Fotos de mujeres eyaculando

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Cruzar las sierras del norte de Perú desde Cajamarca a Chacha poyas puede convertirse en una gran aventura. Son unos 360 kilómetros entre ambas localidades pero se tarda más de 10 horas en llegar (o más). Supuestamente hay dos caminos: uno más largo que va por Chiclayo y es, panorámicamente, no tan atractivo. Y otro, el que elegí, que va directo de Cajamarca a Chachapoyas cruzando por los cerros. La ruta da mil vueltas, el camino zigzagueante va entre las cumbres y quebradas. Sube y baja. Llega a la cima, es cubierto por las nubes y de repente, inicia un vertiginoso descenso. Justo hasta el río. Y vuelve a subir… y vuelve a bajar. Es, sin lugar a dudas, una de las rutas panorámicas más pintorescas del norte del Perú. Pero ojo, no es un camino fácil. Para algunos puede convertirse en una pesadilla. El sube y baja es constante y algunas personas, incluso locales, se descomponen. A mí no me pareció terrible, pero trataba de casi ni moverme. Solo apenas levantar un brazo para sacar alguna foto y no mucho más. Ya bastante se movía el autobús!

El inicio del viaje… de madrugada.

Solo hay un autobús público que hace el viaje de Cajamarca a Chachapoyas por lo cual tienen la total libertad de hacer lo que quieren. No tienen competencia. La única opción es pagar una excusión privada, lo cual sale unos cuantos dólares y hay que conseguir un grupo. Fuera de estos limitantes, el autobús público es la opción. Y sale de madrugada. Sí, el único autobús sale desde Cajamarca a las cuatro y media de la mañana. La empresa se llama Virgen del Carmen y su terminal está bien lejos del centro de Cajamarca. Dado que el autobús sale de madrugada, la única opción es ir en taxi o mototaxi, porque no hay autobuses públicos a la madrugada. Son unos 20 minutos de viaje desde el centro pero hay que agregar el tiempo que uno tarda en conseguir un taxi a esa hora de la madrugada en una ciudad relativamente chica como Cajamarca.

El Autobús Virgen del Carmen sale desde una cochera en las afueras de la ciudad. En la zona hay varias, de varias compañías que salen para distintos puntos del país a la madrugada por lo cual, a pesar de que todavía no amaneció, en la zona hay bastante movimiento. Igual, debo reconocer que no es una zona linda como para andar paseando y menos a esa hora. Personalmente llegué unos quince minutos antes de la hora de salida y al llegar hay que golpear en un portón enorme para que te abran y pasar a la “sala de espera” que en realidad son los fondos de las cocheras donde se guardan los micros.

El Autobús de Virgen del Carmen es bien básico, sin mayores comunidades. Por lo general, igul, uno sube y se duerme. El primer trayecto del viaje es hasta un paraje llamado Celendín, al que se llega alrededor de las ocho de la mañana. Hasta ahí la ruta es asfaltada y va zigzagueando entre los cerros de la sierra norte. Cuando amanece, el paisaje es realmente maravilloso. En Celendín hay que cambiar de autobús por uno más chico. Además, como esto lleva tiempo y hay que esperar a otros pasajeros de otros destinos, hay tiempo para desayunar. Muy cerca del garaje donde se realiza el cambio de autobuses, hay un pequeño boliche abierto donde se vende para el desayuno caldo de ave, té y algo de pan. Bien austero, por cierto. Vale destacar que hay que hacer el cambio de micro a uno más chico dado que el camino que sigue en las próximas ocho horas de viaje es bien angosto y no hay modo que lo transiten los autobuses grandes.

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Zigzagueando por las cumbres

Hay que reconocer que de Celendín en adelante, la vista panorámica que nos regala el camino es realmente mágica. El autobús empieza a trepar por los cerros, dando decenas de vueltas hasta llegar a la cima. Abajo se ve el pueblo de Celendín como apenas una miniatura. Y los cerros se multiplican a su alrededor. Primero son cerros más bien rocosos y poco a poco el paisaje se va llenando de verde.

Después de más de dos horas de subida, cuando estamos casi a la altura de las cumbres, paramos a almorzar en un caserío que tiene un humildísimo restaurante. Había dos platos del día: algo así como sopa de verduras y arroz con pollo. Con poco pollo. Apenas sabor a pollo. Allí estuvimos parados más de una hora para que todos puedan comer su plato. Estábamos casi a unos 3.000 s.n.d.m. por lo cual, la vista desde el humilde lugar donde paramos era realmente maravillosa. Luego del almuerzo, seguimos viaje, siempre en ascenso.

Luego de algunas horas de dar vuelta entre los cerros, el camino baja serpenteando hasta el Río Marañón. Creo que debe ser un descenso de 1500 metros, sin dudas. Al cruzar el río a la altura del poblado de Balsas, el paisaje cambia completamente. Allí se ingresa a la Provincia de Amazonas y el paisaje se convierte en mucho más tropical. Paramos un rato para que el chofer descanse y aprovechamos para comprarnos unos cocos y ananá antes de retomar viaje. Desde Balsas, el camino vuelve a ser en ascenso por algunas horas hasta llegar a los 3.600 metros en el abra de Barro Negro cruzando por completo la Cordillera Calla Calla y desde allí, desciende estrepitosamente hasta Leimebamba.

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Luego de Leimebamba, llegamos… pero no…

Leimebamba es un poblado de un puñado de casas, unas 20 como máximo creo que serán, muy pintoresco, rodeado completamente por cerros con vegetación muy densa. Allí algunas personas finalizan su viaje y otras seguimos rumbo a Chacha. En Leimebamba hay un museo etnográfico que dicen que es muy interesante. La ruta hasta aquí es de ripio y mejorado pero están haciendo el asfalto. Eso será para nosotros un gran problema más tarde. En las afueras de Leimebamba hay que volver a cambiar de autobús porque el puente de para el tránsito se desmoronó y solo se puede cruzar el río por el puente peatonal. Otra vez bajar todos los bolsos, cruzar caminando el puente y volverlos a acomodar en un autobús que nos espera del otro lado del río.

Anduvimos apenas unos 30 minutos y nos encontramos con la cuadrilla de los empleados de la empresa que está pavimentando la carretera. El tránsito estaba cerrado para los autos que venían en nuestro sentido. Había que esperar una hora y media para poder cruzar. El viaje se hacía interminable. Pero no había alternativa. Bajé del autobús, caminé un rato, jugué con unas piedras en el río, socialicé con mis compañeros de viaje. En fin, solo podía esperar, nada más.

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Hasta Chacha no paramos…

Eran las cinco de la tarde cuando finalmente nos autorizaron a pasar del otro lado del obrador. La fila de autos que se había formado llegaba hasta el puente roto. Seguimos viaje y ahora todo fue mucho más rápido. El camino ya no era de ripio. Era una verdadera pista de asfalto y el chofer aprovechó para recuperar tiempo perdido. Íbamos a toda velocidad, esquivando autos, burros, los que vienen de frente, carros. Tuvimos el río Utcubamba corriendo al lado nuestro durante decenas de kilómetros. Era un rio mucho más caudaloso que el Marañón, con agua cristalina que venía del deshielo. Pero luego de una hora de andar, la ruta ahora empezaba a serpentear en la montaña otra vez. Volvíamos a subir. Pasamos por el pueblo de Jaica Grande y luego por Levanto, ambos eran apenas caseríos al costado de la ruta. Como dato, Levanto está a unos 2500 m.s.n.m., como para que tengan una idea de cómo fuimos subiendo y bajando.

Luego de andar un buen rato, casi en el atardecer, llegamos finalmente a la ciudad de Chachapoyas. Es una ciudad relativamente pequeña, con muchas calles sin asfaltar todavía pero un centro histórico espléndidamente blanco. Todos los edificios en Chachapoyas son blancos, al menos los que están pintados. Y muchos de ellos tienen techos de tejas. Se trata de un lugar realmente pintoresco, rodeado de cerros que rebalsan de vegetación. Llegamos agotados, casi a las siete de la tarde, con las últimas luces del día. El autobús nos dejó en la terminal de la ciudad que está a unas quince cuadras del centro, por lo que compartí un taxi con dos viajeros para ir hasta el hostel. Llegamos realmente cansados, con ganas de darnos una ducha, comer y dormir en un lugar que ya no se mueva. Pero Chachapoyas todavía nos tenía una sorpresa: ni bien entramos al hostel, se cortó la luz en toda la ciudad. Basta para mí, por hoy.

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 INFO PRÁCTICA para viajar de CAJAMARCA ACHACHAPOYAS:
  • Distancia: 323 kilómetros
  • Supuestas horas de viaje:  8
  • Horas que yo tardé: 14
  • Dirección de salida del Autobús Virgen del Carmen: Av. Atahualpa 333-A
  • Cantidad de veces que se cambia de autobús sin volver a pagar: mínimo 2.
  • Cantidad de veces que vomitó mi compañero de asiento: 6

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Sobre el viajar…

“Un Hombre necesita Viajar. Por su cuenta, no por medio de historias, imágenes, libros o televisión. Lo necesita por si mismo, con sus ojos y pies, para entender lo que es suyo. Para un día plantar sus propios arboles y así darles valor. Conocer el Frio para disfrutar el calor. O al revés. Sentir la distancia o el desabrigo para estar bien sobre su propio techo. Un Hombre precisa viajar para lugares que no conoce para quebrar esa arrogancia que nos hace ver el mundo como lo imaginamos, y no simplemente como eso puede ser. Que fotos nos hace profesores y doctores de lo que no vimos, cuando deberíamos ser alumnos, y simplemente ir y ver” (Amyr Kink)





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