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Salmos para orar en la enfermedad y sufrimiento


Salmo 6 “El Señor ha escuchado mis lamentos (Súplica del enfermo grave)

Señor, no me reprendas por tu enojo ni me castigues por tu indignación.
Ten piedad de mí, porque me faltan las fuerzas; sáname, porque mis huesos se estremecen.
Mi alma está atormentada, y tú, Señor, ¿hasta cuándo…?
Vuélvete, Señor, rescata mi vida, sálvame por tu misericordia,
porque en la Muerte nadie se acuerda de ti, ¿y quién podrá alabarte en el Abismo?
Estoy agotado de tanto gemir: cada noche empapo mi lecho con llanto, inundo de lágrimas mi cama.
Mis ojos están extenuados por el pesar y envejecidos a causa de la opresión.
Apártense de mí todos los malvados, porque el Señor ha oído mis sollozos.
El Señor ha escuchado mi súplica, el Señor ha aceptado mi plegaria.
¡Que caiga sobre mis enemigos la confusión y el terror, y en un instante retrocedan avergonzados!

 

Salmo 30 “Cambiaste mi luto en danzas” (Acción de gracias después de una grave enfermedad)

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste fotos revivir cuando bajaba a la fosa.
Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto; por la mañana, el júbilo.
Yo pensaba muy seguro: «No vacilaré jamás».
Tu bondad, Señor, me aseguraba el honor y la fuerza; pero escondiste tu rostro, y quedé desconcertado.
A ti, Señor, llamé, supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte, con que yo baje a la fosa? ¿Te va a dar gracias el polvo, o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí; Señor, socórreme».
Cambiaste mi luto en danzas, me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse, Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Salmo 31 “En tus manos encomiendo mi espíritu” (Oración confiada en un momento de angustia)
Súplica inicial
Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca me vea defraudado! Líbrame, por tu justicia
inclina tu oído hacia mí y ven pronto a socorrerme. Sé para mí una roca protectora, un baluarte donde me encuentre a salvo,
porque tú eres mi Roca y mi baluarte: por tu Nombre, guíame y condúceme.
Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio.
Yo pongo mi vida en tus manos: tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
Yo detesto a los que veneran ídolos vanos y confío en el Señor.
¡Tu amor será mi gozo y mi alegría! Cuando tú viste mi aflicción y supiste que mi vida peligraba,
no me entregaste al poder del enemigo, me pusiste en un lugar espacioso.
Descripción de los peligros
Ten piedad de mí, Señor, porque estoy angustiado: mis ojos, mi garganta y mis entrañas están extenuados de dolor.
Mi vida se consume de tristeza, mis años, entre gemidos; mis fuerzas decaen por la aflicción y mis huesos están extenuados.
Soy la burla de todos mis enemigos y la irrisión de mis propios vecinos; para mis amigos soy motivo de espanto, los que me ven por la calle huyen de mí,
Como un muerto, he caído en el olvido, me he convertido en una cosa inútil.
Oigo los rumores de la gente y amenazas por todas partes, mientras se confabulan contra mí y traman quitarme la vida.
Expresión de confianza
Pero yo confío en ti, Señor, y te digo: «Tú eres mi Dios,
mi destino está en tus manos». Líbrame del poder de mis enemigos y de aquellos que me persiguen.
Que brille tu rostro sobre tu servidor, sálvame por tu misericordia;
Señor, que no me avergüencede haberte invocado. Que se avergüencen los malvados y bajen mudos al Abismo;
que enmudezcan los labios mentirosos, los que profieren insolencias contra el justocon soberbia y menosprecio.
Acción de gracias por la liberación
¡Qué grande es tu bondad, Señor! Tú la reservas para tus fieles; y la brindas a los que se refugian en ti, en la presencia de todos.
Tú los ocultas al amparo de tu rostro de las intrigas de los hombres; y los escondes en tu Tienda de campaña, lejos de las lenguas pendencieras.
¡Bendito sea el Señor! El me mostró las maravillas de su amor en el momento del peligro.
En mi turbación llegué a decir: “He sido arrojado de tu presencia”. Pero tú escuchaste la voz de mi súplica, cuando yo te invocaba.
Amen al Señor, todos sus fieles, porque él protege a los que son leales y castiga con severidad a los soberbios.
Sean fuertes y valerosos, todos los que esperan en el Señor.

 

Salmo 38 “En ti  Señor, pongo mi esperanza” (Súplica de un enfermo que se reconoce culpable)
Señor, no me reprendas por tu enojo ni me castigues por tu indignación.

Porque me han traspasado tus flechas y tu brazo se descargó sobre mí:
no hay parte sana en mi carne, a causa de tu furor. No hay nada intacto en mis huesos, a causa de mis pecados;
me siento ahogado por mis culpas: son como un peso que supera mis fuerzas.
Mis heridas hieden y supuran, a causa de mi insensatez;
estoy agobiado, decaído hasta el extremo, y ando triste todo el día.
Siento un ardor en mis entrañas, y no hay parte sana en mi carne;
estoy agotado, deshecho totalmente, y rujo con más fuerza que un león.
Tú, Señor, conoces todos mis deseos, y no se te ocultan mis gemidos:
mi corazón palpita, se me acaban las fuerzas y me falta hasta la luz de mis ojos.
Mis amigos y vecinos se apartan de mis llagas, mis parientes se mantienen a distancia;
los que atentan contra mí me tienden lazos, y los que buscan mi ruina me amenazan de muerte; todo el día proyectan engaños.
Pero yo, como un sordo, no escucho; como un mudo, no abro la boca:
me parezco a uno que no oye y no tiene nada que replicar.
Yo espero en ti, Señor: tú me responderás, Señor, Dios mío.
Sólo te pido que no se rían de mí, ni se aprovechen cuando tropiecen mis pies.
Porque estoy a punto de caer y el dolor no se aparta de mí:
sí, yo confieso mi culpa y estoy lleno de pesar por mi pecado.
Mi enemigos mortales son fuertes; y son muchos los que me odian sin motivo,
los que me retribuyen con maldades y me atacan porque busco el bien.
Pero tú, Señor, no me abandones, Dios mío, no te quedes lejos de mí;
¡apresúrate a venir en mi ayuda, mi Señor, mi salvador!

 

Salmo 41 “Dichoso quien socorre al indefenso” (Acción de gracias de un enfermo restablecido )
Dichoso el que cuida del pobre y desvalido; en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida, para que sea dichoso en la tierra, y no lo entrega a la saña de sus enemigos.
El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor, calmará los dolores de su enfermedad.
Yo dije: «Señor, ten misericordia, sáname, porque he pecado contra ti».
Mis enemigos me desean lo peor: «A ver si se muere, y se acaba su apellido».
El que viene a verme habla con fingimiento, disimula su mala intención, y, cuando sale afuera, la dice.
Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí, hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio, se acostó para no levantarse».
Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba, que compartía mi pan, es el primero en traicionarme.
Pero tú, Señor, apiádate de mí, haz que pueda levantarme, para que yo les dé su merecido.
En esto conozco que me amas: en que mi enemigo no triunfa de mí.
A mí, en cambio, me conservas la salud, me mantienes siempre en tu presencia.
Bendito el Señor, Dios de Israel, ahora y por siempre. Amén, amén.

 

Salmo 88 “Mi vida está al borde del abismo” (Lamentación en medio de un peligro mortal)

¡Señor, mi Dios y mi salvador, día y noche estoy clamando ante ti:
que mi plegaria llegue a tu presencia; inclina tu oído a mi clamor!
Porque estoy saturado de infortunios, y mi vida está al borde del Abismo;
me cuento entre los que bajaron a la tumba, y soy como un hombre sin fuerzas.
Yo tengo mi lecho entre los muertos, como los caídos que yacen en el sepulcro, como aquellos en los que tú ya ni piensas, porque fueron arrancados de tu mano.
Me has puesto en lo más hondo de la fosa, en las regiones oscuras y profundas;
tu indignación pesa sobre mí, y me estás ahogando con tu oleaje.
Apartaste de mí a mis conocidos, me hiciste despreciable a sus ojos; estoy prisionero, sin poder salir,
y mis ojos se debilitan por la aflicción. Yo te invoco, Señor, todo el día, con las manos tendidas hacia ti.
¿Acaso haces prodigios por los muertos, o se alzan los difuntos para darte gracias?
¿Se proclama tu amor en el sepulcro, o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se anuncian tus maravillas en las tinieblas, o tu justicia en la tierra del olvido?
Yo invoco tu ayuda, Señor, desde temprano te llega mi plegaria:
¿Por qué me rechazas, Señor? ¿Por qué me ocultas tu rostro?
Estoy afligido y enfermo desde niño, extenuado bajo el peso de tus desgracias;
tus enojos pasaron sobre mí, me consumieron tus terribles aflicciones.
Me rodearon todo el día como una correntada, me envuelven todos a la vez.
Tú me separaste de mis parientes y amigos, y las tinieblas son mis confidentes.

 

 

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