso todo. Al salir del garaje nada noté. Tras apagar el motor comencé a escucharlo. Primero muy levemente. Después, apenas unos chasquidos. Llegaba tarde, no me preocupé. Volví con la música alta -mal día, intenté desfogarme cantando mientras conducía-. Nada aprecié. Abriendo el maletero he sentido un escalofrío. Había algo dentro. Un movimiento breve pero enérgico. Una señal de protección. ¿Un gato? Peor aún: ¿Una rata? Una cucaracha. Suelto una carcajada. "Tantos relatos de terror, temores atávicos.¡He sudado unos segundos!" pienso, intentando encender la luz en los interruptores que encuentro de camino al ascensor. Entonces tengo una sensación desagradable: piso una cucaracha. El caparazón se deforma elásticamente hasta que cede y se quiebra, y la suela del zapato toma contacto absoluto con el suelo. Espero morbosamente a que la puerta del ascensor se abra, a que su luz interior ilumine los restos del bicho y pensar "qué asco" Lo que encuentro es una enorme plaga de cucarachas saliendo de las rejillas de ventilación, de los sumideros, de los agujeros de los interruptores de la luz. Joder, salto al ascensor y pulso el botón del tercero. En el primer piso el cable del ascensor cede, seguro que devorado por ellas. El impacto me parte las piernas y destroza la parte baja del ascensor. Las cucarachas entran por cientos. No las veo, pero las siento ascender por mi cuerpo mientras comienzan a mordisquearme. Me estoy dejando llevar. Me estoy abandonando. Repaso mi vida.

(César Yllera Conde)

HUMO MORTAL

En aquella mañana soleada, todo era cálido y agradable.El café, un poco fuera de lugar.Las tostadas,siempre vienen bien...Ahora toca aferrarse al sentimiento religioso y pedir clemencia. La nube negra y asmática se desliza como en una chimenea invertida.Hay que contener el aliento...Todo queda enmohecido con el paso del fétido gas. Un alveolo pulmonar intenta huir inutilmente, mientras garganta y faringe ya han sido contaminadas. Los grandes libertadores de vida, se tambalean y convulsionan transformandose en la cámara nazi de exterminio.El fantasma de la muerte se percibe en cada pliege pegagoso y jinetea cortante y raudo por la autopista roja... El gran cerebro nada sospecha,vuelve la mirada hacia un icono salvavidas y con una socarrona carcajada expira el humo que deslizandose por el amarillo marfil, sale victorioso y altivo como el escorpión que acaba de asestar un golpe mortal.La cruz de la señal, no exime al descreido que sigue contagiando con su virus, todo el santo bar.El ángel educador armado de fé y valor debe enfrentarse al Lucifer Ignorantis que junto a Satanás Vicius rinden culto a Cáncer Belcebú.Si la diosa Razón no lo remedia toda la humanidad perderá una batalla con millones de almas sacrificadas y unos pocos pero amplios bolsillos multinacionales, empachados con ahumado dinero.Pagar por morir, nos estamos superando. ¡ DA MIEDO!

(VICTOR MANUEL LOPEZ BOTELLA)

Una noche mas

Aquella carcajada le helo la sangre. No parecia posible que proviniese de algun lugar en la proximidades, sino de algo mucho mas tenebroso, desconocido. Decidio adentrarse entre aquella masa de luces relampaguenates, intetando alejarse de aquel sonido desacompasado, inconexo que parecia aproximarse a el en todas las direcciones. De repente un fogonazo, como un flash, cego por completo sus ojos, pero, podia ser un salida, intento dirigirse hacia el, pero algo lo impedia, sus piernas se encontraban ahora bloqueadas, no sabia que ocurria, no podia controlar sus musculos. De pronto un ruido seco, su cabeza habia golpeado el suelo. Cuando de pronto aparecio una forma, que lo cogio entre sus brazos, sin posibilidad dde escapatoria, se desvanecio. A la maniana siguiente, su sensacion de terror aumento, se encontraba en un lugar desconocido. Se aventuro a salir de ese improvisado refugio y volvio a su oficina, donde habia comenzado todo, era la noche de celebracion de los resultados conseguidos por su grupo de ventas. Una verdadera sensacion de terror se apodero de el. Todos su miedos atesorados se hicieron realidad… y en tablon de anuncios vio lo que temia. Las fotos de la noche anterior, todo un reportaje completo, comenzando desde el primer tequila, hasta como habia demostrado a todos su virilidad con los pantalones bajados, sin olvidar, la epica charla con el CEO, futuramente recordad por generaciones y generaciones de empleados. Y ahora la verdadera historia empezaba, el dia despues.

(Alvaro Garcia)

La rata

Sonó como una carcajada inmensa y quedaron paralizados, todos menos el viejo que se volvió y soltó el grito mas espantoso que habían oído nunca. Se volvieron y lo vieron. Iba a ser un día de campo y el viejo se empeñó en llevarles a ver la torre, sola, en medio de ese monte negro, con su pozo inmenso que agujereaba la tierra. Se habían asomado, miraban, bromeando, y entonces salió. Ahora la veían, la rata inmensa había abierto la boca y se había tragado al rezagado, no había podido correr lo bastante y ahora estaba allí, entre los colmillos asquerosos de esa bestia. Aun vivía, los miraba con ojos enormes, incrédulos, estaba muriendo poco a poco mientras la rata cerraba lentamente sus dientes partiéndole la columna. Demasiado lentamente y ellos lo entendieron, lo veían en los ojos de aquel mostruo, quizá nunca ese bicho había comido algo tan delicioso.

(Cid)

Una sombra

Duermo en la cocina, sobre una esterilla en el suelo. Procuro no hacer ruido, he aprendido a ser una sombra; sólo duermo cuando oigo roncar a mi señor. A veces, cuando la casa ya está en silencio, él llega; golpea la puerta para que la señora le abra. Entonces mis piernas no dejan de temblar, me escondo detrás de los sacos de leña. Cuando entra en la cocina me llama en voz baja, siento cómo su aliento pestilente llega hasta mi cara. LLoro, cierro los ojos con fuerza, de repente, una garra sobre mi brazo. Vivo aquí desde que los señores se encargaron de mi, tenía ocho años; la señora sólo me tocó una vez, cuando mi madre me dejó en su casa después del ciclón. Ayer desperté más pronto que otras mañanas; con dolor en el vientre y sudor frío; la señora me gritó desde la cama, fuí hasta allí doblada. Cuando vió entre mis piernas la sangre, soltó una enorme carcajada.

(Yolanda de la Peña)

MIEDO FELINO

Devuelta del trabajo y mientras cruzaba el zaguán de su casa para alcanzar la cancela y entrar por fin en su refugio, como él decía, se sintió, de pronto, sorprendido por un leve maullido. Buscó al animal, pero quedó desconcertado al no encontrarlo por ninguna parte. Rápidamente cruzó la cancela y la cerró con prontitud. Ya dentro, intentó tranquilizarse; pensó que quizás el gato salió del umbral con sigilo, o tal vez el animal estaba fuera, o a lo mejor todo eran imaginaciones suyas... En realidad, nada le tranquilizó. Al día siguiente, cruzó aquel espacio velozmente; ya llegaba tarde al trabajo. Su vuelta, sin embargo, no fue rápida; su andar, era pesado, como si sus pies estuviesen embarrados, su cara se mostraba tensa y sudorosa y, sentía un miedo que él mismo consideraba irracional. Temía encontrarse de nuevo, en aquel espacio transicional entre su casa y el mundo, el sonido, estaba seguro, que había escuchado el día anterior. Por fin llegó al portal. Tímidamente lo cruzó y, de manera temblorosa y destartalada se dirigió hacia la cancela. Pero de pronto oyó un rugido de León, fuerte y poderoso. Aterrorizado, comenzó a gritar; su mujer, asustada, abrió la cancela. El hombre esta vez sí consiguió ver el animal de donde partía el terrible ruido. De su garganta salió una estridente carcajada y abalanzándose sobre la fiera la ahogó con sus propias manos. Pasados dos años ya estaba curado, pero seguía aterrorizado. Sabía que había matado a su mujer.

(MIGUEL RUEDA BRENES)

Requiem

Las olas danzaban en un ballet negro espoleadas por la luna, mientras una frágil embarcación que contenía una veintena de negros cuerpecitos resistía el empaque de las aguas. Las músicas tenebrosas de la mar emitían sus requiems mientras los cuervos dejaban la luz de los desiertos para volar entre los rugidos de la noche. Mohamed estaba al borde del desmayo, fatigado, sin poder mantener por más tiempo la manita de su hija Fátima, que apenas dejaba pasar un hilillo de queja por sus labios. En lo alto, los elementos se confabulaban en el bamboleo extremo de la patera, y el fin parecía cercano. En esos momentos un grito rompió la macabra danza; Assia, esposa de Mohamed, se retorcía en el suelo, entre unos compañeros de viaje que sólo miraban espantados. Al callar Assia, se silenció el mundo, y todos pudimos ver cómo un liquidito salía de ella para mezclarse con la salinidad que empapaba nuestros pies descalzos. Se miró. Alzó luego la vista, con el cuello en un arco imposible, y gritó por segunda vez, estremeciéndonos, paralizando nuestros corazones en un instante infinito. Al fin reaccioné y me arrodillé entre sus piernas, le acaricié la frente y le dije: respira, respira. En Europa, a la hora de comer, familias y familias veían en el telediario las perdidas miradas de los tripulantes de una patera que caminaban por la playa. Una mujer, mareada, tropezaba para caer. En Europa comenzaba la carcajada cuando, de entre sus manos, cayó un bulto.

(Hakim)

ESTÚPIDO

Estúpido. Como observarás, todo estaba perfectamente dispuesto. De hecho, siempre te llevé algo de ventaja. Y supongo que debe ser cruel, los dos sabemos, las comparaciones, siendo gemelos, uno tan guapo otro tan... en fin. Es cierto que presumo de sorna e ironía, que abuso de gestos y carcajadas. ¿Y qué? Nada te daba derecho para tanto. Ay hermano, conmigo fantasma, debiste suponer que con mi muerte, tu crimen, llegaría también la tuya.

(carlos)

La fiebre

El señor Allen respiraba con dificultad. Se había despertado hacía un momento, entre mantas que le procuraban un calor asfixiante, una luz mortecina que esbozaba las paredes de la alcoba y un murmullo de voces que no llegaba a comprender. -Debe ser la fiebre-, pensó. La consciencia y el delirio pugnaban por dominar su mente, y, sin embargo, no sentía apenas dolor, aunque sí un gran cansancio. Comprobando que había luz en la estancia, dedujo que estaba amaneciendo. Sintió deseos de levantarse, pero estaba aún débil por la enfermedad. Decidió que esperaría a que su esposa y la asistenta le ayudasen a incorporarse, como había ocurrido cada mañana en las últimas semanas. Aún era temprano, luego tendría que esperar para levantarse de la cama. Así que trató de relajarse. No pensaría más en el entumecimiento de sus piernas, la sequedad de su garganta o los pálpitos en sus sienes. Simplemente esperaría a sentirse mejor, incluso a tener ganas de reír, aunque fuese sin carcajadas. Y lo hizo. El señor Allen murió ayer al amanecer, en presencia de su mujer, su asistenta y su médico, que lo vigilaban desde hacía horas, debido a la gravedad de su enfermedad.

(Roberto Alday Serna)

LA MUERTE QUE NO LLEGA

Estoy en esta angosta cueva esperando mi fin que no llega, alejado de los hombres, y atormentado por los recuerdos de aquel fatídico día. Yo había sido un hombre temeroso de Dios, recto con mi mujer, querido por mis vecinos; y así y todo tuve que ser el elegido de aquella amarga experiencia. Saboreé los dulces labios de la muerte y esperaba descansar para siempre en una paz sosegada y merecida, cuando Él apareció y trastornó mi vida de un modo terrible e injusto. Porque desde entoces fuí un apestado para el resto de los mortales, que no comprendían lo que había pasado. Y aún resuenan en mis oídos aquellas cuatro rotundas palabras a las que yo no supe negarme: - ¡ Lázaro, levántate y anda! Y yo, pobre de mí, me levanté torpemente levantando la tapa de mi ataúd, y lo peor de todo, lo que acabó de trastornarme, fué escuchar aquella rotunda carcajada, antesala de mis futuros infortunios, porque ¿ quién iba a dar cobijo a aquél que había escapado de la muerte? Ni siquiera ella a quién una vez rechacé se apiada de mí y viene a acabar con mi eterno suplicio, sólo porque el hijo de Dios me arrebató de sus brazos.

(Antonio Martinez Asins)

Mi hermana

¿Una carcajada? ¿Estás loco? En esa habitación no ha entrado nadie desde hace años, desde que mataron a tu hermana. Sí, claro que la extraño, era tan lista, tan guapa. La niña de mis ojos. Cuánto hemos lamentado tu padre y yo que tú no hubieses salido la mitad de inteligente que ella. Y guapo. Que no, hombre, que no, no insistas. No has podido oír ni risas ni gritos en ese cuarto. Recuerda que lo insonorizamos para que tocase el piano. Tú nunca te interesante por la música, te faltaba sensibilidad. Pero bueno, ¿no te he dicho que el cuarto está vacío? Y no me vengas ahora otra vez con que lo quieres, que el tuyo es muy oscuro y pequeño. Ya sabes que el cuarto de tu hermana es sagrado. No te enfades, que las cosas hay que merecérselas. ¿Dónde has encontrado eso? Es el cuchillo que desapareció de la cocina el día que......¡retrocede!

(jaime yarza)

Cuando se levantó de aquella cama

Cuando se levantó de aquella cama, una carcajada terrible estalló en los oidos.

(JOSE MANUEL CACERES MARTIN)

Del coche al cielo

La familia, arreglada de domingo, fue al concesionario; habían tenido que esperar dos meses, pero el momento había llegado; el padre firmó algunos papeles... y allí estaba, su coche nuevo, reluciente, maravilloso; el técnico le abrió las puertas y los niños se sentaron rápido detrás, la madre se sentó en el asiento del copiloto como lo haría la Reina de Inglaterra en su trono, y el padre...a los mandos de esa máquina deseada. El técnico recitó, como si de un catecismo se tratase, las características y utilidades de todos los botones y mandos de la máquina. Las puertas del concesionario se abrieron y bajo la atenta sonrisa de los empleados del concesionario el coche comenzó a salir, despacio, torpemente...calándose en la calle...mientras buscaba nervioso el contacto, marcha atrás maniobraba un camión cargado de vigas de hierro. La carga se soltó y atravesando el parabrisas delantero del coche segó las cabezas de la familia y heló la carcajada de los empleados del concesionario. Aún se percibe en el coche ese maravilloso olor a nuevo.

(Eusebio Sánchez-Serrano M.)

Carcajada acojonante

Esto era un monstruo que no sabía que lo era puesto que no disponía de espejos en el ámbito en el que se desenvolvía y todo el mundo al verle soltaba una carcajada acojonante que le dejaba perplejo. ¿De qué se reirán estos cabrones pueblerinos?, se preguntaba Zaratustra, que así se llamaba porque también vivía en una cueva con un perro y un gato. Pero llegó un buen día en que un borracho le comunicó confidencialmente que se reían porque no llevaba una bolsa de deporte como todo el mundo en Zoroastria, población pequeña perdida en las montañas de Pirocantro. Entonces, el individuo persona soltó de nuevo una carcajada descojonante y le creció una maleta en su mano.

(Hipólito)

el libro del presente

La realidad de la imagen reclamó mi atención: Se podía ver el edificio donde trabajo, y aunque pueda parecer increíble, vi, por primera vez en los nueve años que llevo acercándome diariamente a este lugar, que tras él había un solar repleto de vegetación como un oasis. Entré sin darme cuenta, me sentí autorizado por la verja abierta y la hora de mi reloj que me indicaba disponer de quince minutos sobre mi horario de trabajo. (No presté atención a este asunto a pesar de ser bien extraño, pues mis rutinas no suelen sisarle al presente un premio de quince minutos, un verdadero presente.) Allí dentro, el espectáculo que me proporcionaban las variadísimas especies vegetales y todo el universo de aromas y susurros que percibía me conmocionaron. Tan absoluto era mi asombro que el sorprendente hecho de encontrar sobre una piedra un libro tibio al tacto, se me antojó tan lógico y natural como si yo mismo lo hubiera dejado allí cinco minutos antes. Al hojearlo advertí que reproducía fotografías. Mis dedos pararon en una de ellas, y al verla solté una risa nerviosa luego una carcajada. La realidad de la imagen reclamó mi atención: Se podía ver el edificio donde trabajo, y aunque pueda parecer increíble, vi, por primera vez en los nueve años que llevo acercándome diariamente a este lugar, que tras él había un solar repleto de vegetación como un oasis.

(Norje Lala)

Malentendido

Les voy a contar algo muy extraño que me pasó hace ya muchos años y que marcó mi vida para siempre. Estaba esperando mi turno en la cola de la carnicería del supermercado, cuando noté que una señora mayor vestida de negro me miraba fijamente. Al principio no le di más importancia, pero ante la insistencia de su mirada, empecé a sentirme algo incómoda. Finalmente, se acercó a mí y me dijo: “Te pareces tanto a mi hija”. Sonreí pero no dije nada. “El mismo pelo rubio, los mismos ojos azules. Eres idéntica a ella. Un coche me la mató, ¿sabes? Tendría más o menos tu misma edad.” Sentí lástima por la pobre anciana. “Mira, mira, te voy a enseñar su foto para que la veas. La tengo aquí en la cartera”, me dijo con lágrimas en los ojos. Sacó una foto vieja y arrugada de la cartera y me la enseñó. Era la imagen de una chica joven, de unos veinte años, pero no se parecía en lo más mínimo a mí. Está mujer está mal y no lo ha superado. Ha perdido el juicio, me dije. “Idéntica, eres igualita a ella. El mismo pelo rubio, los mismos ojos.” Asentí con la cabeza para no molestarla. Compré lo que necesitaba y me marché a casa. Desde aquel día, no he dejado de pensar en aquella extraña mujer. Aparece en mis sueños, en mis pesadillas, riéndose de mí a carcajadas. Soy morena y tengo los ojos marrones.

(A.C.M.)

La sabiduria

Hace unos siglos vivio un homdre el cual era popular por la gran sabiduria que tenia, la cual crecia dia a dia. Un dia llego un visitante ofreciendole la suya sabiduria, para convencerlo empezo a hablarle de cosas que nunca antes habia oido. "?Donde estan los libros donde hablan de eso?", pregunto el hombre. A lo que el visitante respondio. "No encuentro mi saber en los libros. Acompañame y te lo mostrare" Esa noche fueron a un monasterio. Alli empezaron a hablar con el Abad. "Hablanos de tu tierra",dijo el visitante. El Abad era de un tierra lejana y empezo a explicarles cosas que ellos desconocian. Mientras hablaba el visitante cogio una cruz y lo golpeo en la cabeza, abriendole el craneo. Cogio un trozo de su cerebro y se lo comio, entonces empezo a hablar en el dialecto del Abad. Se callo un instante y luego dijo. "Este es mi secreto, prueba y veras". El hombre no podia creer lo que habia visto, estaba muerto de miedo viendo como le ofrecia un trozo de cerebro mientras le decia. "No solo me da sabiduria sino vida, cuanta mas sabiduria tiene mas vida me da". El hombre se lo comio por miedo a que le ocurriese lo mismo. Al comerlo sintio una gran vitalidad y como entraban los conocimientos del Abad. "Es maravilloso,?por que compartes esto conmigo?", pregunto. El visitante solto una sarcastica CARCAJADA y respondio. "No quiero compartirlo contigo, sino quiero el tuyo"

(Maria Pla)

Una noche mas

Aquella carcajada le helo la sangre. No parecia posible que proviniese de algun lugar en la proximidades, sino de algo mucho mas tenebroso, desconocido. Decidio adentrarse entre aquella masa de luces relampaguenates, intetando alejarse de aquel sonido desacompasado, inconexo que parecia aproximarse a el en todas las direcciones. De repente un fogonazo, como un flash, cego por completo sus ojos, pero, podia ser un salida, intento dirigirse hacia el, pero algo lo impedia, sus piernas se encontraban ahora bloqueadas, no sabia que ocurria, no podia controlar sus musculos. De pronto un ruido seco, su cabeza habia golpeado el suelo. Cuando de pronto aparecio una forma, que lo cogio entre sus brazos, sin posibilidad dde escapatoria, se desvanecio. A la maniana siguiente, su sensacion de terror aumento. Se aventuro a salir de ese improvisado refugio e intentar reencontrar su camino donde lo perdio anoche. En su oficina habia comenzado todo, era la noche de celebracion de los resultados conseguidos por su grupod de ventas…..Se aproximo al lugar, y una verdadera sensacion de terror se apodero de el. Todos su miedos atesorados se hicieron realidad… y en tablon de anuncios vio lo que temia. Las fotos de la noche anterior, todo un reportaje completo, comenzando desde el primer tequila, hasta como habia demostrado a todos su virilidad con los pantalones bajados, sin olvidar, la epica charla con el CEO, futuramente recordad por generaciones y generaciones de empleados. Y ahora la verdadera historia empezaba, el dia despues.

(Alvaro Garcia)

Laringotomías cotidianas

Meses hacía que se había descuidado el mantenimiento del patíbulo y de sus avíos, cuya descarnada fungibilidad tuvo en mi cerviz su certificación más concluyente. Eran tiempos en los que la posesión de un patrimonio visible constituía un salvoconducto garantizado para ser conducido con escarnio hasta la plaza de Luis XV. La canasta que tenía frente a mí, ya postrado y abrazado al yugo, se adivinaba de esparto y estaba impregnada de grumos sanguinolentos a los que se adherían mechones de pelo que mis predecesores dejaron allí abandonados. Su fondo, una ciénaga espesa de tibios humores, futuro condimento de mis orejas. En un instante, un chirrido y un crujido inextricables anunciaron el vértigo de la cuchilla, que se desplomó sobre mi cerebelo y quédose a medias en el tajo. El consiguiente calamorrazo contra el travesaño inferior de la estructura dio, naturalmente, pie a más de una carcajada del respetable, mientras mis fosas nasales se anegaban en mi propia sangre. Unción extrema. Recuerdo sentir como alguien tiraba al descuajo de la maraña de cabellos que poblaban mis sienes, de uno a otro lado, primero; como quien aprieta un torniquete, después. Una vez en sazón, arrancome del tallo, mirome paternalista a los ojos sacudiendo la chola, y soltome al canasto con el consiguiente estrépito para que pudiera ver cómo mis manos, todavía presas, se despedían de mí con un lánguido gesto. Era la época tardía del Terror ; pero cuando despertara de la cabezada de sobremesa tenía que volver al quirófano.

(Raúl García)

El baúl

Hace mucho tiempo que mi tía falleció. La verdad es que no lo recuerdo, yo era muy pequeña, pero sigo teniendo la imágen de ella en mi mente. Era una persona con una estatura de aproximadamente 2 metros, el pelo cano y revuelto, con una desviación de nariz que la hacía parecer rara y lo más extraño era un enorme grano que tenía en un hombro, que más que grano parecía una joroba desviada. Pero, con todo lo desagradable de ver que era mi pobre tía, era la persona más amable que recuerdo. Me dejó a mi, su única sobrina, en herencia un pequeño piso en el centro de un pueblo en las afueras de Salzburgo. Fuí allí a pasar mis vacaciones y sentada en el pequeño salón me puse a pensar. ¿Cuánto tiempo hace que vengo a este piso y aún no he abierto el baúl que me encontré en el trastero? Decidida y con paso firme me acerco al trastero. Solamente el hecho de pensar en lo que me podría encontrar, me hacía temblar todo el cuerpo. La luz del trastero parpadeaba y me costó encontrar el baúl, pero una vez delante de el lo abrí. Un escalofrío pasó por todo mi cuerpo, había notado una ráfaga de aire frío saliendo del baúl y una carcajada retumbaba por todo el trastero. "¡Tendrías que verte la cara de susto que tienes, cada vez te pareces más a tu tía!" Mi madre, muerta de risa, había venido a verme.

(Anja)

Cómo fue mi muerte

Ayer decidí matarle. Envidiaba su vida, su suerte, su riqueza, su mujer, su coche, todo. La sola presencia de una foto suya me producía unas náuseas difíciles de soportar. De niño era mi mejor amigo, pero su éxito profesional engendró en mí un odio tal que en la última semana se convirtió en mortal. “Le cortaré en pedacitos y con ellos daré de comer a mis perros”. En estos asuntos estaba pensando absorto cuando me presenté en su casa con el hacha que guardaba de mi padre. Un hacha sin filo, oxidada, asesina, sonriente, ansiosa de matar, destruir, despedazar. La sensación de golpearle e ir quitándole la vida a cachos me producía una sensación excepcionalmente agradable. A cada golpe gritaba de placer y sorbía su sangre que manaba a borbotones de su cuerpo. Él gritaba como un cerdo en el día de San Martín. Sin embargo sucedió lo inesperado. Con fuerza sobrehumana, como transformado por el pánico o el terror de la muerte cercana e inexorable, se desprendió de mi abrazo y se abalanzó sobre el cuchillero de la cocina. De pronto mi garganta se empapó de sangre que no era la suya. Caí en la cuenta de que también me llegaba el final a mí por un golpe fatal del destino. Y ante mi asombro la sensación seguía siendo de placer. Moría yo y moría él. No pude más que echar una última carcajada roja y ahogada ante su estúpida expresión.

(Sergio Cardona Patau)

Terror

Aparece un tipo con gafas que parece tener bien aprendida la lección. A continuación pasamos a desglosar la actualidad del día en los siguientes titulares:.- Un hombre asesta 25 puñaladas a su mujer..- La diplomacia internacional responde con dureza a las declaraciones de Sharon en las que comentaba que el plan de paz XPR43 le produce carcajadas..- George Bush anuncia que no respetará el tratado de Tokio sobre emisiones a la atmosfera..- Los talibanes hacen caso omiso de las advertencias internacionales y ejecutan a 34 mujeres. El tipo se calla, se queda mirando fijamente a la camara, se seca el sudor con un pañuelo,en el que pueden distinguirse sus iniciales bordadas, y continúa.- Sudamérica sigue estando jodida y nadie pone remedio.- Continúan las matanzas indiscrimadas en todo Africa, creo que es por guerras o algo así..- Asia, bueno asia, eso es la hostia. Da igual, yo me piro, señores, que les aproveche yo ya he tenido bastante terror por hoy y para los siguientes 50 años.

(Perro Loco)

La Mansion

Apenas tenia cinco años, estaba solo y lleno de sudor en aquella habitacion fria y oscura, me salia un gemido casi inaudible cuando intentaba pedir auxilio a mi madre, se oia un perro aullar y aquel payaso solto su terrible carcajada.

(Andres Fdez)

Delirios de insania

Resulta grato recordar que, de vez en cuando, al resto también le invade el mal. No es necesaria la noche, aunque si las farolas no han despertado es más sencillo. ¿Qué prefieres?. Los rincones del almacén estaban cargados de polvo y sombras, ella lloraba... él no detenía su discurso... ¿No quieres hablarme?... ¡Responde!. Imposible, sentía como si un clavo ardiendo le penetrara la garganta... ¿Cuantos años tienes?. Y la carcajada del oscuro rompía sus esperanzas de clemencia y la angustia era más fuerte que las cuerdas que la mantenían fija a la butaca. Quizá era más fácil dejarse llevar por la inconsciencia, así que contuvo la respiración hasta que no pudo más... no sabía morir. Mi profesor de religión decía que yo no había sido llamado por Dios, así que una vez muerta no me volverás a ver nunca más, ¿Aliviada?. Tienes suerte ¿Sabes?, no soy ningún sanguinario, simplemente pretendo evitar que algún día tú te conviertas en lo mismo que soy... Sus labios estaban rotos y en su rostro las marcas de sal eran testimonio de horas de hastío y tortura. Los ojos de la hermosa joven carecían de mirada, no había brillo en su alma... no había nada. No creas que lo siento, no. Ser un esbirro del mal no es agradable, aunque lo acepto como una misión... ya verás, vas a ser libre. Un sordo crujido acabó con sus lágrimas. Ya no habrá más sonrisas para la princesa del cuento que apenas duró una vida.

(Fran T. Guevara)

Los amantes

Cuando lo conté, aquél treinta de marzo, por trastornada me tomaron. Aletargada en un desvencijado vagón, espiaba, ese día, el cementerio. Vislumbré al Alcalde del pueblo, quién, con sombrero calado hasta dominar el sentimiento, recostaba el hombro sobre el ciprés que adornaba el más ostentoso de los panteones. Chirrió la verga y la mujer del sargento Atanasio, ataviada con vivos colores, pisó el campo santo. Las hojas de los árboles callaron. Las abejas, que construían su panel entre las tumbas, se ocultaron separando los pétalos de los crisantemos que el jardinero regaba cuatro veces en semana. No se sabía para qué, porque siempre estaban mustias. Se perdió en las entrañas de la tierra, de nuevo, la hierba, hendida por las pisadas de un quimérico romance. El alcalde aplastó el cigarrillo de un certero taconazo. Pero la lumbre del pitillo seguía encendida, inalterable. Ni en el infierno se consumía. El alcalde ciñó la mano de su amante y juntos desaparecieron tras la pared donde estaban sepultados sus cuerpos. Regresaron a la media noche, y después de darse un beso, cada uno taponó su propio nicho. Paseaban juntos, pero sólo podían hacer esto. Ni siquiera en la eternidad pudieron encontrarse. Se oyó una carcajada. Era Atanasio, que los había matado hacía dos lustros.

(Araceli Lagar Trigo)

Otro día

Como cada mañana se despertó envuelto en el mismo sudor frío que le acompañaba desde que su vida cambió por completo. Todavía le costaba acostumbrarse a su nueva condición y las luciérnagas que acompañaban sus pesadillas no eran capaces de iluminar su apesadumbrada senda. Infinidad de conceptos se agolpaban en su mente a medida que iba despertando a su mundo. Respiraba con dificultad y al incorporarse, todo el peso del universo recaía sobre sus hombros. Una carcajada a destiempo le recordaba que lo que tenía era lo que había estado buscando desde hace tiempo. Sólo él era el culpable del horror en el que se veía inmerso. El café de microondas, el afeitado a ciegas, el golpe con la mesa, pisotear la ropa tirada del día anterior, el asfixiante nudo de la corbata.. y lo peor de todo el dar el portazo final para afrontar de nuevo aquello que más pánico le producía en el mundo : otro soporífero día de trabajo rodeado de la gente a la que más odiaba y a los que tenía atemorizados. Jamás debió hacerse jefe pero aquella mañana la soga le liberó de su terror y nunca más volverá a despertarse en aquel horrible sudor frío.

(Juan Pedro García Ballesteros)

¡HORROR!

Una carcajada de locura y desesperación ha explotado en mi boca e inundado toda la oficina cuando me han dicho que hoy, finalmente, no cobramos. Dicha certeza me ha creado una enorme incertidumbre puesto que tengo 245 pesetas en mi cuenta bancaria ¡HORROR!, lo cual no es suficiente para comprarle una bateria nueva a mi coche, el cual esta "tirado" en el descampado donde en las fiestas de mi pueblo (Getafe) "plantan" los "cacharros" de la feria, y mas concretamente en el punto exacto donde cada año se ubican los urinarios móviles...la feria empieza hoy, se aceptan donativos.

(Jorge de Miguel Martín)

Malentendido

Les voy a contar algo muy extraño que me pasó hace ya muchos años y que marcó mi vida para siempre. Estaba esperando mi turno en la cola de la carnicería del supermercado, cuando noté que una señora mayor vestida de negro me miraba fijamente. Al principio no le di más importancia, pero ante la insistencia de su mirada, empecé a sentirme algo incómoda. Finalmente, se acercó a mí y me dijo: “Te pareces tanto a mi hija”. Sonreí pero no dije nada. “El mismo pelo rubio, los mismos ojos azules. Eres idéntica a ella. Un coche me la mató, ¿sabes? Tendría más o menos tu misma edad.” Sentí lástima por la pobre anciana. “Mira, mira, te voy a enseñar su foto para que la veas. La tengo aquí en la cartera”, me dijo con lágrimas en los ojos. Sacó una foto vieja y arrugada de la cartera y me la enseñó. Era la imagen de una chica joven, de unos veinte años, pero no se parecía en lo más mínimo a mí. Está mujer está mal y no lo ha superado. Ha perdido el juicio, me dije. “Idéntica, eres igualita a ella. El mismo pelo rubio, los mismos ojos.” Asentí con la cabeza para no molestarla. Compré lo que necesitaba y me marché a casa. Desde aquel día, no he dejado de pensar en aquella extraña mujer. Aparece en mis sueños, en mis pesadillas, riéndose de mí a carcajadas. Soy morena y tengo los ojos marrones.

(A.C.M.)

Malas pasadas

Oigo sus gritos a pesar de estar situada en la otra sala, son cortos pero penetrantes, lo suficientes como para que me provoquen escalofríos cada vez que los evoca. Tengo miedo de ser la próxima, lo presiento, sé que la señora saldrá y pronunciará mi nombre y será inevitable, me levantaré de la silla en la cual me hallo y comenzaré mi corto peregrinar hasta el asiento que la mujer me indique, me dejaré hacer. Vuelvo a oírla y no puedo soportarlo, debería levantarme y marcharme, pero soy lo suficientemente cobarde como para no echar atrás la decisión tomada. Podría verla si me inclinase hacia mi derecha, pero no me atrevo, esperaré, cuando salga le miraré a los ojos y decidiré. Oigo como la señora se ríe y le tranquiliza, todo ha ido mejor de lo que esperaba. Comienzan a dirigirse hacia donde me hallo, bajo la vista y cuando siento que están cerca de mi les miro. A ambas. Sonríen y hablan, comentan sobre lo sucedido, yo tiemblo. Entonces la señora pronuncia mi nombre, la miro, me mira, me levanto, me acompaña. La peluquera me hace sentarme en la silla predestinada y coge las tijeras, yo me encojo en la silla, ella suelta una carcajada

(Vértigo)

El payaso

El circo estaba repleto, las carcajadas quedaron detrás del payaso que se alejo de la pista central. Giro en dirección a los camerinos de los artistas y vio a lo lejos al domador, hacía días que lo rehuía. Su ultima discusión fue muy dura, aquel hombre no era bueno golpeaba a los animales casi tanto como a su pobre mujer. La ultima vez el estaba demasiado cerca, y no pudo permanecer impasible, no era mas que un payaso del circo, pero tenía corazón. Desde entonces sabía que tenía un enemigo atroz. Miro hacía atrás y acelero el paso y comenzó a caminar mas deprisa intentando escapar sin saber hacia donde. Caminaba entre los carromatos girando hacia un lado u otro indistintamente. Miro de nuevo atrás no lo vio.Habia silencio, los animales estaban callados, como si presagiaran algo malo. De repente una sombra apareció entre dos carros, era él.Quedaron en silencio, el domador llevaba algo en la mano derecha, era una barra.Salió corriendo huía de el giro varias veces y finalmente se dio de bruces con una jaula, no vio ningún animal y entro en ella. El domador lo siguió quedaron frente a frente pero ahora no tenia escapatoria. De repente un rugido detrás de ellos, no estaban tan solos. El tigre los miro y salto sin darles tiempo a reaccionar, corrió hacía la puerta al ver que el animal estaba totalmente dedicado a su presa, el domador, salió cerro la puerta debajo del cuerpo yacía un charco de sangre.

(FELIX)

MIEDO FELINO

Devuelta del trabajo y mientras cruzaba el zaguán de su casa para alcanzar la cancela y entrar por fin en su refugio, como él decía, se sintió, de pronto, sorprendido por un leve maullido. Buscó al animal, pero quedó desconcertado al no encontrarlo por ninguna parte. Rápidamente cruzó la cancela y la cerró con prontitud. Ya dentro, intentó tranquilizarse; pensó que quizás el gato salió del umbral con sigilo, o tal vez el animal estaba fuera, o a lo mejor todo eran imaginaciones suyas... En realidad, nada le tranquilizó. Al día siguiente, cruzó aquel espacio velozmente; ya llegaba tarde al trabajo. Su vuelta, sin embargo, no fue rápida; su andar, era pesado, como si sus pies estuviesen embarrados, su cara se mostraba tensa y sudorosa y, sentía un miedo que él mismo consideraba irracional. Temía encontrarse de nuevo, en aquel espacio transicional entre su casa y el mundo, el sonido, estaba seguro, que había escuchado el día anterior. Por fin llegó al portal. Tímidamente lo cruzó y, de manera temblorosa y destartalada se dirigió hacia la cancela. Pero de pronto oyó un rugido de León, fuerte y poderoso. Aterrorizado, comenzó a gritar; su mujer, asustada, abrió la cancela. El hombre esta vez sí consiguió ver el animal de donde partía el terrible ruido. De su garganta salió una estridente carcajada y abalanzándose sobre la fiera la ahogó con sus propias manos. Pasados dos años ya estaba curado, pero seguía aterrorizado. Sabía que había matado a su mujer.

(MIGUEL RUEDA BRENES)

Carcajada acojonante

Esto era un monstruo que no sabía que lo era puesto que no disponía de espejos en el ámbito en el que se desenvolvía y todo el mundo al verle soltaba una carcajada acojonante que le dejaba perplejo. ¿De qué se reirán estos cabrones pueblerinos?, se preguntaba Zaratustra, que así se llamaba porque también vivía en una cueva con un perro y un gato. Pero llegó un buen día en que un borracho le comunicó confidencialmente que se reían porque no llevaba una bolsa de deporte como todo el mundo en Zoroastria, población pequeña perdida en las montañas de Pirocantro. Entonces, el individuo persona soltó de nuevo una carcajada descojonante y le creció una maleta en su mano.

(Hipólito)

El baúl

Hace mucho tiempo que mi tía falleció. La verdad es que no lo recuerdo, yo era muy pequeña, pero sigo teniendo la imágen de ella en mi mente. Era una persona con una estatura de aproximadamente 2 metros, el pelo cano y revuelto, con una desviación de nariz que la hacía parecer rara y lo más extraño era un enorme grano que tenía en un hombro, que más que grano parecía una joroba desviada. Pero, con todo lo desagradable de ver que era mi pobre tía, era la persona más amable que recuerdo. Me dejó a mi, su única sobrina, en herencia un pequeño piso en el centro de un pueblo en las afueras de Salzburgo. Fuí allí a pasar mis vacaciones y sentada en el pequeño salón me puse a pensar. ¿Cuánto tiempo hace que vengo a este piso y aún no he abierto el baúl que me encontré en el trastero? Decidida y con paso firme me acerco al trastero. Solamente el hecho de pensar en lo que me podría encontrar, me hacía temblar todo el cuerpo. La luz del trastero parpadeaba y me costó encontrar el baúl, pero una vez delante de el lo abrí. Un escalofrío pasó por todo mi cuerpo, había notado una ráfaga de aire frío saliendo del baúl y una carcajada retumbaba por todo el trastero. "¡Tendrías que verte la cara de susto que tienes, cada vez te pareces más a tu tía!" Mi madre, muerta de risa, había venido a verme.

(Anja)

La oficina del paro

la carcajada que le produjo ver los miembros descuartizados se oyó en todo el edificio, un edificio de esos en los que nada es bonito ni siquiera el patio lleno de niños podia arrancar una sonrisa a la persona mas optimista.Julio vivia en el sexto, era un hombre extraño con una mirada triste,su mujer Eva era temida por todos los niños del vecindario y porque no decirlo Julio la temia y la odiaba al mismo tiempo, ella se reía continuamente de la enfermedad de Julio al cual le habian diagnosticado una depresión aguda. Aquel dia Julio había salido a trabajar como todos los dias en la oficina del Inem, llevaba en el mismo trabajo 20 años y seguia en una ventanilla sellando las tarjeta a cientos de parados diariamente.Pero aquel dia se sentía extraño, no podía explicarlo pero incluso sonrió a alguna de las personas a las que atendió, al terminar el turno se dirigio a su casa pensando en la cena que su mujer le había preparado, era viernes así que debía ser tortilla de patatas, pero según se acercaba a la puerta un olor intenso le invadía, era parecido al olor de la barbacoa cuando se deja un dia entero sin limpiar, abrió la puerta y entendió el porqué del olor Eva había prepardo un asado de ternera, Julio odiaba la ternera y en ese mismo instante se le nublo la vista

(Iñigo)

CELOS

Vale, es cierto que he reído al decirte que me acostaba con otro. Pero esa carcajada no era una burla, tan sólo los nervios. Tus malditos celos siempre consiguen sacarme de quicio. "Déjame, por favor. Me haces daño", te ruego con la mirada sin conseguir emitir ni un leve sonido. En este momento, mientras me estrangulas, tú te estás convirtiendo en un asesino y yo estoy muriendo por una mentira.

(VK)

Cumpleaños feliz

Horas después de aquel descubrimiento, frente a la tarta de cumpleaños repleta de velas, Julia habría de recordar aquella frase tan odiosa sobre las vueltas que da la vida. Una foto, una estúpida foto guardada en un cajón, acababa de poner fin a su matrimonio, justo el día en que su marido cumplía años. En ese momento escuchó el timbre de la puerta. "Bienvenidos", exclamó al ver a los padres de Andrés. "¿Y mi hijito?", fue lo primero que dijo su suegra. "Ha salido por más vino, pero entrad y sentaos. ¿Queréis un vermut?", dijo recogiendo sus abrigos. "Yo prefiero un whisky", dijo su suegro. "Nada", apostilló la otra. Tomaron asiento y bebieron en silencio. "Salud", dijo Julia simulando un entusiasmo tan falso como su sonrisa. La mujer levantó la copa con desgana y rozó la de su nuera. "¿Empezamos a comer? Andrés vendrá enseguida", continuó Julia destapando la bandeja de plata con gesto teatral. Fue la última imagen que contempló su suegro antes de que el corazón le dejara de latir. La cabeza de Andrés, perfectamente horneada, parecía querer escapar de aquella guarnición de zanahorias. Una manzana había tapado para siempre su grito de horror. Su suegra tardó un instante en atravesar la frontera que separa la realidad de la locura. Gritó y gritó, sin importarle que su nuera estuviera cantando la horrible canción del "cumpleaños feliz". Nada más terminar el estribillo, Julia introdujo el cañón del arma en su boca y borró su carcajada para siempre.

(Luis María Murciano)

El abuelo

-Voy por el tercer escalón. La voz del abuelo muerto la estremecía a cada nuevo paso. Y la niña se tapaba con las sábanas hasta que casi no entraba ni el aire necesario para respirar. "No debería haberlo hecho", pensaba, pero su glotonería la había llevado hasta eso. Cuando su madre le había dado aquella tarde el dinero para ir a comprar hígado a la carnicería, no pudo evitar gastárselo al pasar frente a aquellos pasteles que parecían llamarla. ¿Quién iba a resistirse a aquella tentación? Y como no podía volver a su casa sin el recado de su madre, fue capaz de profanar la tumba de su abuelo, muerto recientemente, para conseguir lo que en aquel momento necesitaba. Y ahora escuchaba la voz del abuelo, que subía por la escalera. -Voy por el noveno escalón. Llegados a este punto sonó una estruendosa carcajada… Y es que Marta nunca podía aguantar la risa cuando su hermana le contaba ese cuento, que ya había escuchado más de cien veces en los lluviosos días de invierno.

(RSH)

la vista perdida

Me miro las manos y no paran de temblar, la gente me mira y a mi alredededor, solo se escuchan carcajadas, me tapo mis orejas con mis manos y aprieto fuertemente, en casa no hay nadie, me miro delante del espejo, y mi cara esta llena de sangre, una sacudida me llena el cuerpo, busco en los bolsillos y alli esta.......un ojo más.

(Susana Wollowski)

El Niño

Todo giraba alrededor de mí, aquella calurosa noche de Veranao. Entre carcajada y carcajada producida por mi tremenda embriaguez, iba cerrando mis ojos dispuesto a descansar a penas unas horas antes del amanecer. La sed me atenuaba con lo que me levanté dirigiendome hacia la cocina, por el largo pasillo de mi casa. De repente......mis carcajadas se convirtieron en pequeños temblres de miedo. Había visto algo, una luz, un resplandor, algo...no sabía lo que era. Se mezclaban con un repetitivo sonido de voces que me decían: vuelve, vuelve a la cama.... Cuando me disponía a beber agua, mirando de un lado para otro, porque no me podía creer lo que estaba sucediendo, abrí la puerta de la nevera y la luz....de repente a mi lado, un niño me decía.....deja de beber de una botela vacía.

(CARLOS ALONSO DÍAZ - PORTALES)

El psicopata que veía Cine de Barrio

Ana escuchaba con delectación el crepitar del maíz El timbre del teléfono sonó como un serrucho en el lejano salón. Corrió hasta él, provocando un sensual terremoto en sus púberes pechos. –¿Sí? ¿Quién es? –Hola, Ana...ummm ¿Qué bien huelen las palomitas! –¿Quién eres? ¿Cómo sabes que estoy haciendo palomitas? –¿Te gusta el cine español, Anita? –Juan, deja de hacer el tonto. Ya sé que eres tú. Me quieres asustar como en esas películas de terror. Seguro que me estás viendo desde la ventana, ¿no?... –En verdad estoy en el porche, junto al cadaver de tu novio el musculitos. ¿Se llamaba Juan? Bueno, era un cretino. Lo cierto es que la voz acojonaba bastante. – Has visto Scream ¿no? –continuó el psicópata–. Yo te hago una pregunta y si la aciertas me voy, si la fallas...te asesino. ¿Cómo se llamaba el hijo pequeño de Alberto Closas en la Gran Familia? –Pero...¿qué tipo de pregunta es esa?...¿Eres un psicópata cañí o qué? Era Chencho, el que se pierde en la Plaza Mayor... (.....) –Lo siento. Si fueras una verdadera fan sabrías que la pequeña Ana nace en La Familia y uno más. provocando la muerte de su madre....por cierto, Ana, muerte... Una terrórifica carcajada sonó al otro lado de la línea y entonces algo pesado entro por la ventana.

(Daniel Entrialgo Ibarrondo)

El abuelo

-Voy por el tercer escalón. La voz del abuelo muerto la estremecía a cada nuevo paso. Y la niña se tapaba con las sábanas hasta que casi no entraba ni el aire necesario para respirar. "No debería haberlo hecho", pensaba, pero su glotonería la había llevado hasta eso. Cuando su madre le había dado aquella tarde el dinero para ir a comprar hígado a la carnicería, no pudo evitar gastárselo al pasar frente a aquellos pasteles que parecían llamarla. ¿Quién iba a resistirse a aquella tentación? Y como no podía volver a su casa sin el recado de su madre, fue capaz de profanar la tumba de su abuelo, muerto recientemente, para conseguir lo que en aquel momento necesitaba. Y ahora escuchaba la voz del abuelo, que subía por la escalera. -Voy por el noveno escalón. Llegados a este punto sonó una estruendosa carcajada… Y es que Marta nunca podía aguantar la risa cuando su hermana le contaba ese cuento, que ya había escuchado más de cien veces en los lluviosos días de invierno.

(RSH)

LA CUEVA

- No creo que pueda aguantar ya más... ( Estoy solo, no he dicho a nadie que iba a venir. Se que gritar sólo acabará con mis fuerzas y el poco oxígeno que aún pueda quedar. Y aunque consiguiera desatascarme, ¿De qué serviría?; si no tengo ya pilas, y el carburo se me cayó en “la sima del caracol”) - ¡aaah!, no puedo respirar, ¡off, off, off, off,...! ( Tanta oscuridad me puede; no quiero terminar aquí, pero ya no tengo argumentos para resistir. Llevo ya cerca de 40 horas así; estoy boca abajo y ya no siento las costillas. Ahora se cómo mueren los crucificados: ¡por asfixia!. Pero yo, yo voy a morir de miedo; de miedo a morir.). ( También se que el siseo constante que oigo no son los murciélagos. Es el viento en las cavidades. Y ahora se también porqué la llaman así: “ La cueva de la Carcajada”; se rie de quienes la violentamos y su risa no es sólo un sonido; es también una venganza )

(PEDRO DE LA FUENTE)

CELOS

Vale, es cierto que he reído al decirte que me acostaba con otro. Pero esa carcajada no era una burla, tan sólo los nervios. Tus malditos celos siempre consiguen sacarme de quicio. "Déjame, por favor. Me haces daño", te ruego con la mirada sin conseguir emitir ni un leve sonido. En este momento, mientras me estrangulas, tú te estás convirtiendo en un asesino y yo estoy muriendo por una mentira.

(VK)

Sensaciones

Me estoy riendo. Me estoy riendo. Me muero de risa. Me recorre el cuerpo una carcajada interminable. Mientras tanto, unas manos gélidas tocan mi rostro. Escurren el sudor que cae por mi frente. Me vuelven a rozar unas manos. Agarran mi cuello y unos labios helados buscan mi cuello. Buscan el punto. Me río más fuerte. Lloro. Encuentran el lugar exacto, donde la mordedura anterior. Unos colmillos ardientes se clavan en mi piel, la atraviesan, de nuevo arde mi cuello y la sangre comienza a fluir. No puedo abrir los ojos, la venda me lo impide. Sigo riendo y llorando a la vez.. Mis piernas se retuercen en un espasmo. Otra boca prende en mi brazo. Los colmillos me desgarran de nuevo. Succionan. Ya no puedo reírme, sólo las lágrimas siguen resbalando por mis mejillas. Cuando la tercera boca prende en mi costado, ya no siento dolor, sólo mi cuerpo que se va helando poco a poco, y el sudor del miedo, que se va congelando en mis costados. ¿Por qué? ¿Quién? No puedo preguntar. Yo sólo dormía. Ahora ya nada importa, nada más que el fluir de mi sangre que se va deslizando en esas tres bocas ansiosas. Quien lo probó lo sabe…

(Olivia Martín)

El sordomudo

Mientras sus padres rezaban junto a la lápida, el niño se alejó hasta el osario, una estructura de hormigón cuyas paredes y techo cerraban la amplia fosa. Se encaramó a su superficie para recorrerla. El sol podría haber penetrado hasta la sepultura, pero sobre las oquedades por las que lanzaban los huesos habían dispuesto losas de piedra. Una permanecía ligeramente retirada, lo justo para que alguien con sus dimensiones cupiese. Arrodillado en el cemento, se asomó al interior. Abajo, a varios metros, distinguía entre las sombras una pila confusa de tibias polvorientas, cuencas vacías, ropa desvencijada, costillas rotas y calaveras que los gusanos habían limpiado. Estaba inmóvil por el asombro, cuando una mano helada lo empujó. La caída contra los restos óseos y la fragilidad de su cuerpo le obsequiaron con diversas fracturas y un esguince de tobillo. Tendido en las tinieblas entre una calavera que continuaba el proceso de descomposición y un amasijo de osamentas, permaneció exánime. La sangre se le derramaba por los ojos, de los que escapó una lágrima de pánico. De noche, con el cementerio desierto, sin esos padres que habían buscado a su hijo sordomudo, una figura se asomó con un candil al hueco del osario. Al fondo vio a la víctima que agonizaba de sed y de hambre y de hemorragia, mientras las larvas de los muertos recientes se le encaramaban a las heridas. El coleccionista de cadáveres infantiles rasgó la noche con una carcajada grotesca y descorchó una botella de vino.

(José Angel Barrueco)

La eterna pesadilla

Otra vez oyó aquella voz. Pero esta vez no era aquel susurro que desde hacía más de un mes le hacía despertarse asustado y empapado en sudor, ésta vez era un grito indescriptible, como una carcajada. Se levantó y se fue a la cocina a beber un vaso de agua. Estaba todo oscuro pero al final del pasillo, antes justo de llegar a la puerta que daba al recibidor lo vió..., allí estaba, de pie, mirándole, con la misma cara que le miraba antes, cuando dormían juntos en aquella habitación llena de peluches y cochecitos de colores, cuando no podía dormir pensando que aquella cara le haría algo cuando se durmiese, y ahora, después de tantos años, estaba ahí, delante de él. Sin pensárselo más se abalanzó sobre él y le arrancó la cabeza, ya no volvería a molestarle más, ya no volvería a escuchar su risa de payaso infantil, continuó hasta la cocina y bebió un trago grande de agua. Al día siguiente llegó la policía, alertados por María, la asistenta, que al llegar como todos los días a casa de Enrique a limpiar, se le encontró en el suelo, justo antes de llegar a la puerta que comunica el pasillo con el recibidor, en un charco de sangre, con la cabeza separada en el cuerpo y un gorrito de payaso de juguete en la mano.

(Elisa Jiménez)

EL COCO

mama, mama, grito con fuerza dentro de mi cabeza, no puedo hacerlo con la boca, que viene el coco. El coco me cogió por la cintura cuando volvía a mi aldea de la escuela, me metió en un camión a mi y a mis amigas, el coco nos pega mucho, a veces es alto, otras es gordo, me hace tanto daño, las carcajadas del coco suenan muy fuerte en mi cara, a veces no puedo respirar cuando esta encima. Mama si yo he sido una niña buena, ¿porque a venido el coco a por mi?

(Paz Mtnez)

CALLE PRECIADOS

EL CALOR ERA SOFOCANTE. 40º A LA SOMBRA.MILES DE CUERPOS SE AFANABAN EN SOBARSE, EN ROZARSE, EN SUDARSE CON EL FIN DE ADELANTAR UNOS METROS EN BUSCA DE LA DESEMBOCADURA DE LA CALLE PRECIADOS. LA PUERTA DEL SOL ERA LA META FINAL DE MI PATERA (100 KG. DE PESO). DE REPENTE UNA RISA SE TRANSFORMO EN UNA CARCAJADA A ESCASOS CENTIMETROS DE MI NUCA. VI LA MUERTE POR LA ESPALDA. LA MAREA HUMANA ME IMPEDIA DARME LA VUELTA PARA DETECTAR EL MONSTRUO QUE ENTRE TANTA GENTE ME ACOSABA. SIN DUDA ALGUNA UNA PUÑALADA NO SERIA ADVERTIDA POR NADIE. AL FIN, ENTRE ANGUSTIOSOS PUÑETAZOS Y EMPUJONES VI LA CARA DE MI AGRESOR, MEJOR DICHO DE MI AGRESORA. ERA TAMARA Y JUNTO A ELLA ESTABA SU MADRE. NO RECUERDO NADA MAS PUES TAL VISION ME PRODUJO UN DESMAYO FULMINANTE.

(MARIO GUIMERANS IGLESIAS)

¡HORROR!

Una carcajada de locura y desesperación ha explotado en mi boca e inundado toda la oficina cuando me han dicho que hoy, finalmente, no cobramos. Dicha certeza me ha creado una enorme incertidumbre puesto que tengo 245 pesetas en mi cuenta bancaria ¡HORROR!, lo cual no es suficiente para comprarle una bateria nueva a mi coche, el cual esta "tirado" en el descampado donde en las fiestas de mi pueblo (Getafe) "plantan" los "cacharros" de la feria, y mas concretamente en el punto exacto donde cada año se ubican los urinarios móviles...la feria empieza hoy, se aceptan donativos.

(Jorge de Miguel Martín)

Los tirabuzones de la muerte

No fue esa carcajada histérica que le despertaba todas las noches lo que más miedo le dió. Sintió verdadero pánico tras escuchar a aquel espectro con forma de niña de finales de siglo IXX decirle la fecha de su muerte y el cruel destino que le aguardaba.

(Rafael Martinez)

Sudor y sangre

Sudor y sangre. Churchill se lo pidió a Gran Bretaña, pero ni yo soy británico ni estamos en guerra. No he hecho nada para llegar hasta aquí, pero la realidad es que no estoy soñando. Un escalofrío recorre mi cuerpo, y no paro de temblar. Hace frío, y algo me roza el cuello. Algo gélido, afilado, que antes he podido sentir en el dorso, causándome una herida por la que siento que se me escapa la vida. Tengo los ojos vendados, incrementando mis temores hasta un punto intolerable.No oigo nada, pero siento que alguien está ahí delante, manejando los hilos de todo. Me mareo, las fuerzas me abandonan, y sin embargo, quiero saber más, que algo pase, no puedo aguantar esta espera. Al fin, una mano me quita la venda, y allí están todos, mirándome con ojos curiosos, coincidiendo en una enorme carcajada. Mientras una terrorífica mandíbula se dirige hacia mí, sólo puedo pensar:"Pues no se vivía tan mal en la Tierra, al menos mi novia no tenía halitosis"

(Jaime M)

El Horror de Cada Año

Entró en la sala. Llevaba sintiendo esa sensación de frío desde hacia media hora, desde el mismo momento en el que había entrado en el edificio... El ambiente era gélido, las caras que se veían en los pasillos y estancias sólo reflejaban angustia.. Sintió el crujido de la puerta cerrándose a su espalda, y notó como si una garra le atenazase el cuello. Caminó lentamente hacia el fondo de la habitación mal iluminada, hacia una mesa en la que se sentaba un hombre de tez grisácea. No pudo más, sus piernas se quebraron, y avanzó el espacio que quedaba hasta una silla vacía arrastrándose sobre sus rodillas vacilantes. Se sentó. El hombre le arrancó de las manos una gruesa carpeta, que examinó pasando hoja a hoja con sus arrugadas y amarillentas garras... Sintió miedo. El miedo más horrible que nunca había sentido. Pasaron los segundos, luego los minutos, y el sudor corría por su frente a pesar del aire gélido. Hasta que el otro hombre dejó aparte los papeles, los selló con la sangre fresca de anteriores víctimas, y pronunció las palabras: a devolver, pase por caja y de sus datos. Una carcajada liberó su tensión, un año más había sobrevivido.

(Jose Irañeta)

El Albergue

Tuve que parar en medio del camino que llevaba de aquel sórdido albergue al pueblo ladera abajo, una isla de luces en la noche estival. El sudor empapaba mi cuerpo y el pulso acelerado se debía tanto al miedo como al esfuerzo... las ramas me sobresaltaron y una lechuza me miró a los ojos tras la maleza. Retrocedí un instante, aparté mi vista y miré al cielo ahogado por los llantos y la desesperación. Aun tenía muy presente la carcajada aguda, hiriente, penetrante, clavada en mis oidos aquella mujer salida de la nada en la escalera... las voces me gritaban desde las paredes, me decían cosas horribles y el pánico se apoderó de mi, el vértigo... todos a mi alrededor reían atrapados por una locura irracional y mi cabeza no hacía más que dar vueltas, me veía humillado en sus pupilas y sus burlas y las voces aumentaban, cada vez más y más intensas... debía hacer algo, ¡salir de allí! Corrí, corrí hasta que perdí de vista el albergue en medio del camino que llevaba al pueblo... y allí me detuve, me miró la lechuza y me vi reflejado en la luna, ensangrentado... con la ropa rasgada... sin heridas. Ya no escuchaba las voces ni las carcajadas, el vértigo había desaparecido y el hacha que llevaba entre las manos me dijo que no tenía nada que temer, que lo que había hecho era lo correcto. Y lentamente me acerqué al pueblo.

(Rafael Baena Zapatero)

El hombre invisible

Siempre fue incómodo y frustrante. Agitar los brazos y chasquear los dedos para que el camarero me atendiera sin obtener respuesta alguna por su parte; o comprobar que la madre de mi novia besaba cordialmente a todos los amigos de su hija, excepto a mí, a pesar de esmerarme ofreciéndole una sonrisa perpetua... Y cuando, de niño, me colocaba tras el profesor para hacerle burla, protegido por mi estado, no podía disfrutar a fondo de la transgresión que cometía, temeroso de que, en cualquier momento y sin causa lógica, mi invisibilidad temporal me abandonara. Aquella aciaga tarde de verano, me despidieron del trabajo sin un motivo o una mísera explicación, injustamente. Y fue allí, en mitad de la oficina, alentado por el calor, el sufrimiento o demasiados años de miedo y vacilación cuando, sin importarme ser visible o no, lancé contra la cabeza de mi jefe la grapadora más grande que encontré. El tiempo, entonces, se detuvo y, de alguna manera, desperté en un calabozo oscuro, esposado y cubierto por una manta áspera y maloliente. En aquel momento quise con todas mis fuerzas ser invisible... Y mi deseo no tardó en hacerse realidad cuando el enorme policía dejó caer brutalmente su porra contra mi cráneo, mientras en mi interior resonaba una lejana carcajada. La mala -o tal vez buena- fortuna quiso que el golpe fuera mortal y que la comisaría entera colaborara para deshacerse del cadáver arrojándolo a un pozo de ácido donde, para siempre, disfrutaré del don.

(María José Cano)

ETA

El cadaver yacia en el suelo, le habia descerrajado dos tiros en la nuca. El hijo lo miraba atonito, como si no se lo creyera. Se quito el pasamontañas y solto una sonora carcajada. Hoy hablarian los periodicos de la libertad de Euskadi. La guerra continua.

(Sergio Alvarez)

Miedo a la vida

Los gestos de su cara dibujaban una macabra carcajada pues él se sabía inocente. Todo estaba preparado. El operario alzó la mano y asió la palanca. Quiso cerrar los ojos, pero se aferraría al último hilo de vida. Miró de frente y vió a través del cristal la cara de sus verdugos, impasibles. Entonces le dió mas miedo la vida que la muerte. Cerró los ojos.

(José Sánchez)

La eterna pesadilla

Otra vez oyó aquella voz. Pero esta vez no era aquel susurro que desde hacía más de un mes le hacía despertarse asustado y empapado en sudor, ésta vez era un grito indescriptible, como una carcajada. Se levantó y se fue a la cocina a beber un vaso de agua. Estaba todo oscuro pero al final del pasillo, antes justo de llegar a la puerta que daba al recibidor lo vió..., allí estaba, de pie, mirándole, con la misma cara que le miraba antes, cuando dormían juntos en aquella habitación llena de peluches y cochecitos de colores, cuando no podía dormir pensando que aquella cara le haría algo cuando se durmiese, y ahora, después de tantos años, estaba ahí, delante de él. Sin pensárselo más se abalanzó sobre él y le arrancó la cabeza, ya no volvería a molestarle más, ya no volvería a escuchar su risa de payaso infantil, continuó hasta la cocina y bebió un trago grande de agua. Al día siguiente llegó la policía, alertados por María, la asistenta, que al llegar como todos los días a casa de Enrique a limpiar, se le encontró en el suelo, justo antes de llegar a la puerta que comunica el pasillo con el recibidor, en un charco de sangre, con la cabeza separada en el cuerpo y un gorrito de payaso de juguete en la mano.

(Elisa Jiménez)

Padre

Aquel indio borracho soltaba carcajadas aterradoras, gritaba contra el Dios que le habian vendido, llamaba entre lagrimas a los antiguos dioses de los que abjuro, aquellos que pedian el sacrificio de ser devorados vivos por tus propios hijos. Se levanto del taburete y chillo; ¿ acaso es mejor ser devorado por los gusanos?. Todos nos estremecimos. Despues se recosto sobre la mesa y lloro en silencio. Su hijo nos sonrio desde una esquina. Intuia que aquella noche cenaria caliente.

(Cristina Junquera)

Una comedia divina

Había sido un crimen perfecto. No había dejado nada al azar. Nada. Las cinco monedas del siglo II a.C. habían sido mías. Aunque ahora yacen desparramadas a mis pies, mientras me debato luchando inútilmente por mi vida. Recuerdo habérselas mostrado, mientras él agonizaba, con un "Ahora ya no te harán falta" y una carcajada. ¿Qué es lo que ha fallado? ¿Puedo considerar un error el hecho de no haber tenido en cuenta a lo sobrenatural? Habida cuenta de mi conocimiento de Historia Antigua, sí. Ha sido un error no haberme percatado de que Caronte no cruzaría a mi víctima al País de los Muertos. No si no se le pagaba el viaje. No sin una moneda. Ahora el cadáver reanimado de mi víctima no tiene inconveniente alguno en obtener su venganza, sus heladas manos en torno a mi garganta. Os lo juro, me hubiera conformado con cuatro.

(Michelangelo)

El Amor

Lo primero fue la indiferencia, no te mentiré. No sentí un especial temblor al verte la primera vez, ni una música sonó. No, no pasó nada hasta que tu risa, gloriosa y absorbente, resonó en una musical carcajada. Reías y sonreías con los ojos, mirándome. Y te amé entonces, con sorpresa y rotundidad, ¿de dónde salías ahora, después de todo? Pronto reuní la confianza para decírtelo: -Te quiero- y me creíste, me besaste y con naturalidad pasaste a formar parte de mi vida en una creciente forma de locura no contenida de detalles, momentos gloriosos y rutinas magníficas. Noche tras día todo fue perfecto, para después mejorar: Vino ella. Nuestra hija. Nuestra unión era visible y lloraba, miraba con manos diminutas y los ojos grandes y curiosos. Todo era perfecto. ¿Cómo pedir más? ¿Cómo imaginar siquiera que la perfección pudiese buscarme a mi? Y con su primer año, lo preparé todo. En tu ausencia hice los preparativos y al llegar pude ver la sorpresa en tus adorables ojos. Vuestro amor, amada, brotó hacia mí, llenándome de gozo, de vida, haciéndome sentir completo y satisfecho. Feliz. ¿Qué más podría pedir? Os tenía, mi mujer, mi niña, mis amantes, mi festín.

(Daniel Durán)

Soy insaciable

"A pesar de todo aún te deseo"... Después de escribir estas palabras en la tarjeta de San Valentín (un oso amoroso con una enorme carcajada en su cara redonda y rosa y montones de corazones alrededor), colocó la cartulina delicadamente sobre el regazo de su novia y se demoró unos minutos más en besarle el cuello y la boca. "Es mentira que los cadáveres pierdan el color de los labios. Es mentira", pensó mientras le arreglaba el cabello. Todavía le excitaba el sabor de su sangre.

(Lola Fogueros)

Malentendido

Les voy a contar algo muy extraño que me pasó hace ya muchos años y que marcó mi vida para siempre. Estaba esperando mi turno en la cola de la carnicería del supermercado, cuando noté la presencia de una señora mayor vestida de negro me miraba fijamente. Al principio no le di más importancia, pero ante la insistencia de su mirada, empecé a sentirme algo incómoda. Finalmente, se acercó a mí y me dijo: “Te pareces tanto a mi hija”. Sonreí pero no dije nada. “El mismo pelo rubio, los mismos ojos azules. Eres idéntica a ella. Un coche me la mató, ¿sabes? Tendría más o menos tu misma edad.” Sentí lástima por la pobre anciana. “Mira, mira, te voy a enseñar su foto para que la veas. La tengo aquí en la cartera”, me dijo con lágrimas en los ojos. Sacó una foto vieja y arrugada de la cartera y me la enseñó. Era la imagen de una chica joven, de unos veinte años, pero no se parecía en lo más mínimo a mí. Está mujer está mal y no lo ha superado. Ha perdido el juicio, me dije. “Idéntica, eres igualita a ella. El mismo pelo rubio, los mismos ojos.” Asentí con la cabeza para no molestarla. Compré lo que necesitaba y me marché a casa. Desde aquel día, no he dejado de pensar en aquella extraña mujer. Aparece en mis sueños, en mis pesadillas, riéndose de mí a carcajadas. Soy morena y tengo los ojos marrones.

(A.C.M.)

Muero por volar

Muero por volar. Muero por ver la ciudad desde del cielo. Otra vez. Aunque sea la última. Pero ya no es posible. Ya no puedo. Nunca más podré. Es, era, mi forma de vida. Volaba desde antes del alba hasta el atardecer, para vivir, para comer o simplemente porque no hay nada mejor. Y sin embargo no era consciente, no le daba importancia. Como cada mañana volé hasta el parque, donde ya esperaban algunos ancianos, madrugadores ellos que no tienen nada que hacer. Me acerqué a un corro de palomas, donde un mirlo nunca es discreto, negro sobre gris, para picotear algo de pan, como siempre, como todas las mañanas. Y en un instante sentí un dolor inmenso, incomprensible, en mi ala derecha. Intenté huir, pero no sentía el ala, y escapé con saltos, torpemente, como puede. Escuché una estruendosa carcajada, un sonido conocido pero nunca antes alarmante aunque no lo comprendiera. Ahora no puedo separar la carcajada del dolor, ni de aquel rostro, de aquella figura. Una anciana, de cara dulce aunque arrugada, me perseguía por el parque con su bastón y su risa incompleta. Si hubiera podido volar me habría alejado rápidamente, pero sólo contaba con mis patas. Arrinconado contra una valla recibí un segundo garrotazo, esta vez en el lomo, y mientras la anciana se alejaba, con sus alegres carcajadas, me quedé yaciendo en el suelo. El mismo suelo en el que ahora, de noche, descanso. Y recuerdo volar, volando, el vuelo.

(Jorge Martínez Escribano)

Terror británico

Eran las tres y dieciseis. Dormia apacible y profundamente cuando un ruido amortiguado pero intenso me hizo despertar sobresaltada. Me incorporé conteniendo la respiración. Intenté volver a despertar. Lástima, ya estaba despierta. Volví a escuchar aquello: era una risotada violenta, convulsiva y superlativa. En esa noche calurosa de Mayo empecé a temblar. Mi habitación me resultaba gélida. Y de nuevo esa carcajada desproporcionada y esperpéntica. Eso era: provenía de la casa vecina. La pared que compartiamos no debian ser muy gruesos pues cada sonido se filtraba ahora con una nitidez pasmosa e inquietante. Hasta ahora este detalle nunca me habia incomodado pero ahora el grosor de mis paredes me resultaba falto de pudor y me aterraba. De nuevo un sonido me encogió el corazón. Esta vez reconocí el volumen de un televisor que no cesaba de aumentar... antes no habia sido mas que un rumor de fondo... Distingué entonces esa voz televisiva desagradablemente aguda... Beny Hill en uno de sus patéticos sketchs... Sólo un zompón pervertido como él podían provocar tan terroríficas carcajadas.

(Aline)

Los tirabuzones de la muerte

No fue esa carcajada histérica que le despertaba todas las noches lo que más miedo le dió. Fue al escuchar a aquel espectro con forma de niña de finales de siglo IXX decirle la fecha de su muerte y el cruel destino que le aguardaba.

(Rafael Martinez)

El Horror de Cada Año

Entró en la sala. Llevaba sintiendo esa sensación de frío desde hacia media hora, desde el mismo momento en el que había entrado en el edificio... El ambiente era gélido, las caras que se veían en los pasillos y estancias sólo reflejaban angustia.. Sintió el crujido de la puerta cerrándose a su espalda, y notó como si una garra le atenazase el cuello. Caminó lentamente hacia el fondo de la habitación mal iluminada, hacia una mesa en la que se sentaba un hombre de tez grisácea. No pudo más, sus piernas se quebraron, y avanzó el espacio que quedaba hasta una silla vacía arrastrándose sobre sus rodillas vacilantes. Se sentó. El hombre le arrancó de las manos una gruesa carpeta, que examinó pasando hoja a hoja con sus arrugadas y amarillentas garras... Sintió miedo. El miedo más horrible que nunca había sentido. Pasaron los segundos, luego los minutos, y el sudor corría por su frente a pesar del aire gélido. Hasta que el otro hombre dejó aparte los papeles, los selló con la sangre fresca de anteriores víctimas, y pronunció las palabras: a devolver, pase por caja y de sus datos. Una carcajada liberó su tensión, un año más había sobrevivido.

(Jose Irañeta)

PESADILLA

Desperté sobresaltado, nunca había tenido una pesadilla tan espantosa; me gusta soñar con mujeres, pero no con esa: una vieja horrible de cara amarillenta, sus ojos reflejaban maldad, odio, su boca engendraba una sonrisa maligna... Me senté en la cama, miré a mi derecha y allí estaba tumbada, mirándome. Fuí al baño, pensando que el sueño aun no había terminado; no regresé a mi cuarto. Salí a la calle procurando pensar en otra cosa; noté su mirada en mi nuca, volví la cara y la vi asomada a mi balcón. Aún permanecía en mi cabeza mientras esperaba en la parada del autobús. "No puede ser", me dije, "Debo seguir bajo la impresión del sueño". Bajé en la primera parada, había decidido no ir a trabajar, no me encontraba bien, tenía algo en el pecho, un dolor leve en el costado, como un aviso... Entré en casa, hacía frio dentro, mucho frio. Pasé al salón..., sentada en el sofá me sonreía y, bajo esa sonrisa aterradora, todo el horror que emanaba de ese monstruo se hacía más patente... Soltó una carcajada, "Vamos Manolo, cada día estás más loco. Hoy es domingo y no trabajas; no sé por qué has tenido que salir a la calle a estas horas, con el tiempo que hace. Venga, vamos para la cama otra vez". Se agudizó el dolor, sentí que me faltaba el aire..., se acercó, me dió su mano helada y me llevó de nuevo a su terrible mundo de tinieblas.

(Luis Alcocer)

EL TAJO

Desconocía el momento en que la señal interrumpiría sus cálculos, pero no cejaba en el propósito de acumular datos, números y espacios con que llenar la pantalla y evitar su desastre. El jefe estaba al venir, con su cuchillo afilado, ávido de sangre de subordinado, con la carcajada previsible en la boca. ¿Pero qué haces, infeliz?, le espetaría, sin ni siquiera mirarlo. Rápido, rápido, por favor, que no llegue, que me dé tiempo. Sí,sí, rápido, que obtenga la información precisa para librarse, de una vez, de la esclavitud de unas normas arbitrarias, del servilismo de unas órdenes denigrantes o de la angustia de unas palabras que continuamente faltan a la verdad. Rápido, por favor, antes de que pose su sucia mano en el hombro de mi compañera, antes de que adivine en mi rostro la trama de mi pensamiento, antes de... Desconocía ese momento de ruptura y deseaba anticiparse al sentimiento de fracaso, contenía el miedo o, mejor, lo demoraba... Que nunca llegue, que nunca suceda, que la tecnología me acompañe. Ayuda, por favor, ayuda. Rápido, rápido...

(JOSÉ CARLOS SANZ VALENTÍN)

acatamiento

Con los ojos húmedos y las lágrimas atadas por una venda que le cegaba los ojos, caminaba hacia la última bocanada de aire aquiescencia que le otorgaba el verdugo. EL reo en posición fecal, abrió su boca para que sintiera el gélido cañón de aquella pistola que le amenazaba su vida. En su cabeza se mezclaban recuerdos;un niño cogiendo una rana, una mujer desnuda besándole el cuello,una vieja que maldecía mientras famélicas ratas devoraban su cuerpo,un hombre de piel oscura que le invitaba a una soga mientras un bullicio amargo se le adentraba en su cabeza. La niebla absorbía su sentido, se le tumbó entre zarzas, se le arrastró por tierra que besó con anhelo de adios, se le adentró en un túnel, y su pesadilla más demoniaca se hizo realidad.Postrado en una caja escuchó la lluvia de tierra que le sumergía en la oscuridad más profunda,ahora la imágenes eran más cofusas;murciélagos,gusanos,mujeres con rostros de serpiente, colores grises, mares negros,pero entre todo aquel inmundo pensamiento destacaba el silencio, y tras los alaridos de espanto,cautividad,claustrofobia,destacaba la resignación final del esperpento,y una carcajada se abrió paso entre el silencio llegando a los oídos del verdadero mal.

(Octavio Guerra Quevedo)

Obsesión

Daniel sintió al final la satisfacción por el éxito de la venganza urdida a lo largo de los últimos 20 años. Aquella mujer que le destrozó el corazón en un tiempo que casi ni alcanzaba a recordar, en una edad en la que las alegrías son efímeras y los desengaños eternos, yacía moribunda a sus pies. Ni siquiera la había rozado un cabello, pero sus maquinaciones habían dado el resultado apetecido. Nadie podría implicarle, nadie podría acusarle, nadie podría juzgarle. Todo encajaba, y las coartadas ideadas se ajustaban a la perfección más absoluta. Ganan los buenos, aunque parezcan los malos -pensó para sí- Y una sonora carcajada, proveniente desde lo más íntimo de su ser, retumbó en aquel oscuro aposento del centro de la ciudad. El gozo por la meta alcanzada pronto se transformó en un irreflenable sentimiento de culpa, y en la desasosegante sensación de haber elegido la senda equivocada para dar sentido a su vida. Temblaron sus manos, sudó su frente, languideció su cuello y fallaron sus rodillas hasta que éstas, inermes, golperon secamente contra el duro y frío enlosado de la estancia. Acarició, levemente la espalda de su víctima, y un imperceptible "te amo" pareció llenar todo cuanto le rodeaba.

(óscar rebollo)

¿Por qué ahora?

Encontré que no había palabras, ni gesto alguno, y percibí en esa ausencia suya como mi terror se iba multiplicando. No sabía como había llegado a aquello pero tenía claro que de alli no saldría. En la última pesadilla de mi vida reconocí una estridente carcajada acompañando violentamente el vuelo del acero en dirección a mi pecho......La punta de aquel cuchillo no encontró en mi corazon angustia. Sólo la bruma del pánico desvanecido y el eco de una pregunta: ¿por qué yo?...¿por qué ahora?.

(Rafael García Simon)

LA CUEVA

- No creo que pueda aguantar ya más... ( Estoy solo, no he dicho a nadie que iba a venir. Se que gritar sólo acabará con mis fuerzas y el poco oxígeno que aún pueda quedar. Y aunque consiguiera desatascarme, ¿De qué serviría?; si no tengo ya pilas, y el carburo se me cayó en “la sima del caracol”) - ¡aaah!, no puedo respirar, ¡off, off, off, off,...! ( Tanta oscuridad me puede; no quiero terminar aquí, pero ya no tengo argumentos para resistir. Llevo ya cerca de 40 horas así; estoy boca abajo y ya no siento las costillas. Ahora se cómo mueren los crucificados: ¡por asfixia!. Pero yo, yo voy a morir de miedo; de miedo a morir.). ( También se que el siseo constante que oigo no son los murciélagos. Es el viento en las cavidades. Y ahora se también porqué la llaman así: “ La cueva de la Carcajada”; se rie de quienes la violentamos y su risa no es sólo un sonido; es también una venganza )

(PEDRO DE LA FUENTE)

El Horror De Cada Año

Entró en la sala. Llevaba sintiendo esa sensación de frío desde hacia media hora, desde el mismo momento en el que había entrado en el edificio... El ambiente era gélido, las caras que se veían en los pasillos y estancias sólo reflejaban angustia.. Sintió el crujido de la puerta cerrándose a su espalda, y notó como si una garra le atenazase el cuello. Caminó lentamente hacia el fondo de la habitación mal iluminada, hacia una mesa en la que se sentaba un hombre de tez grisácea. No pudo más, sus piernas se quebraron, y avanzó el espacio que quedaba hasta una silla vacía arrastrándose sobre sus rodillas vacilantes. Se sentó. El hombre le arrancó de las manos una gruesa carpeta, que examinó pasando hoja a hoja con sus arrugadas y amarillentas garras... Sintió miedo. El miedo más horrible que nunca había sentido. Pasaron los segundos, luego los minutos, y el sudor corría por su frente a pesar del aire gélido. Hasta que el otro hombre dejó aparte los papeles, los selló con la sangre fresca de anteriores víctimas, y pronunció las palabras: a devolver, pase por caja y de sus datos. Una carcajada liberó su tensión, un año más había sobrevivido.

(Jose Irañeta)

EL TAJO

Desconocía el momento en que la señal interrumpiría sus cálculos, pero no cejaba en el propósito de acumular datos, números y espacios con que llenar la pantalla y evitar su desastre. El jefe estaba al venir, con su cuchillo afilado, ávido de sangre de subordinado, con la carcajada previsible en la boca. ¿Pero qué haces, infeliz?, le espetaría, sin ni siquiera mirarlo. Rápido, rápido, por favor, que no llegue, que me dé tiempo. Sí,sí, rápido, que obtenga la información precisa para librarse, de una vez, de la esclavitud de unas normas arbitrarias, del servilismo de unas órdenes denigrantes o de la angustia de unas palabras que continuamente faltan a la verdad. Rápido, por favor, antes de que pose su sucia mano en el hombro de mi compañera, antes de que adivine en mi rostro la trama de mi pensamiento, antes de... Desconocía ese momento de ruptura y deseaba anticiparse al sentimiento de fracaso, contenía el miedo o, mejor, lo demoraba... Que nunca llegue, que nunca suceda, que la tecnología me acompañe. Ayuda, por favor, ayuda. Rápido, rápido...

(JOSÉ CARLOS SANZ VALENTÍN)

Como la vida misma o la prueba del algodón

Ideal, ideal, que te lo lleves, que te queda que ni pintado, si es que soy idiota...por qué narices la he hecho caso...esto no me entra, no, no con lo bonito que es..., que tonta soy, voy y pico, que te queda estupendo, que ni pintado, menudo bikini has elegido,...si, si, y yo voy y me lo creo, que me quedaba ideal,...pero si no me cabe ni el culo,..esto mas que un tanga parece hilo dental, mira que picar, a ver, nada imposible, la parte de abajo para ella, que graciosa, menudas dependientas de 20, así cualquiera, nada, ni metiendo la tripa,de carcajada, sí de primero gazpacho, o ensalada, ni con dos tallas más, gazpacho sí, tengo de todo,...no sé si tengo pimientos verdes...nada, nada, ni estirando, el culo no me cabe...cojonudo, no se si pasar de la parte de arriba, si es que tenía que haber cogido el bañador y no el bikini, todos los años me pasa igual, no, pimientos no tengo, sí, me voy a probar la parte de arriba, total, lo tengo que cambiar de todas maneras,...¡Dios¡ ¿y esto es una 40? pero quién hace las tallas?, todo el puñetero invierno haciendo deporte para esto....si, gazpacho, bajo un momento a por unos pimientos y de paso voy a la farmacia y me traigo un cargamento de Biomanán.

(Elena Cebollero Prado)

CUANDO DESPERTÓ, EL DINOSAURIO AÚN ESTABA AHÍ

Cuando despertó el dinosaurio, aún estaba ahí el guía del museo rodeado de una jauría de niños de primero de la E.S.O. El dinosaurio los miró amenazante, pero no pudo hacer nada ante el estruendo de carcajadas que lo devolvió a su pesadilla de millones de años.

(Estefanía Añón Carravilla)

Pesado

Si pudiera sudar no le importaría tanto el calor. Pero su cuerpo no le respondía. Pesaba cada dedo, pesaban los párpados, pesaban los labios tanto que intentar abrir la boca le parecía igual que intentar mover toneladas de labio. Pero tenia que moverse. Se concentró. Había que abrir un ojo, por lo menos había que intentar moverlo. Primero a la izquierda. Imposible. A la derecha, tampoco. Todo él era pesado, tan pesado que hacia tiempo que intentaba respirar y no lo conseguía. Claro que eso era normal, estaba muerto. Ahora sabia como era estar muerto, era pesar y sentir, lo sabía muy bien, lo supo desde que al oír la carcajada del enfermero que arrastraba la camilla le había querido preguntar: ¿Y tu, de que te ríes?

(CVigil)

Muero por volar

Muero por volar. Muero por ver la ciudad desde del cielo. Otra vez. Aunque sea la última. Pero ya no es posible. Ya no puedo. Nunca más podré. Es, era, mi forma de vida. Volaba desde antes del alba hasta el atardecer, para vivir, para comer o simplemente porque no hay nada mejor. Y sin embargo no era consciente, no le daba importancia. Como cada mañana volé hasta el parque, donde ya esperaban algunos ancianos, madrugadores ellos que no tienen nada que hacer. Me acerqué a un corro de palomas, donde un mirlo nunca es discreto, negro sobre gris, para picotear algo de pan, como siempre, como todas las mañanas. Y en un instante sentí un dolor inmenso, incomprensible, en mi ala derecha. Intenté huir, pero no sentía el ala, y escapé con saltos, torpemente, como puede. Escuché una estruendosa carcajada, un sonido conocido pero nunca antes alarmante aunque no lo comprendiera. Ahora no puedo separar la carcajada del dolor, ni de aquel rostro, de aquella figura. Una anciana, de cara dulce aunque arrugada, me perseguía por el parque con su bastón y su risa incompleta. Si hubiera podido volar me habría alejado rápidamente, pero sólo contaba con mis patas. Arrinconado contra una valla recibí un segundo garrotazo, esta vez en el lomo, y mientras la anciana se alejaba, con sus alegres carcajadas, me quedé yaciendo en el suelo. El mismo suelo en el que ahora, de noche, descanso. Y recuerdo volar, volando, el vuelo.

(Jorge Martínez Escribano)

Esa maldita carcajada.

La carcajada que apenas había iniciado se paralizó súbitamente en su rostro. La explosión incontrolada de risa ante el chiste que acababa de oir en la radio del coche quedó cortada de cuajo, carente de sentido. El tiempo se congeló en su mente. El vehículo, circulando por una carretera secundaria en los albores de la mañana. Su paso junto a una alcantarilla a la salida de aquella población. El máldito tubo metálico sobresaliendo de su boca oscura. Aquella estúpida carcajada haciéndole perder la concentración por una fracción de segundo. El sonido sordo de la rueda al reventar; la pérdida inmediata del control. El miedo se apoderó de su ánimo. Sudaba profusamente. Se vio a sí mismo intentando manejar el volante, como había hecho con todas las circunstancia de su vida, de manera firme y segura... No pudo. Una gran sucesión de imágenes inundó su cerebro en un instante infinitesimal y eterno. Las últimas mostraban su cuerpo desmadejado, como un guiñapo dentro de un amasijo de hierros. Se le pasó por la cabeza la imagen de algunas esculturas que había visto recientemente en el Metropolitan. El vehículo giró solo, sin control, sin voluntad. El camión que venía en sentido contrario no pudo esquivarlo. El impacto resultó brutal, seco....defintivo. Mientras moría no debaja de pensar que hubiera sido una espléndida escultura.... allí en el Metropolitan... Y todo por esa maldita carcajada.

(Alejandro Giménez Alvarez)

El angel custodio

Había sentido su presencia junto a mí desde que tengo uso de razón, creo que incluso antes de esta circunstancia ya sabía que existía. Mi ángel de la guarda cuidaba y guiaba mi vida, incluso me había sacado de situaciones bastante embarazosas y peligrosas. Sin embargo, desde hacía unos meses notaba que sus cuidados eran escasos. Le había procurado situaciones conflictivas en las que esperaba su intervención, pero nunca llegó, era como si estuviera ausente. Entonces fue cuando le puse la prueba definitiva y decidí lanzarme al vacío para que él me salvará. Me situé en lo alto de un precipicio y cerrando los ojos me deje caer. Sorpresa: oí una aguda carcajada en mi oído izquierdo y pude ver, girando todo lo que pude los ojos, como sobre mi hombro se hallaba mi pobre ángel siendo ahogado por una figura que yo identifique con el demonio. Ahora "él" es mi ángel custodio.

(María Romero)

EL TAJO

Desconocía el momento en que la señal interrumpiría sus cálculos, pero no cejaba en el propósito de acumular datos, números y espacios con que llenar la pantalla y evitar su desastre. El jefe estaba al venir, con su cuchillo afilado, ávido de sangre de subordinado, con la carcajada previsible en la boca. ¿Pero qué haces, infeliz?, le espetaría, sin ni siquiera mirarlo. Rápido, rápido, por favor, que no llegue, que me dé tiempo. Sí,sí, rápido, que obtenga la información precisa para librarse, de una vez, de la esclavitud de unas normas arbitrarias, del servilismo de unas órdenes denigrantes o de la angustia de unas palabras que continuamente faltan a la verdad. Rápido, por favor, antes de que pose su sucia mano en el hombro de mi compañera, antes de que adivine en mi rostro la trama de mi pensamiento, antes de... Desconocía ese momento de ruptura y deseaba anticiparse al sentimiento de fracaso, contenía el miedo o, mejor, lo demoraba... Que nunca llegue, que nunca suceda, que la tecnología me acompañe. Ayuda, por favor, ayuda. Rápido, rápido...

(JOSÉ CARLOS SANZ VALENTÍN)

EL TAJO

Desconocía el momento en que la señal interrumpiría sus cálculos, pero no cejaba en el propósito de acumular datos, números y espacios con que llenar la pantalla y evitar su desastre. El jefe estaba al venir, con su cuchillo afilado, ávido de sangre de subordinado, con la carcajada previsible en la boca. ¿Pero qué haces, infeliz?, le espetaría, sin ni siquiera mirarlo. Rápido, rápido, por favor, que no llegue, que me dé tiempo. Sí,sí, rápido, que obtenga la información precisa para librarse, de una vez, de la esclavitud de unas normas arbitrarias, del servilismo de unas órdenes denigrantes o de la angustia de unas palabras que continuamente faltan a la verdad. Rápido, por favor, antes de que pose su sucia mano en el hombro de mi compañera, antes de que adivine en mi rostro la trama de mi pensamiento, antes de... Desconocía ese momento de ruptura y deseaba anticiparse al sentimiento de fracaso, contenía el miedo o, mejor, lo demoraba... Que nunca llegue, que nunca suceda, que la tecnología me acompañe. Ayuda, por favor, ayuda. Rápido, rápido...

(JOSÉ CARLOS SANZ VALENTÍN)

En este cumpleaños

Sabías que te buscaba cada cumpleaños y que no había forma de esconderse. Era lo habitual del día y te paralizaba sólo pensar en que vendría. Lo que no esperabas fue su súbita llegada una noche cualquiera. No podías moverte, respirar era casi imposible y no por el calor. Como una carga eléctrica que te hubiera inmovilizado, sin poder articular siquiera, con una opresión de muerte en tu cabeza, sólo lanzabas al vacío un grito que nadie escuchaba, ni tú mismo. Luego, la lucha, el forcejeo y finalmente la irrupción abrupta en tus entrañas, sin jamás habérselas ofrecido. Cuando abandonaba el cuarto te dejaba espantado, gimiendo en posición fetal. Y andabas sonámbulo por varios días, colocando platos de azúcar a los pajaritos y enchufando pequeñas fuentes de agua intentando encontrar algo de paz. Pero hoy decidiste esperarlo tú, porque en este cumpleaños el protagonista eres tú y lo sientes buscando por donde entrar desde hace mucho rato y no podrá pasar porque no hay un sólo lugar que no esté marcado con la sangre del pacto. Y por primera vez desde que eras un niño sientes que una estruendosa carcajada emerge de tu interior.

(Mirella)

Te llamé Viernes

Sí, lo reconozco, me he despertado aturdido, quizá ayer me pasé con las cervezas, debería haber llegado antes a casa, dormir algunas horas más, pero una noche de jueves con buena compañía no me la pierdo, se lo juro, y luego a esperar el viernes, ese viernes que me dicen ustedes, yo pensaba que de broma, que ya no hay, que me ha desaparecido, que nos ha desaparecido, y que ustedes dicen que nunca ha existido, que la semana tiene seis días y no siete, y me preguntan con un leve asomo de inquietud en sus rostros debido a mi absurda seguridad, por qué pienso tal cosa. Lunes, martes, miércoles, jueves, sábado, domingo. Desde los babilonios, como siempre, 60 semanas al año más una incompleta de 5 días, y cada cuatro años una semana completa más. Les miro en busca del alivio, la carcajada liberadora, la cámara oculta, la necedad de alguien que busca reirse a costa del prójimo. Pero no hay alivio, me enseñan agendas, calendarios, libros, horarios de trenes, de aviones, enciclopedias,... No hay viernes. Si no es una gigantesca broma(¿y quién iba a esforzarse tanto por mi?), debo empezar a acostumbrarme a vivir sin viernes, no puedo dejar que me encierren, juraré, les convenceré de que he tenido una perturbación por la falta de sueño, viviré sin viernes, como ellos, como mis hijas, mi mujer que me mira con lágrimas en los ojos, como todos estos psiquiatras a los que aterro vagamente.

(JM)

la carcajada del diablo

Hacía un calor insoportable. Era la tercera noche que me levantaba para quitarme el pijama y refrescarme la cara. Volví a la cama, ya algo más fresquito, y cerré los ojos. Al poco rato volví a despertarme. Estaba sudoroso, y decidí darme una ducha fría. La verdad es que me recreé en la ducha, y se convirtió en un señor baño. Eran como las 3 o 4 de mañana y allí, en la bañera escuchando el caer del agua, era el mejor lugar del mundo para aguantar el calor. Estuve comprobando mi capacidad pulmonar sumergiendo la cabeza en el agua y aguantando la respiración. Lo intenté 4 o 5 veces, pero creo que ninguna supere los 30 segundo. Me quedé medio dormido por el esfuerzo y...De pronto, alguien golpeo la puerta. Contesté. Era mi compañero de piso. “¿Has oído eso?” Me preguntó. Yo le dije que no. “Ha sido como una especie de carcajada, que parecía salir de las paredes.” “Bueno, bueno, me piro a la cama, date una ducha fría y ya verás como se te pasan todas las paranoias.” Me fui a la cama pensando en la cara de susto de mi compañero. Y mientras me dormía hice un repaso inconsciente de distintas carcajadas. Empecé aterrorizado al imaginarme la carcajada del diablo, pero acabe durmiéndome con una sonrisa en la boca. Imaginé como la vecina subía el volumen de su televisor para escuchar la carcajada de su ídolo televisivo Boris.

(Fede Arce)

Rictus Cirquense

El payaso miraba sin ver el ensangrentado cuchillo que portaba en la mano. Las siluetas de los trapecistas yacían en la arena formando con sus cuerpos un último y patético escorzo. Se sentía feliz. Hoy, sólo lo más terrible suscita la carcajada de un público embrutecido, y él quería seguir con la función, él debía cumplir la misión vital que comenzó en ese mismo circo años atrás. Eran otros tiempos y otros trucos. "Una bofetada ya no basta", pensó y se encaminó a los carromatos a buscar otra herramientas que le permitieran mejorar su espectáculo. O tempora, o mores.

(Álvaro Otero Moyano)

Como la vida misma o la prueba del algodón

Ideal, ideal, que te lo lleves, que te queda que ni pintado, si es que soy idiota...por qué narices la he hecho caso...esto no me entra, no, no con lo bonito que es..., que tonta soy, voy y pico, que te queda estupendo, que ni pintado, menudo bikini has elegido,...si, si, y yo voy y me lo creo, que me quedaba ideal,...pero si no me cabe ni el culo,..esto mas que un tanga parece hilo dental, mira que picar, a ver, nada imposible, la parte de abajo para ella, que graciosa, menudas dependientas de 20, así cualquiera, nada, ni metiendo la tripa,de carcajada, sí de primero gazpacho, o ensalada, ni con dos tallas más, gazpacho sí, tengo de todo,...no sé si tengo pimientos verdes...nada, nada, ni estirando, el culo no me cabe...cojonudo, no se si pasar de la parte de arriba, si es que tenía que haber cogido el bañador y no el bikini, todos los años me pasa igual, no, pimientos no tengo, sí, me voy a probar la parte de arriba, total, lo tengo que cambiar de todas maneras,...¡Dios¡ ¿y esto es una 40? pero quién hace las tallas?, todo el puñetero invierno haciendo deporte para esto....si, gazpacho, bajo un momento a por unos pimientos y de paso voy a la farmacia y me traigo un cargamento de Biomanán.

(Elena Cebollero Prado)

De pronto el silencio.

De repente tú, llegando. Vienes a matarme, yo te lo pedí. No sé si será tu espada la que acometa mi cuerpo. Tal vez un simple disparo o aún, el veneno que siempre tienes dispuesto para mí. Pero tu carcajada precede inevitablemente al silencio. Y es eso, algo tan simple como la oscuridad, lo que imagino que sucederá no muy tarde. De pronto, sin ruido, el silencio.

(Alfredo Quintanilla)

Él nos pegaba

Él nos pegaba. Y cuando lo hacía mi madre se quedaba llorando, en el suelo, con las manos en la cara y los codos apoyados en la pared. Las lágrimas le caían entre los dedos y su frente sudaba en rojo. Me acercaba y le besaba los dedos y la frente y luego la abrazaba y permanecía así un rato. Después, me cogía y decía: "Algún día nos iremos de aquí, cariño". Y me hacía cosquillas hasta que volvía a entrar él. Su carcajada rompía el espacio de la habitación. Mamá seguía apoyada contra la pared, con la cabeza agachada. Yo le veía acercarse desde abajo. La sombra de mi padre. Su garganta. La nuez que le subía y le bajaba. Y sus brazos.

(Miguel CArvajal)

sonido sordo

La habia vuelto a ver, esta vez delante del centro comercial, y como no habia tiempo la hablé, - hola soy Manu, que haces?, -que voy hacer, esperar.- yo tambien espero, podriamos esperar juntos?-pues muy bien,- dijo ella, con una cara muy seria, - como te llamas?, -eres un poco pesado.. Daniela, -Es precioso, Daniela, y aque te dedicas?-Soy guia en un museo, y ahora me tengo que ir.. Al llegar a casa busqué la guia y llame a todos los museos, hasta que di con ella,. Y alli me presenté, -Hola de nuevo Daniela,-No puede ser, como me has encontrado?, -Oh, la casualidad, solo tengo que decirte una cosa, estoy enamorado de ti.-bueno me parece estupendo, pero yo estoy trabajando, asi que marchate o llamo a seguridad. aquello se estaba complicando y no era mi culpa, la llamé por teléfono,-Hola, esta Daniela?, -soy yo quien es?- Manu, te acuerdas de mi, te he visto hoy en el museo, -de donde has sacado mi teléfono, -me lo diste tu, no te acuerdas?- tu no estas bien de la cabeza..-Espera!, pon las noticias de la televisión... Este tipo esta fatal, las noticias..Encendi la tele y en las nocias apareciamos juntos en primer plano besándonos...una carcajada sono en mi cabeza, otra vez habáa vuelto a suceder.

(diego g. bernardez)

En este cumpleaños

Sabías que te buscaba cada cumpleaños y que no había forma de esconderse. Era lo habitual del día y te paralizaba sólo pensar en que vendría. Lo que no esperabas fue su súbita llegada una noche cualquiera. No podías moverte, respirar era casi imposible y no por el calor. Como una carga eléctrica que te hubiera inmovilizado, sin poder articular siquiera, con una opresión de muerte en tu cabeza, sólo lanzabas al vacío un grito que nadie escuchaba, ni tú mismo. Luego, la lucha, el forcejeo y finalmente la irrupción abrupta en tus entrañas, sin jamás habérselas ofrecido. Cuando abandonaba el cuarto te dejaba espantado, gimiendo en posción fetal. Y andabas sonámbulo por varios días, colocando platos de azúcar a los pajaritos y enchufando pequeñas fuentes de agua intentando encontrar algo de paz. Pero hoy decidiste esperarlo tú, porque en este cumpleaños el protagonista eres tú y lo sientes buscando por donde entrar desde hace mucho rato y no podrá pasar porque no hay un sólo lugar que no esté marcado con la sangre del pacto. Y por primera vez desde que eras un niño sientes que una estruendosa carcajada emerge de tu interior.

(Mirella)

Dentro de mi

Aquel dia me diponia hacer lo que llevo haciendo desde hace miles de dias, sin embargo, el dia de hoy no era exactamente igual. Desde que me levante escuché como si alguien me hablase en mi interior, rectifico como si alguien me hablase desde detras pero tuve que admitir que era mi interior. Al principio no pude escuchar nitidamente lo que me decia, oia un susurro y un gorgoteo, pero era claramente una voz humana (o casi). A medida que avanzo la mañana empeze a sentir un fuerte dolor en el pecho, y la voz era cada vez mas debil. De repente, oi un grito en mi interior, esa voz no la olvidare nunca: SALTA, SALTA!!!. En aquel momento, no se si por que soy un calzonazos o por el terror que me consumia salte como un poseso. Senti un fuerte dolor en el pecho, me ahogaba, oi una carcajada en mi interior y entonces comprendi. Mi corazon cansado de vivir, habia sentido el inicio de una angina de pecho y me habia obligado a saltar para acabar con mi miserable existencia, y casi lo consigue. Desde entonces, decidi vivir sin corazon para poder hacer lo mismo que he estado haciendo durante los mil ultimos dias, y que seguire haciendo durante los ultimos mil años.

(Sergio Alvarez)

En este cumpleaños

Sabías que te buscaba cada cumpleaños y que no había forma de esconderse. Era lo habitual del día y te paralizaba sólo pensar en que vendría. Lo que no esperabas fue su súbita llegada una noche cualquiera. No podías moverte, respirar era casi imposible y no por el calor. Como una carga eléctrica que te hubiera inmovilizado, sin poder articular siquiera, con una opresión de muerte en tu cabeza, sólo lanzabas al vacío un grito que nadie escuchaba, ni tú mismo. Luego, la lucha, el forcejeo y finalmente la irrupción abrupta en tus entrañas, sin jamás habérselas ofrecido. Cuando abandonaba el cuarto te dejaba espantado, gimiendo en posción fetal. Y andabas sonámbulo por varios días, colocando platos de azúcar a los pajaritos y enchufando pequeñas fuentes de agua intentando encontrar algo de paz. Pero hoy decidiste esperarlo tú, porque en este cumpleaños el protagonista eres tú y lo sientes buscando por donde entrar desde hace mucho rato y no podrá pasar porque no hay un sólo lugar que no esté marcado con la sangre del pacto. Y por primera vez desde que eras un niño sientes que una estruendosa carcajada emerge de tu interior.

(Mirella)

Stress

Cada mañana llego a la oficina y lo primero que hago es encender el ordenador, luego me sirvo un café, que al contrario de lo que opinan expertos y no tan expertos, me relaja, y después hago doble clic en el icono de Internet explorer. El pulso se acelera, las piernas empiezan a moverse solas, las pupilas se concentran en la pantalla y allí está: ‘ERROR 404’, ¡coño! Ya estamos con los cuelgues de internet, me pongo más nervioso, se me seca la boca, se enfría el café y pruebo de nuevo. La página comienza a abrirse, tecleo el usuario y la clave personal, fijo la mirada en la pantalla y suelto una carcajada que se oye en toda la oficina... Terra Network ha bajado, de nuevo, un 12% y pienso si existirá algo más terrorífico que mirar todos los días la bolsa y comprobar como una flecha roja reduce tus ahorros a la nada más absoluta.

(José Alcaraz Robles)

El carrusel de mi vida

“Lo único que me aterra, a la hora de vivir, es el instante mismo de mi muerte. Quisiera que cuando llegara, y lo sintiera venir, reviviendo en una décima (como dicen, algunos, que se revive) el carrusel de los momentos más fijados en la memoria de mi vida, apareciera en el recuerdo una carcajada coreada por amigos, y la presión en el estómago de una sensación intensa y grata, y la imagen de alguien a quien he querido con locura..., y que el último gesto que quedara en mi cara fuera el de una sonrisa. Así, no me importaría vivir sabiendo que en cualquier momento puede llegar la muerte.” Manuela se sentía compenetrada con lo que leía, capaz de afrontar la muerte con entereza, de vivir feliz sin aferrarse a un más allá infinito. La puerta se abrió de golpe. Vió a David con el gesto congestionado por el odio. Vió el cuchillo a través de los ojos hinchados por los golpes. En su última décima de segundo de vida revivió el carrusel de los momentos de angustia pasados con David, apareció el recuerdo de sus carcajadas mientras la llamaba puta, sintió en sus entrañas la sensación intensa del pene que la desgarraba, y la imagen de alguien poseído por la locura asesina. Mientras llamaba a Dios, se inscribía en su cara la definitiva mueca del miedo, y en el momento de su muerte supo con terror que su vida había sido una mierda.

(Leonor de Miguel)

El despertador

Sonó el despertador. Como todos los días, di varias vueltas sobre la cama hasta que me decidí a levantarme. Todo iba bien hasta que abrí los ojos. ¡Qué raro! Debería ser de día, estamos en verano y cuando me levanto es de día. ¿Qué habrá pasado? Bien, será cuestión de abrir la ventana. Quizá esté nublado. Intenté levantarme, pero me resultaba imposible, miré a mi lado derecho y ella no estaba. Esto no es normal, siempre soy yo el primero que se levanta. ¡Elena! Es lo que quería gritar pero no encontré la voz para hacerlo. Mi lógica mente me decía, venga esto es normal, estará en el baño y me habré quedado afónico. Además anoche tuvimos una juerguecita de cuidado. Ya me habían dicho que el mescal no era lo mejor para trabajar al día siguiente, pero hacía tanto tiempo que no quedaba con mis colegas de toda la vida. Lo que no consigo es acordarme de cómo hice para llegar a casa. Espera, ahora recuerdo, entre tanta carcajada, un grito ¡cuidado!. Recuerdo también esa luz intensa y ese pasillo tan largo. ¡Dios mío!, el espejo, voy a mirarme, no veo, sólo oigo un pitido, no era el despertador, era...

(Alejandro Marcos)

El cordero

El hombre fue secuestrado porque de espaldas parecía Iñaki. Hombros caídos, coronilla tupida de blanco y un andar desgarbado que lo confundía con un jinete recién apeado del podenco. Amordazado y sedado lo metieron en el carro. En la casona derruida le dieron café amargo y serias advertencias. El cordero se quejaba de espanto ante el enigma. Los lobos, en la primera llamada, salieron desquiciados. Habían metido la pata. El subsodicho era el francés al que el marido de Rocio le cobró la multa sin extenderle el pagaré. Dos faenas en un rato. Lo estafan y se lo llevan como si fuera el hermano del dueño de Le Mans. Al ministro la ocurrencia le resultó un disparate en su salsa. La carcajada retumbó en la moqueta y se sentó en su sillón para observarlo. El presidente le ordenó que lo afeitaran por si había canje. Al cabo de los años se vieron en la puerta de la cárcel. Él entraba por un robo de cervezas de cuando era joven y altivo y ellos salían tras cebarse en una copiosa merienda con el director del tugurio. Sus miradas se cruzaron como dos navajas en el claroscuro de un patio trasero. Días más tarde recibió un telegrama: "Gracias por su colaboración", firmado mister

(Diego Caballero Moreno)

Amigos y ex amigos

En la puerta del ascensor, mi ex socio, volvió a implorar, pero yo le recordé su máxima de pisa al prójimo cuando haya que pisarlo... El muy cínico esgrimió entonces el argumento de la amistad, a lo que respondí que no tenía ni necesitaba amigos. Con las puertas cerradas, escuché que decía que amigos hasta en el infierno... Apreté el botón. El ascensor se deslizó veloz, una lucecita iba marcando en orden descendente los pisos: 15, 14... ¿Por qué se habría referido a la amistad? precisamente él... 9, 8... ¡Bah! ¡Fue lo primero que se le ocurrió! 2, 1, PB... Aún así, sentí cierta intranquilidad. Mi ex socio siempre guardaba un as... -1, -2... ¡Eh! ¿Qué es esto? ¡Apreté el botón de la planta baja...! Me habré equivocado... -5, -6... -20... ¡Pero bueno! ¡No se detiene...! Volví a examinar nervioso la lucecita; seguía marcando el paso de los pisos... -50. -60... Sólo se me ocurría un responsable... -100... El ascensor continuaba bajando, mientras mi terror subía... -5000... La situación se me hizo angustiosa. Llegó un momento en que temí llegar... ¿Dónde? Que se abrieran las puertas... Prefería continuar bajando... -10000. -20000... De pronto la cabina se detuvo. Durante unos segundos no sucedió nada; luego, cuando comenzaron a abrirse las puertas y un calor sofocante se precipitó adentro, noté como mis esfínteres se relajaban incontrolados. - Por fin llegas. ¿Supongo que eres el ex socio de mi amigo? ¡Ja,ja!-Irrumpió en carcajadas el mismísimo Lucifer. - Apenas pude asentir.

(Radelassi)

Ejecución

En el último momento me reiré de ellos. Sé que esa pistola en mi boca ahogará una carcajada porque realmente son ellos los que están ahogados entre tanta mierda. Sé que esa pistola en mi sien no matará mis ideas porque tienen más sentido que las de ellos. Me reiré de ellos porque sé que ahí fuera llorarán mi muerte y rugirán de dolor por lo que van a hacer. Sé que me reiré, pero ahora sólo tengo miedo, miedo a morir, a dejar atrás a mi familia, a mi novia y a aquellos que me animaron a luchar por la vida. Miedo a perder, a que la sociedad se rinda, a que mi muerte no sirva para nada. Tengo miedo a que se agote la convicción de que me reiré, porque eso significará que han matado mis ideales antes de asesinarme.

(Jorge Moreno)

Posesión.

LLegue a su casa y como siempre él estaba viendo la tele. Una película de esas de lucha, sangre y gritos muchos gritos. Me dijo hola y nada más, algo normal. Parecía relajado y se podía ver una pequeña sonrisa en su rostro. Había hablado con él esa misma mañana y le había notado más contento de lo normal, sin su mutismo y sus quejas habituales contra al mundo, incluso se le había escapado una pequeña carcajada. Pero la casa estaba rara, había un olor diferente, estaba oscuro, me acerque al dormitorio. Ella había vuelto, estaba allí, más guapa que nunca. Tenia una sonrisa profunda y unos mirada penetrante. Encima de la mesilla había dos jeringuillas. Entonces lo entendí todo, ella le había prometido volver pero esta vez no sería para hacerle daño y poseerle sino que sería para llevarle a un viaje alucinante del cual nunca volvería.

(M Angeles Sanchez Nieto)

la apuesta

Sucedió como en tantas pesadillas que parecen reales. Lo que aposté (y perdí) en aquella partida no podía dejármelo cobrar. Por la noche, en la cama del hotel, totalmente borracho, apenas si logré dormir. Mi mente estaba obsesionada buscando la forma de evitar mi pago, previendo las peligrosas disputas a que mi sinrazón me había conducido. El sueño, con su facilidad para hacernos sentir con determinismo la más absurda de las pesadillas, me mostraba cómo, mi ahora enemigo, pretendía cobrarse su premio: Mis dos piernas. Su carcajada me despertó. Las sábanas estaban desordenadas, empapadas, y a mí me ardía la garganta de sed. Con la intención de servirme un vaso de agua intenté levantarme, pero mi cuerpo no encontró el apoyo de mis miembros inferiores y caí pesadamente allí mismo sobre una alfombra de sangre.

(Norje Lala)

Rictus Cirquense

El payaso miraba sin ver el ensangrentado cuchillo que portaba en la mano. Las siluetas de los trapecistas yacían en la arena formando con sus cuerpos un último y patético escorzo. Se sentía feliz. Hoy, sólo lo más terrible suscita la carcajada de un público embrutecido, y él quería seguir con la función, él debía cumplir la misión vital que comenzó en ese mismo circo años atrás. Eran otros tiempos y otros trucos. "Una bofetada ya no basta", pensó y se encaminó a los carromatos a buscar otra herramientas que le permitieran mejorar su espectáculo. O tempora, o mores.

(Álvaro Otero Moyano)

Sin más.

Soy feliz. Siento la libertad que siempre estuve buscando y creo que ahora comienzo a vivirla. No me arrepiento. Si estás muerto no es mi culpa, así que ¡no me mires con esos ojos desencajados!. Ese carácter nunca te sentó bien... "¡esta comida está fría!", "¿quieres que me levante?", "¿cuántas veces te tengo que decir que no hables con los vecinos?"... Ya no me duelen los cardenales del cuerpo, al contrario son recuerdos que me provocan carcajadas. Te quiero amor mío. Tú lo sabes. Estoy a tu lado.

(Javier Cidoncha)

Él nos pegaba

Él nos pegaba. Y cuando lo hacía mi madre se quedaba llorando, en el suelo, con las manos en la cara y los codos apoyados en la pared. Las lágrimas le caían entre los dedos y su frente sudaba en rojo. Me acercaba y le besaba los dedos y la frente y luego la abrazaba y permanecía así un rato. Después, me cogía y decía: "Algún día nos iremos de aquí, cariño". Y me hacía cosquillas hasta que volvía a entrar él. Su carcajada rompía el espacio de la habitación. Mamá seguía apoyada contra la pared, con la cabeza agachada. Yo le veía acercarse desde abajo. La sombra de mi padre. Su garganta. La nuez que le subía y le bajaba. Y sus brazos.

(Miguel CArvajal)

Enterrado Vivo

Mientras los gusanos le mordían la carne, el dolor le lazeraba todo el cuerpo, mientras las pústulas eclosionaban, sus dedos mermaban, y su voz ya no se oía. Por la carcajada que soñó que retumbaba en su mente, dedució que podía pensar, y que podía sentir. La tapa estaba bien cerrada, por más fuerza que había ejercido no consiguió mover ni un ápice la pesada madera de haya. La tierra que se introducía por la marquería destartalada, no le impedía respirar, tan solo aceleraba la entrada de los anélidos. Su pensamiento no se transmitia de manera adecuada por los conductos eléctricos de sus neuronas, y ya solo le quedaba recordar...recordar la última mirada de su mujer,...recordar lo que era sentir el amor, la furia, la incomprensión...recordar, había tantas cosas que recordar. En esa tumba, sólo un milagro le mantenía con vida, sin agua, sin comida. Solo pedía que las lombrices terminasen su trabajo, por que no le quedaba lengua que morder, ni cuello que asfixiar.

(Asip)

ÉL

Siempre supe que habitaba allí, en el pasillo, que me acechaba y esperaba encontrarme a solas en la oscuridad, pero nadie me creía. Cada noche, cuando mi abuelo me mandaba traer un vaso de agua o mamá me pedía que apagase la luz de la cocina, escuchaba sus pasos tras los míos y notaba su aliento en la espalda. Nunca conseguí verle, desaparecía cuando yo me giraba, por muy rápidamente que lo hiciese, y, en el mejor de los casos, quedaba en el aire el resto de una carcajada que todos afirmaban no haber oído. Me faltó poco para dudar de su existencia. Hasta hoy, en que me he dado la vuelta y le he encontrado parado frente a mí, mirándome.

(Montserrat Cano Guitarte)

En este cumpleaños

Sabías que te buscaba cada cumpleaños y que no había forma de esconderse. Era lo habitual del día y te paralizaba sólo pensar en que vendría. Lo que no esperabas fue su súbita llegada una noche cualquiera. No podías moverte, respirar era casi imposible y no por el calor. Como una carga eléctrica que te hubiera inmovilizado, sin poder articular siquiera, con una opresión de muerte en tu cabeza, sólo lanzabas al vacío un grito que nadie escuchaba, ni tú mismo. Luego, la lucha, el forcejeo y finalmente la irrupción abrupta en tus entrañas, sin jamás habérselas ofrecido. Cuando abandonaba el cuarto te dejaba espantado, gimiendo en posción fetal. Y andabas sonámbulo por varios días, colocando platos de azúcar a los pajaritos y enchufando pequeñas fuentes de agua intentando encontrar algo de paz. Pero hoy decidiste esperarlo tú, porque en este cumpleaños el protagonista eres tú y lo sientes buscando por donde entrar desde hace mucho rato y no podrá pasar porque no hay un sólo lugar que no esté marcado con la sangre del pacto. Y por primera vez desde que eras un niño sientes que una estruendosa carcajada emerge de tu interior.

(Mirella)

el fin

El retumbar de los tambores de guerra me desveló. Abrí la puerta de la cabaña y sólo recuerdo una pérfida carcajada, y su rostro. ¡Maldito rostro! Me cogió en sus brazos y supe que era el fin.

(joseba)

Madera mojada

La lluvia se ha aliado con él. Duró poco el intenso placer de sentir su retroceso ante el fuego de la antorcha. Algo tan simple que sólo una desesperación básica, primitiva, me llevó a imaginar. Pero ya nada prende. La madera de la casa está hinchada y fría como un ahogado. Llueve, llueve. Oigo el tamborileo del agua y su arrastar tras la puerta. Ya no puedo permanecer aquí. La madera podrida del ventanuco cede y me alzo hasta que mis manos se aferran a la tierra húmeda.Con lo que he adelgazado ahora consigo pasar sin dificultad. Los árboles se me desdibujan entre la lluvia y el vapor. Corro, corro, reuniendo todas mis fuerzas, pronto será de noche. Corro y me estremezco paralizado. Desde las entrañas de la casa aflora una carcajada inmensa, aguda, casi humana.

(David Pérez-Vega)

Ejecución

En el último momento me reiré de ellos. Sé que esa pistola en mi boca ahogará una carcajada porque realmente son ellos los que están ahogados entre tanta mierda. Sé que esa pistola en mi sien no matará mis ideas porque tienen más sentido que las de ellos. Me reiré de ellos porque sé que ahí fuera llorarán mi muerte y rugirán de dolor por lo que van a hacer. Sé que me reiré, pero ahora sólo tengo miedo, miedo a morir, a dejar atrás a mi familia, a mi novia y a aquellos que me animaron a luchar por la vida. Miedo a perder, a que la sociedad se rinda, a que mi muerte no sirva para nada. Tengo miedo a que se agote la convicción de que me reiré, porque eso significará que han matado mis ideales antes de asesinarme.

(Jorge Moreno)

Llaman a la puerta

La policía llama a la puerta, con ese sonido áspero y oscuro de nudillos golpeando sobre la madera. La policía llama la puerta con la insistencia fría de todas las policías cuando creen estar ante la puerta cierta. La policía llama mientras yo observo en silencio la doble pared frente a la chimenea. En la pared vana retumba la llamada de la policía. La policía golpea en la puerta con sus nudillos, y en mis tímpanos golpea la insistente llamada de su carcajada detrás de la pared incierta. La policía entra a la casa con el ojo vivo y el semblante hueco de todas las policías en las casas ajenas. Siento derrumbarme ante su mirada fría, y mientras tanto, su carcajada no deja de machacarme, con el sonido áspero y oscuro de sus uñas y sus nudillos golpeando sobre la madera.

(Gonzalo)

El maestro

Esa anochecida el cielo aparecía rojizo, y acababan de sepultar al maestro del pueblo. Se había suicidado lanzándose a la rueda hidráulica construida en la finca que tenía alquilada los veranos. Se supo que estaba allí porque en uno de los arcaduces de la noria subía y bajaba un zapato. Carmen, Laura y yo nos dirigimos, con las sábanas blancas sobre nuestros cuerpos, al campo santo. Nos encaramamos a la tapia y allí iniciamos la danza de la muerte. El santo lugar se divisada desde cualquier escondrijo del pueblo, y era nuestra venganza que los habitantes creyeran que las ánimas iban a saldar cuentas. Comenzó a plañir la campana de la Iglesia, callaron los árboles del osario, las flores se ocultaron bajo tierra, enmudeció el viento y, asidas de las manos y temblando, oímos su respiración. Sobre la tapia, a nuestro lado, apareció el educador amortajado. Escupía agua poblada de lodo y raíces, y de su frente brotaban los sesos lentamente. No recuerdo que ocurrió. Amanecí en la cárcel. Cuando pregunté por Laura y Carmen, contestaron que estaban muertas, que las había asesinado en el campo santo. Según contaban, asomaban ahogadas en el brocal del pozo con el que se riegan los huesos. Intenté explicar que no había sido yo, pero el Juez puso en duda mi palabra. Sólo recordaba, de aquella noche, una carcajada y al maestro diciéndome que no me mataba porque mi alma ya estaba muerta.

(Dolores Lagar Trigo)

inocencia mortal

Sentada frente al lago obsevaba el bosque. Bajó la mirada, cojió su daga y soltó una estrepitosa carcajada.A su lado, un muchacho de siete años la mira con ronsisa maliciosa y, metiendo la mano en su bolsllo, sacó un corazón que aún latía en sus pequeñas manos y, elevándolo, se lo mostro a la mujer. Ella lo miró con cara aterradora, los ojos desencajados....La sonrisa se le congeló en la boca. Ja ja ja ja....madre-dijo el niño-,me has liberado de mi padre,ja ja ja ja ja....,tú,ahora, tambien me perteneces.

(Selene)

El Piano

Cae la noche. Muere el sol por el horizonte y la oscuridad impregna poco a poco las habitaciones de la casa. Hoy todavía nada ha pasado, pero sé que vendrán y espero impaciente la primera señal que hoy quieran hacer. Ya sé sus nombres, pero desconozco porqué se presentan. De repente un frío fuera de lo normal inunda el salón... se oyen ruidos y voces... ya han llegado. Puedo notar en su mirada que están intranquilos. Les hablo, les grito... intento comunicar... y no lo consigo. Sólo uno de ellos parece ser algo sensible a mi presencia. Me acerco y le digo que estoy aquí. No sé si me ha entendido, pero sus ojos se llenan de lágrimas y grita: ¡hijo mío! ¡Sé que eres tú!. Esas palabras una vez más no me dicen nada, siempre igual. Apago la luz y me siento al viejo piano sólo con pensarlo, no sé por qué ni cómo, sé tocarlo, hace tiempo que perdí la necesidad de plantearme las cosas. Una melodía sale de mis dedos, y mientras ellos huyen espantados suelto una carcajada. Da igual, sé que volverán.

(Lucas)

La prueba final

Desde luego, lo que nunca me ha dado miedo son las historias de vampiros, ni las del hombre lobo. Al fín y al cabo todos ellos son seres tangibles, que se ven y se tocan. Lo que me produce verdadero terror son los espíritus que vagabundean por casas y casonas hasta que la misión que dejaron incompleta en la Tierra antes de morir, la han cumplido. ¿Acaso creeis que estos seres invisible no existen?, La respuesta es bien sencilla ¿Acaso una onda electromagnética se puede ver o tocar?, sin embargo nadie cuestiona su existencia real. Por si alguien queda sin convencerse de la existencia de estos espíritus, ahí va la prueba final ¿Quién no ha oído alguna vez en su casa solitaria una carcajada que no sabía de quién ni de donde provenía?.

(espíritu)

Temo

Cuando sube el ascensor, cuando arranca la moto, cuando espero en la esquina, cuando parece que no llega, cuando despierta el teléfono, cuando nadie llama, cuando suena una carcajada, cuando ya no dice nada, cuando jadea en la cama, cuando dice que no, cuando me piden que espere, cuando pregunto hasta cuando, cuando siento que me persiguen, me giro, y no hay nadie. Ahí es cuando siento terror.

(Miguel Angel Sánchez Hernández)

En este cumpleaños

Sabías que te buscaba cada cumpleaños y que no había forma de esconderse. Era lo habitual del día y te paralizaba sólo pensar en que vendría. Lo que no esperabas fue su súbita llegada una noche cualquiera. No podías moverte, respirar era casi imposible y no por el calor. Como una carga eléctrica que te hubiera inmovilizado, sin poder articular siquiera, con una opresión de muerte en tu cabeza, sólo lanzabas al vacío un grito que nadie escuchaba, ni tú mismo. Luego, la lucha, el forcejeo y finalmente la irrupción abrupta en tus entrañas, sin jamás habérselas ofrecido. Cuando abandonaba el cuarto te dejaba espantado, gimiendo en posción fetal. Y andabas sonámbulo por varios días, colocando platos de azúcar a los pajaritos y enchufando pequeñas fuentes de agua intentando encontrar algo de paz. Pero hoy decidiste esperarlo tú, porque en este cumpleaños el protagonista eres tú y lo sientes buscando por donde entrar desde hace mucho rato y no podrá pasar porque no hay un sólo lugar que no esté marcado con la sangre del pacto. Y por primera vez desde que eras un niño sientes que una estruendosa carcajada emerge de tu interior.

(Mirella)

El dia es hoy

La muerte está detrás de cada esquina, esperándote. 1001: En un manuscrito lacrado el monje cronista de la abadia encontro el siguiente mensaje: "El día es hoy". Releyó dos veces la frase pero no entendió lo que significada hasta que una opresión en el pecho le anunció su agonía. 1501: Un correo sellado llegó a la corte. El bufon lo abrió y congeló su carcajada al leer: "el día es hoy". También él leyo otras dos veces la frase. Poco después notó como su respiración se agotaba y su corazón se detenía. El día al que se refería la frase era el de su muerte. 2001: Una página web se abre y en medio de un microrrelato tus ojos se pasean por encima de las palabras: "EL DIA ES HOY" Es la tercera vez que lo haces, la maldición está en marcha. Sufre, tu agonía acaba de comenzar.

(Juan Diego Martin Soto)

En blanco

Ante la pantalla líquida y blanca del ordenador una carcajada sonora confirmó sus sospechas. El terror ante la página en blanco era el mejor cuento que podría concebir jamás.

(Joaquín Quílez Forteza)

En este cumpleaños

Sabías que te buscaba cada cumpleaños y que no había forma de esconderse. Era lo habitual del día y te paralizaba sólo pensar en que vendría. Lo que no esperabas fue su súbita llegada una noche cualquiera. No podías moverte, respirar era casi imposible y no por el calor. Como una carga eléctrica que te hubiera inmovilizado, sin poder articular siquiera, con una opresión de muerte en tu cabeza, sólo lanzabas al vacío un grito que nadie escuchaba, ni tú mismo. Luego, la lucha, el forcejeo y finalmente la irrupción abrupta en tus entrañas, sin jamás habérselas ofrecido. Cuando abandonaba el cuarto te dejaba espantado, gimiendo en posción fetal. Y andabas sonámbulo por varios días, colocando platos de azúcar a los pajaritos y enchufando pequeñas fuentes de agua intentando encontrar algo de paz. Pero hoy decidiste esperarlo tú, porque en este cumpleaños el protagonista eres tú y lo sientes buscando por donde entrar desde hace mucho rato y no podrá pasar porque no hay un sólo lugar que no esté marcado con la sangre del pacto. Y por primera vez desde que eras un niño sientes que una estruendosa carcajada emerge de tu interior.

(Mirella)

Temo

Cuando sube el ascensor, cuando arranca la moto, cuando espero en la esquina, cuando parece que no llega, cuando despierta el teléfono, cuando nadie llama, cuando suena una carcajada, cuando ya no dice nada, cuando jadea en la cama, cuando dice que no, cuando me piden que espere, cuando pregunto hasta cuando, cuando siento que me persiguen, me giro, y no hay nadie. En esos momentos siento terror.

(Miguel Angel Sánchez Hernández)

VELOCIDAD

Siempre le gusto la velocidad. Cuando pasó frente a mi ventana en su caída iba soltando una inmensa y feliz carcajada.

(Pilar Talamanca López)

La anciana

Ocurrió durante un viaje que Max hizo en solitario por España. Al segundo día la vió. La anciana, vestida de negro, estaba sentada de cuclillas con la mano extendida. A Max le pareció que emanaba una bondad especial, pero al llegar a su altura declinó dar limosna alguna. Max siguió su camino y al cabo de unos metros se detuvo. Sin saber por qué, volvió la cabeza, y es entonces cuando vió aquellos ojos llenos de maldad e inteligencia que transmitían una sonrisa que a él le pareció carcajada. La vieja no paraba de clavarle la mirada y Max huyó calle arriba. Días después, en otra ciudad, Max intuyó verla entre el gentío de un mercadillo, y sintíó esos ojos en lo más profundo de su alma. Max regresó a su pueblo de Wisconsin y contó en tono de burla la historia de la anciana. Ardía en deseos de revelar sus fotos y así lo hizo. Al abrir el sobre creía desmayarse. Allí estaba ella, en cada foto que iba viendo, unas veces a su lado y otras unos metros por detrás. ¿Cómo era posible? Cuando aquél japonés le hizo la foto junto al mar estaba sólo. ¿Quién podría creerle? En la seguridad de la distancia Max intentó calmarse y decidió romper todas las fotos. Al llegar a la última quiso gritar y no pudo. Esa foto la hizo en su casa de Wisconsin, con el automático. Aquellos ojos sonreían más que nunca.

(José Sánchez)

La Condena

Recuerdo... Creo recordar... si... no... una carcajada. Recuerdo el juego. Recuerdo haber perdido, y que todo mi terror y mis miedos se hicieron realidad. Y haber decidido acabar con todo buscando la única salvación. Ahora tiemblo como temblé. Había mucho que ganar, y sólo uno podía perder. Y fui yo. Mi temor más terrible se convirtió en realidad, el único contra el que no podía luchar: la soledad, la más abyecta y absoluta. Vivir así era estar muerto, por eso sólo tenía una escapatoria; pero no fue tal. Ahora tiemblo como temblé. Perder fue una condena eterna. Ahora, en este presente continuo, sin pasado y sin futuro, sólo deseo que esta muerte muera.

(German A Garcia Kragelj)

Que nadie la suelte ante mí

La carcajada es en sí misma tenebrosa, seca, profunda y terriblemente amenazadora. ¿Cómo se puede permanecer impasible ante una persona que expulsa con gran esfuerzo una mezcla de sentimientos ocultos en saliva al temeroso espectador de tan cruel espectáculo?....Yo, desde luego, no puedo. No puedo soportar a alguien soltando una carcajada, no sé como va a reaccionar al finalizarla, ¿me abrazará, me sonreirá, me golpeará?...Seguramante haga lo último, y a mí no me dejará tiempo para reaccionar, porque pobre de mí, no sé abstraerme de la cara de la persona que suelta una carcajada ante mí.

(José M. Arroyo)

Agazapada

Eran sonidos de pasos, de eso estaba segura, unos pasos lentos y pesados. La respiración gaseosa, como entrecortada. Algún lapo al suelo y ese ronroneo gutural primitivo y profundo que le provocaba un asco dificil de reprimir. Esta vez no le esperaría quieta bajo las sábanas, impasible, petrificada de terror. Esta vez no permitiría que posase sus manos de viejo pervertido sobre ella. Oía sus carcajadas huecas y flemosas. Debía absolutamente reunir fuerzar para huir, a veces es mejor una huída a tiempo que sucumbir al bloqueo, se decía. Sólo llegó a esconderse, una niña podía muy bien caber en lugares que un adulto no imagina propios para el ser humano. Oía su enfado al no encontrarla, sus risas se habían convertido en gritos de rabia provocados por una pasión insatisfecha. Ahora sí es momento de estar quieta. Está cerca, su pantalón roza la puerta de la pila de lavar cacharros. Algunos platos vuelan, uno cae cerca, puede ver cristales rotos que amenazan con entrar. Pero él no la encuentra. Esta noche no, y quizás no haya más noches para jugar el papel de víctima. Mañana iría a la Directora del Internado y se lo contaría todo.

(Alberto Ibáñez)

inocencia mortal

Sentada frente al lago obsevaba el bosque. Bajó la mirada, cojió su daga y soltó una estrepitosa carcajada.A su lado, un muchacho de siete años la mira con ronsisa maliciosa y, metiendo la mano en su bolsllo, sacó un corazón que aún latía en sus pequeñas manos y, elevándolo, se lo mostro a la mujer. Ella lo miró con cara aterradora, los ojos desencajados....La sonrisa se le congeló en la boca. Ja ja ja ja....madre-dijo el niño-,me has liberado de mi padre,ja ja ja ja ja....,tú,ahora, tambien me perteneces.

(Selene)

Navidad entre risas

Dicen que la risa es buena para la salud, que una buena carcajada a tiempo ataja mil y un problemas propios de una vejez que se encuentra poco con lo que jugar. Pero el día en el que la muerte vino a visitarme se rompió en mil pedazos la confianza que durante años había depositado yo en el saber popular. Es terrorífico ver cómo los tuyos, alrededor de la mesa de Navidad, se ríen, gesticulan, se agarran del estómago doloridos... mientras tú sientes cómo por cada carcajada que suena en el ambiente, una puñalada se clava en tu espalda. Todo el mundo permanece ajeno al sufrimiento que cuchillos bien afilados provocan en el cuerpo de uno. Todo se tiñe de rojo. Una cortina de sangre en los ojos me inunda los párpados. Sólo se oyen risas. Cuanto peor lo paso yo, más se ríen ellos... El sonido es filtrado por el desespero. Sólo se oyen risas... y vacío. Risas y vacío. Carcajadas inmensas, atroces, despiadadas. Carcajadas que crujen, que se clavan, que destrozan. Carcajadas que saben a sangre. Creo que lo más cruel fue ver el muñeco budú que mi mujer apretaba fuertemente desde el otro extremo de la mesa, entre las risas terroríficas de mis hijos. Y si tienen alguna duda, pásense una noche por un cementerio y descubrirán cómo les rechinan los oídos a la sombra de una luna que, lejos de reirse, suaviza la realidad impía de los que allí yacemos.

(Santiago Casanova)

Momentánea Ceguera

¿Dónde estaba Clara? No la encontraba por ningún lado. Oyó un ruido y persiguiendo su estela llegó a la puerta del sótano. Se detuvo pensando lo peor. Estaba harto de ver películas de terror que terminaban con la situación en la que se encontraba él. Decidió dar media vuelta y volver a casa.Palpaba las paredes, tropezaba y volvía a levantarse. Se sentó en una silla y queó pensando cuál era la mejor manera de buscarla. Recorrió el pasillo a tientas de un lado a otro sin encontrar una respuesta. Clara había desaparecido cuando la tenía en sus brazos. Él se quedó estrujando con fuerza algo invisible pero ella ya no estaba. Seguía recorriendo el pasillo y entrando en las habitaciones. Cansado, volvió al salón y tropezó con un cuerpo. Lo tocó y era ella. Al instante pudo escuchar la lúgubre carcajada de su momentánea ceguera.

(Álvaro Lucas Lerga)

El Recurso

Seis meses despues, cuando ya no lo esperaba, recibió la respuesta a un recurso que le había puesto a la administración autonómica. Sus compañeros de oficina oyeron la carcajada. Salío a la calle despacito, caminó desorientado hasta cruzar la frontera.

(El Mariachi)

El cordero

El hombre fue secuestrado porque de espaldas parecía Iñaki. Hombros caídos, coronilla tupida de blanco y un andar desgarbado que lo confundía con un jinete recién apeado del podenco. Amordazado y sedado lo metieron en el carro. En la casona derruida le dieron café amargo y serias advertencias. El cordero se quejaba de espanto ante el enigma. Los lobos, en la primera llamada, salieron desquiciadas. Habían metido la pata. El subsodicho era el francés al que el marido de Rocio le cobró la multa sin extenderle el pagaré. Dos faenas en un rato. Lo estafan y se lo llevan como si fuera el hermano del dueño de Le Mans. Al ministro la ocurrencia le resultó un disparate en su salsa. La carcajada retumbó en la moqueta y se sentó en su sillón para observarlo. El presidente le ordenó que lo afeitaran por si había canje. Al cabo de los años se vieron en la puerta de la cárcel. Él entraba por un robo de cervezas de cuando era joven y altivo y ellos salían tras cebarse en una copiosa merienda con el director del tugurio. Sus miradas se cruzaron como dos navajas en el claroscuro de un patio trasero. Días más tarde recibió un telegrama: "Gracias por su colaboración", firmado mist

(Diego Caballero Moreno)

Las profecías se han cumplido

La ronca y prolongada carcajada del recién nacido hizo enmudecer al mundo, y todos se dieron cuenta de que sus días estaban contados.

(Rafael Martinez)

El maestro

Esa anochecida el cielo aparecía rojizo, y acababan de sepultar al maestro del pueblo. Se había suicidado lanzándose a la rueda hidráulica construida en la finca que tenía alquilada los veranos. Se supo que estaba allí porque en uno de los arcaduces de la noria subía y bajaba un zapato. Carmen, Laura y yo nos dirigimos, con las sábanas blancas sobre nuestros cuerpos, al campo santo. Nos encaramamos a la tapia y allí iniciamos la danza de la muerte. El santo lugar se divisada desde cualquier escondrijo del pueblo, y era nuestra venganza que los habitantes creyeran que las ánimas iban a saldar cuentas. Comenzó a plañir la campana de la Iglesia, callaron los árboles del osario, las flores se ocultaron bajo tierra, enmudeció el viento y, asidas de las manos y temblando, oímos su respiración. Sobre la tapia, a nuestro lado, apareció el educador amortajado. Escupía agua poblada de lodo y raíces, y de su frente brotaban los sesos lentamente. No recuerdo que ocurrió. Amanecí en la cárcel. Cuando pregunté por Laura y Carmen, contestaron que estaban muertas, que las había asesinado en el campo santo. Según contaban, asomaban ahogadas en el brocal del pozo con el que se riegan los huesos. Intenté explicar que no había sido yo, pero el Juez puso en duda mi palabra. Sólo recordaba, de aquella noche, una carcajada y al maestro diciéndome que no me mataba porque mi alma ya estaba muerta.

(Dolores Lagar Trigo)

Sin aliento

No podía estar ocurriendo otra vez, no a ella. Se revolvió con furia y logró soltarse de las manos que temía y detestaba. Ella sólo quería huir de aquellas dedos, de aquellos ojos, de aquella sonrisa perversa que la perseguía desde hacía más de diez años. -. Corre Queta, corre.... Te alcanzaré.-Le había oído, había oído su voz alzándose por encima de la música y de las conversaciones, y aquel mensaje llevaba implícita la peor de sus pesadillas. Ganaba distancia lentamente, empujando, golpeando... Ahora ya no oía la música de la discoteca, sólo una voz que martilleaba su recuerdo una y otra vez... Las lágrimas inundaron sus ojos. Llegó a la puerta y salió al exterior emprendiendo una carrera desesperada hacía el aparcamiento. Debía subir a su coche. Rebuscaba en su bolso mientras sus pies corrían sin detenerse. Revivía el momento en que fue atada a aquellas estacas clavadas en el suelo. – Sólo es un juego, Queta.- Susurraba la voz en sus oídos, mientras ella, bajo los efectos de alguna droga desconocida, gemía sin comprender nada. Sin saber como sacó las llaves y abrió la puerta saltando al interior del automóvil. Dentro no vio la sombra que la acechaba a su lado. -. Eres mía, Queta. Nunca podrás huir de mi.- Lo último que vio antes de sentir la primera puñalada en su pecho. A lo lejos el eco de una carcajada

(Madame O)

El profesor

Corria el rumor por el campus de que el profesor Carcajada era tan duro que nadie lo elegia como tutor para sus tesis. Sin embargo, a mi sus clases de anatomia siempre me habian parecido las mas interesantes. Su tono serio, su apasionamiento calculado y enigmatico me atraian. Aquella tarde decidi acercarme hasta su despacho con la idea de tantearle acerca de la posibilidad de que supervisara mi tesis sobre las amputaciones traumaticas.Leyo con interes mis notas. Despues encendio un cigarro, se levanto y apoyado en la libreria me pregunto que estaria dispuesto a hacer con tal de conseguir una matricula de honor. Sin darme tiempo a decir nada me conto que hasta el momento solo habia tenido dos discipulos. Los dos fueron matricula, y los dos estaban ahora en famosos hospitales. ¿ A que deberia estar dispuesto?. Digamelo usted. Daria una pierna por conseguir una matricula y poder entrar en el Hospital de Saint Dennis. Antes de acabar la frase comprobe con horror como el brazo del profesor se alargaba como una goma y su mano ahora convertida en garra me arrancaba la pierna izquierda de cuajo. Me desmaye. Desperte una semana despues en la habitación 153 del Hospital Saint Dennis. Dijerón que el profesor Carcajada me habia encontrado tirado en la carretera. Dijerón que seguramente un camión me habria seccionado la pierna y que el golpe era lo que me habia producido la amnesia. Dijerón que mi trabajo era de matricula de honor.

(Ricardo Lezón)

Escalofrío

No me atrevo a abrir la puerta. El teléfono suena del otro lado, y me estremezco con cada uno de sus pitidos. Me aterra penetrar ese espacio que adivino iluminado. Sé que en esa habitación, de la que me separa una delgada lámina de madera, hay algo más que el aparato que redobla como una campana. Lo presiento, lo huelo... Es algo familiar, que de tan conocido me espanta. Tiento con angustia los bordes del minúsculo agujero por el que penetra la luz; el mismo por el que huye mi hedor, la peste a miedo que segrego. Si bien el resquicio me invita a mirar, tiemblo tanto que mis ojos no atinan. Me falta el aire y recurro al último suspiro, que me ahoga. Mi respiración es tan agitada que no puedo oír; aún así escucho pasos que se acercan. Unos dedos rozan la madera. El eco del arañazo lo multiplican mis neuronas por mil. Me estalla el cuerpo; no siento la cabeza. El sudor se escurre por mi espalda, bañada por el escalofrío. Intento escapar, y mis piernas no responden. Los poros de mi piel absorben voces. Mi pecho inhala las palabras, pero no las retiene. Alguien habla al otro lado, tras soltar una carcajada: "Pero, hombre, ¿por qué quieres abrir el ataúd?". "Es que me ha parecido escuchar algo". "Vamos, el tipo está bien muerto. Tan sólo es un tronco decapitado".

(Anabel Cornago)

Te quiero

Te quiero, sabes que te quiero. Quizás lo sabes demasiado bien, sabes que nunca podré llegar a dejarte. Desperdicié mi oportunidad de desaparecer hace apenas un año. Sí. ¿Te acuerdas de aquel compañero del trabajo? Pero cómo no te vas a acordar, si el día que me acompañó a casa me esperaste en la puerta con un “no lo verás nunca más”. No me atreví a escapar de ti, con él. Ahí empezó todo. Pero te quiero, por el día en que nos vimos, por el año en que nos conocimos, por el hijo que nos separó. Te quiero, incluso, cuando cada noche sube tu borracha carcajada por la escalera y me abrazo a mí para huir del terror.

(Miguel Angel Sánchez Hernández)

¿Qué contar?

Ninguno se atrevió a mirar a sus compañeros. El miedo era tan intenso que no podían levantar sus ojos del suelo. ¿En quién confiar ahora? A su alrededor corrían los servicios médicos, los bomberos, las fuerzas de seguridad, los psicólogos... La pesadilla había terminado. Pero ellos, sólo ellos sabían que acababa de comenzar. Se dejaban abrazar, algunos lloraban... Pero todos tenían grabadas en su mente las terribles escenas que habían compartido y que no se podían explicaar. Dos muertos. El asaltante, que retuvo a una de las clases de secundaria durante ocho horas, y un alumno. El asaltante murió abatido por los disparos de la policía poco después de que se oyera un disparo en el interior del instituto y corriera hacia una de las ventanas. El alumno murió en circunstancias confusas que sólo sus compañeros podrían explicar. No fue el secuestrador quien disparó. Ese día alguien más se levantó con ganas de salir en la prensa por asaltar el instituto. Y ante el giro inesperado de los hechos, ante el hombre que entró en el instituto y le retuvo junto a sus compañeros en clase,ante ese hombre que le estaba quitando el placer de sentirse poderoso con un arma en sus manos, él sólo tuvo una alternativa: sacar su alma, soltar una estremecedora carcajada y dispararse.

(Cristina Plaza)

Silencio

Por fin en paz. Pasó media vida buscando el lugar donde descansar y, cuando lo encontró, gastó la otra media estudiando cómo llegar a él. Por eso no podía soportar esa carcajada que, cada día, a la misma hora, oía a lo lejos. Aquella voz le resultaba familiar. ¿El hermano con el que nunca compartió nada? ¿La mujer que le abandonó porque “tú paraíso no existe”? ¿El hijo del que se despidió con un “hasta siempre”? Tanto le molestaba aquella risa que más de una vez tuvo la tentación de abandonar y abrir el ataúd.

(Miguel Angel Sánchez Hernández)

¡Nooo! Era ella...

¡Nooooo!¡Noooo! La miraba. Era un éxtasis de sensaciones mientras la observaba revolcarse en el pavimento. Sus ojos delataban terror. No podía contener sus deseos de que esa escena no terminara nunca. Que el cielo siguiera teñido de rojo y morado...porque su piel expiraba ello...sangre...¡Nooo! Natasha seguía viva y clamando. La ciudad, reía. ¡Nooo! ¡Por favor! Y esa cosa, ese ente, esa inexplicable forma de vida continuaba observándola. Y reía. Natasha seguía viva y los segundos la seguían torturando. Quería morir. Quería sufrir. Era una sensación erótica que cundía entre sus piernas y sus pezones. Una sonrisa macabra la envolvía. Y nadie. Absolutamente nadie hacía nada. Claro. Nadie la veía. ¡Ahhhh!¡Nooo! ¡Ya nooo! Y el blanco y virginal cuerpo de Natasha se empezaba a teñir de rojo. La sangre la envolvía como petalos de rosas. La temperatura del pavimento y de aquello y único que la observaba, se convertían en una sinergía de sensaciones más terribles y eróticas. Su respiración comenzaba a perder fuerza. Sus ojos, a dormirse. Ella, seguía ahí. Inmovil. Acurrucada. Cual feto en el vientre de una madre espera la luz. Y eso...aquello...la nada arrojaba una carcajada. La misma carcajada de aquel hombre que la miraba en el subterráneo madrileño. Sí. Era él. Y ella lo miraba en el espejo del vagón.

(Cristián Sandoval Cabezas)

NO FUE UN SUEÑO

Abrió los ojos. El sueño había sido plomizo, agotador. Quiso recordar pero nada acudía a su memoria. Miró hacia abajo, forzando los ojos: vio que carecía de cuerpo, su cabeza era la solitaria forma sobre un pedestal traslúcido. Se calmó: era sólo un sueño. Una mujer se acercó a él y lo observó un rato, como se hace con una antigüedad. Sin mediar palabra se fue. Así estuvo un tiempo considerable, visitado por cientos de personas. No podía hablar, ni oír, y aunque era angustioso se aferraba al sueño, a ese maldito sueño. Finalmente se acercó a él un hombre con uniforme. Llevaba una placa sobre el pecho: "Parque Temático XX. Sección criogenizados". Manipuló un aparato, lo miró con desdén y lo dejó solo. Entonces recordó. Un hombre casado, sin hijos, una vida con sonrisas... una enfermedad repentina e incurable. Y supo con certeza que aquello ya no era un sueño sino una pesadilla. No podía escapar, ni pedir auxilio. Era una pieza de museo que nadie iba a reclamar. Una máquina le bombeaba sangre al cerebro. Tuvo la ocurrencia de dejar de respirar pero ni siquiera tenía pulmones que colapsar. Entonces recordó algo sobre la presión sanguínea. No sin esfuerzo soltó una carcajada tan fuerte, con tanta energía, que los músculos de la cara hicieron que los conductos de sangre saltaran de sus embocaduras. Mientras moría pensó que todo era un sueño, pero de no ser así se sentiría feliz por abandonar aquella pesadilla.

(Luis Ángel García Prieto)

Risas

Sonreía, sonreía y volvía a sonreir, hasta que le rebane el pescuezo y pude ser yo quien soltase una tremenda carcajada. No lo puedo negar, entretener a los muñecos electrónicos nunca fue mi fuerte.

(Daniel)

Nunca estuve solo

Me negué a escuchar sus advertencias por primera vez desde que vivía con ella. Cada mañana cuando despegaba la cabeza de mi almohada y las pegajosas legañas que sellaban mis ojos se dignaban a dejarme ver las ocres paredes de mi habitación, tenía que escuchar la retahíla de consejos que Sara me transmitía con condescendencia. No podía recorrer los tres metros que separaban la cama del lavabo sin escuchar sus advertencias sobre mi existencia y sobre los errores que cometía al dirigir mi vida. Las cerdas del cepillo de dientes no habían comenzado a rozar mis incisivos cuando sus palabras comenzaron a perderse en el aire y convertirse en susurros. Tal vez fue el flúor del cepillo de dientes lo que actuó de alucinógeno pero cuando cada susurro se tornó en carcajada recordé la época en que el Lsd era mi comida diaria. Tal vez recordé el gorila gris que me acechaba, tal vez la serpiente morada, pero con el cepillo sobresaliendo de mis labios y la afilada cuchilla de afeitar en mi mano me lancé hacia ella; tenían que terminar las tétricas risas, tenía que finalizar el eterno susurro; dentro de mi sólo oía el verbo degollar. Caí sobre el lecho como charca de agua al lanzarse de un trampolín y solo encontré la sábana donde me revolví entre mis vómitos; ella nunca estuvo allí y al caer la cuchilla corto mis carótidas. Antes de ver el túnel oí el último consejo, mi cuchilla me dijo ¡muerete!.

(José Luis Jordán Moreno)

Combatir la ansiedad

- Esa sensación de alejamiento de la realidad, esa sensación de pérdida de control...es muy desagradable pero lo peor es cuando me invade el pánico,el sudor frío, la taquicardia, los temblores, esa sensación de estar volviendome loca. Es muy difícil de explicar si no lo has sentido nunca. - Te comprendo, sentí lo mismo cuando fallecí hace tres años. Contestó la psicoterapeuta con una estruendosa carcajada.

(Inmaculada Hernández de Troya)

Miedo

No era la primera vez que sentía pánico, de echo el miedo era un compañero habitual en su vida, un miedo constante, irracional y posesivo. Miedo no a la muerte sino a la vida, miedo al llanto y a la risa, miedo al día y a la noche, miedo al miedo. Se levantó sudando de la cama, eran las cinco de la mañana y todavía no había amanecido, ni se vistió siquiera, bajó a la calle en pijama. Desde la ventana le vi perderse entre las calles, corría y corría desesperadamente, como si algo le persiguiera, no pude ver lo que era. Traté de alcanzarles pero fue inútil. Cuando llegué a la playa encontré sus ropas en la orilla, me metí en el agua, parecía tranquila, nadé, buceé pero todo fue en vano. Mientras me ahogaba vi su cuerpo flotando, me pareció que sonreía, como si hubiera expirado con una carcajada liberadora e histérica, ya no le perseguía nadie, ya no tenía miedo, el miedo ahora estaba conmigo.

(candido)

Una noche más

Supuestamente era una noche más. Del trabajo a casa como cada día. Pero Sonia no sabía que los designios del destino son caprichosos y que aquel día ella era el objetivo de un sucio juego de aquel ser omnipotente que algunos dicen que observa nuestras vidas entre carcajada y carcajada. Como siempre se disponía a entrar en el pequeño portal de aquel viejo edificio donde vivía desde hacía unos años. Era a lo que más podía aspirar, y cómo siempre pensaba, al menos era una mujer independiente y sin ataduras. Sonia era muy intuitiva, como todas las mujeres, según los estudiosos ; y aquella noche el portal le traía sensaciones muy raras, muy sucias, algo que ni ella podía razonar intelectualmente. Estaba todo demasiado oscuro, y sentía la maldad en cada una de sus células. Como si de una premonición se tratara, Sonia empezó a sudar y a llorar, sufriendo en sus carnes la humillación de la violación. Instantáneamente su verdugo apareció, primero la violencia física, después la psicológica y por último el desgarro final. Sonia entretanto, con los ojos llorosos y la cara roja de la paliza recibida, miraba hacia arriba intentando encontrar a ese que dicen observa nuestras vidas entre carcajada y carcajada.

(Carlos Rojas)

Nadie ríe el último

Escuchó una risa que llegaba desde muy lejos como un rumor sordo y apagado, una risa que crecía y crecía, acercándose, cercándole. La risa le rodeaba, le asfixiaba, hasta ahogarle con una carcajada demente. Murió mientras escuchaba como los vivos reían que fuera él, y no ellos, quien moría. Rieron desconocidos oficinistas en Hong Kong, picapedreros esclavos en Sierra Leona, los niños de una escuela primaria de Islandia, sus compañeros de la universidad, sus vecinos de rellano, su padre, su madre, sus hermanos. El mundo le olvidó con una carcajada igual que él había reído tantas veces sin saber que nadie ríe el último. Tampoco usted.

(Alberto)

LO IRREPARABLE

Siempre había temido este momento. Siempre había hablado con amigos que temían este momento. Había hablado con varias personas de confianza de ese día en que se levantara y descubriera que no hay nadie en casa, en las calles, en el trabajo o al otro lado de cualquier linea de teléfono. Lo hablaban a media voz, de pequeños, y ya adultos con voz alta y risas afectadas con un deje de inquietud proveniente de la infancia. Había hablado también con su abuelo, el sabio abuelo Toribio, de quien tantas lecciones había aprendido en su vida: - Teme siempre lo que no conoces y que la soberbia no aplaque tu temor-, decía el anciano. Ahora, en la soledad de la calle lloró como el niño que fué por el hombre que había dejado de temer. No había ruido alrededor pero en lo más profundo de su mente, suave al principio, violenta y descarnada después, pudo oir una siniestra carcajada, y entonces supo que todo, absolutamente todo puede ocurrir y ningún humano engreido debe reir de lo que no conoce. Supo que estaba destinado a la vida y a la absoluta soledad.

(Maria Dolores Gutiérrez Navarro)

Cuento de Navidad

Cada cinco de Enero, por la noche, mi padre llegaba en un camión muy grande. Nosotros estábamos acostados y nos hacíamos los dormidos. Pero algún año vimos cómo él descargaba cajas y cajas con nuestros regalos. Por la mañana, lanzando una enorme carcajada, entraba en nuestra habitación y la llenaba de felicidad: Dios ha venido, Jesús ya está aquí... Luego, bajábamos al salón, y allí jugábamos hasta la noche. Nuestros regalos eran los mejores regalos que un niño haya podido desear. Mi padre era el dueño de una fábrica. Allí es donde se hacían los jamones y los chorizos y los salchichones que luego vosotros os coméis por las tardes en el bocadillo. Podría decirse que éramos ricos. Teníamos una casa enorme. Y criados. Éramos niños afortunados, y así nos sentíamos cuando, esa misma noche, dábamos gracias al Redentor por la dicha con que nos había obsequiado. Mi madre decía: -Tratad bien los regalos. Dios se enfadará con vosotros si no sois obedientes. Pero nosotros no podíamos resistir esa ansiedad que nos invadía el estómago. Al principio los mirábamos con curiosidad. Pero después sentíamos unos deseos locos de lanzarnos sobre ellos. Nuestras bocas se llenaban de saliva. Nuestras narices no paraban de subir y bajar. Allí estabán. Montones y montones... Su olor nos hipnotizaba... Acariciábamos nuestros labios... Y luego... Luego nos manchábamos de sangre toda la ropa. Pero eso a mis padres no les importaba. Después de todo, era una vez al año.

(David López Sandoval)

Silencio

Por fin en paz. Pasó media vida buscando el lugar donde descansar y, cuando lo encontró, gastó la otra media estudiando cómo llegar a él. Por eso no podía soportar esa carcajada que, cada día, a la misma hora, oía a lo lejos. Aquella voz le resultaba familiar. ¿El hermano con el que nunca compartió nada? ¿La mujer que le abandonó porque “tú paraíso no existe”? ¿El hijo del que se despidió con un “hasta siempre”? Tanto le molestaba aquella risa que más de una vez tuvo la tentación de abandonar y abrir el ataúd.

(Miguel Angel Sánchez Hernández)

llamada a medianoche

Pasaba de medianoche cuando sonó el teléfono.Sin dar lugar a una tercera llamada levanté el auricular y escuché una sonora carcajada. Sin vacilar y con ligero temblor pregunté: ¿Quién es?. No tardé en oir: "Sé que estás sola y voy a tu encuentro". Solté el auricular y a continuación traté de llamar a la policia. Mi teléfono se había quedado sin línea. Pensé que sería una broma estúpida y me acosté de nuevo. No podía conciliar el sueño. Recordaba la risa y empecé a sentir un ligero temblor. De repente vuelve a sonar el teléfono. Dudando y temblorasa me acerqué y así el auricular con cierto temor. La voz que había escuchado anteriormente estaba ahí y me decía: "Cada vez estoy más cerca, preparate para morir". Ya no podía escuchar más. No sabía que hacer. ¿Habría llegado mi hora?. Por otra parte mi sentido de supervivencia me decía: "No debes preocuparte, será una gran broma y estas en casa". Al hacer esta última reflexión fuí rápidamente hacia la puerta y comprobé que la puerta estaba debidamente cerrada. Respiré algo más tranquila y me acerqué a la cocina a servirme un vaso de leche para tranquilizarme. De nuevo oí el teléfono. Esta vez algo más sosegada cogí el auricular, me lo acerqué al oído y de nuevo escuché la misma voz pero ahora mucho más cerca, casi fue un susurro y sentí la punzada en mi vientre. Siempre había estado en casa.

(angeles landaluce)

PESADILLA

Desperté sobresaltado, nunca había tenido una pesadilla tan espantosa; me gusta soñar con mujeres, pero no con esa: una vieja horrible de cara amarillenta, sus ojos reflejaban maldad, odio, su boca engendraba una sonrisa maligna... Me senté en la cama, miré a mi derecha y allí estaba tumbada, mirándome. Fuí al baño, pensando que el sueño aun no había terminado; no regresé a mi cuarto. Salí a la calle procurando pensar en otra cosa; noté su mirada en mi nuca, volví la cara, la vi asomada a mi balcón. Aún permanecía su cara metida en mi cabeza mientras esperaba en la parada del autobús. "No puede ser", me dije, "Debo seguir bajo la impresión del sueño". Bajé en la primera parada, había decidido no ir a trabajar, no me encontraba bien, tenía algo en el pecho, un dolor leve en el costado, como un aviso... Entré en casa, hacía frio dentro, mucho frio. Pasé al salón..., sentada en el sofá me sonreía y, bajo esa sonrisa aterradora, todo el horror que emanaba de ese monstruo se hacía más patente... Soltó una carcajada, "Vamos Manolo, cada día estás más loco. Hoy es domingo y no trabajas; no sé por qué has tenido que salir a la calle a estas horas, con el tiempo que hace. Venga, vamos para la cama otra vez". Se agudizó el dolor, sentí que me faltaba el aire..., se acercó, me dió su mano helada y me llevó de nuevo a su terrible mundo de tinieblas.

(Luis Alcocer)

Quisiera ser sonrisa

Nueve en punto de la mañana. El día me ha despertado y el sueño más bonito del mismo día que me ha despertado me tiene obnubilado. Quiero que mi boca crezca al son de cada sonrisa. Carcajada tras carcajada sueño con tocarme la cara y recorrer más longitud de piel que la que ahora ocupa mi rostro. En realidad, estirar todos los músculos de mi cuerpo no es más que multiplicar mi sensualidad gracias a algo tan nutritivo como la risa. ¿Acaso no me emociono cuando soy capaz de alargar un poco más el brazo y alcanzar tu ventana para besarte? La elasticidad de mis sueños tiene que ver con la realidad. Y ésta está llena de sensaciones dormidas en cada movimiento, en cada ilusión. Por eso despierto, aunque sean las nueve en punto de la mañana, porque quiero llegar a sentir más allá todo lo que más acá me conmueve. La intimidad de tu boca, tus piernas desde mis manos, mi olfato desde tu piel, miles de ideas plasmadas en profundidad... Voy a lavarme bien la cara con agua fresca. El día acaba de comenzar, mis ojos ya se han abierto y sé perfectamente que estoy soñando. ¡Qué vivo me siento!

(Lalo)

Vértigo

Por favor, señor, no me mate. No quiero sufrir la agonía del final; no quiero sentir cómo el calor abandona mis brazos y mis piernas, ni cómo participo de un último vértigo doloroso entre sacudidas de escalofríos irreales hacia la nada. ¿Quién es usted para decidir cuándo se pone el punto final de lo que he sido? Le suplico no me mate, no me mate. La noche es cerrada afuera: lo sé porque se filtra la helada a través de las rendijas que permiten los troncos. Morir o vivir serían tan lo mismo excepto por el dolor del tránsito. Dejar de ser. Desaparecer la esperanza en aquello indestructible dentro de uno. No es posible la huida, mi desesperación se consuma. ‘Sea humano, déjeme ir’, le suplico, pero no escucha sino su propia palpitación vital y demoniaca. Compartiré las liturgias y obituarios de mañana con la niñita de cuatro años junto a mí; con el conductor del autocar; con el resto de compañeros de colegio dispersos entre los pinos, o en las arenas al borde del río torrencial, o sobre su superficie verdosa, acarreados en sucesión grave, lenta, silenciosa. Corrí en balde hasta la cabaña para salvarme. Por favor, no me mate, aúllo mientras se acerca, pero no hay nadie humano que pueda escuchar lo que digo, y se aproxima el eco de su carcajada. Y me resigno a padecer un dolor hasta el fin, el dolor mayor de una vida, mi vida, que se desangrará por infinidad de cortes.

(García Prieto)

El humorista y la muerte

El cómico intentó zafarse de las cuerdas que le ataban a la silla. El secuestrador le golpeó con la pistola en la mejilla, arrancándole un trozo de carne. La sangre comenzó a manar empapándole la barba. “Inténtelo de nuevo” gritaba el hombre de la pistola, pero el cómico sólo acertaba a llorar y balbucir “no puedo, no puedo”. El secuestrador se acercó por detrás, le agarró el cabello y, juntando su cabeza a la del bufón, dijo “claro que puedes, lo que pasa es que no le pones voluntad”. “Por favor, no me mate”, suplicó desesperadamente. Un disparó en la cabeza acabó con su sufrimiento. El asesino, como si el cadáver todavía escuchara dijo: “sólo quería saber que se siente al soltar una carcajada” y lloró amargamente.

(Zoroastro)

TERROR ENVIDIOSO

Ni disfrazándolo de carcajadas podré evitar el terror de que Eloy Serrano se presente otra vez al concurso.

(VK)

Casada con un muerto

Dije: sí, quiero. Y,tras una angustiosa carcajada, se murió.

(Olga García)

Servicios públicos

Nunca orines en servicios públicos: me consta que las cabezas de viejas y desdentadas meretrices, asesinadas por sus chulos, emergen de los desagües y tras una sonora carcajada capan a los incautos que desabrochan sus braguetas. Me han dicho también que las compresas arrojadas al inodoro se convierten en cíclopes que engullen a las jovencitas de menarquia recién estrenada. El jabón líquido en ocasiones es una pócima maldita que se introduce por las venas y licúa el cerebro de los muy aseados, y el papel higiénico puede tornarse en una gran serpiente que constriñe las costillas hasta reventarlas; pero cuando más precaución hay que tener es al tirar de la cadena, ya que una piñata lúgubre y mortal, compuesta de vampiros, ratas asesinas y gaviotas desbocadas puede caer sobre nosotros. Un consejo: si la micción es imperiosa, si los retortijones no cesan es preferible aliviarse en la calle, ser presa de la mofa, incluso de multas por indecorosos comportamientos, que sufrir las torturas que nos aguardan en las cisternas, en las tazas y lavabos de los retretes de bares, restaurantes y estaciones de trenes y autobuses

(jose ma Verdú)

Olor a hierro

De repente la noche. Los vagones del metro chirriaban. Las velas de los viajeros expulsaban largas líneas de fino blanco. De uno en uno,de dos en dos, agarrados al cinturón del compañero de fila india. La humedad ahorcaba los pequeños pasos calculados. Los tímpanos, temían la llegada del hierro en movimiento. La vista alcanzaba el brillo del raíl. Un olor a cloacas malditas. Un destino eterno en soledad. Condenado a convivir en la penumbra. La esperanza de vislumbrar la próxima estación. Nuevas velas a lo lejos, voces, como carcajadas de luces chispeantes. Es año nuevo, el hierro se detuvo.

(Roberto Bueno Alvarez)

Una historia real

Todos le escuchábamos atentamente. El fuego de la chimenea nos hacía enrojecer. O eso decíamos. Luis hablaba, y hablaba, y hablaba. Nos relataba la historia de un contador de historias. Hablaba de un grupo de amigos, reunidos en torno a una chimenea, que escuchaban atentamente la historia que allí se estaba contando. En el punto álgido de su contar, el narrador soltó una carcajada. Fue la última de su vida. Después Luis rió. Su última risa. Nunca nadie volvió a contar nada. La chimenea aún no se ha apagado.

(Gilles Dregi de Fontcuberta)

La Dama

Tela de cristal, tan invisible como la más fina gasa. La guarida de la Dama se alza mayestática entre un colosal ficus y un libro de Poe. Brilla como la plata hilada fina, y es tan mortal y ponzoñosa como la propia Dama. ¡Qué incauta osadía el haber traspasado sus dominios! Siente que su cuerpo se detiene, flotando en una vaporosa nube. Por un momento cree volar sin agitar las alas. Tarde descubre su falta, cuando siente el dolor de la hebras arrancándole los miembros. Los magníficos hilos de plata le fustigan, se le adhieren como silicona. A cada embate, le quedan menos fuerzas para el siguiente. Entonces la ve llegar, reflejada mil veces en sus ojos, mil veces terrorífica, mil veces grandiosa. La Dama se acerca entrechocando sus mandíbulas y el sonido se asemeja peligrosamente a una carcajada. Avanza como una bailarina sin apenas rozar la tela. El terror de las feromonas puede captarse a varios metros a la redonda. La dama danza con parsimonia, alzada en lo alto hasta el infinito. Se cierne sobre su presa como una inexorable torre de negrura. Chascando siempre sus mandíbulas, dispuesta a inyectar el tósigo más dulce. Y entonces ataca. Aún sigue viva mientras la Dama borda su cuerpo con encajes. Jamás soñó nada tan grandioso como morir formando parte de aquella majestuosa guarida de briznas de plata.

(Victoria del Pozo)

El Argumento

"Siempre igual, lo dejo todo para el último momento. No aprendo. En el fondo creo que me va la marcha.Diez meses, ¡diez! para escribir un cuento de no más de 25 páginas, y estoy aquí delante del papel, a la una y media de la mañana sentado a la mesa, con el flexo encendido, una lata de coca-cola, algunas cuartillas y el boli que me regalaron mis amigos en mi fiesta de cumpleaños, hace tres días." ¡Catacrok!, ¡Ahhhh!"¿Qué ha sido eso? Parece una mujer gritando". Al tiempo que pensaba esto, Rodrigo escuchó una terrible carcajada masculina. En un primer instante se asustó, pero en seguida vio el lado práctico de la situación:"Estoy salvado", pensó. "Vaya pedazo de argumento para mi nueva obra". Estaba incluso contento. La situación había generado una revolución de ideas en su cabeza, estaba armando la novela. Concluyó que los ruidos provenientes del piso vecino provenían del televisor que, a estas horas, sólo pasa películas gore de serie B. Un portazo violento le sacó de su ensimismamiento. En el rellano alguien aporreaba su puerta y gritaba con fuerza: "¡Tú eres el que se tira a mi mujer. Te voy a matar igual que a ella!" Rodrigo, temblando de miedo, nunca habría pensado que la realidad superara su propia ficción.

(José Luis Ruiz Bartolomé)

OJOS QUE VEN

Jon hablaba sin parar delante del espejo. La mano derecha le temblaba y sentía como si se le erizaran los pelos de la coronilla. No se había terminado ninguno de los cigarrillos que había encendido y no hacía otra cosa que mojarse los labios sin dar un solo trago seguido a la copa de coñac de encima de la mesa. Miraba hacia atrás constantemente y sollozaba como un niño intentando, de vez en cuando, calmar su angustia con aullidos. "No voy a salir ahí fuera. Tengo miedo." Lo tenía todo previsto. Hablaría con Íker por teléfono y le explicaría pacientemente su decisión. En el caso de que Íker le dijera que se acercara por la sede, Jon le diría que su vuelo saldría en una hora, que no podía. "Lo siento, hasta la valentía se pierde con los años." El cenicero cayó al suelo y Jon se sobresaltó dando un traspiés en la alfombra. Emitió una inaudible carcajada. Recogió las cenizas desparramadas y volvió a ensayar todo lo que iba a decirle a Íker. Pensó en hablar con su amigo Gayarre, pero creyó más prudente informarle después de una semana. Alguien llamó a la puerta. Jon se acercó sigiloso y levantó la mirilla. Parecía Íker, pero no estaba seguro. La luz que se filtraba por los ventanales del descansillo iluminaba extrañamente la figura del supuesto Íker, o era su imaginación. Jon permaneció en silencio. Se descalzó para no hacer ruido. Ni respiraba. "Íker, ¿eres tu?"

(Jorge Galerón Rodríguez)

Pesadilla

Desperté en un lugar extraño, gélido, más oscuro que el negro de una noche cerrada. Me sorprendió el terror a aquella sensación de soledad y al ensordecedor silencio que envolvía aquel lugar. Miles de tristes carcajadas que se mezclaban con agónicos llantos en mi imaginación,... o no era mi imaginación. Entorne mis ojos y descubrí sombras más oscuras que la oscuridad que deambulaban a mi alrededor, notaba como su aliento atravesaba mi cuerpo. ¿Mi cuerpo?, no sé, tal vez mi cuerpo no estaba allí. Me sorprendió no temer a esta pesadilla que no sé cuanto dura. Me sorprendió descubrir que la muerte es un sueño sin desprtar.

(Oskar)

el sonido

Solo en la oscuridad sentia como la vida le abandonaba poco a poco. La sangre le brotaba de las multiples heridas que tenia en su cuerpo. Heridas hechas con cuidado, con detallado esmero. Heridas de cuchillos, de latigos, punzones y mil objetos mas que le habian clavado en la carne. Aun podia sentir el fino corte del cuchillo, el desgarro del punzon, la carne colgante con el corte de la tijera, el olor de la carne quemada con las descargas, la rapida flagelacion del latigo. el dolor. El inmenso dolor que le desgarraba por dentro pero no le mataba, el dolor que hizo que sus tripas salieran de su cuerpo sin el descanso de la muerte. En la oscuridad sangraba, sudaba y temblaba pero no por el dolor pasado si no por ese sonido que anunciaba la llegada del carcelero. Esa carcajada que era el inicio de nuevo dolor e inimaginables sufrimientos.

(Eduardo Fernandez)

El mayor espectáculo del mundo

Algunas noches, el payaso más antiguo del circo sufría pesadillas horribles. En la oscuridad de su caravana, todas las carcajadas que había despertado al público de cinco generaciones retumbaban en su cabeza, trenzándose en una migraña única e intolerable. Entonces se levantaba para abrir la ventana y respirar un poco de aire fresco, acariciaba con resignación su calva repleta de viejos chichones y bebía un trago de ginebra. Soñar era más sencillo así: En la próxima función cambiaría su pistola de agua por la que guardaba el domador de tigres bajo la capa y podría reír a gusto ¡Qué exquisito placer debía sentirse disparando sobre las caras deformadas de los espectadores! ¡Seguro que no volvían a burlarse de él!. Al amanecer, los tigres empezaban a gruñir en las jaulas cercanas, con un bramido ronco y desesperado. El payaso, entonces, se sentía más cerca de las fieras que de ningún otro ser vivo, como si los grandes gatos le animaran a cumplir sus planes, para poder cobrarse así su propia venganza.

(Fernando Marañón)

NO FUE UN SUEÑO

Abrió los ojos. El sueño había sido plomizo, agotador. Quiso recordar pero nada acudía a su memoria. Miró hacia abajo, forzando los ojos: vio que carecía de cuerpo, su cabeza era la solitaria forma sobre un pedestal traslúcido. Se calmó: era sólo un sueño. Una mujer se acercó a él y lo observó un rato, como se hace con una antigüedad. Sin mediar palabra se fue. Así estuvo un tiempo considerable, visitado por cientos de personas. No podía hablar, ni oír, y aunque era angustioso se aferraba al sueño, a ese maldito sueño. Finalmente se acercó a él un hombre con uniforme. Llevaba una placa sobre el pecho: "Parque Temático XX. Sección criogenizados". Manipuló un aparato, lo miró con desdén y lo dejó solo. Entonces recordó. Un hombre casado, sin hijos, una vida con sonrisas... una enfermedad repentina e incurable. Y supo con certeza que aquello ya no era un sueño sino una pesadilla. No podía escapar, ni pedir auxilio. Era una pieza de museo que nadie iba a reclamar. Una máquina le bombeaba sangre al cerebro. Tuvo la ocurrencia de dejar de respirar pero ni siquiera tenía pulmones que colapsar. Entonces recordó algo sobre la presión sanguínea. No sin esfuerzo soltó una carcajada tan fuerte, con tanta energía, que los músculos de la cara hicieron que los conductos de sangre saltaran de sus embocaduras. Mientras moría pensó que todo era un sueño, pero de no ser así se sentiría feliz por abandonar aquella pesadilla.

(Luis Ángel García Prieto)

Mi primer pitillo, y el último, jajaja

Nunca lo había probado; era la primera vez que encendía un pitillo. Para empezar: mejor "lait", bajo en nicotina y alquitranes, así no será tan perjudicial como dicen, pensó. Iba a 120 por la A7. La radio puesta a tó volumen. Música bacalao. Él cantaba y reía a carcajadas. Era su primera cita virtual, su primer cigarrillo.. y quizás... quien sabe... ¿una buena noche?. ¡Por fín la conoceré!. Una brasa le cayó al pantalón, en su intento de apagarla se le fué el volante, perdió el control del turismo. Se empotró contra un trailer y allí se le consumió la vida. Entre humos y cenizas. Quedó como una colilla. La cajetilla del tabaco saltó del asiento del copiloto y se posó sobre él. "El tabaco puede ser perjudicial para su salud", se leía.

(Antonio Soler)

¿Cómo dices?

Era un rostro de niña que conocía a la perfección aunque no pudiera asociarlo a un nombre. Podría ser el de cualquier vecina o el de la hija del panadero, ¿qué sé yo? Lo que sí sé es que no estaba viva -en el sentido en que entendemos comunmente- y que estaba conmigo, a mis espaldas, en el oscuro salón del viejo caserón que mi familia tiene olvidado en El Escorial (y que muchos de vosotros conocéis por fuera). "Estoy aquí" - escuché con el sobresalto propio de quien, equivocadamente, se cree a solas. Y, al volverme, la vi. "Quieren hacerte sufrir" - me dijo mirándome a los ojos... Y no sé más. La policía me trajo al hospital -al parecer, me recogieron de un jardín vecino- pensando que estaba borracho. Y aquí estoy. Eso es todo. Dicen que podré irme el viernes. Yo me encuentro bien... Es sólo que, cada vez que me acuerdo no puedo contener esta... incontrolable carcajada... (¡Perdón!)Porque tiene gracia... ¿O no?

(APS)

Servicios públicos

Nunca orines en servicios públicos: me consta que las cabezas de viejas y desdentadas meretrices, asesinadas por sus chulos, emergen de los desagües y tras una sonora carcajada capan a los incautos que desabrochan sus braguetas. Me han dicho también que las compresas arrojadas al inodoro se convierten en cíclopes que engullen a las jovencitas de menarquia recién estrenada. El jabón líquido en ocasiones es una pócima maldita que se introduce por las venas y licúa el cerebro de los muy aseados, y el papel higiénico puede tornarse en una gran serpiente que constriñe las costillas hasta reventarlas; pero cuando más precaución hay que tener es al tirar de la cadena, ya que una piñata lúgubre y mortal, compuesta de vampiros, ratas asesinas y gaviotas desbocadas puede caer sobre nosotros. Un consejo: si la micción es imperiosa, si los retortijones no cesan es preferible aliviarse en la calle, ser presa de la mofa, incluso de multas por indecorosos comportamientos, que sufrir las torturas que nos aguardan en las cisternas, en las tazas y lavabos de los retretes de bares, restaurantes y estaciones de trenes y autobuses

(jose ma Verdú)

¿Cómo dices?

Era un rostro de niña que conocía a la perfección aunque no pudiera asociarlo a un nombre. Podría ser el de cualquier vecina o el de la hija del panadero, ¿qué sé yo? Lo que sí sé es que no estaba viva -en el sentido en que entendemos comunmente- y que estaba conmigo, a mis espaldas, en el oscuro salón del viejo caserón que mi familia tiene olvidado en El Escorial (y que muchos de vosotros conocéis por fuera). "Estoy aquí" - escuché con el sobresalto propio de quien, equivocadamente, se cree a solas. Y, al volverme, la vi. "Quieren hacerte sufrir" - me dijo mirándome a los ojos... Y no sé más. La policía me trajo al hospital -al parecer, me recogieron de un jardín vecino- pensando que estaba borracho. Y aquí estoy. Eso es todo. Dicen que podré irme el viernes. Yo me encuentro bien... Es sólo que, cada vez que me acuerdo no puedo contener esta... incontrolable carcajada... (¡Perdón!)Porque tiene gracia... ¿O no?

(APS)

mi nueva familia

Me vi sola en esa habitación a la que no subía nadie desde hacía 125 años. Todavía no entiendo qué me impulsó a subir, sabiendo que sería la última vez que atravesaría esa puerta. Nunca había logrado acercarme desde que supe lo que sucedió antes de que se cerrara por última vez, dejando dentro a la tía Ana, de la que nadie supi nunca más, salvo por la leve carcajada que se escucha año tras año el día 21 de cada mes. Después de acostumbrar mis ojos a la escasa luz, pude observar que nos estaba sola. Allí estaba la tía Ana, exacta a como aparecía en los retratos de familia en la vieja galería. No hicieron falta palabras. Su mirada indicó el rayo de luz ocre que esntraba desde una pequeña claraboya en el techo del cuarto. Me dirigí a ese foco con paso resignado, y no sé cómo, aquí estoy, 102 años después, viendo cómo se mueve el pomo de la puerta, en espera de que entre la nieta pequeña de mi hermana, que pasará a completar esta gran familia de huesos y restos de carne informe que llenan el pequeño desván

(María Saavedra)

Tortura

Los pocos momentos de lucidez de mi exhausta mente, malgastados en infructuosas maldiciones son cada vez mas breves e infrecuentes. Solo las carcajadas de mi torturadores me infunden las energias necesarias para volver a insultarles. Disfrutan, los muy sadicos. Y el dolor... intenso, desgarrador. Creo todas y cada una de mis terminaciones nerviosas han sido electrocutadas por el medico, huelo mi piel quemada por los electrodos. Tengo el rostro tumefacto de los golpes y punetazos del maton, dificultades al respirar, creo que alguna de mis costillas rotas ha perforado el pulmon. Ademas, mis ojos no se abren. Cuando llego el turno del cocinero (yo les puse los apodos, pensar, cuando puedo, es la unica satisfaccion que me queda), dijo que seria algo dulce. He estado inconsciente, no se cuanto, pero ahora mi cara esta cubierta por una capa de una sustancia pegajosa. Consigo lamerla con la punta de mi hinchada lengua. Miel? Esto tiene truco, debe contener cicuta. Espero los efectos. Nada. Un picor desagradable me sube por las piernas. Muy fuerte, un escozor indescriptible, como si... Como si... cientos de hormigas atraidas por la miel me recorrieran el cuerpo. Se que es el final. Estan por todas partes en los dedos de mis pies donde me arranca lo que antes eran unas, entran en mis heridas abiertas, dentro de cualquier agujero que pueden encontrar. Y quiero decir cualquier agujero. Con sus pequenas tenazas pegan pequenos mordiscos dentro de mi nariz, mi boca, mi...

(Maite Garcia Hernandez)

Un espejo

Perdía la visión paulatinamente, mientras notaba un frío inédito en mis mejillas. La luz se iba, luego volvía enceguecedora, y me mostraba un trasiego por recovecos y pasillos que desconocía. No sé si era hastío o enfado, pero empezaba a marearme tanto corredor húmedo y mohoso. No era el momento ni el lugar, y siempre he sabido estar a la altura de las circunstancias, pero, a pesar de todo, no pude reprimir una carcajada cínica cuando vi en el espejo que mi cabeza, degollada y sanguinolenta, colgaba de la mano de mi enemigo.

(Jorge Elizo)

El susto

No puede ser. No me puedo imaginar como llegué hasta aquí. Todo está oscuro. ¡Pero si hace un minuto estaba cenando con Juan y Marisa!. No. Debo de haberme dado un golpe o algo. Sí. ¡Eso es! Me he dado un golpe y estoy inconsciente. Cuando me despierte todo volverá a la normalidad y me reiré a carcajadas. Solo tengo que esperar, y ya está. Pero cuanto tardan. Digo yo que estaran haciendo algo para despertarme, ¿no? ¿Y si no se han dado cuenta? ¿Y si no me pueden despertar? ¡Dios mio! Tengo miedo.

(Phosy)

Hasta que la muerte nos separe

¡Pero si recién la he asesinado!¿Por qué se levanta el despojo y me mira? Me acaba la muerta, ésa que chorrea sangre por el muñón, de escupir a la cara. La mucosidad babosa me impide ver por un ojo. Algo rojo me ha salpicado en el otro. Nooooo... Lo que fluye no me es ajeno. La muy guarra me ha reventado la pupila con un punzón. Un mejunje viscoso desciende por mi cara. Saco la lengua para probarlo, tan sólo por un instante, lo juro, el mismo tiempo que le basta para arrancármela de un mordisco. Intento estrangularla, pero compruebo que me hallo esposado. ¿Una patada a la garganta? Imposible; estoy atado. Entonces me provoca una carcajada la certeza de que más muerto estoy yo que la muerta de mi esposa. ¿O ha sido un espasmo?... Me despierta del desvanecimiento el sonido de una motosierra. El dolor duele, pero más la evidencia de que nunca más podré jugar al fútbol. Ella me habla: "Ya ves, cariño, el veneno actuó más rápido que tu hacha. ¿Te queda algún último deseo?". Uno es muy hombre, a pesar de mutilado. Así que... sangre, flujos y esperma nos reúnen. Ya ven, hasta que la muerte nos separe.

(Anabel Cornago)

secuestro

Sus párpados se abrieron en medio de una nebulosa y una vez más sintió la sensación de estar perdido en el tiempo. Hacía muchos días que aquella diminuta habitación ciega donde llevaba un lapso incontable de vida había dejado de ser una pesadilla. El pútrido olor tomaba cada partícula del húmedo aire que lo hacía irrespirable. Miró a la desnuda bombilla tratando de buscar respuestas cuando volvió a escuchar aquella istriónica carcajada. Al fondo se adivinaban risas que para él anticipaban tan solo la inminente visita de uno de sus captores. Sólo sabía de él que tenía una voz grave y que olía a taller mecánico. Aunque su presencia solía acompañar de forma casi mecánica la llegada de la comida, no podía evitar sentir miedo ante su cercanía. La inmediata relajación de los esfínteres así se lo hacía saber sin que él pudiera hacer nada para evitarlo. Había probado a quitarse los pantalones para alejar de sí aquel desagradable rastro de humanidad, pero la humedad del zulo le conminó a ponerselos pasadas unas horas. Últimamente pensaba de forma reiterada en el suicidio. Volvió a escuchar la carcajada y pensó que esta vez le pediría a su captor que le matasen. Un solo disparo en la cabeza.La pequeña puertezuela por donde le servían la comida se abrió y él sintió la humedad entre sus piernas. El miedo había paralizado su lengua. El miedo a tener miedo. Para él vivir se había convertido en una condena.

(luis labella)

Silencio

Lluvia, frío, nieve derritiendose por las aceras, eso era todo lo que podíamos ver desde la ventana junto a la chimenea. Mi hermano y mi primo no paraban de fumar ese cigarro que le habían robado del bolso a mi madre. Menudo aburrimiento, pensé. ¿Por qué no jugamos a hacer espiritismo?. Si, si, contestaron los dos al unísono. Cojí un taburete, lo acerqué al armario de mis padres, me subí y saqué la tabla güija y las tijeras que ahí escondían. Venga, vamos a encender 4 velas y apaguemos las luces. El silencio nos envolvía. Hola espíritu, ¿estás ahí?, decía yo con voz tétrica. Nunca ocurría nada, pero esa noche una velá cayó al suelo derramando la cera líquida. ¡No os mováis!, advertí yo, seguid concentrados. En ese momento, la ventana se abrió y el viento apagó las otras tres velas. Todos nos quemos paralizados. ¿Quién se ha reído?, nadie contestaba. ¿Quién ha soltado una carcajada?, el silencio era absoluto. Cojí una cerilla y la encendí. La cerilla empezó a arder produciendo una luz muy inestable a causa del viento. Cuando miré hacia mi hermano, su pelo era blanco y en lugar de sus ojos había dos huecos oscuros. Mi primo había desaparecido. Volví a mirar hacia mi hermano y seguía esa figura quieta, inmóvil. De repente, giró la cara, me miró, me puso la mano en el hombro y me dijo... "La muerte está tan segura de cogerte, que te deja una vida de ventaja".

(Miguel Angel Nuño Moya)

El monstruo y el espejo

De niño evitaba al monstruo horrible que acechaba encendiendo las luces, metiendo la cabeza debajo de la almohada y poniendo la televisión a todo volumen. Solía aparecer cuando se encontraba solo, aunque más de una vez se había interrumpido a mitad de una palabra, de un juego o de un carcajada al sentirle, para mirar a su alrededor con ojos temerosos y encerrarse en el baño para enfrentarse a él. Pero era sólo una presencia, algo en lo que uno no debía pensar, no debía fijarse, no se debía pensar en ello o crecería... pero el chico comprendía que pensar en ello y pensar en no pensar en ello era lo mismo y el monstruo crecía cada vez más, aunque el chico siempre evitaba mirarle. El monstruo se contentaba con estar allí aterrorizándole, gozando de su poder sobre él, martirizándole en potencia. A veces el chico resolvía enfrentarse a él, en largos paseos solitarios en los que simulaba no temerle, en los que reunía fuerzas para ignorarle, para provocarle... pero su presencia silenciosa volvía por la noche, más fuerte y aterradora; el chico dejó de hacerlo. Pero ya no era un chico, tenía dieciocho años y estaba resuelto a mirar de una vez al monstruo a la cara. Lo hizo, y no descubrió un rostro horrible, ni se encontró mirando a la oscuridad. Se encontró mirando un espejo y no pudo contener un chillido: La faz del monstruo y la suya propia eran una y la misma.

(Jorge Ángel González Álvarez)

La apuesta

La gran sala estaba muy oscura,apenas se alcanzaban a ver algunas sombras proyectadas por la luna. Hacía frío, y el viento batía las puertas y ventanas que qudaban en el viejo edificio. No sé porqué habia aceptado aquella estúpida apuesta de pasar la noche en las ruinas de la iglesia desacralizada de las afueras y ya estaba medio muerto de miedo. Todo el entramado crujía y chirriaba y el aleteo de los murciélagos habitantes de la cúpula parecía a veces rozarme la cabeza. En ese momento, comencé a oir una especie de murmullo, que se fue haciendo más y más audible, aunque no se llegaba a entender nada. De repente, escuché una carcajada estremecedora que me heló la sangre, un golpe seco como de algo pesado al caer y nada más, silencio absoluto. Empezé a correr como no lo he hecho en mi vida, olvidando por completo la apuesta y lo que pensarían mis amigos al da siguiente, y no pare hasta alejarme de aquel maldito lugar. Por la mañana vi a mis contrincantes en la apuesta, al principio serios pero no pudieron contenerse y me lo contaron. Casi se mueren de risa: eran ellos los que habian colocado una una grabacion de una mala peli de terror y me habian vigilado y visto salir despavorido del edificio. Fuimos a buscar el aparato, pero, sorpresa, y ahora fui yo quien me rei, por no gritar, al darnos cuuenta de que se les había olvidado ponerle pilas…

(Maria Jesus Gonzalez)

EL ANIVERSARIO

La casa aislada en medio del campo, deberia ser una vista agradable, sin embargo, habia algo que la hacia inquietante. Las contraventanas rojas estaban entornadas y una de ellas golpeaba contra el muro con gran estruendo. El cielo se habia tornado de un color plomizo, iba a desencadenarse una gran tormenta. No sabia porque estaba alli, pero algo me impedia irme. Hoy hacia dos años que se habian acometido los asesinatos, pero alli parecia que el tiempo se habia detenido. Al acercarme me vinieron a la mente las imagenes publicadas en los periodicos, los cuerpos mutilados y decapitados. un escalofrio me recorrio el cuerpo cuando lleguè a la puerta de entrada, la empujè y se habriò con un chirrido. Entrè como si una fuerza sobrenatural me enpujase hacia dentro. Sentì panico pero algo impedia que me fuera. Una luz se deslizaba por debajo de la puerta, se oyeron unos pasos y una sombra se dibujo en la pared, gritè pero de mi garganta no salio ningùn sonido. La sombra estaba ahora en el pasillo y es curioso pero juraria que no tenia cabeza. Algo brillò en su mano, la alargò hacia mì y sentì la sangre correr por mis brazos. Un gran estruendo estallò en el cielo. Lo ultimo que oì antes de caer al suelo fue una gran carcajada.

(ADALEYA)

IR

Llevaba más de media hora con la barbilla entre las rodillas acurrucado en el rincón más oscuro del sótano. No podía moverse, no podía pensar, no podía gritar. Sólamente podía recordar la tremenda carcajada que soltó el enorme ser reptante cuando fue descubierto entre las montañas de periódicos viejos de su almacén subterraneo. Es curioso la cantidad de suciedad que se puede llegar a acumular entre papeles y papeles, pero lo que nunca pudo imaginar es que sus tremendas pesadillas procedieran de ese lugar, ni que los gusanos pudieran crecer tanto. Ahora solo quedaba esperar. No había salida posible, todo estaba derruido, y su única esperanza es que la digestión del ser no fuera demasiado pesada. Solo se alegraba de no tener la capacidad de ver en la oscuridad.

(Sergio)

Ministerio

Vio su piel amarillear, pero no le dio importancia. Serían los efectos de la resurrección, claro. El Apocalipsis había llegado en el 2084 así que el cielo quedó fijado como una polaroid de ese año. Lo curioso es que sólo se veían contemporáneos por las calles ¿Dónde estaban cromañones y medievales, fenicios y renacentistas? Quizás cada era contaba con su cielo particular. ¿Se podrían hacer visitas? Estas preguntas le mantenían distraído mientras el taxi le conducía al Ministerio. Iba por intuición. Todo parecía cotidiano, así que, por si acaso, aparecería por allí, lo justo para fichar, hola chata cómo estás. Vio su piel amarillear, y se encontraba cansado. Y debía ser evidente, porque el taxista le espetó, a través del retrovisor: Vamos al Hospital, jefe?. Sí, sí, claro. Cambió de rumbo y volvió a sumirse en mil preguntas relativas a su nuevo estado lazaresco. Estaba embotado. Abrió la ventanilla para dejar discurrir el aire y, con fortuna, sus pensamientos. Cansado, vio su piel amarillear y sintió fiebre. Le faltaba el aire. Va a ser el hígado, jefe. Y una carcajada. El fogonazo fue instantáneo. La visita de aquellos voluntarios. Las razones persuasivas. Los lemas en positivo. Y, finalmente, la firmita aceptando formar parte del rutilante Club Bill Gates de Donantes de Hígado.

(Àlex Gutiérrez)

Silencio

-¿De verdad te encuentras bien, cariño?– pregunté. Mi mujer no respondió. De haberlo hecho sin duda hubiera respondido que sí, que se encontraba bien. Pero ahora estaba enfadada. Sus enfados consistían en permanecer indiferente al mundo durante un tiempo proporcional a la ofensa recibida. No respondía, no hablaba, no se movía y cuando al fin terminaba su inmovilidad ambos fingíamos olvidar la disputa y nos tratábamos con renovada dulzura. -¿Quieres que paremos en algún sitio?-insistí. Seguí conduciendo. Ella, con los ojos muy abiertos y tan quieta que se dejaba arrastrar por las curvas, parecía querer desaparecer en el amplio sillón. -Oh, lo siento. No quise decir que no supieras conducir. ¿No puedes perdonarme? Con la barbilla alta y los pechos insinuados por el cinturón de seguridad estaba tan preciosa como siempre. Si no la mirabas a los ojos, claro, que en estas venganzas pasivas se convertían en un abismo sin expresión en el que uno podría caerse. -Claro, tienes ventaja, yo no puedo enfadarme porque cómo me quede quieto y deje a la inercia conducir por la autopista...- Sólo yo solté una carcajada ante mi propia broma. Sumido en mis pensamientos, no dije nada hasta acabar el viaje. Ella siguió igual. -Su mujer ha entrado en coma profundo. Me temo que es demasiado tarde para sacarla de ahí. ¿De verás que es la primera que sufre esos bloqueos? Si nos hubiera avisado antes...- dijo el médico mucho más tarde.

(Jorge Ángel González Álvarez)

Viernes

Por fin es viernes, eso sí ahora para irme a casa tendré que meterme en el atasco y sin aire acondicionado..."Hasta el lunes". ¡Qué barbaridad 42 grados marca el termómetro! No se cómo se me ha ocurrido meterme en la carretera de la Coruña, cuando llegue a casa y se lo cuente seguro que suelta una carcajada. Pero ¿qué pasa ahora? No puedo bajar la ventana. No se cuánto tiempo voy a poder aguantar este calor. Esto es un infierno y los coches no se mueven. Necesito ayuda."¿Nadie me oye?¡Por favor, ayúdenme,ayúdenme, ayúdenme..." "Lo siento, no pudimos hacer nada por él, el golpe fue brutal".

(Inmaculada Hernández de Troya)

La espera

La carcajada espeluznante se repetía una y otra vez, aunque a cada segundo que pasaba, la oía más lejana. Ahora no podía hacer nada, salvo esperar a que el oxígeno se acabase lentamente dentro del ataud.

(Gabriel del Molino)

La espera

La carcajada espeluznante se repetía una y otra vez, aunque a cada segundo que pasaba, la oía más lejana. Ahora no podía hacer nada, salvo esperar a que el oxígeno se acabase lentamente dentro del ataud.

(Gabriel del Molino)

El presente

Aún recordaba nítidos aquellos días en mi memoria. Y no me sorprendía su magia porque pensaba que mis recuerdos se debían a los ojos de niño que los retrataron. Unos ojos que anhelo al pasear junto a la verja de la vieja estación. Aquel hombre de traje gris me observaba desde los barrotes de mi frontera. ¿No querría arrebatarme de mi paraíso de tiempo estancado? ¿No pretendía ocupar mi puesto en la locomotora? Puedo verlo ahora, sentía miedo. Pero… no lo había sentido hasta ahora, en este lugar, aferrado a los barrotes de la vieja estación. Mis recuerdos, empañados. Observé mi locomotora. Estaba gris y oxidada, como si hubieran pasado siglos. Pero enseguida lo dejé de lado. Detrás de mi, en dirección al bosquecillo que había junto a la vía muerta, noté una presencia. Caminé decidido hasta el linde del bosque sorteando de un salto la pequeña zanja. Y al tocar el suelo mis pies la tarde se hizo oscura. La noche llegó junto a un ruido de pisadas apresuradas que parecían tratar de rodearme. Quise volver atrás, me di la vuelta decidido a volver a saltar a la luz del sol de otoño del otro lado. Pero choqué con él. Su cuerpo lo cubría una inmensa capa oscura, llena de noche. Temblando saqué fuerzas para levantar la cabeza y decir, ¿Quién eres? Una voz sincera, más llena de terror que de amenaza, me cubrió por completo. Y aquella voz dijo en una triste carcajada, ¡Soy el presente!

(Eduardo Moreno)

Terror en la Mina

El amo del calabozo todas las mañanas a las 8 está para comprobar la hora de incorporación de los presos los cuales comienzan en la mina a picar y picar, para que cuando llegue el alcaide les de un cacho de pan después de hacerles arrodillar. Pero llegaron las vacas flacas y un buen día no había pan asi que el alcaide no lo podía dar pero los presos no paraban de arrodillarse y no conseguían su cacho de pan así pues llego el hambre y los presos comenzaron a matarse y el alcaide comenzó a ennerviarse. Pasaba poco por la mina donde la violencia era insostenible así que el alcaide contrató; 2 primero 3 después guardaespaldas por doquier. Los Guardaespaldas entraron en la mina y vieron que aún quedaba oro y los que le tenían que guardar al final le terminaron por asesinar. Con la carcajada popular

(A. Alvarez)

Mirando al cielo

Son las 3 de la madrugada y acabo de descuartizar al último de los que viajaban en la avioneta de publicidad aquel fatídico día del Mes de Agosto.Laura me esperaba en aquella esquina como todos los días a las 6 de la tarde, yo salía de trabajar y me reunía con mi amor sin perder tiempo.Ese maldito día de Agosto yo me demoré unos minutos por culpa de un cliente que no acababa de mirar el escaparate de mi tienda, salí presuroso y con temor de que mi Laura se hubiese marchado.Llegando a la esquina,lugar de la cita habitual,un grupo apretujado de gente rodeaba un gran charco de sangre.Las piernas se me paralizaron, no pude avanzar,distingui claramente los zapatos que le habia regalado a Laura y un grito desesperado me ahogó la garganta, una masa de carne y pelo con sangre estaban en lugar del bello rostro de mi futura esposa.No sé porque levanté la cabeza al cielo y observé una avioneta que sobrevolaba a muy baja altura, uno de los viandantes indicaba temeroso que había visto lanzar una botella desde aquel maldito aparato, y ya no pude oir más.Hoy he acabado con el último de los 3 tripulantes de la avioneta. Han pasado 10 años, pero los asesinos ya no están entre nosotros.Estoy esperando a la policía, les hé avisado que soy el descuartizador de los 16 integrantes de 3 familias y.....una carcajada de felicidad invadió mi rostro.

(Ricardo Rodriguez Lopez)

El teléfono

EL TELÉFONO La antorcha lunar iluminaba una plácida noche. Los tilos se mecían cadenciosos en el jardín de la señorial mansión. En el piso, los niños descansaban serenos. La muchacha que los velaba dormitaba boba frente al televisor del amplio salón. El teléfono vino a sobresaltarla: “Te voy a matar... a ti y a los niños...” La sombría carcajada que sobresalía por encima de las notas del Carmina Burana de Orf y que subrayó la amenaza, hizo que el corazón de la muchacha comenzara a galopar desbocado. Y un gélido fluido perló sus infantiles sienes. Casi sin pausa volvió a repicar el aparato: “Voy a despedazaros y a quemar vuestros miembros...” Una tercera llamada le informó de que estaba siendo vigilada: “Es inútil que te armes con ese cuchillo...” Aterrada la muchacha marcó con dificultad el teléfono policial: “Cierre las puertas y ventanas, corra las cortinas... entreténgalo si vuelve a llamar, localizaremos la llamada... tardaremos veinte minutos en llegar...” Sin dejarle apenas colgar, sonó de nuevo el angustioso timbre, espetándole: “Puta, comunicabas... has avisado a la policía... lo pagarán los niños...” El terror impedía que brotaran lágrimas de los ojos de la muchacha. Con las manos temblorosas descolgó nuevamente: “Señora.. le están llamando desde la casa número 1350 de la Avenida Primero de Mayo... ¿Cuál es su dirección?...” La muchacha no pudo contestar. Su cuerpo golpeó quedamente el frío mármol del salón de la casa número 1350 de la Avenida Primero de Mayo.

(Juan Carlos Padilla Estrada)

Hasta que la muerte nos separe

¡Pero si recién la he asesinado!¿Por qué se levanta el despojo y me mira? Me acaba la muerta, ésa que chorrea sangre por el muñón, de escupir a la cara. La mucosidad babosa me impide ver por un ojo. Algo rojo me ha salpicado en el otro. Nooooo... Lo que fluye no me es ajeno. La muy guarra me ha reventado la pupila con un punzón. Un mejunje viscoso desciende por mi cara. Saco la lengua para probarlo, tan sólo por un instante, lo juro, el mismo tiempo que le basta para arrancármela de un mordisco. Intento estrangularla, pero compruebo que me hallo esposado. ¿Una patada a la garganta? Imposible; estoy atado. Entonces me provoca una carcajada la certeza de que más muerto estoy yo que la muerta de mi esposa. ¿O ha sido un espasmo?... Me despierta del desvanecimiento el sonido de una motosierra. El dolor duele, pero más la evidencia de que nunca más podré jugar al fútbol. Ella me habla: "Ya ves, cariño, el veneno actuó más rápido que tu hacha. ¿Te queda algún último deseo?". Uno es muy hombre, a pesar de mutilado. Así que... sangre, flujos y esperma nos reúnen. Ya ven, hasta que la muerte nos separe.

(Anabel Cornago)

Monstruos

Todo está listo para que suceda. (Te espero muy pronto.) Se oyen a veces ruidos detrás de la puerta; y es como si sus largas uñas regresaran de otro sitio, en donde los cigarrillos se nos olvidan. Sus voces son ásperas, y necesitan servirse de sus manos al caminar, mientras que de sus bocas babean rotas todas las palabras. Se muestran nerviosos, intranquilos, tensos, y te siguen siempre entre las sombras de la noche, por los rincones de la casa, por donde estén a solas con tu miedo... y sus carcajadas. Los espero ahora, solo, en mitad de la tiniebla (el viento sopla afuera; estaba temiendo que esto sucediera) y el tiempo se está agotando. Espero oír sus pasos tristes resonando por el pasillo hasta mi cuarto, sus delgados pasos que suenan a hueso, y sus ojos amarillos escudriñando desde el fondo de la puerta, que me da miedo abrir por si acaso los viera...

(Eladio Bulnes Jiménez)

Ellos

Ellos llegaban cada noche y siempre hacían lo mismo. Conducían despacio por la calle hasta que llegaban a la casa elegida y se detenían. Descendían del camión y preguntaban por la persona que iban a llevarse. Nada se podía hacer porque nadie los conocía ni sabía nada de ellos. De poco servían las lágrimas y las súplicas de los familiares rogando por la vida del que se llevaban. Ellos se reían y a carcajada limpia imponían su terror y la muerte. Nunca creí que tuvieran nada contra mí. Siempre he sido una persona que se ha ocupado de su trabajo y de llevar una vida lo más tranquila posible. Sin embargo, esto a ellos no le simporta: anoche pararon su camión frente a mi casa. Me metieron en él y me condujeron a este monstruoso sitio. Todo está oscuro y sólo una pequeña bombilla deja ver sus uniformes verdes. No veo mi propio cuerpo pero sé que estoy desnudo porque las ropas me las arrancaron nada más llegar. No conozco sus nombres ni sus caras. Pero esos detalles poco importan porque sé lo que van a hacer conmigo. Van a meterme otra vez en la bañera y van a darme otra descarga eléctrica.

(Oscar)

Morituri

“No estoy muerto”, pensé sorprendido mientras el doctor firmaba el certificado de defunción. “¡No estoy muerto!”, quise gritar mientras mi esposa lloraba desconsolada al otro lado de la mampara, en el tanatorio. “¡¡No estoy muerto!!”, aulló mi cerebro, inmóvil mi cuerpo, mientras empujaban mi ataúd dentro del nicho. “¡No estás muerto!”, susurra una voz en el nicho de al lado, seguida de una terrible carcajada…

(Pablo G. Callejo)

Venganza

Cuando hincó el puñal sobre la garganta de Andrés no pensó que lo estaba matando, sino en la tarea que habría de cumplir a continuación, porque el encargo tenía esta vez un epílogo terrible para quien sólo sabía matar. Y así fue que cuando el moribundo gimió el último estertor le rajó de arriba abajo y se dispuso a investigar el alma de su víctima para satisfacer la curiosidad de quien le pagaba. El primer sonido que escuchó fue un rumor extraño, pero no pudo identificarlo con el eco del silencio. Necesitó unos segundos para vencer la repugnancia que su acción le suscitaba, y cuando creyó que las fuerzas no le fallarían abrió con sus manos el torso y se abismó allí dentro. Nada. Ni una víscera; sólo la negritud de un muerto que emitía ahora ruidos de mejor sonoridad, y que poco a poco, mientras la mirada del asesino era succionada por aquel vacío, comenzó a hacerse más perceptible, hasta escucharse con nitidez los compases de una sonora carcajada.

(Ángel Arnaiz Maté)

El viejo

Desde pequeño siempre me había aterrorizado aquel viejo. Siempre que se acercaba a ellos mientras jugaban salían huyendo despavoridos, mientras el viejo se quedaba allí parado entre grandes carcajadas. Yo ya no era un niño y no huía de él, pero el viejo, ya muy viejo, seguía asustando a los niños del barrio, incluso cuando iban con sus padres y pasaban junto al viejo, se les notaba amedrentados. Un día que estaba tomando una cerveza en una terraza el viejo se acercó a mi y me dijo: - Veo que ya no huyes de mi, pero se que no me has perdido el miedo – y soltó una sonora carcajada mientras el temblor de mis manos hacía que se me cayese el vaso. Ahora volvía a evitar al viejo, yo me convencía que no era por miedo, que era por repugnancia, pero el viejo cuando me veía y se daba cuenta echaba a reír mientras me señalaba. Desde que el viejo murió atropellado me siento mucho más relajado, ya tengo la certeza que nunca me cruzaré con él. De todas maneras hubiera sido difícil volver a verle dentro de quince años cuando salga de la cárcel donde me han metido por el atropello.

(Josu Elizarán)

LA VIDA SIEMPRE RECOMIENZA

¡Que extraña sensación experimento!. Es más que agradable, me siento eufórico. Supongo que es algo natural, considerando que es lo primero que siento en mi existencia. En cualquier caso, sé que estos momentos serán inolvidables para mí. ¡Que maravillosa oscuridad!. ¡Y ésta humedad tan densa, que casi se puede masticar!. ¡Definitivamente, esto es el paraíso!. ¿Y qué decir de este olor intenso y amargo que invade mi olfato y penetra hasta embriagar mi cerebro?. ¡Ahhhhh!. La vida es hermosa, y lo mejor es que acaba de comenzar. Ganas tengo de soltar una carcajada de felicidad, si no fuera porque de repente me ha entrado mucha hambre. ¿Pero qué digo?. Si aquí está todo lleno de comida. Inmensas cantidades de comida de todos los gustos y sabores. ¡Auténticas delicatessen para gourmets!. Ya me he hartado de comer, pero ahora echo algo más de menos. Me siento solo, muy solo, y la vida es patética si no tienes alguien con quien compartir las cosas. Desde luego que no soy un egoísta, porque todo este paraíso que tengo necesito disfrutarlo con alguien más. ¡Oh!. ¡Aleluya!. Gracias a Dios por ahí vienen muchos más de los míos. Los veo acercarse, reptando con insuperable elegancia, y son muchísimos. ¡Que alegría!. Ya no estoy solo. Ahora somos millones de gusanos y vamos a ser felices comiendo éste cadáver, nuestro padre que nos ha dado la vida.

(Juan Antonio de Lucas)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien en el espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes ahora estás en el mundo de la libertad.

(Mirella)

ESO

Jugaba en el agua fresca, a pleno sol, hasta que el abrazo pegajoso sujeto sus pies desde las plantas mismas, cosquilleando hasta hacerle soltar una silenciosa carcajada, segundos antes de sentirse invadido primero, luego prisionero, de eso que le hundía, solo a el, en aquella piscina donde otros nadaban ignorando su extraña verticalidad, su inmovilidad, su desaparición.

(Pilar Talamanca López)

El odio gastado

Heighfer abandonó Budapest con una sonrisa en su rostro, con la incomparable indecencia de un torturador que conoce su destino. Sus ojos mostraban una carcajada insultante. Sardorz asumió que en la injusticia diaria nunca nadie le devolvería su vitalidad. Él mismo vio cómo aquel criminal ensayaba con su cuerpo. No le quedaban fuerzas para odiar.

(JJT)

LA SONRISA

Atardecerde verano.Un agradable paseo en solitario por un olivar. Me acompañan únicamente el chirrirar de las chicharras y el fremético canto de los grillos.Algún pajaro se hace notar. La paz es casi absoluta porque hay un sonido, no desagradable, que no acabo de identificar. Intento reconocer al menos su procedencia y avanzo hasta alli. El sonido parece una débil carcajada, pero... ¡no puede ser!¡no veo a nadie! Me acerco a un olivo que está un poco más apartado que los demás. Creo firmemente que la suave carcajada viene de alli. Mi cautela va en aumento, fijo la mirada en lo que parece un pequeño revuelto de ropas blancas,me acerco con curiosidad y precaución y descubro aterrorizado que un bebé de pocos meses me mira con ojos fijos y con una sonrisa que deja ver una boca llena de dientes. La humedad del sudor en las sábanas me despierta de la siesta. Hace calor y he decidido que esta tarde no voy a dar mi paseo habitual por el olivar.

(JOSE LUIS BAUTISTA LOPEZ)

La Colina

Me muero por ti, sonrió y calló. En realidad no sé si fue por ella o por su tierra. Fue su última carcajada cuando abandonaba Transilvania en el carruaje conducido por los ruegos de los familiares que clamaban su decapitación. Carruaje tirado por dos caballos ciegos, ciegos de terror, ciegos de oscuridad. Ni siquera se preguntaba porqué había dejado correr la sangre colina abajo cuando la tuvo entre sus brazos. Fue, sin duda, aquella carta desde la tumba que habitaba en su corazón, la carta que nunca pudo escribir. Sólo pensó que podía ser su cabeza la que, en esta ocasión, rodara colina abajo hasta el cementerio...murió...decapitado.

(Ofelia Mármol)

Meditación pos-morte

La sonrisa de la joven criatura en lo mas alto del tejado me hacía pensar en la posibilidad de que fuera cierto lo que afirmaba siempre el sacerdote de la parroquia de Villanueva, donde acudía, más por costumbre que por principios, a mis clases de cristianismo, que es como allí se conocía a lo que hoy llaman catequesis. Solía el Padre Damián decirnos que "la sonrisa es de angeles, la carcajada de necios". No entendía porqué tras desplomarse el suelo de la última planta en el incendio aquella niña había conseguido subir al tejado. Entoces recuerdos ancestrales me venían a la cabeza y empecé a recobrar la fe perdida durante toda mi vida. Tal vez algo tarde, ahora en el umbral del infierno, comprendí que la vida no es más que aquello que pasa mientras estamos preocupados por vivir. Entonces entendí que ya era hora de dar el paso hacia otro sitio.

(Ruben Ballesteros)

Miedos de niño

Siempre me ha dado pánico la oscuridad. Me aterra la posibilidad de quedarme sola en casa y que de pronto, como ahora, se vaya la luz. El salón comienza a poblarse entonces, de crujidos, de esquivos movimientos adivinados en la penumbra, a veces incluso de voces, de leves susurros, terribles pues son el eco amortiguado, silenciado a propósito de espantosos alaridos de agonía, o tal vez de la más grotesca carcajada. No soy ninguna cría, y sé que todo esto es tan sólo producto de mi pánico. Sé que los crujidos son propios de un suelo de madera ya demasiado pisado. Sé que las voces son del viento, que entra sibilante desde algún rincón esquivo de la casa, desde alguna ventana demasiado anciana para estar realmente cerrada. Todo esto lo sé, pero saberlo no alivia mi miedo. Tan sólo la luz puede aplacarlo. De forma que ando a ciegas por el salón y busco desesperada la mesita, el cajón y la salvadora linterna. Con alivio siento la pared, fría, húmeda, viscosa. Retiro con asco la mano, aún sabiendo que no se trata más que de puro pánico. Acelero mi búsqueda, siento con los dedos los delgados hilachos del tapiz lanoso como una barba, una barba sucia que anuncia una boca repleta de largos y afilados colmillos. Aterrorizada alcanzo la esquina. Abro el cajón. Enciendo la linterna. Al fin puedo ver. Puedo ver la sanguinaria cara de la criatura justo antes de la dentellada.

(Juan Antonio Paz Salgado)

Feliz cumpleaños

La llave tardo un rato en ajustarse en el ojo de la cerradura, consecuencias de la tension de haber asesinado a su mejor amigo con sus propias manos. La sangre convertia el pomo de la puerta en una resbaladiza superficie, de dificil accionamiento pero el esfuerzo se vio premiado con se apertura. Ya dentro, con la luz todavia apagada jadeo todavia un rato recacitando sobre sus actos. Habia descubierto que su mejor amigo y su mujer llavaban una semana quedando a escondidas y llevado por los celos lo mato al encontrarselo en el ascensor de su casa. Golpenadole hasta abrirle la cabeza, con el ordenador portatil del trabajo donde consumia todo su tiempo. Dudo todavia unos segundos si encender la luz, el haber matado a alguien le hacia sentir que no estaba solo y le aterraba la sensacion de estar acompañado...en la oscuridad de su salon. En ese momento, la luz se encendio sola. De pie ante el estaban el resto de amigos, comandados por su mujer quien llevaba una tarta en la mano.Tras el grito de ¡SORPRESA!,se impuso un silencio gelido provocado sin duda por el impactante aspecto del hombre ensangrentado, quien tras un minuto en silencio...estallo en una enorme carcajada todavia hoy audible en la carretera de Colmenar Viejo, a la altura de Cantoblanco, especialmente cada 31 de Mayo.

(Miguel Guillen)

Hasta que la muerte nos separe

¡Pero si recién la he asesinado!¿Por qué se levanta el despojo y me mira? Me acaba la muerta, ésa que chorrea sangre por el muñón, de escupir a la cara. La mucosidad babosa me impide ver por un ojo. Algo rojo me ha salpicado en el otro. Nooooo... Lo que fluye no me es ajeno. La muy guarra me ha reventado la pupila con un punzón. Un mejunje viscoso desciende por mi cara. Saco la lengua para probarlo, tan sólo por un instante, lo juro, el mismo tiempo que le basta para arrancármela de un mordisco. Intento estrangularla, pero compruebo que me hallo esposado. ¿Una patada a la garganta? Imposible; estoy atado. Entonces me provoca una carcajada la certeza de que más muerto estoy yo que la muerta de mi esposa. ¿O ha sido un espasmo?... Me despierta del desvanecimiento el sonido de una motosierra. El dolor duele, pero más la evidencia de que nunca más podré jugar al fútbol. Ella me habla: "Ya ves, cariño, el veneno actuó más rápido que tu hacha. ¿Te queda algún último deseo?". Uno es muy hombre, a pesar de mutilado. Así que... sangre, flujos y esperma nos reúnen. Ya ven, hasta que la muerte nos separe.

(Anabel Cornago)

Madera mojada

La lluvia se ha aliado con él. Duró poco el intenso placer de sentir su retroceso ante el fuego de la antorcha. Algo tan simple que sólo una desespación básica, primitiva, me llevó a imaginar. Pero ya nada prende. La madera de la casa está hinchada y fría como un ahogado. Llueve, llueve, y siento su arrastrar tras la puerta. Ya no puedo permanecer aquí. La madera podrida del ventanuco cede y me alzo hasta que mis manos se aferran a la tierra húmeda. Con lo que he adelgazado ahora consigo pasar sin dificultad. Frío. Los árboles se me desdibujan entre la lluvia y el vapor. Corro, corro, reuniendo todas mis fuerzas. Pronto será de noche. Corro y me estremezco paralizado. De las entrañas de la casa aflora una carcajada inmensa, aguda, casi humana.

(David Pérez-Vega)

Mientras dormías.

Despertó Paquito de la profunda siesta con la extraña impresión de seguir sumergido en el abismo o borrosa existencia que describen a veces alguno de sus sueños. Una densa tarde era esa, pues de la gran ventana del cuarto de sus hermanas entraba poca luz y una rara niebla, casi inexistente, parecía cubrirlo todo disminuyendo en alguna medida la definición de la imagen, estropeando su calidad y provocando en Paquito una insistencia en rascarse los ojos. Se podría decir que el aire había aumentado su densidad, su temperatura, no llegando a ser pastoso, pero sí pesado como era, sin percibirlo, agotaba, ensoñecía. No pudo determinar, si aquel coro de voces masculinas, roncas y bajas, habían comenzado a entonar aquella interminable nota en ese instante dado, o por el contrario así había sido desde un principio, no dándose cuenta él de aquello hasta ese momento. El pasillo estaba en penumbras, poca era la luz que le llegaba de los cuartos medio abiertos, luz tenue de un día apagado, turbio, cansado. Al final, el oscuro salón. - ¡Mamá, me he perdido!. ¡La casa está cambiada! Sonó una carcajada masculina, seca, burlona, corta. Al poco, habló la madre. - No te has perdido cariño, duerme otro poquito. Anduvo despacio Paquito hasta el salón; luz tenue, un anciano descansaba en la mecedora. -¿ Y mi madre? - Ya no la verás más. - ¿ Ha muerto? - Ella no Paquito, tú, tú mientras dormías.

(Pedro Mascarós Gil)

TERROR ASIATICO

Un crujido. Oscuro. Mezcla de olores invaden la habitación. El incienso del templo, el bambú del tatami. La luz de la luna entra pesada. Mi padre yace al lado. Apenas puede dormir cuando regresa a la casa de su padre. Hace frio…mucho frio..tiempo frio. El vaho de mi respiracion dibuja figuras fantasmales en la negrura. Un crujido. La estructura de madera sin duda. Mi padre ya está con los ojos abiertos. “Tengo ganas de ir al baño”-refunfuña. Pero no se mueve del futón. Hoy llegaron las cenizas de Murakoshi. Nunca supe muy bien por qué trabajaba en un bar de alterne, pero asi es como funcionan las cosas en este país. Por las mañanas en la sección de kimonos de un gran almacén y por la noches nos recibía en ”Passion” con sus dulces sonrisas. Un crujido y mi padre se levanta, pero no en dirección a la puerta sino del tokonoma. De rodillas y frente a los trazos caligráficos de mi difunto abuelo, extrae el bonsai de su maceta y comienzar a orinar dentro. “¡Pero que haces!” le susurro con tono de horror. Y con una forzada sonrisa me contesta:”¡Tengo miedo!”. No puedo reprimir una irrespetuosa carcajada. Un crujido tras la puerta corredera. Ya no río…

(jin taira)

Sueño recurrente

Caída eterna al vacío. Siempre despiertas antes de acabar de caer. Siempre despiertas sobresaltado, con sudor frío. Angustia, terror. Guadañas blancas sobre hombros negros. Sueños recurrentes. Cabezas cuadriculadas con alfileres en los vértices. Reyes de ajedrez que caen sobre los escaques a pesar de la magnífica defensa india. ¿Cómo pudo llegar el jaque mate?. Siempre los mismos sueños. Duermes, mal duermes, pero no descansas. Angustia, ansiedad. De nuevo la pesadilla. El cabello de la espada de Damocles empieza a quebrarse y tú allí debajo, inmóvil, paralizado. Tratas de mover un dedo, pero es inútil. Rezas mentalmente aunque sabes que nada cambiará. Luz al final del túnel. Tu mente observa a tu cuerpo inmóvil desde un ángulo de la habitación. Las imágenes de tu vida se agolpan en tu mente cansada. Pero, ¿por qué siempre lo mismo?. Otra vez la eterna caída libre. Estalactitas afiladas se abalanzan sobre ti sin alcanzarte nunca. Estás cansado y tu angustia te sobrepasa. Y luego ese extraño nombre: Samaria. ¿Qué significa? Nunca antes lo habías oído. – ¿Por qué sueñas conmigo?. No me digas que los sueños son involuntarios. Sabes que no lo son, del mismo modo que sabes que una noche, el final del sueño cambiará definitivamente. Nos veremos en Samaria y me reconocerás por mi tétrica carcajada.

(Bernardo Ballaz)

Solipsicosis crónica

«Solipsicosis crónica». Tuvo que ser el reputado Stephan Gronen, y su equipo de neuropsiquiatras los que discriminasen, finalmente, la naturaleza atroz de mis ataques. Sin atender a ninguna causalidad, como un capricho furibundo de mi castigada fisiología, como un espasmo altanero de la conciencia... sin aviso alguno, se me encogía el aliento, y sentía que mi cuerpo se elevaba (como si se tratase de una asunción pagana) por encima de los demás. Apostados en todos los cuerpos, los ojos, escrutaban, de todos los que estaban, los gestos compulsivos y atolondrados de mi miedo... pero no podían oírme las razones. Es lo contrario del que escucha la radio con auriculares... su carcajada, su canto o sus gritos, solitarios y desamparados, se pierden en el eco estanco de su soledad...y a nosotros nos sorprende únicamente la arbitrariedad de su idioma incomprensible. La más insana de las patologías, la de sufrirse a uno mismo, presenta estas dos modalidades: a mí, la suerte y la genética me regalaron dos códigos majaras, como dos antilenguajes: la gestualidad histriónica y el silencio. Nunca más volveré a intentar hablar en público.

(Ramón Rubinat Parellada)

La Puerta

Pronto llegaría mi turno, no podía hacer otra cosa sino esperar. Todos los que entraban antes que yo salian distintos, me parecía contemplar un desfile de cuerpos vacios de esperanza. Alguien iba delante mia y bromeaba nervioso, le sudaban las manos y tenía una mirada inquieta. Cuando se perdió tras aquella puerta fueron mis manos las que empezaron a sudar. Salió aquel rostro, pálido como un muerto y le acompañaba esa frase... "El siguiente". Yo era es siguiente, avanzé despacio, cerré la puerta tras de mi y pregunté, si, dije mi nombre y aquel ogro buscó mi examen y al tenerlo ante si entonó la mas estruendosa carcajada que había oido en mi vida.

(Rubén Loureiro Bocija)

Tragedia

Año 2010. Como todas las mañanas estallo el coche bomba de todos los días. El hombre ya no era tal y le sustituía tan solouna cínica carcajada.

(ROber)

Recurso humano...

Había sido una jornada especialmente dura, al igual que los dos meses anteriores. El cambio de marca de la compañía había elevado las cuotas de estrés de todos. A las 22:40 di por concluida mi jornada de trabajo, y tras apagar el ordenador, recogí los informes y currículums de las futuras posibles incorporaciones. El nudo de la corbata, unido a la alergia primaveral hacía que llegara menos oxígeno a mis pulmones, y la sensación de agobio era tremenda. Bajé al parking y comprobé que tan sólo quedaban 3 coches en él. “Siempre los más pringados”, pensé. Rebusqué entre mis bolsillos hasta encontrar el mando del Jaguar que me acababa de comprar, a base de hacer horas como ese día. “¿Por qué coño no funciona?" Fue entonces cuando sentí el golpe. Seco y doloroso en la nuca. Caí fulminado y la visión se me nublaba. Yaciendo en un gran charco de sangre, alguien arrojó sobre mi cara la chapa de identificación. No acerté a adivinar quién era. No tenía por qué conocer personalmente a todos y cada uno de los más de mil quinientos empleados. Iba perdiendo poco a poco la consciencia, y lo último que vi fue un cañón de pistola apuntándome justo entre ceja y ceja, acompañado de una sonora carcajada. Fue instantáneo. Sentí cómo la bala rompía mi cráneo y se alojaba en mi cerebro. Sangre, masa cerebral y demás fluidos salían por el orificio, y mientras todo ocurría, no dejaba de escuchar la carcajada...

(Mood)

Venganza

Un frío intenso que cubre tu cuerpo y sólo el calor de tu aliento en tus labios. La oscuridad cerrada que llena tu corazón y contra la que choca tu cuerpo. El miedo que atenaza tus músculos y te impide el más mínimo movimiento. Sonidos que se revuelven en tu mente y se alzan como fantasmas que te recuerdan temores pasados. El crujido de una madera, de una puerta al abrirse, los pasos vacíos que se pierden en la inmensidad de un pasillo, el latir de tu propio corazón acelerado por el pavor del momento. Otro ruido, ahora cercano. Otro aliento aparte del tuyo. El calor de alguien más que se acerca con rapidez en busca de tu corazón. Una mano que agarra tu cuello y un grito aterrador. Un nuevo grito, éste desgarrado por el miedo, lo oyes y tras un momento que se te antoja infinito reconoces tu voz en él. Una carcajada violenta, explosiva, que revienta en tu cara, la carcajada de aquél a quien tu asustaste ayer.

(Jorge Moreno)

Bebé

Procuro dar un paso más. Y cada uno de ellos es cada vez mas costoso. Camino casi a ciegas por un bosque eterno, en el que creo que ya llevo muchos días perdido. Pero solo creo porque como no puedo ver la luz, me cuesta distinguir en que momento del día me muevo, en que momento de la noche me duermo. Procuro dar un paso más. A veces parece que cada uno de los arboles es cada uno de mis miedos y precisamente miedo, es lo que me da rozarlos. De repente oigo un llanto, me acerco. Parece un bebé llorando. Lo busco. Lo encuentro, semidesnudo y abandonado. ¿Que hace un bebé aquí?. Lo miro, me mira. Deja de llorar. Lo cojo. Me vuelve a mirar y sonrie. Tiene una dentadura perfecta. Una sensación de pánico me invade. El bebé suelta una carcajada inmensa. Me despierto.

(Eduardo Madina)

FELIZ CUMPLEAÑOS

El torturador terminó su trabajo: sobre el suelo de la celda yacía el cuerpo mutilado de un preso. "Hoy he terminado pronto, porque es el cumpleaños de mi hija", dijo mientras lavaba sus manos, manchadas de vísceras. Al escucharle, el carcelero, que limpiaba la sangre del suelo, lanzó una sonora carcajada. "Le he comprado un libro de cuentos, muy bonito".

(Gema Capel)

FELIZ CUMPLEAÑOS

El torturador terminó su trabajo: sobre el suelo de la celda yacía el cuerpo mutilado de un preso. "Hoy he terminado pronto, porque es el cumpleaños de mi hija", dijo mientras lavaba sus manos, manchadas de vísceras. Al escucharle, el carcelero, que limpiaba la sangre del suelo, lanzó una sonora carcajada. "Le he comprado un libro de cuentos, muy bonito".

(Gema Capel)

FELIZ CUMPLEAÑOS

El torturador terminó su trabajo: sobre el suelo de la celda yacía el cuerpo mutilado de un preso. "Hoy he terminado pronto, porque es el cumpleaños de mi hija", dijo mientras lavaba sus manos, manchadas de vísceras. Al escucharle, el carcelero, que limpiaba la sangre del suelo, lanzó una sonora carcajada. "Le he comprado un libro de cuentos, muy bonito".

(Gema Capel)

MOMO

Miro el despertador de mi mesilla de noche, marca las 4:30 de la madrugada; juraría que fijé el despertador a las 6:30... Me vuelvo a acostar en la cama, siento frío, el sueño me vence, derrepente despierto, la carcajada de un niño me ha desvelado, abro los ojos estoy en un túnel, al fondo una luz parpadea, me acerco, una puerta se cierra tras de mi, estoy atrapada, mi respiración se agita, noto como el corazón empieza a palpitar rápidamente, intento correr pero mis pies no se separan del suelo, el techo se mueve, viene hacia mi, si es un sueño debería poder controlarlo, pienso en parar el techo, pero no puedo, una flecha se ilumina y me indica una alcantarilla, otra flecha a su vez me indica seguir hacia la luz que parpadea, el tiempo pasa, el techo baja, rápido me adentro en la alcantarilla veo una tortuga con un letrero "Follow me".... estoy empapada..... creo que me volví a quedar dormida en la bañera

(Ana Gómez)

LA SONRISA

Atardecerde verano.Un agradable paseo en solitario por un olivar. Me acompañan únicamente el chirrirar de las chicharras y el fremético canto de los grillos.Algún pajaro se hace notar. La paz es casi absoluta porque hay un sonido, no desagradable, que no acabo de identificar. Intento reconocer al menos su procedencia y avanzo hasta alli. El sonido parece una débil carcajada, pero... ¡no puede ser!¡no veo a nadie! Me acerco a un olivo que está un poco más apartado que los demás. Creo firmemente que la suave carcajada viene de alli. Mi cautela va en aumento, fijo la mirada en lo que parece un pequeño revuelto de ropas blancas,me acerco con curiosidad y precaución y descubro aterrorizado que un bebé de pocos meses me mira con ojos fijos y con una sonrisa que deja ver una boca llena de dientes. La humedad del sudor en las sábanas me despierta de la siesta. Hace calor y he decidido que esta tarde no voy a dar mi paseo habitual por el olivar.

(JOSE LUIS BAUTISTA LOPEZ)

Tormenta

Sombra, penumbra...Salen del tunel entre fogonazos y chispas. Carcajada infantil.Brujas tenebrosas. Sapos y culebras. Rayos, ruido, ruedas. Máscaras atroces.Círculo infinito, rueda eterna. Luces brillantes. Llueve. Truenos, relámpagos. Gritos. Silencio. Trece niños electrocutados en el tiovivo.

(Inmaculada Hernández de Troya)

Prime time

No. Todavía no. He ayudado al Grupo a salir de varios apuros... he demostrado que soy más útil que otros... Pero lo sé. Esquivan sus miradas, evitan hablar conmigo. No debí discutir con él; es un imbécil, pero tiene la confianza de varios eslabones. Tengo que hacer algo. Mi familia me espera. Necesito seguir y ganar el premio. No puedo caer ahora. No puedo. ¿Por qué me miran todos ahora? ¿Porqué sonríen esos bastardos? NO. Noooooooooooooooo!!!!!!!!!!! ============== - Ha sido divertido, ¿verdad? - Hacía tiempo que no me reía a carcajada limpia. Joder, cómo se han cebado con él!!! Le tenían ganas, ¿eh? Jodidos negros! - Al público le ha gustado tanto la forma de machacarlo que le ha concedido...¡la máxima puntuación! de esta forma mañana el grupo cambiará sus puñales por.... hachas de doble filooooooooo! (...) - ¿Quién crees que ganará el premio? - Creo que el grupo Azul. En cuanto se carguen a los dos etiopes serán los mejores...lo demostraron aniquilando ayer al Grupo Ambar... (...) - En fin, no vamos. Recuerden que sólo quedan 10 días para conocer cuales es el grupo más duro, aquel que es digno de integrarse en nuestra sociedad. Verán cumplido el sueño de abandonar con sus familias el tercer mundo y aterrizar en el progreso y la democracia...¡Mañana es día de enfrentamiento, después de la nominación de los eslabones más débiles! ¿Quien será el próximo ESLABON DEBIL? ¿Cual es tu favorito? Llama ahora!!!

(M. Milá)

Duerme tranquilo.

Todavía me dan escalofríos cuando pienso en su cara pegada a la pequeña ventana de cristal. La estrecha estancia se llenaba de agua sin parar presionándole contra la escotilla superior. No podía hacer nada por salvar su vida. ¿Soy un cobarde? Quizá debería haber intentado... O realmente no. Corriendo por el pasillo dejaba atrás sus gritos. Me golpeaba contra los lados en aquel pasadizo interminable. Noté mi sudor. Cada vez más intenso. Hasta convertirse en una humedad que me llegaba hasta la cintura y notaba mi cara contra el cristal. ¿Por qué corres por el pasillo? ¡Ayúdame!, grité. ¿Dónde estoy? ¡Me estoy ahogando! No pude más que soltar una carcajada al despertarme aunque un sudor frío todavía me recorría todo el cuerpo. Así es doctor. Se repite casi todas las noches. Me atenaza el pensamiento no saber si es más doloroso morir o dejarme morir Ahora estoy en mi cama otra vez y siento la humedad a la altura de mi pecho. Sólo me había desvanecido un instante Sigo viendo como corro por el pasillo. ¿Me escucha doctor?

(Antonio Rivera)

Los ojos de los muertos

¿De qué color son los ojos de los muertos?. No sabría decirlo, ni creo a nadie capaz de hacerlo. Mientras unos sostienen que dicho color permanece invariable, otros afirman que es de una tonalidad agrisada, acorde con la palidez del rigor mortis. Algunos incluso han llegado a proclamar que los ojos adquieren la coloración de la última cosa contemplada. Nada se sabe a ciencia cierta, pero. Supongo que toda esta ignorancia es humanamente explicable: la mirada es el primer atributo que sustraemos a un cadáver. Siempre habrá una mano dispuesta a velar sus ojos yacentes, como queriéndole ahorrar la contemplación final del dolor que la muerte ha provocado. O tal vez no se trate de un gesto compasivo sino culpable, que pretenda ocultar un último reproche en la retina. Me pregunto en qué devendrán mis ojos. Los he visto por última vez: preñados de horror, reflejados en la mirada de esta bestia salida de mi carne, un segundo antes de que me los arrancara para ocultar cualquier vestigio de su ferocidad. Me obligará a comérmelos, me dice mientras suelta una incomprensible carcajada, y pagaré con ello mi desprecio a su maldad adolescente. Será mi castigo por haber hurgado en sus cosas. No hay nada más terrible que descubrir que tu hijo es un monstruo. O tal vez sí, quizás haya algo peor: saber que nadie velará mis ojos, mis dulces ojos castaños. En su lugar, ya sólo quedan dos pozos oscuros, dos abismos de odiosa incertidumbre.

(Sebastian Puig Soler)

Autonasia

Cuando llamó la policía para que me personara inmediatamente en el tanatorio municipal para reconocer el cadáver apenas pude contener la carcajada: le habían encontrado. El celador abrió la puerta frigorífica y sacó un fiambre tapado. Entonces viene la típica escena. Le levantó la sábana de la cara. -Sí, no hay duda: -dije haciendo tanta comedia como supe- soy yo. En ningún momento tuve miedo de que mi comportamiento pudiera delatarme o de que la policía me fuera siguiendo los pasos. ¿Quién podía sospechar que yo hubiera podido matar a mi propio clónico? Y aunque me cogieran, ¿de qué me iban a acusar? ¿De suicidio...?

(Alberto García)

Terrores cotidianos

Soltó una carcajada y desapareció entre la bruma de la mañana. Era la muerte. Acababa de enviar a otro pobre hombre al más allá, mas no de una forma placentera como probablemente hubiera merecido. Le había tenido varios meses encerrado en aquello que llamaban "corredor de la muerte" y después, sin piedad, le había electrocutado, le había chamuscado las carnes, perforado las entrañas con un dolor no humano. Y todo ello a la vista de un aterrorizado público que no sabía de antemano que iba a presenciar aquellas convulsiones, aquellos espumarajos resbalando por la cara. Qué importaba si aquel hombre era culpable o inocente.

(Zampiquis)

Advertencia

.- Si te ríes otra vez te parto la cara. No podía soportarlo y solté una carcajada..- Como te rías otra vez te arranco los brazos... Volví a reírme. Ahora vivo de la Beneficencia. No tengo brazos, ni piernas, ni se como me llamo. Tuve un ataque de risa floja. Perdón.

(Rx)

La espuela

Había sido una apuesta estúpida, propia de borrachos. Con una jarra de cerveza, una carcajada y un apretón de manos habíamos cerrado el trato. Rápidamente, casi sin pensarlo, Tomás se subió la manga de la camisa hasta el codo, levantó la tapa de la caja e introdujo su mano en ella. Empezó a contar, al llegar a treinta, riendo, la sacó y guiñándome me dijo –Ahora te toca a ti -. Los demás aplaudían y gritaban. Un silbido imperceptible se comenzó a oír procedente de la caja. - Rápido, que se despierta – gritaban. Cerré el puño fuerte, y lo metí en la caja. También cerré los ojos. 18, 19, 20,... se oyó un grito y volví la cabeza, Tomás yacía en el suelo. Un infarto, dijeron.

(Daniel Castillo)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes ahora estás en el mundo de la libertad.

(Mirella)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes ahora estás en el mundo de la libertad.

(Mirella)

Mudanza

-¡Baja de ese árbol Elena! ¡Bájate ya! La madre parecía preocupada. Su hija llevaba toda la tarde subida al viejo olmo y no había pronunciado ni una palabra. De vez en cuando la veía moverse. Hacía rato que había anochecido y el más absoluto silencio reinaba en la villa, sólo el sonido de las hojas de los árboles al moverse perturbaba la más absoluta calma de aquella noche. Elena escuchaba. Llevaba mucho rato escuchando el interior del tronco del árbol. Oía murmullos, risitas, alguna carcajada. No podía entender nada, pero confiaba en que si seguía allí conseguiría saber quiénes o qué provocaban todo aquél barullo dentro del olmo. Su madre estaba enfadada, pero sabía que no subiría a por ella. No estaba cómoda allí encaramada, pero tenía paciencia. El hambre y el sueño estaban a punto de vencerla cuando entendió claramente una frase: -Voy a salir fuera un rato. La niña decidió no moverse ni un milímetro. Sólo sus ojos investigaban hasta el más ligero movimiento. Finalmente la vio: una columna de humo blanquisimo saliendo de un pequeño agujero de una rama. Aquel humo fue formando una figura parecida a la de ella misma. -Una niña!-susurró Elena. La forma se movió rápidamente hacia ella y la rodeó, Elena abrió la boca y aquel humo blanco entró dentro de ella. -Ya bajo mamá! Murmullos, risitas, alguna carcajada... Elena parece tener vida en su interior...

(Cristina Sans)

el pasillo

Una vez mas no llego a tiempo, no puede ser, me ha cogido el toro, se ha terminado el café, hace tiempo que acabaron los programas deportivos, y yo sigo aquí pegado a mi pantalla, y para colmo ese viento, no soporto los ruidos, no dejo de intentar analizar, el que y porque se producen, todo el mundo los achaca al viento, pero yo se que hay algo mas, tiene que haberlo. La fotocopiadora esta al otro lado del pasillo, ¡cuantas veces lo cruzo a lo largo del día!, pero ahora, ahora es distinto, busco excusas para no ir, pero necesito terminar, necesito fotocopiar, siempre el mismo escalofrío, nunca mires atrás, por que de repente hace frío, ya está ya he llegado, uno, dos escalofríos más, tengo que mirar atrás....Tenía razón, ahí esta ella, se confunde con las sombras de las gotas en los cristales, pero entre el vaho de mi respiración puedo distinguir perfectamente su mirada triste y gris. Quiere hablar, pero su avanzada edad se lo impide, su piel acartonada te permite adivinar los huesos de su vieja existencia, insiste, me mira, se acerca, contengo la respiración cierro los ojos, una carcajada revienta mis tímpanos mientras pierdo la noción del tiempo, del espacio y de mi propia existencia. Una vez mas no llego a tiempo...

(C E E)

Rumores

Una casa encantada. Habladurías, los fantasmas no existen. Pero la casa sigue sin venderse. Circulan rumores que aseguran haber oído un arrastrar de cadenas y una carcajada de ultratumba. El espíritu de un desgraciado que se resiste a abandonar su última morada. Por lo menos se podían haber inventado algo más original, un terror de última generación. Nadie mejor que él para saber que todo eran paparruchas. Él, que venía todas las semanas a dar un repaso a las habitaciones. Un trabajo tranquilo y cómodo. La única pega es el enorme llavero que me obliga a llevar la inmobiliaria con todas las llaves, que hace un ruido espantoso. Bueno, sigamos la ronda. Una casa encantada, JA JA JA, que cosas se le ocurren a la gente.

(Charo Fernandez)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes ahora estás en el mundo de la libertad.

(Mirella)

Terror en el examen de conducir

Eran las 08:30 de la mañana y Silvia estaba esperando impaciente para el temido examen de conducir. En ella se mezclaban un sentimiento de pánico y de esperanza. De repente, un hombre con cara de pocos amigos comenzó a decir los nombres de las personas que debían entrar a la sala de la tortura final: -¡Fernando Parado, Susana Ceda, Juan Priori! Silvia estaba cada vez más nerviosa, el corazón le latía a doscientas pulsaciones por minuto. Pasados unos instantes, llegó el momento. - ¡Silvia Nunca!, dijo el hombre. El corazón de Silvia dio un salto y bruscamente se acercó a la mesa. Mostró su DNI. y cuando el hombre vio la foto soltó una carcajada descomunal y dijo: -¡Chicos!, mirad. Esta es la chica que se presenta por décima vez. Sus compañeros comenzarón a reír aun más fuerte y uno de ellos dijo con una voz irónica y con cierto aire de superioridad: -Tu sigue intentándolo, pero es inútil. Nunca vas a aprobar. Desde ese momento Silvia no se ha vuelto a presentar a ningún examen de conducir y no quiere pisar la calle. Lo único que no para de decir es: - Si no tienes prioridad, cede el paso a tu derecha.

(Javier Fuente Poblador)

La muerte.

...y antes de que pudiera darse cuenta, una mano le agarró por el hombro, se dió la vuelta y alli no habia nadie, soltó una carcajada y siguió adelante, avanzó solo unos metros y de nuevo volvió a sentir la mano y esta vez enmudeció, sabia que todo había acabado.

(CARLOS)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes ahora estás en el mundo de la libertad.

(Mirella)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes ahora estás en el mundo de la libertad.

(Mirella)

in"móvil"

Esperaba escuchar alguna de las micromelodías con las que había soñado, y que provenían de su teléfono movil. Eran veinte, y cada una de ellas marcaba el inicio de lo que tocara hacer en cada momento. Recordaba haberse levantado a medianoche, sonánbulo al oir el tintineo de Liszt poniendolo a la cola de un entierro. Recobró levemente la consciencia y su leve carcajada de razón no logró sosegarle. Volvió a la cama y sonaron más melodías a las que tenía que obedecer. Estaba condenado de por vida a la locura o al insomnio.

(juanderrenea)

Fatalidad.

La fatalidad hizo que su reloj de muñeca se detuviese por agotamiento, que el autobús pasase diez minutos antes de lo habitual por la parada donde ella solía cogerlo, que las farolas de la calle que recorría para llegar a casa cuando le apetecía andar permaneciesen en silencio, que la soledad de la calle le encogiese el alma y hasta sus pasos le pareciesen ajenos, que detrás de aquella esquina se encontrase de frente con el buscado violador del ensanche y éste al verla exclamase: "YA ERES MÍA". En el silencio nocturno sólo se pudo escuchar un grito abortado en su delicada garganta y la carcajada de él al sentir su pánico.

(Eva María Pérez.)

UNA CARCAJADA

Era una noche muy oscura, tanto que no pudo verlo hasta que escuchó una carcajada a su espalda. Fue lo último que escuchó.

(Gema Capel)

Fin

Subía solo en el ascensor. Se paró en medio de dos pisos. Entonces escuché una carcajada a mi espalda...

(Rx)

El Rostro

Te veo tumbada junto a mí en la cama y te sonrió una noche más. Tienes vuelta la cara hacia mi lado y los ojos acechantes. La oscuridad lo cubre todo. Pero aún puedo ver cómo tiembla levemente la línea verde a tu espalda. Y te susurró: "Hoy tampoco habrá carcajada, querida compañera".

(Alvaro Glez.)

Sin vida, sin muerte

La falta de referencias era absoluta. De pronto estaba ciego, sordo, mudo y sin sensibilidad en la piel. Una venda cerraba los ojos en la oscuridad, unas bolas obstruían los oídos, una mordaza le impedía gritar y muchas horas, quizás dáas, atado, sin poder moverse le tenían adormecido todo el cuerpo. En los momentos de pánico tenía la impresión de estar cayendo en un espacio sin límite y sin sentido. Su única referencia era la memoria. Se agarraba a los recuerdos como a salientes en el precipicio del no ser. Pero los recuerdos se gastaban. Al poco tiempo de tener una imagen en la cabeza empezaba a perderla, se difuminaba, se borraba y él volvía caer en el pánico de la nada. Incluso olvidó como había sido secuestrado y que hacía antes. Dos veces al día, o quizás una vez al día, o quizás una vez cada dos días, unas manos le quitaban la mordaza y le embutían una masa sin sabor en la boca, después le metían una pajita por la que sorbía agua y vuelta a la mordaza. Las manos no le daban ni la oportunidad de gritar. Lo arrastraban a un agujero que quedaba debajo de sus nalgas y lo volvían a arrastrar al centro de la nada. La quinta vez que vinieron las manos hicieron algo más. Le desatascaron un oído y depués de una carcajada que le dolío en el craneo dijeron: "morirás sin saber que mueres, porque no sabes que vives".

(Guillermo Rubio Alba)

Tormenta

Sombra, penumbra...Salen del tunel entre fogonazos y chispas. Carcajada infantil. Brujas tenebrosas. Sapos y culebras. Rayos, ruido, ruedas. Máscaras atroces. Círculo infinito, rueda eterna. Luces brillantes. Llueve. Truenos, relámpagos. Gritos. Silencio.Trece niños electrocutados en el tiovivo.

(Inmaculada Hernández de Troya)

Destino inevitable

Estoy empapado en sudor. Debo de tener un aspecto lamentable. Si hubiera un espejo delante de mí y la situación no fuera tan patética, soltaría una sonora carcajada. La guillotina me espera...Ya puedo oir cómo baja la cuchilla, chirriante... y secciona mi cuello, limpiamente. ¿Es miedo lo que me atenaza? No, debe ser eso que llaman "autocompasión". O impotencia, por no poder hacer nada para evitar mi destino. No veo a mi verdugo, pero presiento su satisfacción ante el espectáculo que se avecina. Oigo gritos ensordecedores, la muchedumbre exige justicia, hay avidez de sangre. Ya baja la cuchilla, más rápido de lo que creía, siento su calor y............

(Raúl Gómez Herrera)

Quirófano

Jajajajaja...la carcajada del cirujano resonó dentro del quirófano. Sus ojos azul hielo miraron el rostro de la mujer que yacía en la camilla. Alguna vez había sido bella. Pero desde que traspasó el umbral de la puerta de la clínica había dejado de ser alguien. Palpó aquel cuerpo que un día fue perfecto. Hoy le quitaría el otro brazo, pero aún no. Aún debía aguardar diez minutos. El tiempo justo para que comenzaran a desaparecer los efectos de la anestesia. Examinó el equipo de audio, presionó la tecla. El reproductor estaba listo. Ajustó las correas. Hoy por fin terminaría el experimento de su vida. Hoy por fin alcanzaría el alarido animal perfecto.

(Jon Omeñaca)

UNA CARCAJADA

Era una noche muy oscura, tanto que no pudo verlo hasta que escuchó una carcajada a su espalda. Fue lo último que escuchó.

(Gema Capel)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes ahora estás en el mundo de la libertad.

(Mirella)

El hombre del saco

Sus ojos eran tan negros que estremecían de tan oscuros que eran. Sus cabellos estaban tan sucios y grasientos que parecían maromas deshilachadas a fuerza de ahorcamientos. Cuándo se enfadaba, su boca espumaba efluvios venenosos que producían urticaria y su aliento espantaba a todas las mofetas del bosque. Era un glotón y su platos preferidos eran las ranas que comía vivas, y la carne humana. En verano, cuándo el estanque se secaba y las ranas desaparecían, cogía un saco de gran tamaño y se iba por los alrededores de la gran ciudad en busca de carne tierna. Los niños pobres y solos, caían fácilmente en sus rudos y peludos brazos y más parecían mariposas atrapadas por el cazador que el manjar de un ogro. Se dijo con gran carcajada: Tres o cuatro y tendré para un rato. Cerró el saco con un cordel, se lo echó al hombro y mientras caminaba les canturreaba pinchándoles con una vara afilada: Canta, canta, que te pico con la lanza.

(J.R.P.)

EL PASEO

Iba con mi madre paseando por una alameda florida. Me llevaba cogido de la mano mostrándome los colores de los pétalos, la luz caía lenta de las hojas deslizándose en el aire fresco de la tarde. Me indicó una rosa blanca, restallante, y me invitó a olerla. Al acercarme, un insecto de pronto salió del corazón de la flor, y yo di un gritito; ella soltó una carcajada dulce ante mi sorpresa, y me tomó de las dos manos para calmarme. Desperté empapado en sudor, ahogado, con el corazón a punto de reventar, agitado por ese sueño maravilloso. Entonces recordé que era huérfano. Quién sabe quién era aquella mujer, adónde me llevaría.

(Ramón Carretero Moreno)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes ahora estás en el mundo de la libertad.

(Mirella)

Perseguido

Dobló la esquina y cruzó la calle con las últimas fuerzas que le quedaban. Gritó al silencio de la noche implorando una ayuda que ya no esperaba. Una furtiva mirada por encima del hombro le sirvió para cerciorarse de que la sombra continuaba su implacable persecución. Recuperó el aliento durante un segundo y reemprendió su alocada carrera por las húmedas y vacías calles del polígono. Corrió por lugares recónditos y oscuros que su pie jamás había hollado. Agotado por fin se apoyó en un muro y buscó en vano a su perseguidor que había desaparecido. Cerró los ojos buscando un hálito de fuerza para continuar huyendo. Un momento antes de volver a abrirlos una sonora carcajada acompañada de una mano en el hombro le advirtió de que había sido alcanzado. - ¡Braulio! Condenado, corres como alma que lleva el diablo. Pero Braulio no respondió, por que no volvió a abrir sus ojos.

(Zoroastro)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes estás en el mundo de la libertad corporal.

(Mirella)

Y NO HAY NADIE

Llaman a la puerta y no hay nadie pero llaman a la puerta y estoy seguro de que no hay nadie porque he abierto muchas veces y no había nadie pero siguen llamando y cuando abro sólo escucho una carcajada entre las sombras. Y no hay nadie.

(Gema Capel)

el lobo

Cuando la boca del lobo penetró en mi carne no pude más que emitir una sonora carcajada. Mientras me desangraba sentí que el animal, enganchado a uno de mis huesos, se ahogaba en mi propia sangre.

(carlos arango)

El coche

No sabía cómo, era una pesadilla: a él no le podía estar ocurriendo eso. Seguía sentado en el coche, esperando a que llegara la policía, y sentía un sudor frío por todo el cuerpo, como si se le escapara con él la vida. Pasaba por su cabeza rápidamente toda su existencia: la niñez, la familia, su cuadrilla, sus hijos, el día que aprobó el último examen, … el día que su mujer le compró el teléfono móvil por el que había pedido auxilio. Recordó los versos del poeta sobre los ríos que van a dar a la mar, y todo eso. Nunca piensas que te pueda llegar el último instante, y menos que te vayas a dar cuenta de ello. Volvió a meter la mano bajo el asiento, y volvió a notarla: ahí estaba, fría como la muerte; quiso sentir la mano que la había colocado, mano de odio e irracionalidad, o de racionalidad sin razón, y pensó en la carcajada que soltarían todos los que les apoyan si su cuerpo subía, por ejemplo, hasta un balcón. Vio las luces centelleantes, los coches blancos y azules, y los hombres de grandes txapelas rojas que descendían apresuradamente de ellos. Cerró los ojos y suspiró, sintiendo un atisbo de esperanza, pero con el cambio de respiración también noto un clic …, y ya no volvió a notar nada jamás.

(Inspirado)

Cachondeo

Quise abrir los ojos... No podía moverme. Ni una mano, ni un pie, ni un dedo. Notaba que no respiraba. Hacía mucho calor. Oí susurros... Afiné el oído y escuche una frase:.- Al final, el hijoputa lo consiguió... Hasta jodernos las vacaciones..- Y lo que se reía de nosotros ¿Qué?.- Si, pobre....- Si nos pudiera oír seguro que se cachondeaba... Y se rieron. Una fuerte carcajada común. Entonces me di cuenta de que el enterrador echaba otra palada de tierra sobre mi féretro.

(Rx)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes estás en el mundo de la libertad corporal.

(Mirella)

Sola

Siente pánico, un miedo horrible le impide casi respirar, la sangre no circula apenas en las venas, paralizada por qué?No hay nadie, por eso es, no hay nadie,¿donde está todo el mundo?, ella siente que está totalmente, terriblemente sola.Y abre los ojos, ¡puff! sólo era una pesadilla, siempre tenía la misma pesadilla,una y otra noche y pasándose la mano por la frente, se quita el sudor frio mientras busca con la mirada a Frodo, su perro,¿dónde está Frodo?Le llama, pero no viene, qué raro, hay un olor extraño en el ambiente...se viste rápidamente y sale a la calle a buscar a su perro, no hay nadie, pero el bar de Pablo siempre está abiero y con gente, no hay nadie, camina a lo largo de la calle, no hay un alma, y llega hasta el parque y escucha..silencio total y absoluto, no se oye ni coches ni perros ni plaros ni gente...el olor,no hay olor no huele a nada ni a nadie y empieza a correr como una loca, corre, corre y se para,¡ah!Escucha algo, es un pom, pom, un sonido bajo, pausado con un mismo ritmo, y...entonces se da cuenta, son los latidos de su corazon, aparte de eso sigue sin haber nadie no se oye nada y se empieza a reir, es una carcajada fria, rota, sola.

(Patricia Ramos Henche)

MUERTO EN LA CAMA

Sobre la mesita de noche, la fotografía de un niño disparando al objetivo. Pim, pam, pum. En la cama, un hombre agonizaba con tres agujeros en el pecho. Detrás de la puerta se escuchó una cruel carcajada..

(Gema Capel)

LA RISA DE HIELO

De madrugada, la muerte llamó a mi puerta. Enseguida la reconocí. Vestía capa negra, la capucha echada. Sólo pude ver sus labios y en ellos leí mi nombre al susurrarlo. No se me ocurrió una bienvenida medianamente inteligente. ¿Acaso vale la inteligencia frente a la muerte? Una risa nerviosa se apoderó de mí, continuada e incontrolable, que fue aumentando hasta convertirse en una carcajada... que se heló en mi boca cuando descubrió el rostro. Y era el mío.

(Victoria Martin Bartolomé)

Maltratada

Si crees que podrás dormir en paz estás muy equivocado. Ya no me duelen las llagas de mis labios ni me oprimen las esposas que lesionaron mis muñecas. Se acabaron los cardenales en mi espalda, los mechones de pelo arrancados entre tus dedos. Ya no te temo, Javier, ya no tengo ese miedo que me hizo callar tantos años antes de denunciarte por malos tratos. No han pasado veinticuatro horas desde que dejaste esa horrible corona de claveles sobre mi tumba y ya piensas que podrás empezar una nueva vida. No podrás, Javier, porque he decidido quedarme. Estaré contigo todos los días de tu vida, tal y como te prometí ante el altar. Cada vez que cierres los ojos, cada vez que encuentres un segundo de paz en tu miserable vida lo interrumpiré con una carcajada como las que tantos años me dedicaste mientras me golpeabas una y otra vez. A mi el cielo me espera, Javier, sin embargo a ti el infierno te perseguirá hasta la muerte.

(Bautista Nicolás)

Huida

Avanzó lentamente mientras aquella claridad fría se le pegaba a la piel. Allí podrían descubrirle fácilmente. Ellos. Siempre Ellos y sus horribles carcajadas. Parecía que ese era el único sonido que eran capaces de emitir. Dio otro paso por el camino vacío buscando en vano alguna sombra que le ocultase. No recordaba cuando había comenzado su huida, primero tranquila, luego acelerada y, hasta hace un segundo, una auténtica carrera. Se guareció en la sombra de un panteon familiar. Aquel cementerio no era el mejor sitio para esconderse de Ellos. Ahora escuchaba. Silencio. Absoluto. Opresivo. Los pelos de la nuca se le erizaron de repente. Se volvió lentamente, sin querer ver, sin querer oir, sabiendo que esta vez había perdido la carrera. Todo paso de la misma forma que había visto mil veces. Rápido. Con precisión quirurgica. Trato de hablar y solo fue capaz de reir. Grandes carcajadas salieron a borbotones de su boca mientras buscaba otra victima.

(Isidro González Caballero)

Vudú

El viajero tenía un muñeco. El muñeco tenía mi rostro. Yo tenía una faca. Me la clavé en el corazón y la mano del viajero empezó a llenarse de sangre. En el fragor del silencio retumbó una insólita carcajada. No sé si era mía, del viajero o del muñeco.

(Alberto Ramos Barranco)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes estás en el mundo de la libertad corporal.

(Mirella)

Sin aire

Con el corazón lleno de angustia y abotargado por el temor, me precipité dentro del tanatorio con paso ágil pero tembloroso. El cambio de la claridad de la calle a la oscuridad del interior me cegó los ojos durante un instante. Pero la desazón arrastraba mis pies al interior a través de la penumbra, mientras acertaba a tantear la pared que me serviría de referencia. Al entrar en la habitación, esa atmósfera de muerte congeló cada uno de mis huesos. Mi respiración, agitada hasta entonces, se entrecortó súbitamente. Hubiera dado un mundo por escapar de aquella sensación de mortandad, y respirar, aunque fuera una sola vez más, el aire del exterior. Pero cuando me quise dar cuenta, ya era tarde. Ojos vidriosos miraban la estancia con miedo. Avancé sorteando aquellas sombras huyendo de una “carcajada” obtusa que martilleaba mi cabeza. Un látigo helado que me sacudió hasta inmovilizarme. Sin embargo, yo seguí avanzando entre aquellos seres que no percibían mi presencia o simplemente me ignoraban. Una fuerza invisible me empujaba hacia el pequeño espacio donde estaba el féretro. Inquieto y asustado, descorrí las cortinas y al instante quedé petrificado al observar que el rostro del cadáver que todos contemplaban era el mío propio.

(Roberto Bécares de la Hera)

La pesadilla del faraón

Esta historia sucedió hace muchos años, demasiados. A mí me la relató mi padre, un famoso egiptólogo, y ahora yo se la contaré a ustedes. El faraón había muerto hacía tres días y el ritual del embalsamamiento había concluído. Así, los años no pasarían más por el momificado cuerpo del difunto. La última de las puertas secretas fue sellada por el sumo sacerdote, declarando a continuación cuatro meses de riguroso luto oficial. Aquella noche, el faraón abrió los ojos y contempló, horrorizado, que lo único que podía ver era la venda que le tapaba el rostro. Intentó moverse y no lo consiguió. Se serenó, no en vano era el faraón, y pensó en lo que le estaba ocurriendo. Había hablado de aquella posibilidad muhas veces con su madre: despertar en la tumba. Incluso sufría frecuentes pesadillas con aquel macabro argumento. Y ahora, le estaba sucediendo. Tras media hora de forcejeos comprendió que el mecanismo instalado en el sarcófago, ideado para situaciones como aquella, había fallado. Una docena de afiladas cuchillas, sensibles al movimiento, debían de atravesarlo, pero aquello no ocurrió. Gritó, suplicó, amenazó, lloró, maldijo y, por último, tras casi dos días de sufrimiento, soltó una enorme carcajada antes de perder el conocimiento, y murió. Ahora, En una de las salas del Museo Británico, los visitantes contemplan al faraón día tras día, año tras año, sin saber que bajo las amarillentas y ajadas vendas, un rostro de facciones desencajadas todavía pide auxilio.

(Zampiquis)

Fuera de cobertura

... y de repente el silencio. - ¡Qué raro!, no recuerdo haber apagado la radio. - ¿Donde está mi móvil?. Estaba hablando y ahora no oigo nada, no puedo oir nada... - ¡Espera! ¡tampoco veo nada! - Pero, ¿donde estoy? ¿donde está mi mujer? ¿qué ha pasado con el coche?... - ¡IDIOTA!, ¡estás muerto! y la voz se deshizo en una histérica carcajada eterna.

(Agustín Romo)

Angel

No hay nada mas bonito que la sonrisa de un niño, es verdad. Me gusta despertarme en la penumbra y encontrar esa cara de ángel, estoy seguro de que es un ángel, inclinada sobre mi en la penumbra de la alcoba. Al dormirme, recuesto mi cabeza tranquilo y sereno, seguro de que volveré a encontrar antes del alba sus ojos almendra, sus rizos rubios, su cuello de cisne. Ultimamente la placidez de su sonrisa ha tornado en gesto, no es una mueca, pero hay algo extraño en sus labios, su mirada esta vacía, sus cejas ligeramente arqueadas. Los últimos días no resulta tan agradable despertarme con la sensación de que alguien me espía, envuelto en sudor, descubrir su cara... ¿Que es lo que hay en sus facciones? No identifico la emoción que quiere expresar, los músculos se contraen como en una sonrisa, pero dando mas amplitud a la expresión. Hoy lo he descubierto. Al abrir los ojos en medio de la noche, el ángel esta riendo, el sonido no cruza el aire, esta directamente en mi cabeza, es una carcajada oscura, plena, punzante, rota, desesperada, similar a la que salía de mi garganta la noche que mate a mi hija. Hoy se lo que quiere el ángel.

(La Abuela)

Prohibido

Quiso reir, hacer huir las dudas con una carcajada insolente. Pero no fue capaz. El diario ya descansaba de nuevo en el mueble de su padre, pero no había duda. Lo había abierto, lo había leido, pese a sus deseos y ahora, años despues, en los bajos de la casa, oyó el ruido de las llaves al chocar. Ahora vendría él, con su correa de cuero. Y no importaba que estuviera muerto.

(urb)

Maltratada

Si crees que podrás dormir en paz estás muy equivocado. Ya no me duelen las llagas de mis labios ni me oprimen las esposas que lesionaron mis muñecas. Se acabaron los cardenales en mi espalda, los mechones de pelo arrancados entre tus dedos. Ya no te temo, Javier, ya no tengo ese miedo que me hizo callar tantos años antes de denunciarte por malos tratos. No han pasado veinticuatro horas desde que dejaste esa horrible corona de claveles sobre mi tumba y ya piensas que podrás empezar una nueva vida. No podrás, Javier, porque he decidido quedarme. Estaré contigo todos los días de tu vida, tal y como te prometí ante el altar. Cada vez que cierres los ojos, cada vez que encuentres un segundo de paz en tu miserable vida lo interrumpiré con una carcajada como las que tantos años me dedicaste mientras me golpeabas una y otra vez. A mi el cielo me espera, Javier, sin embargo a ti el infierno te perseguirá hasta la muerte.

(Bautista Nicolás)

FRIDA

A Frida le gustaba mucho jugar con extraños especímenes, como como agonizaban mientras cortaba sus patitas o su cabeza. Por eso, cuando la policía entró en su casa, Frida lanzó una sonora carcajada sobre los cuerpos descuartizados de sus padres

(Gema Capel)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes estás en el mundo de la libertad corporal.

(Mirella)

El rey de corazones

Se adentraba en las entrañas de sus víctimas hasta encontrar los corazones de los que se alimentaba. Los cogía con sus manos y los engullía con la avidez propia del que busca una nueva sensación. Algunos tenían la dulzura del recién enamorado, otros eran amargos como amarga es la vida del que acaba de perder un hijo, y otros tenían la acidez del cínico al que la vida cada día le dedica una carcajada. Un día abrió su propio cuerpo y entre los espasmos y el dolor agudo, consiguió agarrar su propio corazón, estaba caliente como los de aquellos que había devorado y palpitaba con ansia porque sabía bien lo que le esperaba. Se lo llevó a los labios y lo saboreó con angustia. Nada, un sabor vacío que invadió su cuerpo y recorrió su piel, la misma nada que había sentido toda su vida y por la que buscaba día tras día nuevos corazones. La oscuridad llenó sus ojos y lo comprendió. En el último aliento de vida, exhalando su último suspiro, comprendió que aquel era el justo castigo para el que nunca había amado.

(Jorge Moreno)

La toquilla de la abuela

Yo no quería quedarme en aquella casa ni en aquella sala tan grande donde apenas había una ventana, pero apagaron la lamparilla y dijeron hasta mañana. Hacía calor aunque era el mes de marzo y tenia muchas mantas muy pesadas encima de mi pequeño cuerpo. Estaba todo demasiado oscuro y las cortinas no dejaban pasar luz de la calle, allí la negrura era inmensa. YO ESTABA ATURDIDO Y DESORIENTADO pero POR NADA DEL MUNDO ME HUBIERA LEVANTADO DE AQUELLA CAMA. Sudaba y apenas podía sacar la cabeza de entre las mantas y pensaba que si me quedaba muy quieto nada podría pasar pues era como si no existiera. A medida que avanzaban los minutos horas eternidades empecé a sentirme cada vez peor, aquello era insoportable apenas podía respirar pues sentía sobre mi la respiración entrecortada de algo alrededor y cuando paraba oía como una carcajada de silencios, pausas, aires fríos sobre mi cabeza recalentada por las mantas subidas hasta mas allá de los ojos. Sabía que no estaba solo en la habitación, por un momento he visto una silueta balancearse al lado de la puerta, la miro espantado es muy alta y fina con unos brazos largos y un cuello largo y pálido, en la cabeza lleva un manto oscuro y cada vez muy lentamente se va acercando a mi. Grito con toda mi alma hasta que vienen a por mi y al encender la lamparita veo el perchero burlándose a lo lejos con la toquilla de la abuela.

(M.L.S.L.)

Lo que la sangre unió

- Explíquemelo a ver si lo entiendo. Anoche le encontramos en su casa empuñando un cuchillo, rodeado de sangre por todas partes y en estado semicatatónico. Sus padres, sus hijos y la madre de sus hijos habían sido acuchillados. Además, no hemos encontrado huella alguna que pertenezca a otra persona. Y todavía dice que usted no ha matado a nadie... - Yo no he dicho que no matara a nadie. He dicho que yo no he matado a MI F-A-M-I-L-I-A. Llaman a la puerta de la sala de interrogatorios y el detective Mullin sale al pasillo. Le espera un hombre enfrascado en una bata blanca. - ¿Qué tenemos? - Pues... Hasta ahora hemos encontrado 23 tipos distintos de sangre en la casa... Y ninguna pertenece a la familia de Melkin. - ¿Cómo que ninguna? El detectiva se gira hacia la puerta de la estancia donde está el detenido y percibe cómo, en el interior, se oye una sonora carcajada.

(jesus miguel marcos del cano)

La famosa navaja

¿Hay algo más tonto que una carcajada cuando uno va a morir? se preguntó "El Gordo" antes de asesinar y descuartizar a Rocco.

(QQ)

El sin cerebro

Kepa Otaolaurruchi, "osito" para su compañeros de talde, apretó el botón entre carcajadas. Txema, un cartero que pasaba por allí; Irache, dueña del kiosoko de periódicos de errazti kalea; Joseba, estudiante de 3º de maternal y Carmen Albizu, mamá de Joseba, dejaron de reir mientras los restos del coche ametrallaban todo a su paso. Después se excusaron diciendo que todo había sido un error. Pero Kepa seguía riendo a carcajadas aunque aquello no tenía maldita la gracia. No la tenía ahora, pero tampoco la tenía antes, pero es que aquellos polvos trajeron estos lodos y ahora no quedaba más remedio que aguantarse, o reirse a carcajadas con Kepa.

(Javier García)

El espejo

Sonó el despertador. Se levantó y como de costumbre se dirigió a la ducha. Ya en el baño, al pasar delante del espejo, se quedó perplejo. Su imagen no aparecía reflejada en el cristal. Agitó sus manos. Nada. Regresó a la cama. Se quedó mirando al techo. ¿Soñaba?. Dudó. Volvería al baño. Temía confirmar algo que se le antojaba imposible por absurdo. Pasaron unos minutos. Quizá horas. Años. Siglos...¿Habría dejado de existir? ¿De ser corpóreo?. Se mordió un dedo. Sintió el dolor. Respiró jadeante. Oyó su respiración. Sintio cómo se aceleraba el ritmo cardiaco. Pasados unos días, el juez -un hombrecillo angelical- procedió al levantamiento del cadaver. El hombrecillo se miró al espejo y atusó su bigote. Abandonó el piso. Por el hueco de la escalera se oyó una carcajada satánica.

(Miguel Angel Leoz)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes estás en el mundo de la libertad corporal.

(Mirella)

Inocente

-Yo no lo hice. Le aseguro que no lo hice. Lo único que sé es que estábamos en el bar, tomando un par de cañas después de trabajar. Después le perdí de vista. -Ya...¿y él se separó de usted, así, sin más? -Él no dejaba de mirar con ojos traviesos a la camarera. En un momento dado recuerdo que se fue, dijo que iba al servicio, y yo esperé pero no regresaba. Como tampoco estaba la chica de la barra, deduje que... -Ya. Usted dedujo. -Sí, así es. Y al día siguiente, o sea, hoy, hoy por la mañana al comprobar que no aparecía por la oficina he comenzado a preocuparme. Y por eso les he llamado a ustedes. -Ya, y por eso está usted aquí. -Sí, así es, inspector. Incluso mi jefe me ha preguntado por él. Y él no aparecía. Pero yo no lo hice. -Bueno. Veamos. Vayamos al grano. En realidad la cosa es muy sencilla. Tan sólo hay un asunto que aclarar, y espero su colaboración. -Dígame. -Bien. Quisiera saber qué ha hecho usted con los huesos. -¿Con los huesos? ¿qué huesos? El inspector soltó una carcajada que resonó en el interior de la habitación acolchada. -Sí, con los huesos, porque según el forense comer, lo que se dice comer, usted se lo comió.

(David Fortea)

Sígueme

Abres la ventana. Una niña se balancea hacia delante hacia atrás. "Sígueme". Es blanca y es niña. Sus manos tejen con hilo de plata fino. La muerte. Sólo ella permanece con los ojos abiertos. Parcas, Moiras. Cloto susurra: "Sígueme". Y escapas. La fina hierva del campo te arranca la piel de las plantas a tiras. Desnudo y asustado. Andas sobre cuchillas. Gritas y escuchas el eco de tu voz reverberando en las cien mil piedras. Tapas con las palmas los oídos. Pero sigues escuchando, eco maldito, "Sígueme". Corres. Hay un zumbido de viento rajado. Guadaña de plata que corta y rasga y mutila y desmembra y acuchilla y destroza y magulla y desgarra el viento. Gritas y tu grito es eco que grita: "Sígueme". Te sangran los oídos. Y se alza ante ti una triste figura de caballero andante de armadura herrumbrosa. Carcomida lanza en ristre. Tiende una mano y sonríe, diciendo: "Sígame". Reculas y chocas contra una anciana gitana que vuela en un almirez. Ella te dedica una cascada carcajada sin dientes, grita: "Sígueme". La niña, la niña. En sus manos sostiene su labor en ganchillo e hilo de plata. Mortaja terminada. No habla, pero sus ojos murmuran muy suavecito: "Sígueme". Al otro lado hay una luz, un pasillo, una salida. Escapas corriendo y la luz te turba, intensa y callada. Parece flotar más alto según te acercas. Alzas una mano para tocarla. La quieres, la amas, hasta que dice: "Sígueme". "¡Aún no!". Despiertas.

(Victoria del Pozo)

TELEFONO

El teléfono sonó varias veces antes de que lo descolgara. -Se quién eres y se lo que hiciste -dijo una voz, y soltó una carcajada. -¿Perdón? -susurré, pero ya habían colgado. En el salón el reloj de pared dio las dos de la madrugada. A través de las persianas de la ventana se filtraban rayos de luna que se deslizaban por el parquet envueltos en una bruma polvorienta. Afuera, en la calle, un perro vagabundo ladró a la oscuridad. El teléfono volvió a sonar. -¿Diga? -respondí. -Se quién eres y se lo que hiciste -repitió la voz. Era una voz joven, casi infantil, pero de rasgos masculinos. Al menos, eso pensé. Intenté asociarla con algún conocido, pero no me resultó posible. Entonces miré a mi alrededor, y observé en silencio los cuerpos mutilados de mis padres, la sangre deslizándose como un río por la hoja del cuchillo. -Yo no se quién eres -dije, mientras apuntaba su número en una libreta-, pero sí se lo que te haré.

(Santiago Eximeno)

LA MUERTE

El despertador sonó bruscamente. Me desperté con enorme sobresalto. Mi respirar era fuerte; con desesperación. Una extraña sensación de horror invadía mi cuerpo, empapado en un desesperante sudor frío. Me levanté, me asomé a la ventana. El silencio era total, la luz..., extraña; y sin saber porqué, estaba sumido en una sensación de terror indescriptible. Comencé a gritar. Salí de casa con tal agonía que rodé escaleras abajo. Una vez en la calle, miré desesperadamente por todos lados. No había gente, ni vehículos, ni animales. No había nada. Comencé a aporrear tantas puertas como encontraba en mi agonizante caminar. ¡Nada¡ el silencio era cada vez más aterrador. Vomité desgarrando mi garganta. Mis ojos estallaban. Mis gritos salían del fondo de mis entrañas, y retumbaban en cada milímetro de mi desesperado ser. De pronto comencé a correr, mientras mis uñas desgarraban mi cara. La locura me invadió. Una gran carcajada inundó el silencio, comencé a gritar. ¡Buscaba..., buscaba¡. Nada; no existía nada. Estaba solo ante esa extraña luminosidad; silencio total; soledad total. ¡Corría..., corría¡ Mi corazón latía tan fuerte como mis gritos. Me paré. Miré a todos lados. Comencé a golpearme, a clavar mis uñas por toda mi piel. Extraños sonidos guturales emergían por mi boca ensangrentada. ¡¡Esa luz¡¡, ¡¡ese silencio...!!. ¿Dónde está todo?. De nuevo comencé a golpearme. Debía despertar de esta horrible pesadilla; de este tremendo horror. ¡¡Pero no¡¡. ¡¡No era una pesadilla¡¡. No estaba soñando... Era la realidad. Era el primer día de MI ETERNA REALIDAD.

(JJOSE)

El espejo

Daniel se levantó como cada mañana desde hacia algún tiempo en aquella fría mansión de estilo victoriano que heredó de un familiar lejano que nunca conoció. No le gustaba para nada aquella casa, pero su trabajo no le daba siquiera para poderse pagar un piso propio. El espejo que había a un lado de la habitación era de lo más tétrico. Le rondaba por la cabeza la idea de quitarlo de allí y tirarlo al sótano oscuro y húmedo que había bajo sus pies. Desde que llego a la casa Daniel se había sentido cada vez más débil, con menos fuerzas. Cuando se miraba al espejo se veía más avejentado cada día que pasaba. Ese día fue directo a la cocina a prepararse el desayuno. Levantó la mano para coger una taza pero pesaba como si fuera una piedra. No se lo podía creer, algo le estaba pasando. Se acercó al espejo de su habitación y al levantar la vista se quedó congelado ante lo que vio reflejado: era su propio reflejo, de pie, mirándole fijamente y sonriéndole. La imagen soltó una carcajada y dijo “Tu no eres tu, eres solo un reflejo mío”. Daniel cayó al suelo. Después, solo la oscuridad.

(Miguel Fernandez)

¿Existen las meigas?

Juan salió de la taberna sobre las once de la noche, después de tomar un par de cañas, y decidió regresar a casa. El último tramo del camino era oscuro, y la luz de la luna, oculta entre las nubes, no ayudaba. De repente todo se iluminó, y vió claramente la habitación de su nieto. El niño soltó una carcajada a una mujer mayor. Era la suegra de Juan, fallecida unos días después de nacer el bebé. Ella, después de coger al niño en brazos, desapareció. Esa extraña luz continuaba iluminándolo todo y Juan no era capaz de moverse. Así permaneció un rato, hasta que la claridad fue desapareciendo y la noche volvió a cubrir el camino, instante que aprovechó Juan para volver a casa. En cuanto entró por la puerta, el reloj daba las dos de la madrugada. Su mujer le esperaba levantada. ¿Qué te pasa, Juan? Estás blanco y empapado en sudor. El hombre, después de visitar a su nieto, que dormía plácidamente, contó lo sucedido, cosa que su mujer no creyó y achacó al alcohol. Pero a partir del día siguiente, su nieto no dejaba de llorar sin motivo aparente, y tras consultarlo con el doctor, quien no le dio mayor importancia, decidió visitar a una meiga. Su visión había sido cierta, y el motivo de los lloros era que la suegra de Juan se quería llevar al niño a la otra vida. Nunca lo consiguió, porque como se suele decir por aquí, habelas hainas.

(Estela Pazos)

Teresa

Cuando regresó a casa no se lo podía creer. Calor en la calle, 37 grados. La ciudad hirviendo. El apartamento era un horno. Y el silencio y el aire pegajosos. Se desvistió. Entró en la cocina. Abrió el armario. Sacó unas patatas. Las puso sobre la repisa. Del bote situado a su izquierda extrajo el pela patatas. Comenzó a pelar las patatas. Abrió la ventana de la derecha esperando hallar al otro lado, también en la cocina, a su vecina Teresa. Negativo. Persiana bajada. Le pareció extraño pero continuó con su labor. Se giró para encender la radio. Soltó una carcajada con el primero de los chistes de aquel insulso programa que tanto le gustaba. Unos minutos más tarde, mientras secaba el sudor de su cuello, volvió a mirar hacia la ventana de Teresa. No daba señales de vida. Comenzó a preocuparse por aquella anciana de ochenta años...”con estos calores -pensó- y ella ahí sola”....Se dijo a sí mismo que sin duda exageraba. Estaba sumido en sus pensamientos cuando una de las patatas saltó de su mano hacia el suelo. Se sentía torpe y el calor le abotargaba. Se agachó y cogió la patata del suelo. Se incorporó. Hizo ademán de recuperar el pela patatas. No estaba sobre la repisa. No lo encontró. ¡Qué raro!-pensó-. 37 grados. La ciudad hirviendo. En un segundo comprendió que Teresa estaba en la casa equivocada y el pela patatas cerca, mucho más cerca de lo que hubiera imaginado: clavado en su corazón.

(David Fortea)

Lo inexorable

Nunca pensé lo terrible que sería mi nuevo ordenador, en palabras que entienda todo el mundo: muy rápido, con la pantalla muy grande y los altavoces estruendosos. Realmente adictivo, aunque esa es una palabra muy suave cuando te das cuenta de que te es imposible despegar los dedos del teclado, apartar la vista de la pantalla, levantarte de la silla para comer, beber, dormir... Luchar contra lo inexorable. Y además de adictivo, interactivo, si algo iba mal sonaba por los altavoces una especie de alarma, si algo terminaba bien, una música de flauta melodiosa y agradable, si te dabas cuenta de que estabas condenado a muerte, una carcajada. Aquí estoy, deshauciado, pasando con mi ordenador las últimas horas de mi vida, participando en un concurso de microrrelatos que puede hacerme más llevaderos mis últimos momentos.

(David Martínez Montero)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes estás en el mundo de la libertad corporal.

(Mirella)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes estás en el mundo de la libertad corporal.

(Mirella)

Mares de horror

Elisa, pequeña, arrugada como una pústula sangrante de odio y llanto, contaba eternas horas marcadas por los avisos, cada vez más lejanos, de su reloj de pulsera. El miedo a la desorientación en la oscuridad –claustrofobia y asfixia mediante- la hizo recapacitar de su intención de desabrocharse el reloj, pese a producirle un punzante dolor en el antebrazo. Los golpes habían quebrado en mil añicos sus débiles nudillos, empapados por el sudor que esfuerzo y ahogo parían inclementes. Ella, más tarde, lamería sus manos buscando alivio. Su sabor pegajoso y áspero la hicieron gemir de estupor, pero también de asco. Donde apreciaba sudor, manaba un reguero de sangre. Dolor. Silencio. El rostro de Elisa, envuelto en sábanas de lino y llanto, giró en seco. Alerta como un pedregal codiciando lejana lluvia. Una imperceptible palpitación sonaba a lo lejos, cadenciosa, como un metrónomo. Creyó sentir el latido de su corazón, pero al detener la respiración descubrió con gozo que eran golpes difusos sobre el terreno. Sí, ya vienen. Me sacan de esta muerte en vida. Socorro, me ahogo. Cavad rápido, con más fuerza. Luego una pausa, eterna como la muerte, y vuelta a empezar. Los golpes eran cada vez más sordos. Se agregaron voces. Creo que alguna carcajada. No, sólo llantos. Los latidos dejaron de golpear. Otro entierro. Elisa calló, petrificada. Esperó otra pausa. Gritó, pero su voz se ahogó entre mares de horror.

(Israel Díaz Reinado)

LA RABIA

Cuando la gota colma el vaso surge la rabia. Si entonces a alguien se le ocurre ponerse en mi camino, la rabia nace desde dentro y sale exterminando los campos de la buena educación y la cordura. La rabia no se presenta cuando le viene en gana. Siempre hay un motivo por pequeño que éste sea: un desplante, una mala cara, hacer oídos sordos a un "buenos días", una inoportuna carcajada, una injusticia flagrante... Todos los días, al menos una vez, uno siente irrefrenables ganas de matar a alguien. Todos los días, al menos una vez, surge la rabia. Lo curioso es que al principio uno es mucho más selectivo. Perdona errores pequeños, pasa página. Pero la caída del calendario no atenúa la rabia, sino que la incrementa. Ahora la vena rojiza en la sien tarda menos en salir, los sudores fríos son más habituales y la dilatación de las pupilas despierta el nervio aletargado. Hace unas semanas que me he decidido a exteriorizar sin tapujos la rabia que llevo dentro. Me he comprado una pistola. Al fin a cada cerdo le llegará su San Martín, aunque espero que no se cumpla a rajatabla eso de muerto el perro, muerta la rabia

(Marta Téllez Angulo)

Ahora eres tú

No todos los días al mirar a alguien ves la misma cara que te mira desde el espejo cada mañana. Sigues tu camino sin inmutarte sin creer que has penetrado oscuridades. Indiferente a la magnitud del descubrimiento que se libra en tu interior. Y es que la mochila pesa hoy más que cualquier artefacto de los que nunca te has librado y quizás sea hora ya de dejar atrás las horas extras y los cambios abruptos de horario para penetrar en lugares de lucha y vencer oscuridades porque has visto la misma carcajada que te habita ser lanzada como dardo de muerte fuera de tu cerebro mientras da vueltas por la habitación un ser prehistórico imposible, cuya única negación de su existencia es tu escapatoria. Por eso aunque en su marcha marque esa estela negra en el techo y rompa la mesa de cristal, es una carcajada nueva la que te habita. Y de nuevo verás que al mirarte alguien al espejo te creyó reconocer, pero no huyas porque ahora eres tú, libre por fin, no lo dudes en el mundo de la libertad corporal.

(Mirella)

Silencio roto

Un timbre agudo quebró el vulnerable silencio. ¿Sí?.- dijo ella. Su tez palideció de miedo. Su iris cristalino reflejaba el pavor que en ese momento sentía. La voz que escuchó no parecía pronunciada por garganta humana alguna. A su pesar, era muy claro el mensaje que dejaba.... Colgó el teléfono. Sus labios pronunciaron una carcajada histérica, mezcla de nerviosismo y miedo. Dudó si dejar descolgado el auricular, pero no lo hizo. Pudiera ser simplemente un maldita broma. El timbre volvió a sonar. Esta vez el mensaje era más claro, pero la voz seguía siendo de ultratumba. ¿Quién es? - inquirió. Nadie contestó. Llamó sin dilación a la policía. Comentó el caso y le pusieron a la escucha un localizador. El teléfono volvió a sonar. Cómo si augurase el contenido de la llamada el tono del timbre era tétrico: Ring, rrrrring. ¡Escuche, no sé quien!.... Colgó, ella solo oía el tono que indicaba el final de la llamada. Ring, rrrrring. Volvió a sonar. Haciendo acopio de fuerzas, levantó el auricular. Era presa del más absoluto terror. Era presa de su propio miedo. Era la policía : ¡ Hemos localizado la llamada!... Es un móvil..., ¡y está en su propia casa.!

(Aprendiz)

La vida

-Tu carcajada me da miedo -dijo Luisa mirando a Raúl fijamente a los ojos. -Antes te gustaba -contestó Raúl. -Antes estábamos vivos -replicó Luisa mientras se perdían en la niebla infinita.

(Oscar)

El Amor

Lo primero fue la indiferencia, no te mentiré. No sentí un especial temblor al verte la primera vez, ni una música sonó. No, no pasó nada hasta que tu risa, gloriosa y absorbente, resonó en una musical carcajada. Reías y sonreías con los ojos, mirándome. Y te amé entonces, con sorpresa y rotundidad, ¿de dónde salías ahora, después de todo? Pronto reuní la confianza para decírtelo: -Te quiero y me creíste, me besaste y con naturalidad pasaste a formar parte de mi vida en una creciente forma de locura no contenida de detalles, momentos gloriosos y rutinas magníficas. Noche tras día todo fue perfecto, para después mejorar: Vino ella. Nuestra hija. Nuestra unión era visible y lloraba, miraba con manos diminutas y los ojos grandes y curiosos. Todo era perfecto. ¿Cómo pedir más? ¿Cómo imaginar siquiera que la perfección pudiese buscarme a mi? Y con su primer año, lo preparé todo. En tu ausencia hice los preparativos y al llegar pude ver la sorpresa en tus adorables ojos. Vuestro amor, amada, brotó hacia mí, llenándome de gozo, de vida, haciéndome sentir completo y satisfecho. Feliz. ¿Qué más podría pedir? Os tenía, mi mujer, mi niña, mis amantes, mi festín.

(Daniel Durán)

la gruta

El servicio de reencarnación me ha recomendado que ande con cuidado, es la cuarta vez que me traen de vuelta este mes. Es extraño, miro la fecha en la que estamos, hace un mes desde mi última sesión de grabación de recuerdos, ¿que me ha ocurrido?. Mareado, confuso, tan solo tengo un recuerdo fresco, este fin de semana quiero ir a bucear a la gruta la carcajada batiente. Tras unos días de paranoia y persecuciones imaginarias, al llegar el fin de semana me relajo y me sumerjo en la gruta, pasados unos minutos buceando por esta, noto que cada vez se estrecha mas, y empiezo a sentir claustrofobia. A 15 metros de mi puedo ver algo borroso, se mueve, parece una planta gigante que agita sus brazos llamándome, pero,...no, es..., Dios mío, ¡ahí hay alguien!, me acerco cada vez con mas dificultad mientras rezo por que aún este con vida, aun a sabiendas de que es imposible. Mientras me acerco adivino varios cuerpos mas y...., ¡¡NO!!, Jesús, soy yo, ¡¡¡SOY YO!!!. Pataleo y me convulsiono con fuerza, trato de salir de aquí, de darme la vuela. Pero no puedo, la gruta es tan estrecha que no me deja espacio para girar. El terror me paraliza, trato de gritar pero no puedo, las lágrimas comienzan a llenar mi cara y a fundirse con el océano,... ¿cuantas veces volveré a pasar por esto hasta que se detenga?. Aún me quedan 30 minutos de oxigeno.

(pascual ligero)

Adivinanza

Soy espantoso, atroz y espeluznante. Dicen que adopto mil caras, pero no tengo forma. Me arrastro por los rincones más recónditos, nado en la abundancia del escalofrío, vuelo más rápido que la imaginación... No soy un animal, aunque el hombre me considere una bestia maldita. Provoco gritos, alaridos, sudores, fluidos... y nada tengo que ver con el sexo. Si bien soy pesadilla de grandes y chicos, me manifiesto tanto en estados de vigilia como en el sueño. Puedo convertir al vivo en muerto o al muerto en vivo. A algunos los dejo pasmados, devuelvo el calor a los más fríos. ¿Más pistas? Soy omnipresente, todopoderoso e implacable. Je,je,je. No te confundas; no soy Dios. Cara a cara te has encontrado conmigo. ¿Recuerdas mi carcajada ante tu pavor? Al contrario que tú, yo no conozco el miedo. ¿Quién soy?

(Anabel Cornago)

La oscuridad

Cinco minutos atrás el juego estaba siendo divertido, pero a Alice, ya dejaba de parecerle una entretenida forma de pasar la noche. La oscuridad la traspasaba como agujas punzantes y sentía la presión del calor acumulada en la habitación. Las carcajadas nerviosas de hace unos isntantes se estaban transformando en grititos ahogados de terror. Había decidido permanecer agazapada en la esquina de su habitación, casi mimetizándose con ella, intentando controlar su respiración alocada. Sabía que John estaba en algún lugar, sentía su presencia muy cerca de ella, pero no podía verle, era la regla más importante del juego, la oscuridad más completa. Cuánto tiempo resistirían allí dentro en silencio y en aquella nada? A lo lejos podía oir el marcar de los segundos del reloj que John le había regalado por su 5º aniversario, hoy, ese sonido dulce retumbaba en su cabeza y se mezclaba con el galopante paso de su corazón. Las primeras gotas de sudor frío resbalaban por su rostro como queriendo escapar de esta pesadilla, sus ojos abiertos, descompuestos, autístas, y el oído agudizado, intentando capturar el más leve rumor. Una escena macabra, irónica para aquel que hubiese conocido antes a Alice, no era ni una sombra deformada de la real. Mientras Alice sentía que aquello ya no le pertenecía, había perdido la consciencia del lugar, buscaba una salida, un rayo de luz que le indicase la salida.

(Elena Hidalgo)

Agotamiento

Se sentía agotado. Llegó a casa y después de tomar una relajante ducha decidió que ni siquiera cenaría. Se metió en la cama y sus ojos comenzaron a cerrarse. Todo el cansancio de la semana acumulada llenaba su cuerpo. Comenzaba a adormilarse cuando le pareció escuchar unos ruidos en la escalera, acompañados de unos gemidos. Ya están de nuevo –pensó-, cualquier día ese cafre de al lado la mata. Todas las noches igual, todas las noches de bronca. Tal vez yo debiera hacer algo, avisar a la policía...pero no puedo, ¡tengo tantísimo sueño!...además no es asunto mío, ellos no lo harían en mi caso, aquí no se ayuda nadie, nadie socorre a nadie. Los ruidos eran más cercanos cada vez, aumentando a la par que su somnolencia. Se estaba quedando profundamente dormido. Escuchó de nuevo, esta vez el ruido era sordo, como de roce, el sonido de algo contra el suelo del pasillo, fuera, en la escalera. Sintió miedo, quiso incorporarse pero el sueño le vencía. Su mente continuaba inmersa en la frontera entre el sueño y la conciencia. Escuchó el roce de algo contra las baldosas del pasillo y después más ruidos...cloc, cloc, cloc,...y una cruel carcajada. Sintió algo así como una caída en un abismo y el sueño se adueñó de él por completo. Ya no despertó. Mientras él seguía soñando, su sangre teñía las escaleras.

(Gustavo Erein)

Padre e hijo

‘Encerrado en el cuarto de baño sabiendo que en esa casa uno de los dos va a morir, me planteo el sentido de la vida de un hombre cuyo padre quiere asesinarle. El cambio experimentado en él desde su vuelta es notable, pero esta mañana, con la cabeza totalmente ida y un cuchillo en cada mano, está decidido a asesinarme. Los golpes en la puerta comienzan a agrietarla y tengo que sopesar entre mi vida o la suya, la de mi propio padre enfermo;’ Antes de hacer nada, pregunto una última vez: –Padre, ¿qué estamos haciendo?, maldita sea, ¡soy tu hijo!. ¡Cómo se le puede ocurrir a uno la idea de matar a su propio hijo!- a lo que él, en una carcajada, contesta: -¡No eres más que carne igual que cualquier otro!, y yo soy tu verdugo de hoy. Me ha tocado, hijo mío, me ha tocado y no hay marcha atrás, así que ¡abre esta maldita puerta antes de que la eche abajo!. ‘No hay salida, no hay salida. ¡Por Dios, no tengo salida!. Yo no quiero estar aquí, no quiero ser yo, no quiero ser el hijo de un monstruo, ¡no!.’ -Papá, por favor, piensa lo que estás haciendo- -No tengo que pensar maldito bastardo, tengo un objetivo que cumplir y ese objetivo eres tú, ¡abre! ‘De acuerdo, no soporto esta situación, será una lucha cuerpo a cuerpo, su cuchilla de afeitar de estilo clásico me servirá de arma.’ -¡Padre.....!, prepárate que salgo.

(Antonio Carralón López)

La taza

Cada mañana, al levantarme, tengo que enfrentarme cara a cara con el terror. Al aposentar mis temblorosas nalgas, con objeto de evacuar lo que mi cuerpo desecha, noto debajo mío que el agua empieza a vibrar. Esa agua que se llevara mis heces, es la misma que fluye por espantosas grutas y cavidades; y allí, en ese submundo de pesadilla, en aquel laberinto horroroso, construido y olvidado por el hombre, allí mora él. Olvidar quisiera, aquel funesto día, pero me es imposible, y encerrado estoy en un manicomio de carcajadas y sollozos, aislado de todo, menos de él, mi pesadilla, el que me mutilo la vida. Sucedió una noche, hacia ya rato que soñaba placidamente, cuando mis sueños empezaron a tornarse oscuros, sucios, llenos de podredumbre, arrojándome a una charca de odiosa maldad en la que chapoteaba y me iba sumergiendo, ahogándome en el reverso de la vida. Desperté gritando, empapado de sudor. Con algunos posos oníricos en mi mente, me aleje de mi lecho tanteado a oscuras hasta el baño. Vi mi rostro en el espejo, descompuesto, pálido, y a continuación me entraron, simplemente, ganas de defecar. Sentado sobre mi trono de marfil, meditaba cual rey, sobre mi reino; Entonces ocurrió. Del agujero que todo se lleva por sus aguas, salió de ellas un retorcido miembro tentacular, negro como una cucaracha, inmensamente largo, de final afilado por el mismísimo diablo. Antes viviría mil veces aquella bendita pesadilla, que haber conocido al absurdo engendro que me seccionó mis “partes”.

(Alberto Díaz del Álamo)

El hombre del saco

El hombre del saco Sus ojos eran tan negros que estremecían de tan oscuros que eran. Sus cabellos estaban tan sucios y grasientos que parecían maromas deshilachadas a fuerza de ahorcamientos. Cuándo se enfadaba, su boca espumaba efluvios venenosos que producían urticaria y su aliento espantaba a todas las mofetas del bosque. Era un glotón y su platos preferidos eran las ranas que comía vivas, y la carne humana. En verano, cuándo el estanque se secaba y las ranas desaparecían, cogía un saco de gran tamaño y se iba por los alrededores de la gran ciudad en busca de carne tierna. Los niños pobres y solos, caían fácilmente en sus rudos y peludos brazos y más parecían mariposas atrapadas por el cazador que el manjar de un ogro. Se dijo con gran carcajada: Tres o cuatro y tendré para un rato. Cerró el saco con un cordel, se lo echó al hombro y mientras caminaba les canturreaba pinchándoles con una vara afilada: Canta, canta, que te pico con la lanza.

(J.R.P.)

Morir todavia

Los pasos sonaban cada vez más cercanos. Cerró los ojos. No, no era miedo lo que sentía, sino más bien angustia. Ni siquiera le aterraba saber que en un par de minutos iba a morir, pero el hecho de pensar en el más allá le comía las entrañas. Todas las posibilidades le agobiaban, no podía ni quería imaginar un fin sin más, como una oscura cortina que cae para nunca más abrirse. Tampoco la eternidad le atraía, el pensamiento cristiano de “por los siglos de los siglos” le había torturado desde sus tiempos en la escuela. Ahora más que nunca necesitaba una respuesta. Pensó en Dios. ¿Qúe es lo que me espera?, susurró. Pronto lo sabría. Los pasos habían cesado y una gran carcajada le avisó de que ya había llegado su hora. Abrió los ojos y pudo ver como la guadaña se le acercaba lentamente. Lo desconocido se abría ante él y entonces supo que lo que siempre quiso saber no era más que…

(Silvia Martinez)

Niñez

Maldita casa!. Desde que huyó sabía que volvería!. Y allí estaba ella, esperándolo, llena de susurros y risas que acabarían en carcajadas!

(Tito)

Certeza

Leyó "It" de Stephen King y comprendió por qué los payasos le habían producido angustia desde niño. Vio infinidad de películas de terror y supo que nunca hay que abrir las puertas cerradas porque al otro lado aguarda el monstruo. Llegó al borde del bosque y entendió por qué jamás hay que atravesarlo cuando empieza a oscurecer. Intuyó que es peligroso acudir a los bares de carretera que permanecen abiertos hasta el amanecer. Y cuando, encerrado a cal y canto en su casa, pensó que estaba a salvo de todos los terrores posibles, la carcajada que surgió desde el otro lado de la cortina de su ducha le hizo percartarse de que nunca es posible eludir al propio miedo.

(Ana Ruiz)

Martinelli brillantes

Le habían abandonado. Abrió los ojos. Reconoció las alfombrillas del coche de su socio y, con la mente aún abotargada por los efectos del cloroformo, la fiesta con él, la puta de lujo y aquel “gorila” con nariz de boxeador. Y después nada más. Alzó la cabeza. Le habían traicionado, le habían dejado tirado dentro de aquel coche, en medio de un basurero alejado de la ciudad, amarrado al asiento y con los pies atados el uno al otro. Y sin su parte del botín. Escuchó. Sentía unos ruiditos. Eran como un roce, como una continua y cada vez más cercana presencia. De repente sintió un golpe en la pierna derecha, en el espacio entre los dos asientos delanteros. Y más ruidos chillones, inquietantes. Dirigió la vista lentamente hacia el espejo retrovisor, y allí descubrió al causante de aquel golpe en su pierna derecha. Era uno de los martinelli marrón brillantes que su socio siempre calzaba. Su vista ascendió hasta que lo que vio hizo que sus ojos quisieran salirse de las órbitas. Los ruidos iban en aumento. Deseó morir. Siguió mirando hasta que de repente notó un pinchazo en la oreja derecha. Miró de nuevo por el retrovisor y una de las enormes ratas que devoraban el rostro de su socio giró el hocico ensangrentado hacia él. Su turno. A treinta kilómetros de allí, el descapotable rojo conducido por el “gorila” avanzaba con un suculento botín en el maletero y la loca carcajada de una rubia al viento.

(Gustavo Erein)

Nada

Andrés cruzó el oscuro umbral, dejando atrás para siempre todo lo que conocía. Su vida, que ya no era tal, quedó tras la puerta mientras él asistía como espectador a su propia existencia pasada. Una carcajada surgió de sus vísceras cuando comprobó que no era más que un personaje de un guiñol en el que estaban inmersos todos los demás. El fue el único que se atrevió a cruzar el umbral, para contemplar con horror la monótona vida del mundo. Recorrió un angosto pasillo, y subio por una escarpada escalera de caracol. Se encontraba en lo más alto, en una estancia descubierta, pero le sobrecogió percatarse de la existencia de la nada. Al mirar hacia arriba, pudo contemplar que en lo que antes era el cielo ahora no había nada, al igual que a su alrededor. Se sintió extraño al poder sentir la nada, algo que no era capaz de explicar con palabras. Soltó otra carcajada, esta vez provocada, recorrió el camino inverso, atravesó el umbral y volvió de nuevo a su vida.

(Guillermo Azuara Guillén)

Sueños de invierno

Oscuridad, golpes, gritos y carcajadas, una silueta que no conseguía distinguir y…despertar. Se volvía a repetir. Igual que en años anteriores, Talia recibía al invierno con la misma pesadilla terrorífica de la que sólo el despertador lograba rescatarla. Salió de casa y tomó el mismo camino de siempre hacia el trabajo. Compró el periódico en un intento desesperado de olvidar, pero aquella enigmática figura seguía martilleando en su cabeza. Giró en la primera bocacalle, como de costumbre, en busca de la parada del autobús y enseguida se dio cuenta de que algo había cambiado. Aquel oscuro callejón nunca había estado allí. Los golpes, gritos y carcajadas tan desgraciadamente familiares para ella se apoderaron del ambiente y sólo se atrevió a pensar que estaría soñando otra vez. Sin embargo, en esta ocasión todo era mucho más real e incluso pudo distinguir claramente la silueta que durante los últimos inviernos se había adueñado de sus sueños. Pronto intuyó que esta vez no era un sueño y que no podría escapar!!!

(daniwap)

El principio del fin

Se acercó hasta su víctima, y certificó su muerte con una sonora carcajada. Una risa nerviosa que le sacudió todo el cuerpo, haciéndole soltar el hueso con el que había matado a su hermano Abel.

(R. Pérez)

Tongo

Tambie´n habra tongo como en el concurso del martes o esta vez se le va a dar el premio al mejor relato (auqneu sea de un desconcido)???????? Ah! la carcajada: Ja Ja Ja

(javier lopez)

Soledad

Hogar. Soledad. Madrugada. Insomnio. Terror. Pavor. Soledad. Soledad. Miedo. Soledad. Soledad. Soledad. Una carcajada proveniente del pasillo. Soledad. Soledad. Soledad. Soledad. Tensión. Miedo. Miedo. Miedo. Otra carcajada. Seca. Honda. Miedo. Miedo. Miedo. Muerte.

(Afaris)

CAZADOR

La libertad abandonó al animal. La quietud de la tarde se vio interrumpida por unos pasos. Silencio. Más pasos. El viento inquieto siseaba el peligro. Pisadas de hojas secas. Una determinación. Silencio. Una leve carcajada. Punto de mira. El animal salió huyendo hacia ninguna parte. El cazador se desprendió de su alma en cuanto vio aquella majestuosa pieza.

(Lily Carver)

\

Los pasos sonaban cada vez más cercanos. Cerró los ojos. No, no era miedo lo que sentía, sino más bien angustia. Ni siquiera le aterraba saber que en un par de minutos iba a morir, pero el hecho de pensar en el más allá le comía las entrañas. Todas las posibilidades le agobiaban, no podía ni quería imaginar un fin sin más, como una oscura cortina que cae para nunca más abrirse. Tampoco la eternidad le atraía, el pensamiento cristiano de “por los siglos de los siglos” cristiano le había torturado desde sus tiempos en la escuela. Ahora más que nunca necesitaba una respuesta. Pensó en Dios. ¿Qúe es lo que me espera?, susurró. Pronto lo sabría. Los pasos habían cesado y una gran carcajada le avisó de que ya había llegado su hora. Abrió los ojos y pudo ver como la guadaña se le acercaba lentamente. Lo desconocido se abría ante él y entonces supo que lo que siempre quiso saber no era más que…

(Silvia Martinez)

Fatal

¿Que cómo se provoca terror a carcajadas? Pues no sé, con naturalidad. Firmado: un fantasma.

(David Berriatúa)

Misteriosa oscuridad

Al penetrar la insondable oscuridad, con la sensación de introducirse en la mismísima alma del diablo, lo primero y lo último que escuchó fue una perversa y terrible carcajada.

(Zoroastro)

Empujón

La última carcajada de mi difundo padre aún me estremece y protagoniza mis peores pesadillas. Si lo sé no le empujo.

(Tomás Gómez)

 



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